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PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

La psicología marujiana

Por JesRICART - 23 de Enero, 2010, 0:16, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 

La cruzada marujiana ha podido acabar con toda clase de resistencia. Al hombre se le ha tratado como machista más allá incluso de sus machismos cuando ha vivido posiciones extradomésticas. El macho ibérico era el tipo que fardaba en los bares de su condición de dominio ante las mujeres y que utilizaba formas verbales que excluían la condición femenina o trataban a la mujer como un ser secundario. El machismo ya no se lleva. El más macho ha aprendido que para vivir en sociedad, y en una sociedad heterogénea tiene que disimular y mucho: disimular sus formas de ogro y de desconsiderado. No he conocido ningún machista que merezca defensa alguna pero voy a considerar ahora por un momento al machista como una víctima de su propia ideología,en particular cuando la psicología marujiana lo ha excluido de los reinos soberanos de la mujer dentro de una casa.

No es tan seguro que la mujer por subordinada que haya sido en muchas economías y políticas tradicionales no haya tenido sus roles de poder, sus bazas en las que intervenir en la economía doméstica. Al fin y al cabo es la que se ocupa de la intendencia de algo fundamental para la supervivencia: la comida. En El príncipe de las mareas, la protagonista femenina maltratada hasta indecibles y desconsiderada totalmente por el marido, ante una cena que le rechaza le prepara otra con una lata de carne para consumo de gato, la cual se come. Desde la cocina se ganan corazones por la vía de los paladares. La mujer luchadora ha tenido que centrar sus luchas en casa además de sus proclamas en la calle, en el mercado o en su puesto de asalariada, y ha debido saltar de la cocina al salón superando su función de chacha quitándose sus horas de goce para dejar la vajilla terminada y todo a punto para el día siguiente. De la viñeta del hombre ensillonado con una cerveza en la mano y de baboso mirando el partido por la tele se hizo la justicia del cómic y de la mujer-doméstica multifuncional y pluriexplotada se hizo otra viñeta no menos denunciativa.

El análisis se desencaja cuando comprobamos que en parejas de cultura progresista, críticos los dos a ese modelo de división del trabajo dentro de casa o mas bien del trabajo de una y del descanso descarado del otro, tienden a reproducir otro modelo de división de funciones según las cuales el hombre se ocupa de tareas relacionadas con el mantenimiento y la mujer de las relacionadas con la cocina. ¿Por qué? Si ambos están preparados para hacerlo todo: desde guisar a barrer y planchar (¡horror, planchar!) porque los unos tienden a hacer mas unas cosas y las otras tienden a dominar las mas culinarias. ¿Debemos pensar en predisposiciones naturales de aptitudes distintas por sexos para lo uno o para lo otro? ?O son actitudes de personalidad las que llevan a la especialización?

Un lugar doméstico es como un submarino dentro de la ciudad, tiene pequeñas pero múltiples tareas de las que ocuparse si se desea que sea funcional y confortable. Es, sea a la escala que sea, en su miniaturismo, el universo en el que se va a pasar la mayor cantidad de tiempo una persona a lo largo de su vida, mucho más si allí tiene su cuarto de trabajo, es su lugar de citas y reuniones, donde come y desde luego donde duerme. Cada una de las cosas que haga va a dejar un rastro, un relativo desorden que deberá ser compensada. La estadística de las discusiones de parejas convivenciales por las formas de manejar los platos o relacionarse con el polvo (la tesis de que nos vamos a convertir en polvo no sirve de coartada para justificar el polvo en los muebles y entre los estantes) es abrumadora. Es un tema por el que no merecería perder la sonrisa ni la ternura ni un solo instante pero sigue cargándose muy buenos momentos y días. Por lo general en las escenas de una pareja enfrentada por temas domésticos ella suele llevar la voz cantante

Marujiana (no todas las mujeres que se llaman Maruja no lo son, afortunadamente) es la fémina que emplea la mayor parte de su energía en asuntos domésticos y estilísicos. Habla de trapos (telas y vestidos), habla de comidas, las hechas y las que están por hacer., habla de gastos domésticos, en otro orden de cosas y según su edad habla de estrellas cinematográficas y de la teleserie en curso. A Maruja le encantan los souvenirs y las chorradas, cada año necesita renovar su ajuar de ropa. Pasa la mayor parte de su tiempo en el ámbito doméstico siendo su pareja masculina la que sale afuera a trabajar y a bregar con el mundo. El circulo de relaciones de esta psicoMaruja está limitado al barrio. A media mañana puede tomarse un café con leche y un croisant en la granja vecina y hablar con otras marujas sobre lo cara que está la vida. Por supuesto, sale cada día de compras porque en la cocina no tiene espacio para un caudal de intendencia o una reserva de alimentos en conserva. Se ha especializado en llevar los críos al colegio y en recogerlos. Su trabajo es fundamentalmente logístico, el marido es su caballero andante que “lo envía” cada día a la fábrica o a la oficina, a los atascos y a las peleas.

Es la ama de casa por definición y por vocación. Tres palabras estándar que resumen un compendio de multioficios. Cuando el burócrata le pregunta a una de acuerdo con la famosa viñeta de Forges, ¿profesión? Y ella dice: asistenta, fregona, masajista, trabajadora sexual, cocinera, chacha, canguro, paridora, limpiacristales, planchadora, administradora,limpiadora,...1 el otro le contesta: todo eso no me cabe en la casilla. Pues ponga Ama de Casa, para abreviar, le dice..

Un ama de casa es uno de los oficios más polifacéticos. Es ama y no amo, lo que tiene su enjundia semántica. El cabeza de familia, aquel al que las mujeres no hace mucho le tenían que pedir autorización legal para abrir su propia cuenta bancaria o su negocio, no tenia tanta potestad a efectos prácticos en la vida cotidiana. Los hombres protestaban por las formas de hacer de las mujeres, por el tipo de comida o imponían hábitos, pero quienes organizaban la comida eran ellas.

La lucha por la supervivencia en la vida doméstica lleva a situaciones de impasse terribles. La configuración de roles: el hombre que trae el dinero a casa con su salario y la mujer que se ocupa de la administración de una parte de ese dinero, ya es un mal planteamiento en si mismo. Una parte considerable del poder en el sistema relacional de la familia viene dado por el hecho de quien trae el dinero a casa. Aunque las facultades para la manipulación pasan por combinaciones y sutilidades. La marujiana tiene la última palabra en muchos asuntos de política doméstica. Lo que es una confrontación en el ring verbal se negocia sensorialmente en la cama. Ante una mujer cerrada al placer el hombre más principista ve decaer su fortaleza.

El hombre va a jugar al dominó o a tomar una copa con amigachos de bar, la mujer se queda preparando la cena. Es la que primero se levanta para prepararle las cosas a los críos si van a trabajar o a la escuela. Es la abnegada, la madre de todos, de los niños y del marido. El que pasa revista antes de que salgan a la calle, la que termina de arreglarle el nudo de la corbata o le quita la mota de polvo de la chaqueta.

Por supuesto, de todas las definiciones generalistas no hay una sola que no tenga sus excepciones.

Pero la psicología majuriana no existe solamente como campo reactivo a la relación marital o convivencial con un hombre. Hay personalidades predispuestas a ella. Hay mujeres que viven solas que son mas marujas que sus vecinas casadas. Se levantan por las mañanas pensando en la comida que van a preparar ese día o en lo que les falta en la nevera. No comen para vivir sino que viven para comer, no en el sentido de expansionarse en el mundo proyectándose en sus obesidades -que también- sino simplemente centrándose en el comer como lo crucial. Los días giran en torno a los horarios de comida. Se diría que viven con el precepto interiorizado de que no comer es la peor desgracia que puede pasarles en ese día. Son individuos que viven para sus casas y las cosas que contienen y no al revés. No tienen las cosas para disfrutarlas o el espacio para ponerlo a su servicio sino que ellas se ponen al servicio de ese espacio, viven por y para él y sin darse cuenta se cosifican, se inmobilizan, pasan a formar parte del mobiliario del que tanto ahinco enceran y le sacan brillo para que todo sea perfectísimo, aunque a sus hogares apenas vaya nadie porque lo suyo no es hacer vida social sino una vida esclava de la imagen que tienen de si mismas.

La psicología marujiana puede ser mas o menos exagerada según el sujeto femenino en cuestión. No es reducible el tema a su condición de marginada del sistema porque la bota y el mando de un marido les impone ese rol. Es curioso que en parejas jóvenes esa psicología tambien emerja y reproduzca tras la maternidad mujeres que durante unos 10 años de su vida han intentando tentativas profesionales sin cuajar se sumen a partir del feliz acontecimiento de dar a luz a ese rol en el que se prolongan por otra decena de años dejando que su marido se meta en el laberinto de la industria o de los viajes. Eso sí, controlándolo para que vuelva siempre al redil casero impoluto y no tocado por mujer alguna para que sea territorio anatómico en exclusiva de la esposa. Ese perfil de mujer que prefiere jugar a cocinitas en lugar de dedicarse a otros asuntos mas creativos (cocinar lo es pero dedicarse solo a intendencia y a la cocina deja de serlo) no es tan esclava de su medio como a primera vista parece o no lo es en absoluto si ésta es su elección. Su territorio es sagrado y el marido es expulsado de él sin miramientos salvo para cuando tiene que ir a hacer una reparación o a hacer tareas secundarias como poner la vajilla en el lavaplatos. Con el tiempo cada cónyuge sabe cuales son sus roles y el marido aprende qué puede hacer y qué no (también al revés). Ese reparto de funciones es una aplicación a una escala de productividad de la división de trabajo mas básica que tambien usa la organización de cualquier otra empresa. No es nada extraño.¿es que la vida de pareja no es acaso una empresa?

1La lista no se ajusta a las que dice exactamente el humorista

La inconsistencia de la pareja

Por JesRICART - 15 de Enero, 2010, 14:32, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 

La inconsistencia estructural de la pareja convivencial.

No es tan necesario acudir a los seguimientos estadísticos del país o de un eurobarómetro para saber cómo andan los comportamientos poblacionales y en particular el de la permanencia de las parejas. Propondría una denominación : cuota de resistencia, para referir la capacidad subjetiva de sostenimiento de un otro en convivencialidad directa e intensa. La palabra se las trae. Durante la ocupación francesa (la de los alemanes) los resistentes eran los que se oponían a la invasión extranjera. Raramente en guerras posteriores se utiliza tal vocablo, a los que disparan y ponen bombas contra los invasores ahora les llaman terroristas. Eso nos deja el campo semántico libre para tomar la palabra e incorporarla a esa idea de resistencia (aguante) ante el que tienes al lado. A juzgar por la cantidad de rupturas que se producen en las intentonas convivenciales la cuota de resistencia es obviamente baja. Si tengo en cuanta el domicilio de rellano contigo al mio por el que han pasado 3 parejas de unos 30a o menos, y que las 3 han venido a bronquearse a separarse aquí (en un periodo de unos 3años y medio) esta estadística de la fatalidad es sumamente curiosa. Si la observación la extiendo más allá de ese rellano y recuerdo el del contiguo, una pareja nada más casarse con festín y confetis y bragas de estreno colgadas en la puerta exterior para que que todos los vecinos supiéramos que ahí se había dado un gran acontecimiento, ya se había separado antes de pasar el año. Si la observación la extiendo al resto de la escalera, veamos...se han separado una, dos, tres parejas que yo recuerde. Son bastantes mas (debería consultar a mi compañera para que me diera la cuenta exacta). En cualquier caso en una comunidad de menos de 30 vecinos las experiencias de separación son bastantes. Alguna de ellas, esta ultima, nada mas instalarse tras asistir de convidados de piedra a una bronca considerable, de las del tipo, si no estas de acuerdo, ya sabes donde está la puerta, apostamos por lo que duraría la relación. Y es que en este mundo de penas si no te lo tomas con chutes de ironía estás perdido.

Como espectador del mundo, de sus comedias y tragedias, desde mi pequeño observatorio de hedónico irreductible, voy recogiendo las observaciones de la sociedad degradada. Los fracasos matrimoniales son dramáticos en tanto que rompen biografías y juegan con el porvenir de los neonatos por la negligencia paterna. Detrás de estos fracasas está la misma concepción de la familia-empresa y su principio de perpetuidad (hasta que la muerte nos separa). Vivimos tiempos oscuros en que la capacidad para el compromiso es escasa, (tanto en ellas como en ellos, por mucho que haya una versión feminista circulante que sostiene que el derecho a la libertad masculina sea una fachada de no-compromiso). La aventura convivencial es una convocatoria al compromiso de una continuidad sin que impida la libertad. Cada pareja trata sus asuntos en privado para la combinación de las dos cosas. El criterio más libertario y postmoderno sigue siendo el de aceptar el encuentro sin pensar en una continuidad para siempre. El compromiso para el mañana de lo que ni siquiera se está tan seguro de hacer hoy es una de las grandes falacias que han enredado a pajaritos y pajaritas ante altares. El hecho de que el matrimonio siga siendo un significante tan poderoso indica por si mismo la poca valentía para la vida en libertad que tiene la gente. Todo sería completamente distinto si la perspectiva de vida en pareja se tomara como una intimidad transicional (transitante entre parejas anteriores y parejas posteriores). Esto de vivir toda la vida con una y solo una persona es uno de los grandes atrasos de la psique humana. Ya sé que la cultura dominante se basa en esto, también la economía. No en vano todos los estados totalitarios han favorecido tanto a la unidad familiar como eje celular de todo el tinglado del sistema. Si por el contrario, la cultura educara en la perspectiva de la transitoriedad (todo, en el fondo, es efímero y transitorio) y que las relaciones de pareja no tuvieran que ser buscadas como definitivas, se facilitaría cambiar un mundo de relaciones competenciales por otro de relaciones mas cooperativas. En paralelo si la idea de familia como feudo patrimonial fuera superado en una perspectiva más societaria que superar ala noción de linaje (de apellido) los hijos de cada hombre y de cada mujer podrían ser de sucesivos padres y madres, interrelacionando la consanguinidad y en definitiva la socialización de la intimidad. Actualmente los individuos que tienen hijos de distintas parejas mas bien son indicativos de caos biográfico y de irresponsabilidad paterna pero también lo son del fracaso de la pareja, de una sola pareja, en un estado de permanencia. No es que se trate de tener hijo con todo partner con quien se tenga una etapa de intimidad (lo mejor es no tener ninguno con ninguno de esos partners hasta que la humanidad vuelva a andar escasa de gente) sino de concebir la misma intimidad como un bien comunitario. Con cuanta mas personalidades te trates fuera de protocolo y en las relaciones sentimentales y de intimidad mas pertenecerás al mundo y mas placeres conseguirás. Puesto que, a fin de cuentas, vivir con otro es para pasarlo mejor que vivir en soledad tan pronto las exigencias de pareja superan las expectativas de placer la mejor, y mas terapéutica, de las opciones es la separación. Cada separación, sin embargo, tiene una doble lectura. Es un acto de madurez al terminar con aquello (y aquella persona) que te estaba hundiendo. Al final, el mejor de los barcos que se hunde se abandona aunque te quede un mar por delante para nadar en solitario. Y por otra parte es un acto de retirada por no querer reparar heridas y entender lo sucedido con las antagonismos y peleas dados. La sociedad proporciona tanto de todo que perder algo o a alguien puede ser sustituido por una próxima cosa o relación. ¿Es realmente así?o¿es que la ficción del hiperconsumismo ha llevado a creer en el espejismo de la suplantación de todo? Una pareja para toda la vida como cualquier otra cosa para toda la vida es un poco absurdo. Son los miedos a la soledad o más exactamente al estar en permanente estado despierto de encuentro (el de búsqueda o el de hallazgo) lo que -nos- asusta. Por eso preferimos continuar con relaciones mas allá de sus coordenadas primeras de sintonía, consonancia , pasión y amor a tope. Eso da lugar a panoramas de continuidades sin contenidos en los que predomina la conveniencia y el utilitarismo mutuo de la compañía.

