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Nuevos _Contactos Virtuales
Todos los nuevos contactos indirectos y telemáticos son virtuales: los telefónicos, postales y por xat entran dentro de este grupo. No todos pueden pasar a constituirse en presenciales.Una parte de aquellos ya son desestimados como pasantes a los otros en el mismo contacto de voz o por el dialogo telemático.La distancia es una limitación que también encierra una ventaja. Alguien en la distancia puede ser idealizado o mantenido en reserva, puede ser amado en la hipótesis o prevenido en sus estilos, puede ser observado sin implicarse o provocado para alcanzar el paroxismo de las letras que la presencialidad impide por razones de etiqueta.La cuestión es que la vida relacional aporta en cada época un cierto numero de contactos humanos que no dejan de ser voces en la audición o texto escrito en una ventana de chat sin que tengan que pasar a algo más tangible. La posmodernidad comporta un cierto numero de contactos de este tipo. Mi experiencia digital es que la inmensa mayoría de ellos nunca dejan la caja del ordenador o la relación alámbrica. Tienen por ventaja la oportunidad del adentramiento en la psique humana sin tener que acarrear la continuidad de una presencia más allá de lo apropiado. Dicho así parece la expresión gélida de un criterio calculado. En realidad el criterio puede serlo pero no como un principio establecido de antemano sino como la conclusión lógica de algunos años de relaciones personales que he mantenido en el plano virtual, antiguamente por la vía epistolar y más recientemente por la vía internáutica. Hay un común denominador entre una vía y otra en cuanto a la función simbólica que cumple cada comunicante.sus diferencias de técnica y maneras inciden en la velocidad de los mensajes pero no han abortado este papel crucial del otro misterioso. En este campo de la relación se mueven toda clase de sentimientos: desde los amorosos a los odiosos.Y como todo ,las relaciones virtuales tienen unas coordenadas tempo-espaciales, una ubicación, un principio y un fin, aunque dejan un resto: una memoria o un recuerdo más o menos nítido sobre ese otro que conociste en el campo de las palabras que nunca pasó al campo del tacto y de las sensaciones interactivas de ambos cuerpos. Y lo preciso así, porque el universo sensorial se activa con ese otro contactado aunque sea por una vía comunicativa que no incluya el contacto físico de las manos y la piel. La voz proporciona un contacto físico a través de las ondas sonoras de las palabras pero sigue dejando al interlocutor en otra ubicación espacial que no compartes. Las proyecciones comunicativas actuales permiten más que nunca la potenciación de los contactos virtuales. Basta con meterse en salones de chat de no importa que país y que web para hacer nuevos contactos. La inmensa mayoría de ellos están condenados de antemano al olvido, lo que no quita que cumplan un valor experimental y a veces hasta educativo (siempre se puede aprender algo de los demás, en particular cuando tienes la suerte de mantener una conversación inteligente con alguien que demuestra serlo). pero indistintamente de su perspectiva, cada encuentro virtual que se consolida puede generar una conversación interesante. Desafortunadamente una buena parte de contactos y pinchazos son de sondeo y no llevan a ninguna parte salvo a la confirmación de la estadística terrible que hay que aguantar algún rato antes de poder seleccionar un contacto positivo o afirmante para una conversación. La mayoría de conversaciones en los chats de relación se repiten y sólo con una poca gente consigo despertar el ingenio y sentirme excitado para una charla creativa. A pesar del lastre de una mayoría de contactos superficiales la oportunidad de dar con algunos seres exquisitos hace que admita aquellos como un peaje obligado en la navegación internáutica. Los NCV forman parte del panorama de nuevos contactos humanos. Tienen el común denominador con los presenciales que son fuentes primarias y directas del mundo de los demás y la diferencia que las probabilidades de continuación, coincidencia o asociación en proyectos son francamente bajas. Mi experiencia con este parámetro es que despertó una perspectiva en el primer año de medirlo y una tendencia a la baja en los siguientes.