Estamos lejos de un mundo humano en el que la pluralidad reconocida y proyectada en todo, (tambien en el amor y en el sexo, claro) sea aceptado y sea potenciado y acabe de una vez para siempre con una patología severa llamado celosía que sigue cobrándose víctimas mortales. Mientras tanto ha habido y hay fórmulas para sobrevivir: desde el adulterio y los burdeles que permiten escapadas hacia otros territorios corporales al intercambio de parejas. Todo hombre y mujer emparejados deberían pasar, como parte de su formación de carácter y madurez, por asistir a la relación de intimidad de su partner con otros. Eso de ponerse a rabiar porque ves que una chica baila muy apretada con tu chico o porque tu chico se gira para ver la sinoide aguitarrada de un culo despampanante al pasar, o porque tu chica queda con tu mejor amigo para hacer un quiqui, todo eso es completamente demodé, propio de mentalidades de penuria fraguadas en años de vacas flacas. La sonrisa de la fortuna te la tienes que ganar a pulso, dijo Emily Dickison, mensaje que podemos adaptar a este tema. La felicidad hedónica la proporciona el esfuerzo mental y la disposición en actitudes a aceptar la pluralidad en ti y en los mas cercanos. Sobre esta óptica la pareja solo puede existir y crecer como autentica pareja abierta. Es lamentable que haya tantas personas que tras casarse se encierren en casa (en su casa ideológica e inamovible) y tiren la llave. Es probable que en la época de los cinturones de castidad hubiera mas liberalidad que en estas nuevas cerraduras de personas no dispuestas a seguir descubriendo mundo, gente y cuerpos, por el via crucis de una fidelidad mal entendida e impuesta de malas maneras.

Esta es la contradicción: la necesidad de compañía sentimental e intimidad sexual y a la vez una relación carcelaria con ese otro especial que no nos deja ir con la mirada, con el tacto y con el pensamiento en campos de intimidad ajena. Es una contradicción porque la ideologia de ese compromiso cerrado es en si misma estanca e impide continuar con la investigación de la vida.

El desiderátum liberal (que sigue siendo tratado como libertino) lleva a que los/las liberales seamos juzgados/as como saltimbanquis que saltamos de vagina en vagina olvidandolas a la mañana siguiente. La vida en el mundo, una vida tampoco tan larga pero suficiente, no habita todo el mundo, sino que lo interpreta a través de las mas bien pocas relaciones en profundidad. ¿cuantas personas te influyen y son cruciales a lo largo de toda tu vida? ¿0, veinte como mucho? Te puedes tratar con miles y ahora ya hay instrumentos para tener los datos de decenas de miles, pero las cruciales son muy pocas. Por eso, lo de menos es con cuantos partners uno reparte su biografía en forma de placeres sino en el valor de cada persona en lo que es. La rivalidad en realidad no existe. Quien tiene claro que es único e induplicable no puede temer a alguien distinto por mas guapo y atractivo o rico que sea. Del otro distinto siempre se saca algo, se aprende, del otro que se toma como rival solo se saca dolor.

La estructura de pareja con sus hábitos y proyección de posesividad por su principio de exclusivismos lleva al control y este a al bloqueo del crecimiento de las partes, a no ser que los territorios privados de cada uno sea escrupulosamente respetados en el sentido de aceptados en sus proyecciones fuera de la binomialidad.

La estructura de pareja con sus hábitos y proyección de posesividad por su principio de exclusivismos lleva al control y este a al bloqueo del crecimiento de las partes, a no ser que los territorios privados de cada uno sea escrupulosamente respetados en el sentido de aceptados en sus proyecciones fuera de la binomialidad.

El conocimiento: una tesitura interpersonal

Por JesRICART - 11 de Enero, 2010, 16:10, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 El conocimiento: una tesitura interpersonal.

La ecuacion conocimiento=poder es un clásico. Es lo suficientemente popular como para admitir que es una tesis consensuada. Es lo suficientemente ambigua tambien como para dejar en un umbral de múltiples interpretaciones al tratar de definir lo uno y lo otro. Por conocimiento se sobreentiende el dominio conceptual y analítico de una realidad abordada, estudiada o escrutada. Conocer es tratar con un objeto temático con suficiente profundidad como para comprenderlo. Esa es una condición que permite el poder sobre eso que se trata. Si conozco las leyes de comportamiento de la naturaleza puedo enfrentar sus inclemencias y saber interpretar sus avisos, si conozco la realidad intima de una persona puedo entender el despliegue de sus actos y porque hace lo qué hace. En resumen: si conozco puedo. Esta equivalencia es la que empuja al estudio continuo de las cosas y a despejar cuantas más incógnitas mejor, en todo caso, empujar a descorrer las cortinas, abrir los armarios, mirar a las miradas, observar los datos, contestar a los saludos o atender las solicitudes.

La definición de Poder es mucho mas compleja. La teoría política (las distintas teorías en plural) comparten la tesis de el poder como nudo principal de sus planteamientos. Tener Poder es poder intervenir en la realidad y por tanto en las conductas de los demás. No tenerlo significa ocupar posiciones de expectancia. Claro que esa división es un tanto simple, ya que el poder no se limita al poder político, y todo ser, por el hecho de serlo, se inviste de una cuota de poder. Según sea su voluntad y querer y, por supuesto, medios podrá hacer mas o menos cosas de acuerdo con su plan de existencia.

La ecuación de antes reduce o intenta reducir muchas discusiones. Entre ellas,las de extender el conocimiento de las cosas, de la vida, de la ciencia, de las noticias y de los sucesos a las prerrogativas de poder que da sobre ellas. Esa ecuación ha servido para liberar a las generaciones que nacieron y fueron instaladas bajo la sumisión llevándolas a la idea de que ni el poder tiene que pertenecer a una autocracia ni el conocimiento era privativo de las castas sacerdotales o las élites directivas. Tomar el conocimiento como parte del desiderativo general era tanto como establecer la premisa de que el poder también podía ser generalizado. La sabiduría sigue esperando a quien quiera tomarla con la mano por la via del conocimiento de todo lo cognoscible. Ese principio hace de cada ser en bruto un viviente que puede emplear su inteligencia y su sensibilidad para crecer como persona y disfrutar como maga con un posicionamiento virtuoso de individuo ante la felicidad que vaya construyendo a su medida.

Para conocer la vida, para conocer la naturaleza y dentro de ésta la psicología de los demás es necesaria más de una vida. De hecho, apenas es suficiente una vida para integrar el conocimiento acumulado por tantos millones de individuos a lo largo de tantas generaciones anteriores, ademas de las experiencias obtenidas con la propia biografía.. La cosa se complica cuando una sola vida apenas se basta para que uno pueda entenderse a si mismo.

A menudo el verbo conocer se emplea de maneras confusionistas al presuponer que es igual a haber tenido un contacto previo. Tener un compañero de aula o de facultad durante toda una carrera universitaria no significa conocerlo. Lo mas que se puede decir es que se le puede ubicar y reconocer fisiológicamente. Nuestras existencias ciudadanas están llenas de figuras humanas, por miles, que son reconocibles y sin embargo no son tratadas, no porque no sean tratables sino porque los circuitos de existencialidad son múltiples y el de cada cual es distinto y los entrecruzamientos dan para lo que dan. A lo largo de una biografiá van a ser mas bien pocas las personas que se van a tratar en profundizar a conocer en el sentido completo de esta palabra. Las limitaciones subjetivas en cuanto a aprehenderlo todo y las objetivas en cuanto a facilitar las coincidencias se combinan para reducir a cada sujeto a la tesitura de una recursividad escasa. Básicamente, el problema es el mismo tanto para la celebrity cuya cara y filmografía o pasarelismo es algo conocido por millones de personas a quien su figura pasa sin pena ni gloria por sus décadas biográficas sin ser reconocida mas allá de sus contextos de inmediatez.

Conocer es un verbo demasiado serio como para usarlo tan ligeramente como se hace. ¿Haber estado en una ciudad de visita significa conocerla? ¿Haber ido al party de alguien en su casa y haberlo visto una vez significa conocerlo? ¿Tener una relación de frecuencia con alguien significa acaso necesariamente la consolidación de una amistad y de un conocimiento en profundidad? La longevidad en el tiempo de un contacto no garantiza ni lo uno ni lo otro. Y en cambio determinados encuentros proporcionan en una sola e intensiva conversación un feeling que no se consigue con otras por muchos saludos que se centupliquen. De eso casi todos los seres sentimentales tenemos experiencias de las que hemos aprendido. Actualmente y gracias a los robustos instrumentos -que se seguirán perfeccionando mientras los estados no los impidan- de contactología todoas podemos tener contactos en todas partes del mundo según sea nuestra dedicacion de búsqueda. Antes de la era internáutica los viajeros nutríamos nuestras agendas con cientos o miles de direcciones y teléfonos cuya mayor parte no iban a ser usados nunca. Un contacto es un contacto, una condición técnica mínima para dar lugar a otras cosas. Nadie se convierte en amigo de nadie automáticamente por pedirle el numero telefónico. La amistad es una construcción de largo plazo, tal vez la mas difícil de todas. Es un proceso de conocimiento mutuo, de interconfidencialidad. Eso fluye a partir de un interés por el otro, por el gran mundo de lo ajeno. Estamos viviendo tiempos de multiconectividad, tanto en el plano tecno como en las cuitas de lo personal. Tiempo éste, en el que curiosamente siguen las rémoras de un pasado extinto en el que se planteaba la vida de cuadrilla como lo predominante. Por cierto, quien ha pasado por la experiencia de grupo de salida en sus períodos biográficos previos a la matrimonialidad recordará que no todos los amigos (amiguetes o amigachos) tenían el mismo valor. Esa diferenciación de cada otro en el abanicos de los demás cercanos sigue siendo aplicada. De cada contacto que se tiene, se abren distintas posibilidades: desde la amistad mas longeva, desde el amor mas intenso, a la relación mas puntual y episódica para intercambiarse infos detallescas pero con importancia dentro de su función completadora. En definitiva, cada otro tiene o puede tener un valor distinto y relativo para uno. Todos formamos parte de todos, nos tengamos o no en las agendas o estemos al corriente o no de nuestros currículums respectivos. La diferencia con el pasado preinternáutico es que la actualidad permite llevar los propios mensajes e ideas a mucha mas gente y al revés. El temor al otro desconocido o por conocer es un revival de ese temor infantil inoculado por tantos padres a sus pequeñajos con el consabido: “no hables con desconocidos”. Con ese prevencionismo de la exageración que no ponía a salvo de los peligros a sus vástagos si los encarcelaba en unas paredes invisibles del miedo.

Para hablar con el desconocido, como para tratar con lo desconocido (ambos son registros de objetos temáticos por tratar o entender) no es que sea necesario un laboratorio de análisis pero sí una disposición y una inquietud para formar parte del mundo complejo en el que estamos pasando nuestras vidas y que -aunque siendo distintas y distantes- lo comparten. Tenemos al menos ese común denominador: el de habitar en los mismos años y épocas, sufrir unas mismas inclemencias sociales a escala planetaria. Lo de menos es si te conoces con alguien en un espacio virtual como Facebook, Badoo o en la discoteca o el pub al que suelas ir. El viaducto de contactos en lo presencial no garantiza mas que las plataformas digitales la autenticidad del contacto conseguido, aunque es cierto que las mentiras y los creadores bulos no faltan en ninguna parte. Lo cierto es que todo el mundo tiene anécdotas que explicar de deslealtades o traiciones en amigos que hasta ese momento había tenido como tales.

La actualidad de la contactología digital emplaza a tratarnos de maneras mas directas y desde luego distintas. La pregunta ya no es ¿te conozco de algo? Sino que tiene una sustitutoria mucho mejor ¿en que podemos conocernos o tratarnos? Jean-Claude Sagne dijo que amar a alguien es concederle tiempo. La paradoja es que antes de conocer a una persona puedes ya estar amándola, en alguna dosis, al dedicárselo.


Los registros comunicacionales diferenciales.

Por JesRICART - 10 de Diciembre, 2009, 11:22, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 

La cadena de registros comunicacionales diferenciados. Origen y su potencialidad.

La cosa hablada no es lo mismo que la cosa en sí. Por si fuera poco la cosa hablada lo es en distintos registros alterando las formas representacionales de su contenido. El lenguaje que habla de objetos a su vez es un objeto que habla de sí mismo autoreferenciándose continuamente. Vocabularmente se le da valor de cosa al objeto tangible, material, tridimensional y escrutable. Las cosas completan el mundo de lo visible pero honestamente también deben formar parte del no visible. Mucho de lo que está por conocer tambien llegará a poblar el universo de las cosas: desde tecnoaparatos que resolverán operativamente problemas que ahora no están resueltos a temáticas que tendrán el trato de cosas aunque no pasen por la tangibilidad.

Es más apropiado el termino objeto al de cosa para referir todo aquello de lo que se habla pase o no por la forma de su materialidad. Los objetos incluyen las cosas tridimensionales conocidas pero también a las bidimensionales. Una foto en la pantalla es un objeto y la pantalla misma es otro. Un signo es un objeto y la tecla que se presiona para digitalizarlo es otro. La universalidad del objeto es tan extensiva que se funde con la objetividad entendida esta como el conjunto de cosas existentes: desde una galaxia a una onda. La palabra cosa a pesar de su valor de uso tiene escaso valor conceptual por la alta polisemia que ha adquirido. La cosa es separada del hecho olvidando a la ligera que los hechos se componen de cosas. El acto se hace con gestos que tambien son valorados en funcion de las cosas que manejan.

Para evitarnos conflictos semánticos el uso de la palabra cosa en la terminología habitual es conveniente referirla mentalmente como objeto. Un objeto es una idea tan válida para manejar un artefacto intelectual como para referir cualquier expresión de la materia en la forma, color y fabricación que sea.

Las palabras mismas también son objetos de los que nos valemos para comunicarnos y para tratar de comprendernos. A la vista de tantas inconveniencias confusionistas no se puede asegurar que el lenguaje garantice la precisión y posibilite el consenso. En su lugar funcionan sensaciones de acuerdo y el supuesto de la agotabilidad argumental de un tema dado. Después de un cierto tiempo de un habla continuada los hablantes, física y mentalmente cansados, se prestan a la connivencia en parte por la seducción del argumento que se erija como dominante (que no tiene porque coincidir con el mas lógico o racional) y en parte por el embotamiento sensorial.

En cada espacio de acogida de una temática discursiva el recurso a la comunicación de lo personalístico es posible e inmediato. Cruzar la línea entre una temática de la llamada objetividad y saltar a la llamada subjetividad es enormemente fácil. Depende la capacidad del hablante de mantenerse en una posición estrictamente aséptica de aquel tema objetivo que desarrolla no permitiéndose la menor ligereza para ejemplificar lo conceptual saltando al campo de la personalización. En la clase didáctica y en la ponencia científica el hablante correcto es el que se ajusta a tema y no lo banaliza saltando a la anecdótica. Por otra parte el texto mas llano y accesible es el que saltándose el protocolo austero de la exposición la hace diáfana hablando con naturalidad de la cotidianidad y lo concreto.

Como que la mayoría de conversaciones son extra-doctas y funcionan en los campos personales la exposición de la ideas cursan en mezclas de historias narrativas sin pretensión alguna de elaboración. El peso de las impresiones sentimentales está por encima de su racionalización. Lo que es más la impulsividad desde el irracional reclama el mismo derecho a ser que la moderación participativa desde la racionalidad.

La comunicación oral maneja informaciones y conceptos que están vinculados por interpretaciones de hechos. Su trasiego en el decir de cada hablante la va condicionando. Lo que un sujeto A le dice a los sujetos B y C por separado sufre una transformación temática cuando B y C lo hablan por su cuenta. El primer nivel de infocomunicación que proporciona A se convierte en un segundo nivel en la producción verbal de B y C sobre el mismo tema. Cuando B habla con D y E vehiculando el mismo tema por su cuenta y por separado con cada uno de estos y C lo hace con F y G trasladando tambien el mismo tema se va a producir un tercer registro en la síntesis que hagan estos. Y así sucesivamente. Esa unidad de triangulación simple se complejiza enormemente ya que en la practica de la oralidad de las palabras cada hablante tiene una pluralidad de depositarios de sus informaciones asi como una pluralidad de emisores de las que recibe y cada temática no cursa como algo aislado y controlado sino mezclado con otras.

Las temáticas trasegadas son tanto mas desvirtuadas cuanta menor exactitud hay en sus referencias y menos honestidad expositiva se da. Ese factor explica porque hablando no necesariamente se entiende la gente y al proyecto comunicativo le sobreviene una perversión lingüística y deliberados equívocos interpretativos.

Si en un primer registro lingüístico (el del traslado de un fenómeno de la realidad a la verbalización que lo describe) ya concurre una traición a la cosa en sí en aras a su sustitución por el objeto lingüístico que la representa, en los siguientes registros lingüísticos -donde los hablantes ya se han separado totalmente de los materiales primigenios de la naturaleza referidos – la confusión puede ir a mas. Una parte de las comunicaciones interhumanas se basan en datos aportados por la comunidad científica (una nanométrica parte de la población mundial) que el resto de la sociedad consensúa implícitamente. De sus datos y argumentaciones se nutren millones de conversaciones en paralelo sobre las verdades de la vida y de la existencia. Eso hace que casi todos los hablantes queden situados de entrada en un segundo registro lingüístico ya que están privados o no tienen acceso directo a las investigaciones directas de la realidad fenoménica en su conjunto. Sin embargo hay unos materiales primeros: el de la sensaciones y el de las experiencias vitales, el de los sentimientos y el de la conducta por tanto, a los que pueden acceder todos los hablantes en tanto que vivientes. Al hacerlo puede comunicarlo todo de si en un estado de lucidez y transparencia tal que pueda decirlo todo. La mejor situacion para la comunicación ideal es la que no tiene que silenciar nada

por temor a herir o por temor a ser mal interpretado. Esa idealización de la comunicación implicaría la extralimitación de toda confidencialidad.

En la práctica social ordinaria lo que se dice a uno no se le dice a otro, lo que se declara en un lugar no se hace en otro ámbito. Los mismos espacios: desde las embajadas a las salas de espera, desde los bares a los asientos de un taxi, predeterminan protocolariamente los límites del habla. Confundir la gestión de la información a cada quien que le sea dable como le factor de responsabilidad en exclusiva de la hipocresía social es una simplificación extremista. El silencio forma parte de las pautas para la verdad y no todo lo hablado contribuye a esclarecer hechos o personalidades. El habla contiene unidades de significado mezcladas con cuadros expositivos que tienen por mayor significación no querer decir algo importante. En el primer registro lingüístico (el del traslado a palabras de las cosas de la realidad, las tangibles y las intangibles, las visibles y las invisibles) la honestidad intelectual es crucial para hacer una conversación fiel pero el mismo traslado de la cosa a la palabra ya la somete a una cierta desvirtuación. En el segundo registro las palabras de las palabras, es decir la referencialidad con una nueva tanda de producciones verbales la anterior tanda ya hay otro grado de desvirtuación pues sigue rigiendo el riesgo de deformación en la interpretación siguiente. Puesto que los hablantes no hablamos de un solo tema a no ser que en unas condiciones muy controladas de estudio lo exigieran así y mezclamos temas y relacionamos datos, la vida de las palabras es un continuo trasiego de combinaciones. El carisma del hablante existe a partir de sus habilidades expresivas en mezclar de maneras inusuales las palabras. Esto no puede ser al azar. La posibilidad matemática combinatoria de un cierto numero de palabras distintas y repetidas de un texto dado del tamaño que sea (de 100 vocablos o de cien mil) da lugar en el segundo caso a millones de formas organizacionales de las que su aplastante mayoría serian descartables por no tener valor de significación, serian la pura locura. De la minoría que tuvieran sentido los hablantes se distinguen entre quienes se someten a los clichés expresivos aburridos y a los que juegan con el lenguaje inventando nuevas maneras alegóricas de impactar en los egos de sus lectores u oidores.

Aunque el sujeto hablante no tenga motivos para silenciar información personal de su vida que le competa, basta que el receptivo que a su vez traslade la información a un segundo registro ordenándola de manera distintas para que la interpretación resultante sea sustancialmente distinta a la dada en su primer registro. Dos frases exactamente idénticas no tienen el mismo valor en un contexto que en un otro, tampoco en un hablante que en otro. Por eso se malogra la inteligencia cuando un criterio apto elaborado desde la lógica se convierte en un material doctrinario dándole el peso de un dogma.

La sociedad en sus complejidades trasiega continuamente con la información. De hecho es la materia prima de mayor coste. Se pagan impresionantes fortunas para saber a tiempo datos antes de que lo sepan los competidores. En el momento de escribir esto todavía se esta discutiendo acerca del despilfarro para pagar informes de estudios urbanos1. No dudo de tales despilfarros con cifras impresionantes. Las inversiones en estudios superfluos con minutas supercaras de gabinetes que se podrían llevar a cabo con la misma eficacia o mayor de maneras económicas ejemplifica como la información además de trasladar datos trafica en si misma con influencias.

A los habitantes de una sociedad no transparente en la que se oculta casi todo ante casi todos (siempre hay ropa tendida a tener en cuenta antes de hablar) nos ha tocado movernos dentro de culturas restrictivas y condenadamente hipócritas. La definición más simple de hipocresía es la de pensar una cosa y decir otra. Se distingue totalmente de la inconsecuencia (pensar una cosa y hacer otra) aunque el decir es una forma de hacer y eso lleva a convertir en aliadas la una de la otra. Hay otras razones no especulativas ni de cobardía para callar informaciones, en particular en el campo sentimental. El no deseo de A por C comunicado a B en el primer registro lingüístico como una información sincera puede convertirse en un impacto catastrófico cuando B en una total falta de delicadeza y no sabiendo corresponder a la confidencialidad que la ha depositado A se lo comunica a C ,anticipándose a la prerrogativa de que lo haga A. Es como si el psicoanalista llamara tras la sesión con su consultante a figuras de su constelación para decirles lo que piensa o siente realmente aquel de estas. La triangulación de la confidencialidad en la que está presente el rol del psicoanalista sirve para ilustrarla mejor que nadie. La imposibilidad de hablarlo todo y en partricular de sus síntomas graves a las personas del contexto habitual llevan a la personalidad trastornada a constituirse en analizante para plantearse una cura que en parte pasa por la construcción -o recuperación- de su autodominio por lo que hace a la información que necesita y con la que trasiega en su vida. Un consultante que depositara información personal en un profesional (el elenco de roles se extiende a otras profesiones: abogado, notario, cirujano...) el cual faltara a su código deontológico saltándose el secreto profesional se autodeslegitimaria automáticamente. No han faltado las lecciones de quienes han enseñado como socializar informaciones para el bien común. Jonas Edward Salk descubridor de la primera vacuna contra la polio no hizo negocio con el hallazgo. Al ser preguntado en una entrevista porque no lo había hecho contesto con una pregunta ¿acaso se puede patentar el sol?

A partir de ese principio, en otra etapa posterior totalmente desvirtuado y pervertido, la sociedad vive de espaldas a si misma ocultando información para que patentes, inventos y conocimientos no sean socializados de tal modo que todos tengamos que pagar por repetido por ello. Actualmente la tecnología ya esta permitiendo la existencia de una internáutica autogestionada sin tener que pasar por operadores intermediarios a los que pagar mas allá de sus inversiones ya amortizadas. Volviendo a los datos en sí y no a los espacios o modos de darlos, el sujeto hablante se mueve filtrado por dos grupos de factores de presión distintos: por una parte su necesidad de verdad, tanto de recibirla como de darla; de otro, su consideración para que esas verdades no dañen imprudentemente.

La sociedad de la total transparencia es por ahora inconcebible y no solo por un sistema económico-político que trafica con informaciones sino también por la estructura psicolinguística. En las distintas formas de los hablares cada hablante ya sabe hasta dónde puede extender lo que sabe en los demás, la prudencia o no de hacerlo, su propia necesidad extroversiva en querer decirlo todo aunque no interese y su confiabilidad en la correspondencia del depositario. Desde una temprana edad de las relaciones verbales los prepúberes ya saben o interiorizan que todo no se puede decir y que la información tiene un coste. También aprenden que hay quien la tergiversa y eso da motivos para silenciársela en una siguiente ocasión. Esto pondrá el memorándum subjetivo para uno de los dramas comunicacionales de la existencia humana: la necesidad de decir y los problemas de bloqueo para hacerlo. Este bloqueo puede ser patológico, de origen personal, por una inhibición que somete la personalidad a los propios miedos o ajenos; o puede ser impositivo, de origen extrapersonal, por una represión sometida por figuras de control. Decirlo todo es un slogan que se cae por su propio peso cuando es el torturador el que quiere sonsacar la verdad para destruir la libertad y la vida de los demás.

Habrá siempre que distinguir entre la información dada porque es crucial para una situación y tema, a aquella que es dada para ridiculizar o herir. También de la que es soltada por un acto de impulsividad reflexiva. Quienes son victimas de su impulsividad soltándolo todo sin tener consideración por una situacion dada todo lo que proporcionan es la evidencia de su mismos, de su incotención verbal y de su pulsión buscando una comprensión que no encontraran ni a la que tendrán derecho en un auditorio. Es un revival de la típica pataleta. El loco es loco no porque lo que diga no sea o pueda ser cierto sino porque lo dice en un acto fuera de juego en una situación dada.

El origen de la pluralidad de registros comunicacionales está en las diferentes tomas de posición de partida en relación a los temas de los que se habla. La complejidad aumenta cuando cada sujeto hablante se convierte, a su turno,en objeto temático por otro, con todos sus contenidos hablados que son tantos otros objetos de referencialidad y revisión. Para que cada registro lingüístico tenga validez y credibilidad deberá pasar por encima del encadenamiento de mensajes en los que se ha aumentado su cuota de tergiversación y volver a la fuente original de la toma de datos.

La libertad de expresión apuesta por maximizar la comunicación a la mayor cantidad de ámbitos posible. Esto genera un proceso basado en un ideal. El sujeto hablante sería o es el intermediario entre toda la información que posee y los receptores a los que puede dársela. Como que la información no es una sola ni estática sino pluritemática, creciente y modificable y como que los depositarios no constituyen un parámetro único sino una pluralidad de sensibilidades y capacidad heterogéneas, cada informante lo es a su manera según lo que tiene y lo que puede dar, según cómo y de quien ha recibido datos y según quien y como los quiera. Al hablar de información, la palabra información, la refiero en su amplio sentido no solo al que se circunscribe al campo de las noticias coyunturales. La información es la manera de referir sucesos y pensamientos, el pasado y los planes de futuro, las cosas definibles y los conceptos en ascuas.

En los trasiegos informativos de lo personal una parte considerable de los conflictos y padeceres humanos pasan -siguen discurriendo- por informaciones ciurculantes que dañan. Prematuramente, un hablante pide de otro que elige como confidente a que no diga nadie mas aquello que le comunica. Vuelve a ser un esquema de triangulación en la que se define un tercero para que quede excluso de la información manejada o se elige a un segundo para que lo sepa inmediatamente después de que uno lo sabe el pack temático de lo que sea en curso. Aunque no haya alevosía en estos trasiegos el conjunto de los demás en relación a la información que poseemos se coloca en un orden dado que incluso puede ser espontaneo. No se calla lo que se sabe para esperar a tener el estadio futbolístico lleno para soltarlo. Se van diciendo las cosas conforme se van adquiriendo y según quien o quienes estén a mano para decírselas y formen parte del interés propio en hacerlo y del interés ajeno en escucharlo. Los conflictos interpersonales le deben mucho a la gestión informativa de lo personal. El hablante cuenta mas o menos de su vida a otro según si conecta con su sensibilidad receptiva. Tan pronto no la halla lo descarta como confidente aunque pueda hablar de temas neutros con esa persona y protocolice ademas de protagonizar espacios de sonoridad verbal. Descartar al otro como confidente remite a varias posibilidades: desde su condición de usuario de discurso lesivo a su falta de sentido de confidencialidad a su falta de comprensión.