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La cifra indicativa
La matemática es, de todas, la ciencia más exacta. Es curioso que lo sea porque es la más antipopular de todas. Se sigue rehuyendo de los números como de la peste, tal vez porque una cifra se convierte en una frontera para la admisión o la negación de una persona. El peso, la talla, el perímetro, la longitud, la renta anual, los orgasmos, las comidas, las invitaciones, las fiestas, los viajes o los quilómetros, todo eso son o pasa por las cifras. Los países se comparan los unos a los otros por sus cifras de producción, sus rentas per cápita, sus toneladas de consumo. Los individuos también se comparan por sus cifras específicas. La gente tiende a agruparse por similitudes de estatus o físicas. Las olimpiadas y los eventos deportivos marcan records en cada encuentro. El calendario y el horario pasa por la cifra, el poder adquisitivo también. Una cifra es un significante principal. La cifra es más importante y decisiva de lo que parece. Incluso la gente que se cree escasamente aritmética o contable y que no tiene una conciencia matemática de su posición en el espacio también tiene en cuenta las cifras: las de su cuenta bancaria o el monto de las facturas, cuando menos. Hay algunas causas difíciles de analizar que bloquean absolutamente la percepción para retener datos numéricos pero incluso en este caso la persona más ignorante no queda fuera de una interpretación numérica. La cifra también señala el dia, el número de la casa, el número de vuelo, la cantidad de libros, el número de página o el sostén de un armario o una mesa. En la descripción de algo o de alguien es difícil que desde el principio no aparezcan referencias numéricas, lo mismo que al inicio de las conversaciones. Las relaciones humanas son tanto más adultas cuanto más pueden prescindir del dato numérico exacto valiéndole uno supuesto que lo reemplace. Es así que se puede evitar preguntar directamente la edad (en realidad es una respuesta que no sirve para nada salvo para satisfacer la curiosidad de quien la pregunta) o la cantidad de dinero que se gana. Hay preguntas de datos que son totalmente inadecuadas. Por lo general todos los datos de ficha sobran para una comunicación que quiera ser empática. Aún asi, con o sin datos preguntados del otro, uno se hace la idea aproximada de cuales son. Los datos numéricos son más importantes en cuanto a se refieren a los de uno mismo ya que permiten comprobar la evolución de unas cuantas cosas. Es así que se sabe si el remanente económico mensual crece o decrece o está estanco, el precio de los consumos básicos para vivir, el número de viajes que uno se puede permitir al extranjero o la cantidad de videos o reportajes de imagen que ve por año en comparación a la cantidad de libros que lee. El psicotest basado en la recurrencia de actos y consumos determinados respondido no por estimación sino por un control sistemático de los hechos actuados despues de un tiempo (un año es una unidad considerable que atenúa los posibles sesgos en los que se cae al calcularlo por meses o peor aun, semanas; incluso por estaciones del año, ya que cada periodo climático suele generar ritmos diferentes). Es sorprendente la cantidad de actos diferenciados que se pueden acometer y consiguientemente calcularlos en sus diferentes frecuencias sin salir de casa o de un espacio relativamente reducido, también lo es la poca cantidad de otros que se hacen moviéndose por un extra espacio mayor. Lo que determina la cantidad de conducta tampoco es tanto el lugar como el ritmo al que se monta o se acostumbra una persona. El acto como unidad no queda enmarcado por el hecho del movimiento físico o el cambio postural pro completo. Se puede estar en una misma ubicación como la butaca de despacho y realizar actos sucesivos distintos durante una jornada o se puede estar trabajando con el mismo ordenador y a través de su pantalla entrar en distintas actividades. Todos los actos personales se pueden dividir entre los notoriamente activos porque el cuerpo los escenifica y los sutilmente realizados porque pasan por una lista de eventos mentales. Cada dia puede contemplar una decena o una docena de actos diferenciados o grupos de actos y un año puede arrojar la cifra de unos miles según la energia desplegada y el dinamismo demostrado. Alguien sumamente activo en lo suyo llama más la atención que quien esta paralizado o se toma una enorme cantidad de tiempo para hacer una tarea. Pero el número de cosas en acción también viene determinado por la cuota de deseo que se tiene. Se hacen tantas más actividades cuanta más voluptuosidad se tiene. El enunciado de Sai Baba es gráfico “El que no desea, merece” no es demasiado seguido al respecto. El deseo es de una fuerza troncal tal que está por su contundencia detrás de cada cosa. Cuanto más se desea mas aumentan