En los actos de habla se dice de todo: eso le da grandeza y también bajeza. En cuanto un hablante hace afirmaciones irracionales, totalmente infundamentadas o cuando usa falsificaciones tal vez consiga hacer daño a aquellos que implica con su perjurio pero al ser descubierto a quien mas perjudica es a sí mismo porque pierde toda credibilidad. Esa perdida de credibilidad le puede acompañar el resto de su vida.

La potencialidad lingüística de la comunicación es infinita. En tanto que organismo viviente que no para de crecer (en extensión numérica del campo semántico y en intensidad cualitativa de las precisiones gramaticales) el habla es lo que seguimos teniendo para comunicarnos los unos a los otros, para indagarnos y seducirnos, para sentimentalizarnos y aprendernos. Sí, por supuesto, no es lo único pero configura los actos diarios más básicos que corroboran la posición de cada humano ante los demás, ante la sociedad y ante la historia. Cuanto mas selectos sean los hablantes en la forma de elegir sus palabras y mas cuidadosos sean/seamos con nuestros comunicantes más vacíos resolveremos en las culturas en las que nos movemos.


1Concretamente en la ciudad de Barcelona.

Las trampas sentimentales

Por JesRICART - 22 de Octubre, 2009, 13:31, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 


Las trampas sentimentales. Para una teoría del accidente emocional.

La negación sentimental absoluta para todos es un presupuesto insostenible pero la sentimentalización por  todo es otra posición sentimental tanto o más insostenible que la otra. ¿Qué es lo que hace que nos queramos los unos a los otros? ¿qué lleva a enamorarnos?  Esas preguntas también tienen sus versiones inversas: ¿Qué lleva a dejar de querer? ¿qué lleva al desamor?

El debate sobre sentimentalidad no puede ser tan aislado que no contemple las conexiones contextuales con el entorno cruzado por intereses y materialismos. ¿Dónde termina la sentimentalidad y empieza la conveniencia? ¿Son creíbles las historias de parejas que se quieren que duran toda la vida o toda la  vida se mantienen unidas porque comparten patrimonio?

El sujeto sentimental busca el calor de la compañía humana, la connivencia en una alianza, el placer del encuentro, la sensación de no-soledad. La sentimentalización es asociativa, busca al otro como cómplice. Es una forma de convergencia sensorial y de vibración corporal. Cuando ese otro no te deja indiferente por su apariencia, su físico, su habla, su sonrisa, surge entonces el deseo de hipótesis de un reencuentro. No siempre. Puede suceder y sucede que se siente admiración por alguien con quien se coincide puntualmente y descartar una siguiente ocasión de coincidencia o incluso eludirla. La mayoría de contactos humanos siguen siendo los efímeros y son una minoría los que dan lugar a historias excelsas y cruciales para la biografía de las partes.   Para entender el mecanismo psicológico exacto que lleva a la coincidencia o no de cada contacto y su constitución en plataforma para una relación posterior es necesario extraerlo de las incidencias circunstanciales para explorar los temores internos de sujeto y su cuadro específico de escapadas. Hay personalidades mas dadas a la evasión que otros. El famoso argumento de buscar la afinidad en todo es una falacia. Una pareja de humanos cuanto mas se conoce mas comprende lo distintos que son los dos, lo que les une no va a ser la afinidad sino justo lo contrario: los atractivos de sus diferencias mutuas.

La pretensión de buscar un aliado afín revela una inseguridad personal al no poder bregar con la diferencia. Por otra parte, no todas las diferencias son posibles, ni todas las actitudes del otro son aceptables. En el movido océano de las  constelaciones lo que nos resume a todos los humanos relacionarios es el de ubicarnos recíprocamente en nuestras respectivas coordenadas para decidir el umbral posterior de conexión y comunicación. Eso pasa por equívocos y por errores de tal manera que las coordenadas en las que está el otro posiblemente son supuestas y la interpretación de su realidad incurre en la subjetividad del intérprete.

La ubicación del otro incluso  haciéndola erróneamente es parte de la dinámica subsistencial que requiere de la clasificación pronta de todos los elementos con los que toma contacto para abrirse camino hacia lo que busca o quiere. Nadie puede –materialmente- tener tantos amigos o amantes en el sentido de relaciones continuadas si quiere dedicarse en profundidad a las demandas de cada una. También es cierto que quien sabe escalar eslabones en su carrera al poder se vale de multitud de contactos con los que mantiene transacciones de mutua compensación.

En el campo de la sentimentalidad no son tantas figuras las que verdaderamente marcan primero la formación de carácter y después la realización del desiderátum de personalidad en los capítulos de los placeres y de las identificaciones. La sentimentalidad tiende a ser precisa aunque se apele a una cobertura humanista e incluso a practica filantrópica de amor a la humanidad. En su precisión se queda con un pequeño grupo de personas que pertenecen a la constelación mas querida. Las formas aplicativas de la sentimentalidad  pasan por rituales y efemérides de consolidación del mismo contacto. Están abocadas a la trampa cuando el amor contante concreto pasa por una transacción: te quiero si me quieres/te tengo en cuenta si me tienes en cuenta. La sentimentalización es un proceso bioquímico con transformaciones corporales y psíquicas de las que se destaca una disposición atencional. El otro por el que se siente amor o pasión pasa al lugar preferente del constelograma. Si la relación marcha, es decir si permite el acoplamiento y la concordia suficientes, este otro va a ocupar un peso crecientemente importante en la vida de uno. El amor no es tan etéreo como la poesía canta en tanto que cursa a través de situaciones vivenciales y convivenciales que van a ser organizadas de acuerdo a parámetros materiales de compatibilidad. Hay gestos deferenciales que enamoran y otros despreciativos, también los de la indiferencia, que desenamoran. La sentimentalización no es un estado permanente sino que oscila según la situación energética emocional de cada momento. La misma declaración del “te quiero” tiene valoraciones distintas según los momentos en los que se dice y a las personas a las que se dirige. Demostrado: cuando le dices te quiero a tu hijo tiene una connotación diferente a cuando se lo dices a tu pareja. Técnicamente el problema es que el lenguaje no está a la altura de todas las matizaciones y profundidades de la intencionalidad sentimental ni conceptual. Daniel Gil, artista plástico, dice que todo lo que tienes que decir lo puedes hacer con un lápiz. Una exageración que se repite en otras lineas artísticas que trabajan con la expresión de la danza y de la forma visual. El lenguaje ha sido indispensable para la evolución psíquica e intelectual y sigue sin ser suficiente aun con toda su función de precisión quirúrgica. Tratar de una vida soberana necesita cuantos tantos recursos expresivos como necesidades sentimentales y conceptuales maneja. En el caso del diseñador referido que se considera instrumento de no sabe quién ni de qué podrá vivir prescindiendo de expresiones más específicas.

En el universo sentimental hace falta más que la fraseología estándar o la felicitación en cada efemérides para esclarecer la especificada de cada relación y la importancia de cada persona relacionada. El lenguaje está altamente implicado en la energía sentimental. Cuando en un dueto se opta por callar para no crear situaciones conflictivas o desagradables es que el amor ya no está creciendo por no decir que está en franco declive. La estructura convivencial de una pareja puede continuar peo su entusiasmos por compartir el crecimiento común basado en la confiabilidad ya ha periclitado. La relación sentimental es una invitación a descubrir con el otro un mundo a vivir, con todas las experiencias que vayan a ser apuntadas. La psicología de la personalidad se libra de trastornos autogestionando las experiencias de todo tipo, fundamentalmente las sentimentales, conectándolas con su potencial de goce. Para otro campo, Carlos Ferrater, arquitecto, sostiene que “la experiencia no sirve más que de lastre”. Psicológicamente una experiencia se convierte en laste cuando la configuración del pasado en el que fue hecha tiene el poder de copar y destruir las novedades de cada actualidad y por tanto veta el paso a nuevas experiencias.

Lo sentimental es a la personalidad lo que el agua es para el organismo. El sujeto no sentimental es inconcebible. Incluso en las personalidades más abyectas y lesivas con comportamientos desorganizados e hirientes para los demás, la demanda de atención es un hecho. Se ha calificado el comportamiento pre-delictivo como el de protesta ante una sociedad gélida. Sin embargo también se ha valorado la capacidad soberana del individuo en su prescindibilidad de las oscilaciones en el campo sentimental. No se puede poner la felicidad en función de si el otro nos quiere más o menos, está o no está, viene o se va. Siempre que A se pone fundamental y fanáticamente en función de B significa que subordina su propio yo a las vicisitudes del otro, de ese tú, que puede cambiar de actitud y de elecciones. Significa que el rol inalterable de B es tomado como la previa para la estabilidad de A. Lo de menos es si A es la esposa abandonada y B el marido que se va o al revés. Ese esquema no es de cooperación sino de insubstituibilidad poniendo todas las condiciones para el fracaso sentimental y para la frustración grave con secuelas en el futuro.

Una posición unilateralmente insistente en el querer espera una correspondencia de signo equivalente del otro lado. Cuando no se da sobreviene el desencanto olvidando que el otro está condenado a defraudar al expectante en especial cuando este espera lo no prometido o pactado.

Para resolver los conflictos sentimentales en el desajuste entre lo que se quiere y lo que se da las psicoterapias proponen no ponerse en función de acontecimientos que no van a devenir. De alguna manera las crisis se tratan con un programa de desensibilización para no sufrir gratuitamente. El desarrollo in extremis de una superación de la sensibilidad sentimental es la de la propiedad que se atribuye a la psicopatía. El perfil del psicópata es el de quien no tiene capacidad para sentir el daño que ocasiona por su comportamiento. En la sociedad autística se tiende a que a partir de la mucha inversión en indiferencia las mayorías prescindan de lo que le pasa a las mayorías. Comparten un planeta y una historia sin importarles demasiado su sostenibilidad en el siglo siguiente. Se reproducen y tienen hijos para lanzarlos a un mundo antiparidisíaco. Se tienen hijos no siempre a conveniencia de las partes directamente implicadas (padre-madre) sino de una de ellas. Se toman como un argumento de presión al ser tomado como expresión del máximo amor.

Hay impactos emocionales severos que pueden generar tumores o desencadenar problemas intraorganismos como forma de autocastigo por los problemas situacionales. No siempre las declaraciones sentimentales son autenticas ni las palabras dichas vehiculan significados sinceros de quien las dice. Desde las aproximaciones del flirteo a la relación consolidada con una continuidad cotidiana o regular del contacto la vinculación sentimental está supervisada por las posiciones de poder de cada uno en la vida del otro. En el campo del querer no hay ningún detalle que no tenga significación. El proceso de futuro de cada relación y su intensidad está directamente determinada por la comprensión del partner. Ni siquiera el deseo, la pasión y el cariño tienen tanta importancia como la comprensión. Sucede que las relaciones se aguantan por la entrega, la confidencialidad y el acuerdo en compartir la ruta de estar juntos pero si la comprensión falla, la sentimentalidad declara abierto un laberinto de trampas.

Un humano evolucionado que priorizara la comprensión en sus alianzas viviría la sentimentalidad como proceso consecutivo y no al revés. Superaría ese lenguaje transaccional que usa lo sentimental para producir emociones a conveniencia no aceptando la libertad de la expresión de todo el arco emotivo.

Comunicacion del Abuelo al Bebé

Por JesRICART - 2 de Octubre, 2009, 12:21, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

Instrucciones de urgencia para comunicarse con un bebé.

La urgencia viene determinada por la posición subjetivista ante la premura del tiempo para atajar una falta o un síntoma grave. Es así que el solicitante de atención urgente con una hemorragia no contenida no toma tranquilamente su agenda y se apunta una cita de atención para una semana después. Quiere que se le ayude ya y para eso acude a un servicio preparado para casos como el suyo. En el  leguaje hospitalario el concepto de urgencia es donde probablemente se usa más. Se usa y se desbarata de su sentido original ya que muchos pacientes consultan por temas que pueden seguir los protocolos ordinarios de las visitas colapsando ese servicio. Retenida esa idea plástica que servirá para el resto de este texto quisiera plantear una delicada relación entre un adulto con más de medio siglo en su haber existencial  y un recién nacido,  es decir entre alguien que tiene fundamentalmente la vida hecha, encajada y –vamos a dar por supuesto que- comprendida y un neonato con toda una vida por delante, como se suele decir, por hacer, por aprender y por comprender. Esa distancia de edad es la que hay entre un/a abuelo/a y un/a nieta, aunque también puede ser, más excepcionalmente,  entre padres e hijos. A la distancia temporal entre el uno y el otro es un dato crucial el rol exacto del adulto, de si es padre o si es abuelo. El padre (entiéndase, los padres) es el que gestiona la propiedad, el planning, la dieta y los cuidados del bebé, mientras que el padre del padre (entiéndase, los abuelos de la criatura) es el que accede pasando por la supervisión o el consentimiento de aquel. Eso da lugar a una sutil lucha de campos, por no decir de poderes, por el acceso al contacto con el  niño y para facilitarle su baño de pluralidades y de acceso a la diversidad de la vida a través de las distintas figuras humanas que lo quieren y que se preocupan por sus circunstancias.

Aunque no es lo ético ni lo usual, hay padres que reaccionan como un tanque blindado ante los abuelos impidiéndoles el contacto con sus nietos. Hay varios motivos para esto, pero no todos están amparados por una lógica supervivencial o por argumentos objetivos. La indisposición subjetiva de unos al contacto lleva a condenar a criaturas inocentes a un crecimiento con déficits. De todos los egoísmos humanos el de los padres que impiden voluntaria y deliberadamente, fría y patológicamente, el acceso de los abuelos a sus hijos, es uno de los más extraños y uno de los mas revela como el egoísmo concretado en forma de poder se concentra en la vida y el futuro de criaturas en la edad de la mayor de las fragilidades y de la mayor de las capacidades para entender algo.

Auditar a un/a abuelo/a con los accesos impedidos para visitar a su/s nieto/s es abrir  la percepción a un campo en el que la casuística de la desconexión previsiblemente crecerá en una época de nuevas formas familiares, (un tanto disgregadas estructuralmente y distanciadas geográficamente)  pero con las mismas antiguas formas de control y poder sobre los descendientes. Los abuelos que aman la descendencia de sus hijos hacen toda clase de inventos y de insistencias y preparativos para tener contacto con nietecitos/as tratando de contrarrestar la desidia, el agobio, el unilateralismo y el exceso de trabajo de sus padres, por no citar que también toca contrarrestar las indisposiciones de uno de los padres de la criatura (generalmente el que viene de fuera y se incorpora al tronco familiar). Por extraño que pueda parecer hay madres que se vengan de los abuelos impidiéndoles todo acceso a ver a sus nietos haciéndoles pagar las afrentas o diferencias de opinión que tuvieron de estos.

Para esa particular situación propongo esta reflexión que se aparta de las pautas serias dadas por la pedagogía, la psicología evolutiva y la pediatría.

Hay razones objetivas por las que un/a abuelo/a puede estar distanciado de su/s nietos, entre ellas la distancia geográfica y las imposibilidades físicas objetivas para el contacto. Estas razones nunca son tan lesivas para las dos figuras en esta relación (el adulto, en la edad en que la ancianidad empieza a calcularla y el bebé en la edad sensorial de absorber cada detalle de su ambiente) cuando son razones objetivas evaluables las que dificultan, impiden o incluso anulan el contacto, sean las de limitación física por enfermedad o las de limitación de la libertad y lo son absolutamente cuando impera el subjetivismo, la venganza o la paranoia de los padres en impedir ese contacto. ¿Qué puede hacer un abuelo para explicarle a su nieto porque durante su infancia no estuvo presente en su vida? ¿Cómo comunicarse con el crío?

Evidentemente si no hay una comunicación presencial directa y facilitada esa falta es objetiva y será decisiva para la relación posterior. Lo hayan planeado así o no, los padres que por sus rencillas con los suyos, impiden que ejerzan fluidamente de abuelos con sus niños hacen un flaco favor a estos y por añadidura extienden el daño a los demás y a sí mismos. Ese sabotaje a la relación les quedará como un roto biográfico en sus futuros para siempre. Saben que están fuera de ética y lo pagarán psicológicamente sin la menor duda si concurre un mínimo de sensibilidad y reconocimiento por su parte. Un abuelo todo lo que puede hacer para su nieto es concederle su tiempo (eso es fácil suele estar en la edad en que sabe que el estrés y la ambición son una patología y un absurdo y que no hay nada tan pagable como tener tiempo libre para gozarlo en los juegos de los que empiezan a descubrir el mundo), pero depende de la autorización o beneplácito de los responsables legales y tutoriales directos de la criatura. Todo eso no suele pasar por la palabra porque ya se da por hecho. Cualquiera que esté en sus sanos cabales se apoyará en los recursos de los abuelos, los del tiempo, los de su experiencia, los de sus mayores condiciones doméstico-materiales para  que formen parte del constelograma de la criatura. Si no lo hacen concurriendo todas las posibilidades para eso es que pesa más el egoísmo paterno que su generosidad en la criatura que han engendrado y que la primera dura lección que le imponen en su andadura existencial, es que los niños vienen a complacer los egoísmos paternos mientras los someten a sus neurosis y ansiedades.

Externa y objetivamente de todo esto la figura del abuelo se resiente y se queja pero no tiene un lugar en el que descargar su tristeza salvo en el espacio psicoterapéutico o en relaciones amicales muy especiales. No todas las amistades pueden entender que a un abuelo se le ponga trabas al contacto con sus nietos desde antes incluso de qué nazca y las amistades, no pocas, suelen opinar a la ligera de que es cuestión de insistir para vencer el muro de los padres, muro este que sería la prolongación de aquel famoso muro de Pink Floyd que se aplicaba solo a situaciones del sistema.

Mientras no se tienen conflictos interpersonales muy severos la mente protestaría que se cree en la cima de la conciencia piensa que todos los problemas vienen dados por el sistema en abstracto olvidando –queriendo olvidar- que el sistema es un sumatorio de individuos que admiten vivir sus vidas haciéndose cómplices de los males, de los que por otra parte se quejan para aparentar que ellos no son los responsables. Pasar por la experiencia de un hijo que le dice a su padre que no puede ver a su nieto, porque la mamá del neonato no lo acepta, es una experiencia muy dolorosa. Ante el sujeto pertrechado en la negativa por su herida narcisista poco se puede hacer salvo interpretarlo como enfermo y sugerirle que se vaya al taller de curas para que no extienda su desequilibrio al hijo que ha engendrado y a su ambiente doméstico.

Mientras la comunidad de los adultos habla (negocia) sobre regímenes de visitas o sus pautas el neonato va creciendo sin que estén todas las figuras importantes  en su escenario sensorial. Esa sola ausencia descubierta y comprobada unos años después sin encontrarle una explicación lógica será motivo suficiente para que la ley pendular del conflicto intergeneracional se repita cuando tenga arrestos para discutirle a sus padres que le impidieran acceder a sus abuelos y a su vía de experiencias. Desde el momento en que un padre vacila sobre esta cuestión vital ya está transmitiendo una energía obstruida a su hijo desde antes de que cumpla el primer año. El hecho de que no pueda hablar ni formar pensamiento no significa que no le afecte.

Obviamente el abuelo encariñado con la perspectiva del nacimiento y crecimiento de esa criatura, sangre de su sangre, si tiene la accesibilidad restringida o prohibida  no puede hacer nada por una comunicación presencial directa. Antes del lenguaje articulado hay formas acústicas y gestuales cruciales para la formación de carácter que no pueden ser expresadas de otro modo sin esa presencialidad. Todo lo que puede hacer el abuelo para comunicarse con el nieto si hay una fosa de cocodrilos puesta en medio por sus padres irresponsables instalados en el cinismo social de siempre que no en la sobreprotección de la criatura es testificar sobre las situaciones vividas, es decir sobre la situación de contacto impedida, y dejarlo como memorándum para un futuro. Pero es difícil hablarle a tu nieto como si estuviera ya en la edad del adolescente interesado en su autoafirmación y en su identidad y en la búsqueda de sus circunstancias de nacimiento y de primeros años. Para muchos padres jóvenes y en particular primíparas y de estreno como creen que los bebés no se enteran porque pasan la mayor parte del tiempo durmiendo, comiendo y balbuceando, no detectan las faltas de su entorno. Su inconciecia es total al hacerse protagonistas responsables de faltas remediables desde el principio.

Ciertamente la biografía pasa desde el principio por la falta (por una colección de déficits sutiles) pero convertirse en causa determinante de faltas evitables es añadir más problemas al mundo de los que ya hay. Un abuelo necesita explicarse a si mismo porque se encuentra privado de una historia de relación por culpa de una incompetencia de los padres de su nieta. No entiende como estos (generalmente el uno aceptando la imposición por la vía del chantaje emocional del otro) anteponen sus inmadureces a las necesidades de la criatura que han traído a un mundo no ya lleno de trampas y engaños, sino que lo traen a un constelograma al que se dedican a engañar.

Por supuesto un abuelo está en el derecho de enviar regalos, objetos, ayudas y su propia voz registrada a su nieto. Eso es una forma de comunicación diferida, pero pone en un aprieto a sus padres que no hacen de padres correctos pero que se les pide que hagan de mensajeros. En el colmo de los extremos una criatura puede ir creciendo con una habitación al lado llena de cosas enviadas por el abuelo que no se atreven a tirar pero tampoco a dárselo para que la influencia de aquel no llegue a este. ¡Kafquiano! (material para un guión cinematográfico si el tema no fuera tan grave).

Escribir una carta a una nieta para la edad en que pueda entenderla no va a substituir todos los ratos y experiencias que entre la primera infancia y la adolescencia se habrán perdido el abuelo  y la niña pero al menos ayudaran a uno a no dejarse consumir por el rencor y a la otro a unir piezas de su propio puzle psico-biográfico si algún día quiere unirlas.

La relación que no es permitida en un cierto periodo se traduce en un tiempo vivido que no va a ser remediada por un tiempo posterior. Las mamás que consienten pero que psicológicamente no aceptan por ególatras las relaciones de sus niñitas recién paridas con sus abuelos (contra los que o hay ninguna razón objetiva para sospechar de su dedicación o falta de amor) son casos severos de resentimiento perjudicial para sí mismas y para su entorno. En todo caso indican, como mínimo,  la tipología de sujetos nada preparados para la maternidad.

Para un abuelo consultante en esta situación la pauta mas neutralizadora de la angustia que produce por su misma inexplicación racional es la de ser consecuente con el lugar que lo ha colocado la vida. Tratar de imponerse a la fuerza no tiene el menor sentido, porque los gestos a los que diera lugar serian tomados posteriormente como causantes de toda la situación e lugar de fases posteriores del proceso. Todo lo que puede hacer es esperar y si en esa espera documentar la situación lo mejor posible para el futuro, es decir para quien quiera indagar las verdades en el futuro aunque su indagación o sirvan para nada restituir un pasado ya extinguido.

Hay que admitir que no hay un solo sujeto humano que viva sin una u otra falta biográfica o que haya pasado por su infancia libre de influencias nefastas. Lo grave de esta afirmación es que toda la enseñanza paidológica no evita que nuevas generaciones nacidas en países culturalmente más progresistas caigan en controles inaceptables de sus vástagos. Antiguamente los padres retrógradas se enfrentaban a sus hijos idealistas que soñaban en utopías reprimiéndolos para que no tuvieran contactos que les influyera con ideologías criticas, actualmente hay padres (hijos de padres no tan retrógradas) que estrenan nuevas formas de control por miedo, casi obsesivo, a perder  la gestión de sus hijos desde antes del parto. Legalmente existe casuística para reconvenir a esos padres para que faciliten el encuentro regular de los niños con los abuelos. Introducir esto en la base de una relación no es agradable para nadie con lo cual se desestima el recurso, no porque la reprimenda no sea razonable para padres egoístas sino porque introducirla por la vía administrativa (acudiendo a un tercero que imponga un decreto a la fuerza lo que los protagonistas no resuelven por si mismos desde su cultura e inteligencia, supuestos discutibles, claro)crea un precedente difícil de olvidar.

En toda la constelación quien más paga la situación, por déficit de pluralidad y de figuras es la nueva criatura, pero los padres tampoco quedan indemnes de ese abuso autoritarista de su poder. Los abuelos, quedan damnificados por no permitírseles su juego en escena. En realidad todos salen perdiendo. No dejar las claves (escritas o en soporte que sea) del relato para que la criatura acceda a una información que se la ha silenciado o tergiversado para cuando tenga la edad para ello es lo menos que se puede hacer.

La experiencia de tratar de comunicarse sentimientos por escrito para alguien que aun no sabe ni lo que son las palabras es intensa y emocional. Aunque el texto resultante no pueda tener un recibo inmediato en su destinatario su valor contextual para cuando lo tenga en el futuro es crucial. Vivir vidas sin ser explicadas llenas de oscuros, silencios y tabúes, ha sido una constante de las viejas leyendas. Cada cual ha de decidir la parte de su valor personal con la que implicarse para decir lo sucedido con claridad y sin miedo para no proteger los errores graves inaceptables de nadie, aunque sean los de los propios hijos.

De todas las constelaciones conflictivas humanas una de las más delicadas es la de tenerse que enfrentar al hijo y no solo a la nuera (como madre desequilibrada) para acceder al nieto.

La urgencia de esta pauta relacional a distancia es la de dar respuesta sentimental al profundo agravio  que experimenta el abuelo que por supuesto no tiene edad de notar el nieto.

Las disculpas tardías en exceso

Por JesRICART - 15 de Septiembre, 2009, 17:57, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

Las disculpas tardías como variedad del insulto.

Ordinariamente todo lo que podemos pedir del responsable de una afrenta o de un daño es que pida disculpas ya que la vuelta atrás de los eventos para evitar aquel que protagonizó hiriéndonos o molestándonos no es posible. Esa demanda tan elemental no suele ser satisfecha. Un hiperorgullo alimentado no se sabe muy bien con qué predomina por encima de la humildad indispensable para reconocer los errores. Hasta ahora la admisión del error como una inclinación universal en los actos del vivir (seguramente el primer error magno  consiste en decidir vivir en una sociedad no preparada para esto) no justifica ni su cuantificación ni su reincidencia cuando se sabe lo negativos que son. Tampoco excusa los propios por la comisión de los ajenos o al revés. Cuando alguien comete un error con impacto dañino en otros lo menos que puede hacer es pedir disculpas. Como que esto está ampliamente reconocido se ha llegado a automatizar las formas verbales pidiendo perdón o excusas. Muchas situaciones son salvadas por expresar una pena si se ha ocasionado un daño. Decir simplemente “lo siento” remonta situaciones porque es una forma económica y casi rutinaria de reparar un pequeño desajuste. Cuanta mayor capacidad tiene un sujeto social de reconocer sus errores una mayor correlación en positivo podrá tener con sus semejantes.

Hasta aquí ha sido fácil ponerse de acuerdo pero la solicitud de perdón no siempre es sentida por el solicitante ni concederlo va a favor de la reparación. Esta hipótesis nos va a sumergir en un complejo campo de sutilidades. Cuando toca vivir un cuadro conflictivo con alguien, el de un casero que no asume la suciedad dejada por su inquilino que es vecino tuyo, el de alguien que te atropella en un paso cebra porque conduce  atolondradamente, el de quien  te da un información falsa o el de quien te deja de lado en una propuesta que te compete los sentimientos en juego necesitan algo más que un simple protocolo formal. Es fácil comprobar cómo la demanda de disculpas por situaciones protagonizadas muy negativamente no so dadas a pesar del reconocimiento por sus protagonistas al actuar erróneamente. Eso lleva a la pérdida de relaciones. En principio no es nada grave ya que posibilita ubicar a cada cual en lo que realmente es. No podemos olvidar que la historia de una vida es una biografía que se reparte entre el encuentro y el desencuentro. Tal como andan las cosas los desencuentros predominan. Cuanto antes uno sepa a qué atenerse con respecto a otro, menos sufrirá por este. Contrariamente, cuantas más expectativas infundadas se tengan con respecto a  los demás peor pronóstico del futuro tendrá. Prever una cierta cantidad de disintonías en la vida es lo menos que se puede hacer para asumir con madurez los límites de la interrelacionalidad personal.

Resulta que en los pequeños detalles se descubre a los demás. Esos detalles permiten hipotetizar –y comprobar- grandes y penosos gestos posteriores. Es mejor tener una pequeña desavenencia con un vecino o un colega e inferir lo poco aliado que es, que embarcarse con el susodicho en una gran aventura empresarial u organizativa y sufrir su traición cuando la implicación haya sido mayor. Ese capital de prevención por anticipado nos hace desconfiados los unos de los otros y quien no lo es está en la categoría de la ingenuidad.  En los tratos por los asuntos múltiples que la mera existencia nos trae se verifica una especie de reserva natural o básica. Así como hay animales que se adrenalizan y ponen en guardia o saltan y huyen a la carrera al primer ruido sospechoso, los humanos que seguimos teniendo más de viscerales que de racionales también nos ponemos en guardia al primer detalle alarmante. Nos queremos convencer que hablando se entiende la gente pero eso no es tan cierto o al menos no lo es como un principio universal: hablando con una determinada metodología una determinada gente logra entenderse. Eso es más correcto.