los registros en el área del tener, otro asunto es la esencia del ser. Una contaduría de actos con significado no puede tener por meta el ranking del ser sino el ranking del hacer, lógicamente, o del tener. No está clara la correlación entre número y esencia. Supuestamente a mas actos de algo, tomemos la repetición de una armonía o de una practica musical, más dominio en ese algo. A mas actos en un campo de la técnica mas experiencia o dominio en ella. Confiaré antes mi corazón si he de operarme a alguien que haya abierto el tórax de cientos de operados que no al que se va estrenar conmigo, aunque cabe esperar que haya entrado antes en quirófano y haya ayudado a otros cirujanos en este tema. Nos confiamos mas en quien tiene una experiencia que no en quien no la tiene. Tener es una garantía. No nos basta el criterio seguro sino la seguridad de su ejercicio. Una persona se conoce tanto más a si misma cuanto más sabe la frecuencia numérica en la que se mueve en los distintos asuntos con los que va tratando en vida. Las cifras son información interiorizada que no tienen porque entregarse al primero que las solicite, de hecho ya hemos visto que por protocolo hay cifras que nunca se preguntan, pero que se relacionan con la seguridad psicológica que una persona tiene consigo mismo al saber el nivel de su praxis. Saber las propias frecuencias también permite el acoplamiento con las frecuencias de otros. De hecho la afinidad pasa por su correlación numérica aunque de entrada sea imperceptible. Como que el ser es el parámetro fundamental se relativiza la importancia numérica de la conducta debido a un cierto desprestigio. La sociedad es ambivalente al respecto. El psicotest es para el propio individuo que quiera conocerse más. Entrar en un autocontaje de frecuencias de actividad le permite vapulearse los fantasmas de encima y saber exactamente el valor de cada una de sus síntomas o características. |
Pasión y Belleza
Correlato o no entre pasion y belleza.
La pasión empaña casi al completo la vida psíquica y queda retratada por aquellos comportamientos desbordados de afección a un objeto de amor. Es una manera romántica y elogiosa de nombrar el amor en sus momentos más sublimes. Es también una manera discreta de nombrar una tipología obsesiva. El ser apasionado en tanto que entusiasta por algo o por alguien es tolerable, siempre que la fruición de su deseo no le lleve al control permanente del otro, y la autonegación de si en otros asuntos vitales. No en vano, la otra acepción de la palabra, habla del dolor. Ya,lingüísticamente en una de las palabras fundamentales del alfabeto emocional, pasión contiene los dos parámetros que nunca dejan de acompañar todo itinerario existencial: la adhesión amorosa y el sufrimiento.
La belleza ficha el conjunto de cualidades cuya manifestación constituyen un poderoso atractivo que atrapa la mirada y la ensoñación ajenas.El deleite espiritual que produce su contemplación y el reconocimiento del sujeto admirante a ser convocado a esa mirada,dejan fuera de dudas lo que es bello de lo que no lo es. Pero esa discriminación entre lo bello y lo no bello se complica cuando junto al parámetro de la percepción de la figura se añade otro:el de la percepción del fondo del ser. Pero para la mayoría de literaturas y vocabularios hablados, la palabra bellezas enseguida convoca aquellos eventos mentales que mezclan las imágenes de unas formas exquisitas con el placer de recordarlas.
Establecidas las dos nociones fundamentales que ocupan la cuestión del enunciado, me libero de toda servidumbre justificativa del porqué las relaciono y paso a preguntarme si existe el correlato determinativo de la una sobre la otra, en un sentido unidireccional: la de la belleza como causante de la pasión. La revelación de la belleza como pretexto de éxtasis, foco de contemplación, arrebato de los sentidos, prioridad de atención ha sido una regularidad en las artes y el pensamiento a través de las épocas, aunque el romanticismo contribuyera a su exacerbación´ a la vez que a una redefinición de lo bello. Cada cultura ha cambiado la perspectiva de lo bonito, ha redimensionado las formas, ha vuelto con la cinta métrica y el monóculo a sacarle los números a las formas de siempre: la altura, los perímetros, los contornos, las curvaturas, la musculosidad, la volumetricidad...y sucesivamente ha dictaminado los patrones, lo normativo y lo que entraba dentro de la categoría de belleza y qué quedaba fuera. Para los ejércitos de desdichadas que no se ajustaban a las medidas de heroínas y princesas o para los desdichados que no daban la talla (por penicortos o por obesos o por bajos,el último grito ha sido (para los más abyectos,sigue siendo)demasiado sonoro como para no oirlo. Ajustarse al patrón estandarizado de belleza era una condición obligada para sobrevivir en sociedad, es decir, para ser aceptado por