Ante el episodio ofensivo, en el que puede haber concurrido negligencia o desidia y no tanto voluntad expresa, lo menos que puede hacer el que lo ha cometido es pedir perdón. Sin perdón no hay reparación, subscribimos a coro (o casi, siempre hay quien lo perdona todo por mucho que le machaquen) pero siempre que ese perdón sea sentido y oportuno. Así como no hay justicia (en los palacios judiciales) que viene a tratar de dirimir culpabilidades 10 o 20 años después de cometidos los sucesos (la misma demora ya es un acto de injusticia añadido) tampoco hay disculpas sentidas o reales cuando se presentan aprovechando coincidencias tardías o como ritual formal sin ser sentido. Los juegos de relación nos llevan a bailar con roles concretos para momentos concretos. No asumirlos cuando toca es como perder la tanda y, en cierta manera, la oportunidad histórica. Cuando me han pedido disculpas muchos años después por hechos que en realidad no fueron tan graves en su momento aprovechando una coincidencia casual he dejado constancia en mi interpretación de que ni eran sinceras ni solicitaban tal cosa, sino que eran protocolarias y formas psicológicas para desembarazarse de aquel hecho memorizado. Mi respuesta es que ese detalle formal no varía el hecho en sí y que de haber querido pedir disculpas había otras maneras por haberlas presentado en los años anteriores. 

Quien tiene un mínimo de sensibilidad y de autoconocimiento de su persona sabe en su fuero interno que si cometió un error con daños para otro le debe disculpas, le debe una reparación. Mas exactamente le debe una reparación que pasa como primer eslabón por el perdón. Pero si su crítica o es lo suficientemente firme y prefiere vivir su vida sin pedirlas, aprovechar una circunstancia de coincidencia para darlas viene a añadir un segundo insulto. Si lo que espera del ofendido es que se las conceda porque es lo que toca en su idea del protocolo puede encontrarse con el chasco que no solo no lo haga sino que ponga en duda que realmente entienda el mecanismo de reparación.

Muchos enfados y distancias gélidas con los demás (parientes, antiguos amigos, ex parejas,…) se han consolidado por la falta de concurso de una sentimentalidad asumiendo un error. Hay mentes más duras que bloques graníticos que no están dispuestas a la flexibilidad y al reconocimiento de sus responsabilidades. El hecho es de que pueden vivir con lo que son, es decir con lo que no son ni quieren ser contribuyendo individualmente a la gran farsa del teatro del mudo en el que predominan los guiones de mentira.

Lo que sucede en el campo de las relaciones interindividuales también sucede en el campo del gigantismo social. Las propuestas de no enterrar la memoria histórica para que las generaciones se transmitan oral y documentalmente el conocimiento de los sucesos,  mantiene en vilo la deuda de todos aquellos que cometieron daños a la sociedad, a los pueblos y a las familias traicionando a millones de personas que mandaron al cadalso o a la ejecución. Esa deuda está perfectamente interiorizada. Los hijos que nacen averiguarán que sus ascendientes cómplices del fascismo participaron de crímenes horrendos por los que nunca pidieron perdón, al contrario, siguieron reconociendo como actos patrióticos.  Mientras hay humanos que no reconozcan los errores de la historia, es decir los errores de sus protagonistas, por mucho que compartan linaje y patrimonio, el itinerario de las relaciones seguirá sesgado y condenado a las patrañas que nos envuelven.  Todo lo que se puede hacer con alguien que cometió un error y que no lo reconozco es ponerse a distancia para que los siguientes que siga cometiendo no nos alcancen. Eso ha llevado a un tiempo de silencio, del que en realidad los tímidos intentos de salir nos han devuelto con otras versiones de la callada.

Teóricamente es posible la recuperación de individuos que fueron asesinos ideológicos aunque no puedo citar ningún caso real. En otro registro de responsabilidades menores que no vienen dadas por incompatibilidades con las ideas sino por formas de incidir en la cotidianeidad. La biografía de cada cual está llena de desencuentros por falta de sintonía. La mayoría ni siquiera son considerados como lo que son: una proporción dominante en la que impera la indiferencia, el desinterés, la o-coincidencia por no decir la incompatibilidad o el antagonismo Al examinarla resulta que muchos de ellos son determinados por maneras de lo concreto en que uno pide la responsabilidad necesaria de otro que no está dispuesto a dar por la razón que sea.

La hipersensibilidad del personal le lleva a estallar cuando es avisada por situaciones de la que es autor pero que no resuelve paliando el impacto de sus consecuencias. Hay muchas razones por las que hablar e intervenir pero también por las que callar y no seguir perdiendo el tiempo. Siempre se oye hablar de viejas rencillas entre familias y de enfrentamientos que quedaron sin resolver por cuestiones, en principio, aparentemente nimias. No es tan fácil que alguien externo pueda considerar el significante con impacto emocional de un hecho de controversia dado. Puede entender, eso sí, el acto de significado concreto pero no el significante interiorizado para cada cual.

Las coexistencialidades humanas se vertebran en torno a lo que las une pero sin olvidar las pequeñas desuniones que convergen en su seno. Aunque vivamos en sociedad el ego-centrismo predomina,(y la madurez obliga a ese autocentramiento) por su propia naturaleza individuada en cada ser humano. Al otro se le acepta y consiente como coincidente en un plan de vida y en un constelograma si asume consecuentemente su lugar en el mundo y no amenaza con sus posturas a los demás, Octavio Paz[1] declaró algo difícil de cuadrar por lo que hace a la relación entre el yo y el otro pero que sirve para entender lo mucho que tenemos cada uno de los demás en nuestros actos y sentimientos. Dijo que cuanto más había buscado su identidad o su yo más encontraba al otro dentro de sí.  Es cierto que participamos de un mundo y de un cosmos, de una energía y de una especie fisiotípica. Es cierto que el otro a través de una simbología dominante nos invade y coloniza, nos homologa y estandariza pero no lo es menos que cada persona es la primera responsable de su ámbito personal, de sus actos y de sus ideas, cribando pues lo que le viene de afuera, por tanto de los demás, no admitiendo conductas erróneas en su hacer. Es así que el sujeto autónomo  es responsable de sus actos  por los que debe dar cuenta a los demás y antes a sí mismo para tomar conciencia de los impactos negativos que produce. Esa es la premisa para la autocorrección y el acto formal de la solicitud no es tan necesario si el proceso de rectificación ha estado funcionando ya.

De todos modos dado lo importante que es para la psicología de la personalidad tratar de pasarlo todo por la palabra para desentrañar los significantes de la vida, el gesto de reaproximación con disculpas -aunque sea tardía y auto justificativa- es mejor que la perpetuación de un silencio tenso. Eso no significa que haya que caer en la trampa de creer que eso significa una modificación real de conducta. Muchas relaciones se restablece también con continuadas escenas de contrición para pedir disculpas por los mismos actos que se vuelven a repetir al mes siguiente. Terminan por transformarse en una broma o en un gesto tan mecánico y desacreditado que deja de tenerse en cuenta. El resultado es dejar al otro en el casillero de los no-referentes por no poderse fiar de ellos.  Lamentablemente el crecimiento de la desconfianza general indica que motivos para esa desacreditación no paran de crecer. En el colmo del enredo los actores de errores también incorporan esa prevención a su conducta frente a otros que no los comete pero eso compete al análisis del ámbito de perversión psicológica teorizado en otra parte.


[1] ( .México 1914-1998)Nobel de literatura de 1990.Figura cardinal del pensamiento y las letras hispanas del s.XX.Hizo uno de los actos más valerosos registrados por la historia mexicana al negarse a ocupar el puesto de embajador en la India como protesta por los acontecimientos represivos en la plaza de las 3 culturas y las posteiores secuelas incriminatorias de los líderes estudiantiles con años de cárcel.

 

¿Quién llama Quién?

Por JesRICART - 1 de Septiembre, 2009, 11:14, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

¿Quién llama a quién?

Llamar por teléfono es una forma de iniciativa y atender a llamadas otra forma de posicionamiento ante la comunicación. El teléfono es uno de los grandes símbolos de la tecnología comunicativa y del progreso humano que ha permitido el acercamiento entre las personas y el acortamiento de las distancias. Pero el teléfono  también se ha convertido en una manera que instrumenta la localización de la gente y una vía de  asedio.

He pasado de ser alguien que llamaba cada día varias veces por teléfono en una época en que no existía la telefonía móvil y dependía de las cabinas públicas, a menudo atrotinadas e inservibles; a alguien que solo conservo el celular por razones de seguridad y para casos de emergencia para con mi pareja convivencial. Es decir, el teléfono como significante ha pasado de ser, en mi caso biográfico, un  aparato que me permitía enviar mi voz a otra mucha gente del mundo a recibir la suya en un volumen muy reducido de personas. A decir verdad podría /puedo prescindir de esas llamadas en prácticamente su totalidad. La única razón por la que sigo teniendo un número de móvil vinculado a mi persona es por su condición de segurizante con la persona, la única, con la que estoy covivencialmente comprometido. Si no fuera por ella probablemente me daría de baja. También lo haría del teléfono fijo  si el ADSL contratado para internet no dependiera de esa línea u optara por  u servicio de internet por radiotelefonía. Es algo que o descarto hacer próximamente.  Si bien hablar por teléfono sigue siendo, todavía, una constante diaria, es algo que vengo experimentando como totalmente prescindible. La comunicación telefónica va muy ligada a una época de expansión de contactos, de proyectos y negocios, de necesidades también de acolchamiento y reconocimientos, tras la cual entra en otra etapa de recesión.

La cuestión es que coger el teléfono para llamar a alguien salvo que sea por una cuestión muy concreta o una emergencia, no lo hago. Sufro mi posición de recibir llamadas de tipo comercial de las que me deshago como puedo para que no me hagan perder el tiempo y atiendo  llamadas de personas que conozco que me llaman a mi o a mi compañera (pero que también conozco) y que durante un rato  hablamos de alguna cosa. Depende del tema y de lo pesado que sea el otro lo aguanto más o menos tiempo. Admito que los rollos marujianos los derivo pronto a  otra voz a mano  si  la hay  o  si esta y la yo, ambos, éramos los destinatarios de la llamada. Envuelto en conversaciones de prurismos que al menos a mí me pican hago el panoli sin conseguir emular un papel que no es el mío, ni siento.

Muy bien, tenemos el teléfono y desde que tenemos el de bolsillo el comunicante humano ha accedido a ser una terminal andante, también una estación de emisiones. Cuando en la década de los 50 se oía hablar que un día u otro los comunicantes podríamos hablar a distancia viendo nuestras propias imágenes en directo y en tiempo real parecía un sueño de ficción. Ahora que tenemos mucho más que eso se han invertido los términos: hemos dejado de jugar con nuestros juguetes para que sean los juguetes (las nuevas tecnologías) los que jueguen con nosotros. En lo esencial el psicotipo humano de medio siglo atrás no ha cambiado tanto. Y si lo ha hecho en los registros emocionales es mucho más vulnerable el actual que el anterior. La ansiedad hace muchos más estragos ahora que en la época de la postguerra, los balances de miedos no paran de crecer, la falta de razones para vivir es uno de los estándares culturales, el culo de saco en el que están metidas las filosofías no es ignorado y la identificación con los mandos y dirigentes de las naciones es disminuida. Al individuo multiconectado del presente le corresponde un sujeto melifluo con un discurso vacuo. Se puede estar todo el día pegado al teléfono y no decir nada lo mismo –también- que saltar entre tertulias y seguir sin decirlo. La impresionante sensación que experimento de pérdida de tiempo de charlas que se alargan al teléfono que juegan con los rodeos no lo experimento con el texto escrito, ni de quien lo leo ni el que escribo. Esta visión no tiene porque ser compartida y de hecho no lo es por muchos amigos que me dan su confianza y me acompañan en artículos, cuya interminabilidad, califican de verborrea.  Quiero repetir esta sensación antedicha: como lector raramente me siento burlado por el autor que leo. Lo gestiono a mi conveniencia. Como escuchante en cambio me he sentido frecuentemente invadido por palabras, que yo no me abstengo de calificar de verbo impositivas, sin consideración. Quizás un par de pausas para la condensación agilizarían las conversaciones. Como oyente me he hecho exigente y cosas que ya sé o que se repiten, me aburren hasta lo indecible.

Para disculparme ante personas amables que me quieren y a quienes quiero, les declaro mi incompatibilidad entre yo y el teléfono. De hecho es una declaración reciente en mi biografía: he pasado de utilizar el teléfono varias veces por día por iniciativa propia a una sola o a ninguna. Ya prematuramente me llamaron la atención de que era un tipo cortado al teléfono. Debe ser eso: el eco medio segundo después de mi propia voz tal vez me disuadiera o traumara para siempre.  Tal vez hablarlo a un aparato, entonces negro y feo, me cortó las ganas irreversiblemente. Sé que estos no pueden ser los motivos. Un ordenador también es una máquina y es una de mis herramientas diarias, la herramienta de la que más me valgo.

He destilado pacientemente mi propia teoría de la asimetría en todo aplicándola a este caso. El número de llamadas de una persona hacia otra no tienen porque corresponderse con un número equivalente de esta otra a la primera. Lo mismo pasa con todo lo demás: hay quien visita y no es visitado, hay quien llama y nunca le llaman, hay quien escribe y no le contestan. Mi superávit en esa asimetría está en la de epistolario (he sido y sigo siendo un gran epistolario y de la gente con la que he tratado los menos son los que escriben cartas). A diferencia de la carta que da la opción a ser leída o ser eliminada sin hacerlo, la voz telefónica es de otra clase de irrupción. De lo poco que llamo por teléfono sigo recibiendo señales de que hay llamadas que me podía haber evitado.  Como recepcionario de llamadas me alegra tener noticias de gente de tarde en tarde, incluso cuando momentáneamente me sacan de mi trabajo o en momentos en que no puedo atenderlas debidamente. En tanto puedo son un pretexto para un paréntesis y para reactualizarnos de infos personales. Prefiero la comunicación personal escrita. Esa preferencia es porque psicológicamente tengo una demanda de comprobación de que haya existido. No me abofetearé ahora por eso. El teléfono lo tengo para coordinar una cita personal o hacer una gestión y punto. En mi otra etapa de telefoneante activo llegue a batir récords de permanencia junto a un teléfono, incluso junto a un teléfono que tenia silla al lado para sentarse (en aquella época no entendía que los teléfonos estuvieran en los pasillos o colgados de paredes, en lugar de estar única y exclusivamente al lado de butacas o lugares de reposo para enfrentar conversaciones con sosiego). Bueno, no me reconozco ya en aquellas escenas. Antes era como crucial ser localizable, ahora me la trae floja. Esa localizabilidad era el síntoma inconfeso de un presentimiento de ser indispensable.  Ya no hay nada tan urgente cuya noticia no pueda esperar 24 horas o 365días.Es un decir, exagero, debo estar enfadado. La verdead es que sí hay noticias de las que quiero ser informado inmediatamente por lo que se relaciona a las personas con las que estoy más directamente implicado en este mundo, el resto, que lo zurzan, las urgencias tienen que subastarse el orden de emergencia por el cual cuál seguirse las unas a las otras.   La gran paradoja de la intercomunicación sin hilos es que los comunicantes participan de la sociedad autística ya que la falta de discurso y lo esencial de lo real no se dice. En otra parte he definido las conversaciones de tipo dominante como el arte de no decir nada. Esto se ha extendido al lenguaje sms, al lenguaje electrónico y por supuesto a las voces al teléfono. Los papás condescendientes empiezan a tomar conciencia de dejar de serlo cuando enfrentan facturas por chácharas agujereadas y sin mensaje de sus primores pegados a sus aparatejos. En nuestros estándares el uso telefónico es un icono. El hablante enganchado  a un teléfono es la  imagen recurrente de un significante, el aparatito, que lleva a bordo al tipo que lo usa y no al revés. Este su auto significa con su forma de telefonear. (no olvidamos que en la primera telefonía móvil se comercializaron unos aparatos de mentira que los emulaban para reproducir falsas llamadas).

Quien llama a quien no es una pregunta crucial. La cosa es quien tiene iniciativa y quien no, en cuanto a quien la tiene evaluar si está dispuesto/a a llevarla hasta el final. No es tanto el uso telefónico frecuente como la emisión de pensamiento y mensaje hacia una persona. Peronistamente prefiero pocos contactos y sabrosos que no muchos y repetidos ¿Quién no? entiendo que termina por predominar ese perfil: llamar solo en caso de necesidad, es decir, casi nunca porque tampoco, bien mirado, se necesita tanto a nadie como para entrar en el oremus de la emergencia escandalosa. Digo que no es una pregunta crucial pero sí recuerdo perfectamente que después de hacer mis llamadas y decidir no hacer ninguna mas se extinguió toda probabilidad de reencuentro con aquella persona. No me consta que otros puedan decir lo mismo de mí, aunque en ocasiones, sí, ahora caigo, he tenido que huir de personas que me han llamado docenas de veces con las que la historia había terminado y no se daban por enteradas. Lo que más detesto es jugar a un rol que no sea el mío plenamente decidido. Ni lo he aceptado nunca en mí ni se lo he tolerado a otros.  Cuando estoy mal, emocionalmente afectado, he descubierto porque es: porque hago  o estoy condicionado para actuar sin estar convencido.

En la psicología de la relación humana el individuo se debate en su disonancia, entre lo que desea y lo que puede, entre lo que piensa y lo que dice. Por lo que hace al contacto y la forma de vehiculación tecno por el teléfono no es tan importante responder a la pregunta de quién hace mas llamadas sino de quien toma la iniciativa y para qué. Consecuentemente con la asimetría de las vinculaciones. Ser asímetra e una actividad puede ser compensado por la asimetría de otra persona en otra en relación a ti. Creo que hacer mas contactos escritos reconociendo mi epistolaridad no correspondida compensa sobradamente una menor dedicación al teléfono. No hay que pasar por alto el dato de la iniciativa de llamada que, al final, proporciona un dato de realismo sobre el interés en ese tipo de contacto del lado de quien está. Se puede entender la elegibilidad de cada cual de sus instrumentos de comunicación según su visión del contacto humano y de sus dominios concretos. He observado que quien es capaz de hablar por teléfono por horas puede quejarse de la cantidad de palabras escritas que considerará excesiva para su capacidad atencional. También –al revés- he observado  (autoobservado sin ir más lejos) el inquietísimo por tener que atender llamadas que pelan la pava desperdiciando un valioso tiempo. Lo sufro como una pequeña contravención por falta de inconsciencia o de consideración. Tampoco es grave y me reconforto con la idea de Plinio el Joven cuando dijo que el mayor número de los males que sufre el hombre proviene del hombre mismo. Bastará autoccienciar cada hecho, por pequeño que sea, no impedido por el filtro de virtudes de cada uno de nosotros para reconvenirlo y recolocarlo en su lugar.

Todo lo dicho hasta aquí no quita el hecho de que se pueden pasar maravillosos momentos al fono y a través de su pantalla se pueden recibir mensajes cruciales de mensajeros estupendos.

Asuntos propios y asuntos ajenos

Por JesRICART - 11 de Agosto, 2009, 20:08, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 

La compleja divisoria entre los asuntos propios y los ajenos. JesRICART

En cuanto la intervecion en campo ajeno se pasa de la ralla se reciben avisos de cuidado y stop. Barrera, persiana y cortinas se despliegan al unisono. El otro que se ha sentido invadido por lo que sea  exige que no se le ralle, que no te pases metiéndote en su vida.la perorata autodefesiva del individualismo es sobradamete conocida. La cultura social es ua proveeduría de argumentos imepcables para que te dejen en paz.  Con honestidad: todas las personas hemos sufrido la experiencia de ese sentimiento de atropello cuando alguien se mete con nuestras conductas y haceres. Resulta que cada cual a su debido turno se verá en la tesitura de intervenir en el comportamiento externo, decirle a otro lo qué debe hacer, pautarlo para que no se estrelle o –sobre todo- para que no se estrelle contra ti.

 La gramática interiorizada desde las experiencias más prematuras dividen el campo de lo propio y de lo ajeno entre los pronominales yo y. A lo largo de la vida se va experimentando con distintas clases de túes[1] pero siempre en las construcciones verbales el yo se está refiriendo a la propiedad de uno, usándolo para referirse a sí mismo. Es distinto n el caso de cada uno de los tú, que abarca desde las personas más inmediatas a las más lejanas y episódicas.

No hay ninguna duda, salvo severos trastornos de personalidad, donde está el yo y donde empieza el tú. Por si hay alguna duda, cada cual puede tomar la medida de su perímetro y de su volumen y afirmar que su yo va desde la planta de sus pies al último de sus cabellos mas encrestados. Con eso solo se tomaría una medición física del individuo que usa ese pronombre para referirse a sí mismo, pero por lo que hace a su campo de subjetividad es obvio que va más allá del volumen espacial que ocupa su corporeidad. Los asuntos propios no son tan solo los que se refieren de piel para dentro, también le competen todos aquellos relacionados con su vida. Por lo que hace al otro, colocado en el lugar del tú, tampoco queda circunscrito a su volumetridad. Hay que concederle lo mismo que cada cual se concede a si mismo que su vastedad de intereses va mas allá de su ubicación y de su figura.

Si, obviamente, los asuntos propios de cada cual están relacionados con la externalidad, inevitablemente van a interactuar con los de los demás. Eso lleva a pensar que la divisoria entre lo propio y lo ajeno no es tan fácil de establecer como la diferenciación evidente entre los individuos permitiría suponer en un principio.  El sentimiento de lo propio es un parámetro subjetivo, en cambio el inventario de la propiedad de uno se puede hacer con un contador objetivo. El sentimiento de campo de lo  propio es variable según los valores e intereses que tenga cada sujeto. Para una posición humanista-solidario todo lo que le acontece al ser humano no le es ajeno, por tanto lo toma como propio. La sensibilidad subjetiva es lo que lleva a extender el campo de los asuntos propios hasta campos ajenos. Por el contrario el egoísmo pétreo y el desinterés absoluto por los avatares ajenos hace del campo propio mucho más reducido y seguro sin que se entrometa en espacios de otros.

Ante la reclamación ultraindividualista de quien pide y exige que no nos metamos en su vida hay que contraponer el siguiente argumento: puesto que compartimos espacio y atmósfera, agua y aire, tierra y riquezas naturales, cualquier conducta ajena que perjudica la libertad de la propia es asunto propio, por distante que sea esa otra conducta y aunque no tenga nada que ver de una forma directa con nuestra cotidianeidad. El vecino más inmediato, el del inmueble; o el más lejano, el que vive a 20mil kms de distancia topográfica, hacen sus vidas privadas e las que no hay necesidad de inmiscuirse hasta el momento en que ese vecino nos molesta con su comportamiento, generando malos olores o produciendo ruidos molestos. Por lo que hace al tipo (o poder) más lejano, en tanto  interviene en el mundo afeándolo, intoxicándolo o destruyéndolo pasa a ser asunto propio, en tanto que esto es asunto de todos. Tanto al vecino que atenta contra la convivencialidad de la comunidad como al tipo del bombardero que destruye vidas inocentes los podríamos enviar a un planeta lejano con víveres sobrados para que nos dejaran en paz pero eso no  existe como solución cosmológica. Hasta ahora las experiencias de exclusión de la comunidad social de aquellos que infringen la convivencialidad no han servido como grandes soluciones reparadoras. Las soluciones –si las hay- corren por el lado de la reconciliación humana, la superación de los antagonismos y la cooperación. Todo eso entra dentro de la literatura bonita pero sigue siendo tan vago como siempre. Para que haya cooperación tiene que haber  disposición para la comprensión y esto pide un proceso de interacción, por tanto de injerencia mutua. Difícilmente se puede cooperar sin cambios de actitudes y renuncias, por tanto, a las que se tienen como muy propias pero son molestas para los demás. Mientras el campo de lo propio y de lo ajeno se ajuste por egoísmos tan rígidos y personalistas va a ser complicado que entre todos construyamos un mundo de todos.

El campo diferencial de lo propio y de lo ajeno desde posiciones muy individualistas confrontadas es lo que hace del planeta humano una vida social e la que predominan las exclusiones mutuas. En lo fundamental es la misma razón la que asiste a los estados que la que asiste a los individuos, a los grandes grupos y estructuras como a los pequeños tales como parejas o familias. En lo macro, los países-estados se quejan de las intervenciones de las potencias ajenas o de otros países vecinos; en lo micro, los individuos-blindados, en sus versiones autísticas e insolidarias, se molestan que otros individuos menos blindados les propongan o dirijan para vidas mas cualitativas.

A estas alturas, y con varios siglos de prácticas democráticas en distintas eras históricas, está bastante claro que el sujeto soberano dominante  pertenece más al ámbito de lo teórico que al pragmatismo ordinario. La falta de auto moderación o autorregulación biográfica se convierte en un síntoma multiplicado a escala planetaria. Cualquier déficit de alguien en el campo de su responsabilidad en los cuidados públicos y en el respeto a los demás, sea ese déficit por sus limitaciones inconscientes o por sus extralimitaciones deliberadas, otorga indirectamente la potestad de otro más responsable a intervenir en su vida. No ya para reeducarla o corregirla sino para auto defenderse de los efectos colaterales que genere. Hay una razón inexpugnable para justificar la intervención en campo ajeno: cuando lo que sucede ahí se convierte en asunto propio, sean los detalles domésticos vecinales que molestan, las agresiones que se atestiguan en la vía pública, o  los volcados contaminantes de productos a los ríos de la zona o las guerras gratuitas que se producen por motivaciones economicistas.

El sujeto intervencionista en campo ajeno, aun con todas las razones objetivas en su haber, no va a recibir el reconocimiento autocritico por parte de quien es intervenido. Hay una alta probabilidad que se rebote y apele a su individualidad, a su derecho a hacer lo que le plazca, a su libertad de acción. Pues bien, la intervención correctiva tiene toda la lógica de ser contraviniendo conductas antisociales y limitando los excesos de libertad cuando estos van en contra de la libertad de paz y desarrollo de los demás.

El debate sobre la divisoria entre lo que es un campo y es el otro es difícil consensuarlo.  Los grupos que tratan de vivir al margen de los ritmos sociales para no contaminarse de los excesos urbanísticos y de la caída de la concordia humana tampoco tienen resuelta esa divisoria. Tomemos el ejemplo de menonitas[2]. Siguen viviendo con sus formas tradicionales y los ministros (se trata de una comunidad teocrática) son los que verifican la moral del grupo oponiéndose a veces a innovaciones, para ellos, peligrosas como la fabricación del queso mozarela. A pesar de ser un ambiente muy suyo  ha habido denuncias de mujeres menonitas de haber sido violadas durante las noches por correligionarios suyos que las narcotizaban con un spray. El exceso de moderación determinada por la represión excesiva acaba generando reacciones patológicas.

Ni ésta ni otras experiencias de agrupamientos han resuelto el individualismo egofágico. El régimen comunitario de vida no combate  el individualismo confundiéndolo con individualidad soberana. El grupo de tránsito convivencial más habitual es el del que se reparte el territorio y las cosas y las personas para que nadie toque nada de los demás. Lo que a nivel cómico sucede en los grupos que comparten alojamiento dividiéndose los armarios de cocina y los estantes de la nevera para las propiedades individuales haciéndose fú sus miembros cuando se producen abusos, sucede en otras formas más dramáticas en otros marcos de relación donde no funciona el respeto al espacio y a sus habitantes.

Los motivos para intervenir en campo ajeno, el de los hijos, el de los familiares, el de los compañeros de trabajo, el de los socios de proyectos, el de los amigos, el de los vecinos, el de la ciudad, el del país, el del estado, el del mundo, son continuos y en la práctica diarios y cuantiosos. La opción supervivencial básica lleva a no inmiscuirse en situaciones que puedan crear problemas por el enfrentamiento que generen. Nos solemos callar más de lo que debemos y es así que el conformismo prevalece y domina el mundo. Intervenir en campo ajeno aunque sea por su agresión latente al propio y con todas las razones del lado del que interviene ha de contar con una reacción que puede ser lesiva. Esto es una constante de la vida relacional. Por ello se calla o tiende a callar todo aquello que siendo justo produce salpicaduras.