los demás. El valor de cada superviviente quedaba demorado por su capacidad de camuflaje en el ámbito de lo colectivo;es decir, por emular los músculos ajenos, el busto considerado, el cutis retocado, la ralla en el cabello perfecta. La aplastante masa humana era formada diariamente para sobrevivir dentro de la especie, primero pasando desapercibida, y segundo, tratando de destacar en los valores uniforme, siendo el más guapo, la más bella, lo más émulo del código establecido. No era difícil:el sistema ponía todos sus recursos al servicio de la carrera de cada individuo en pos a su estética predeterminada. Claro que,en esa carrera por la igualación había quien ni siquiera tenía un puesto en la línea de salida: los tullidos, los deformes, los deficitarios, los handicapados, los contrahechos, los cejijuntos, las mujeres barbudas, las enanas, los hombres elefante, los jorobados, los cojos,los fuera de serie, los imperfectos, los horrendos, los asquerosos, los ciegos, los babosos, los desdentados, los oblicuos, los mancos y amputados en general, los laringotomizados, los clientes de diálisis, los tísicos, los pálidos, los sidosos, los halitosos, los cicatrizados con horribles marcas faciales, los paralizados,los sarnosos,los contagiados, los contagiadores, los micóticos, los odorosos, los poliomelíticos,los ticóticos[1] ,los feos de espanto, los feos a secas, los no agraciados en general, que todos, en una suma directa de las de antes y sin calculadora,daba una noción concluyente: la lista de los desgraciados. Por una operación de trueque de las culturas bienintencionadas, convertía a todo un montón de magnitudes en un solo grupo, el de aquellos que no habían sido admitidos por la sabia naturaleza en la bondad de sus formas. Pero esa naturaleza tan citada en los argumenti nunca ha escrito una palabra ni marcado una pauta para deslegitimar lo distinto, lo anómalo, lo desestandarizado. Han sido sus intérpretes persuadidos de que lo diferente era resultante del pecado, quienes han señalado con sus dedos estigmáticos quienes debían ser condenados al silencio, a la hoguera, al sepulcro. Y cada civilización y época cultural,o así llamada, ha construido sus justificaciones para dictaminar la categoría de la belleza tras la que poner a formar las masas que debían rendirle tributo como a una diosa, y dictaminar su categoría antagónica, ante la que por aprendizaje inverso esas mismas masas debían castigarle con el desprecio. La variabilidad de los conceptos de ambas categorías a través de los tiempos, puso de manifiesto que la belleza era una construcción intelectual por encima de una determinación natural. aunque ciertamente las tendencias biológicas y las dominancias comportamentales en las leyes de la naturaleza precian lo uniforme, lo mayoritario, lo regular, lo estable, lo previsible. Y a partir de las medias de todo ello, apunta a la exquisitez, a las formas más preciosas que coinciden con ser las más armónicas y las más rentables para su economía energética. Eso llevó a los discursos sobre la belleza ideal y a la colocación de imagos cuasidivinas a las q se debían rendir los pobres mortales. Antes de que eso fuera o pueda ser un proceso de concienciación, el niñoa recibe ya el primer impacto de palabras sobre su belleza.Es uno de los significantes primigenios que lo/la marcará en todo su futuro.Si ha nacido con las formas agraciadas su crecimiento irá acompañado de elogios por su belleza.Los demás se los suministrarán metódicamente. Los adultos cumplirán al hacerlo y el pequeñajo se sentirá querido por sus formas. si por el contrario no da motivos para tales elogios, crecerá con el déficit notorio de ellos, y comparativamente agraviantes hacia los amigos de su edad que sí los reciban (en ese sentido los adultos, corteses, cumplirán con su rito a la belleza y su desprecio tácito a la no belleza).Esas entradas u omisiones verbales crearán los primeros barullos en la mente infantil, o para catapultarla hacía narcisismos difíciles de manejar luego, o para hundirla en ostracismos,aún más difíciles de remontar. en un caso o en otro,la belleza,su noción y el dictamen de la cantidad de los bello, marcarán las pautas posteriores. El ser señalado por la categoría adversa de lo no bello tendrá que remontar estigmas y demonios ajenos para demostrar que hay otros parámetros de belleza ocultos a las miradas ciegas, y que no es más desgraciado que aquellos que lo han apuntado en la lista de éstos. Desde su reconstrucción de personalidad remontará una cultura acusadora y hará desfallecer los códices perfeccionistas, estando no solo a la altura de cualquier belleza estándard, sino superándola. Consolidando prácticamente una versión distinta de la belleza,la que complazca al propio sujeto. Siendo tal resolución la conclusión entre las tensiones argumentales y la más útil para le progreso de la conciencia.