Todo depende del chip o criterio irrenunciable con el que  el sujeto se posicione ante el mundo. El riesgo que corre el interviniente es el de pasar por métese-en-todo, por hipercrítico o por excesivamente opinante en todas las cuestiones. He llegado a escuchar quién me ha pedido que deje de opinar por todo. En realidad no lo hago pero lo poco que lo hago crea la sensación de que lo hago mucho. Eso debe significar que las valoraciones de los demás deben ser escasas.  La intervención sistemática con análisis y juicios de valor en contra de situaciones que están pendientes de modificarse endurece la personalidad por esa participación continuada. La recomendación que se oye decir a menudo es pasar a todo y dejar hacer lo que se está haciendo, formula sostenible en siglos pasados pero ya no en la actualidad, cuando  no pocas actuaciones son para cuestionar, y en todo caso todas aquellas que impiden la libertad y el bienestar propios. Joh Rutherford[3], dijo a propósito del Quijote, uno de los libros que pronto recibió el éxito en el público inglés, que perdió la reverencia al libro  considerado que era un error solemnizar la obra. Es curioso que un público tan individualista como el británico se adhiriera  antes que el español, mucho más sociable, a la devoción a la personalidad quijotesca, que por definición era la de alguien cuestionándolo y consiguientemente liándolo todo. Pero el más famoso de los personajes cervantinos ha tenido muchas lecturas, la de Carlos Fuentes considera a propósito de ese personaje un elogio a la incertidumbre. Sigue siendo así meterse en campo ajeno tiene algo de incertidumbre. El otro cuestionado puede tener una reacción contraria a la confrontación aunque esté desprovista de defensa racional alguna. Es ese último detalle el que por temor a rabias generadas y daños potenciales la frontera del campo ajena resulta ser tan cercana al propio. Vuelve a ser los intereses subjetivos, basados ahora en el temor a ser desequilibrado por la reactancia aunque sea injusta, la que lleva a callar y a no interferir.

El criterio más neutral para dirimir esto se deriva de la observación mas continuada de los comportamientos sociales. Prácticamente todos afectan en el campo propio: desde el modo de conducir de los demás a su olor corporal si no han pasado por la ducha o se ha cargado con excesivos potingues. La etiqueta indica en cada momento qué decir, a quien decírselo y cómo decirlo. Como que resulta que no hay un manual de protocolos que unifique el urbanismo de todos, cada interviniente se arriesga a ser malentendido en cuanto interviene en vida ajena. Lo predominante es silenciar los sentimientos y las objeciones para evitarse conflictos y lo predominante es también aparentar no escucharlos cuando hay alguien que tiene la osadía de expresarlos.



[1] plural de tú, correspondienso lógicamente  a yoes, piural del pronombre yo.

[2] . No tan restrictos como los amish, los menonitas surgieron en el XVI como grupo cristiano anabaptista de origen germánico.Hayy uns 50 colonias en Bolivia, iniciadas en 1954, procedetes de Canada, Paraguay y Mexico con poblaciones entre 1000 y 6000 habitantes. Existe uan coferencia menonita internacional que asegura que su movimiento  estar repartido por 60 paises. Los mas tradicionalsitas se llaman old Colony y  estos dicen serlo mas que los amish. Las ruedas de los tractores son de hierro que producen mas gasto porque los neumáticos de goma están prohibidos. El neumático permitiría correr más y desplazarse hasta la ciudad.Los niños están separados dentro del aula de las niñas. No usan luz electrica ni invovaciones.

 

[3] traductor e la Penguin classics, 

Entre la amsitad y el amor

Por JesRICART - 6 de Agosto, 2009, 13:04, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

Entre la amistad y el amor.

He tenido la suerte biográfica de vivir la posibilidad del vaivén entre la amistad y el amor. Ha sido  en la persona de quien fue la esposa de un amigo de la que me prendí desde el principio de conocerla. Es  mi única amiga desde la adolescencia con la que nos contiuamos siguiendo la vida y  tuvimos dos intensos periodos de vida sexual y amorosa en la que disfrutamos y nos apasionamos hasta máximos. Esa sola experiencia me avala para afirmar dos cosas: que la amistad heterosexual es posible y que tras poner punto final a una relación pasional es posible darle continuidad desde la amistad.

He oído afirmaciones en contra de las dos posibilidades. Hay quien dice directamente que la amistad entre un hombre y una mujer no es posible y que la continuidad tras una fractura tampoco. Yo mismo debo atestiguar que tras la mayoría de las fracturas no queda nada (por lo que hace a continuar en contacto) y restablecer relaciones amigas con ex parejas es sumamente difícil ya que el fantasma del deseo de antes se mezcla con las posibilidades limitadas del después. Esquemas culturales rígidos sustentan ambas negaciones. Por su parte una visión más tierna e idealista de la vida propone que sí es posible la amistad o su rescate tras una vida de pareja.
Para demostrar la razón de una posición u otra habría que comparar muestras de los dos tipos de posibilidades indagando historias de vida e indagar a qué porcentajes se remiten. En la cultura ibérica el machismo inveterado por un lado y la logística de la exclusividad del lado femenino por otro no dan opciones a otras formas más abiertas para la aventura existencial.

Cuando se sondea, tienta y empieza una relación no se puede acudir a la invención de un personaje que uno/una no es y con el que no podrá funcionar, aunque quisiera identificarse. Hay que partir de lo que hay, de lo que se es, de lo que se puede hacer y de lo que se quiere conseguir. El valor de una persona se mide por su cuota de honestidad. La honestidad incluye el cumplimiento de la palabra dada y no darla en aquello que no se está de acuerdo.

En la primera aproximación del otro lo más honesto es transmitir el verdadero deseo y no llamar a engaño o confusión. Los tanteos entre personas que acaba de contactar en espacios de relación sea en los presenciales (las salas de discotecas, las playas, los conciertos,…) o en los virtuales (chats, foros, correo electrónico) se expresan las cartas del deseo. La interpretación de los contactos en esos espacios indica que no hay nadie que no vaya o entre en un sitio sin la pretensión de conocer a alguien. Lo que varía es la forma y por tanto la cautela. No todo pretendiente de contacto es aceptable. Una buena parte tienen formas de entrada nada educadas y con discursos escasos. A fuerza de tentativas de aproximación para, en principio, ligar, los/las que quieren ligar cambian sus maneras para no pasarse de la ralla. En las primeras conversaciones (¿estudias o trabajas?-para citar un estándar que llegó al ridículo- ¿qué buscas? ¿Cuál es tu perfil?) Se advierte en qué posición esta el otro. Expuestas las intencionalidades lo más claramente posible toca actuar en consecuencia. Aunque todo el mudo busca algo y en el fondo espera alguna clase de flash especial en alguien único que le haga volver a creer en la vida como pasión, también quien más quien menos ha reunido fracasos sentimentales en su vida de tal magnitud que la memoria de sus rotos internos no se han extinguido. De eso se configuran los individuos modernos con dobles actitudes que se activan una u otra según cuales son las personas-estímulo con las que se vayan encontrando.

Estrictamente no es cierto que alguien que esté en espacios de relación no busque nada. Lo preciso para no buscar a nadie es demostrarlo aislándose de todo contacto humano. Un eremita no buscará a nadie en el sentido físico corporal porque su búsqueda meditacional estará centrada en una experiencia mística, pero alguien que sale a menudo o frecuenta espacios frecuentados por los demás para establecer relaciones humanos no es alguien precisamente que pueda decirse ser un/a solitario/a.

En los espacios de relación sin embargo hay distintos tipos de búsquedas. Encontrar una opción de entretenimiento o comunicación sin esperar ninguna continuidad con quien se concrete. Encontrar con quien compartir una confidencialidad y desarrollar una amistad sin proponer un compromiso mayor pero con contactos posteriores. Encontrar la persona-complemento con la que intentar de nuevo una historia apasionada. Hoy día la mayoría de  gente que tiene historias compartidas, incluso conviveciales, se han conocido en espacios de relación y una parte de ella ha sido desde espacios de relación internáutica. Claro que espacio de relación es todo espacio social en el que dos o más personas se ponen en contacto por las circunstancias que sea: la calle, los parques, las aulas, los polideportivos y los lugares de trabajo también son espacios de relación aunque se pase o vaya a ellos por otras razones.

El boom internáutico y su masificación ha pasado a ser la forma de callejear en una aldea digital, -sin esquinas ni limites por cierto- donde se puede conocer gente de todas las profesiones, condiciones sociales, perfiles físicos, nacionalidades e idiomas. Si bien en cierto momento de su desarrollo chatear está mal visto por según quienes y  hay quien se acerca a hacerlo inventándose personajes que no podrá cumplir sigue siendo una práctica habitual y cotidiana para muchos chateros/as que encuentran en el espacio internáutico lo que ya no buscan en el espacio presencial, ya que en este el condicionamiento de los prejuicios ralentiza los contactos mientras que aquel lo facilita. Dada la falta de educación reinante antes de hacer contactos positivos que den lugar a una conversación fluida puede pasar bastante rato y no todas las entradas e un chat facilitan la oportunidad de una comunicación personalizada. Hay que tener en cuenta que antes de saltar de un chat impersonal a uno personalizado como un Messenger muchos conatos de conversación se rompen por caídas imprevistas de la conexión. Las actitudes más perseverantes son/serían las que semanalmente podrían hacer contactos de una cierta intimidad con perspectiva de pasarlos a la vida presencial. Para eso hay que dedicar mucho tiempo. En la práctica la relación con los sondeos digitales se hace episódica según el tiempo del que se disponga y las ganas de pasar por toda esa criba de silencios, excesos de saludos, faltas de conversaciones interesantes en una sala temática de lo general hasta conectar con alguien que haga tilín por la consistencia de sus palabras o el brillo de su imagen.

Una vez establecida una conexión de ambas partes se tiende a averiguar lo que se quiere y lo que se hace. Quien habla más (escribe más), más revela de sí mismo. Quien más se posiciona en los monosílabos es quien está más en la reserva y en la prevención. Para el/la amante que busca con quien ejercer como tal, encontrarse con que aquel con quien solo desea una relación no de intimidad y solo de amistad, posiblemente se puede sentir ridículo ejercitando el ritual del cortejo cuando de la otra parte le sobra el elogio a su belleza o a su sex Apple. El hombre o la mujer que lo que busca  del otro es la conexión sexual y eso pasa por la condición del atractivo físico previo para ir a más posiblemente dejará de lado toda tentativa comunicativa sino se cumple esa primera condición. Es demasiado cierto que parte de la comunicación humana queda directamente negada por no gustar el físico del interlocutor. Para el/la comunicante que desea la complicidad de la comprensión el físico quedará supeditado a la conexión intelectual.

Aunque los criterios de aproximación no estén del todo claros los contactos se van dando y las relaciones personales no dejan de existir como cantera, aunque unas sean para ratos sin continuidad y otras duren toda la vida o casi. La propuesta de la amistad heterosexual es tanto más posible cuanto más se olvide al otro como objeto del deseo. Hay amistades heterosexuales que se han prolongado en el tiempo y tras la desaparición del maridaje de ellas han sido propuestas como parejas por ellos, sus amigos. Sin duda hay hombres, que están toda la vida ejerciendo el rol de amigos esperando su oportunidad para pasar a ser amantes. Cabe conjeturar que tienen biografías dolorosas en las que o pueden expresar con autenticidad sus sentimientos.

Una persona reconstruida  empieza por querer ser totalmente sincera. Consiguientemente es la que  no tendría que pasar por el sufrimiento de este tipo, aunque el budismo siga insistiendo que el sufrimiento es la principal escuela de aprendizaje. La sinceridad es de doble sentido: ante los demás y –fundamental- ante uno mismo.

En la propuesta de la relación de amistad heterosexual habrá que advertir si esa posibilidad cuenta con la madurez de quien la propone. La amistad implica el cariño y por tato el amor a una cierta dosis que queda frenado en su paso a la sexualidad y al roce mas allá de los gestos de sensualidad mínima. Las mujeres se han acostumbrado a recibir los halagos y piropos de los hombres, también de sus amigos o los que no les dejan pasar de ese rol, además de conocidos o contactos esporádicos. Por su lado los hombres se han acostumbrado a elogiar la belleza femenina. El rol de amigo por el lado varonil no es tan o no debería ser tan complicado, basta incorporar ese chip o esa clave de relación. Mucho más por el lado femenino cuando la elección blindada para no caer en los errores del pasado considera que no tiene que dar ninguna otra oportunidad al amor.

La propuesta de la amistad heterosexual es una experiencia de mucho valor. El reino femenino lo mismo que el masculino se enriquecerían mutuamente si hubiera más relaciones de amistad de tal modo que unos y otros sabríamos mas de nuestras psicologías respectivas no por las experiencias con amores sino por las confidencialidades desde la sinceridad total, suponiendo que la maximización de la sinceridad la permita el marco de la amistad.

Sea cual sea la resolución personal de no más amores, que desde la tristeza y la depresión, se platee, nadie está cerrado completamente a la hipótesis de la excepción. El amor puede ser representado como ese cometa discontinuo, el de Halley, que cuando se le ha olvidado vuelve a aparecer en todo su esplendor siguiendo la lógica de su órbita. Lo mismo que su descubridor[1] el amante en salmuera -que no repudia de sus historias de amor por fuerte que fuera el saldo doloroso que dejara y que sigue creyendo en el amor y en los otros excepcionales como aliados para esa empresa- sigue en su atalaya de avistamientos para advertir la aparición de la persona mágica a la que acercar su doble propuesta sentimental y sexual.

Claro está que el feeling no pasa tanto por la propuesta formal como por su aplicación. El dialogo de aproximación va poniendo en claro los términos de la intimidad posible. En principio enamorarse de quien está bloqueado para la iniciativa amorosa no es un buen negocio. Hay muchas historias de amor que son totalmente unilaterales: uno da al otro lo que ese otro no le va a corresponder. Es así que hay una buena cantidad de sufrimiento psíquico predecible y evitable si la entrega emocional fuera dosificada de acuerdo con la correspondencia. La bioquímica de las relaciones lleva a comprobar que  las historias mundanas son escenarios de injusticia: unos quieren a quienes no les corresponden que quieren a otros por lo que tampoco son correspondidos. Cuando un sujeto desea algo de otro que no le da a su vez este vive el karma de la incorrespondencia deseando de un tercero lo que tampoco le dará. La persona aliada, la pareja binomial, da una parte de lo que es pero no todo de lo que se espera de ella.

Posiblemente el amor de alto nivel en el que ambas partes se lo dan todo y eso lo perpetuán no ha existido nunca o solo en el marco del imaginario y de la invención literaria. Saberlo no quita la necesidad del otro como objeto de deseo y como proyecto de amor. En la constelación de relaciones personales, ese otro especial con el que explorarse la intimidad sentimental y física, proporciona experiencias induplicables. Si el contacto queda en la amistad, la confidencialidad que maneje esa amistad referirá esas experiencias hechas antes o después con terceros, información esta que no siempre tiene la correspondencia comprensiva de quien la escucha, especialmente si le falta el placer del deseo aplicado que le es contado.



[1] Halley,Edmund (1656-1742)

 

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