El razonamiento ético y el elogio de la diversidad convocan a todo pensante que se precie, a la toma de una posición comprensiva y aceptativa de las formas desestandarizadas. La inteligencia y la finura crítica constituyen la alianza para el fundamento de una cultura de la admisibilidad de lo distinto. Un concepto más rotundo que el de la tolerancia y que coloca lo distinto bajo la lupa de la inspección sin concederle ventajas ante cualquier otro comportamiento dentro de lo uniforme. El sujeto culto, ideológicamente progresista, con un discurso sensible,socialmente participativo, ávido de experiencias e interactivo con distintas clases de personas; no tendrá objeción a mezclarse con las personas no homogéneas, y no rechazará,como de hecho no rechaza ya en la inmensa mayoría de sectores atentos y educados, a las personas de la lista de los oprobios enumerada antes. Admitirá a personas relegando a un segundo plano la identificación de sus cuerpos como estandarizados o no estandarizados. ¿significa eso, que la premisa cultural -y por lo tanto racional- de la admisibilidad de todas las formas deja abierta la posibilidad de una historia pasional sin que esté determinada por la belleza? Lo significa. ¿Pero hasta que punto puede ser rastreada en la práctica esta presunción? ¿es una verosimilutd o una conjetura? ¿cuántas historias de amor literaturizadas hablan de dos amantes sin el concurso de la belleza física en uno de los dos? ¿Quasimodo y Esmeralda son dos amantes o una relación entre alguien que sufre y nunca fue querido por nadie y alguien que le comprende y se solidariza con su estado? Hay relaciones sentimentales, y por lo tanto de amor, entre el sujeto contrahecho y la belleza radiante,¿pero dan pie a afirmar que son verdaderas historias pasionales?No, el rito de la leyenda exige que las expresiones literarias invistan de fuerza y belleza a los protagonistas buenos y de decrepitudes y fealdades a los protagonistas malos, si no, ¿de que modo se podrían manipular las mentes de las masas para estar al servicio de quiénes dictan a quien y a qué castigar? Sin embargo el mito de la bestia y la bella sigue reapareciendo una y otra vez en las ensoñaciones fantásticas y en las recreaciones artísticas de todos los tiempos. Comparativamente es un tema más complejo, q requiere más esfuerzo mental de consideración, que avanza el discurso intelectual más allá de la empatía de las formas, que coloca entre la espada y la pared a esa racionalidad bienpensante de la cultura comprensiva de “igualdad de derechos de atención a todo el mundo””; para que se pronuncie si sus razones le permiten pasar del discurso teórico a la verdad de la empiria, al avance de las manos, a la palpación del cuerpo anormativo, al apasionamiento por conquistarlo, poseerlo y vencerlo como objeto de deseo y vencerlo también como forma aversiva.
La pasión en tanto que elevación compulsa de una historia amorosa, ni siquiera es sostenible en una relación con condiciones corporales estandarizadas. La fijación por el otro declina con el paso del tiempo,sosegando los intercambios y el reparto de la comunicación. Tampoco es permanentizable en una relación de situaciones anatómicas desestandarizadas e incluso disfuncionales. Habría que hacer un estudio de comparaciones entre una muestra de investigación de parejas en las que uno de los dos sujetos tuviera una anatomía no estándar frente a la de su compañeroa con anatomía estandarizada, y tener la referencia de otra muestra de control de parejas con ambos sujetos de anatomías estandarizadas, para confirmar cualquier tipo de hipótesis, tanto afirmando la posibilidad de un correlato únicamente posible entre pasión y belleza o también entre pasión y no belleza. Puesto q tal estudio no está hecho ni sería fácil de articular,puesto que finalmente el parámetro de la belleza es altamente subjetivo;cabe el consuelo de seguir desmenuzando esta cuestión con la alevosía de una defensa a favor de la pasión como una entidad propia por encima de las formas materiales. Ya que finalmente el sujeto apasionado es aquél que vence cualquier indispositor de la realidad para hacer prevalecer su percepción especial de ella. Si el amor es ciego en toda situación y lugar ¿porqué debería dejar de serlo en una situación de pareja donde el uno es a-nómalo físicamente y el otro nómalo en idem plano? ¿Y de q ceguera estamos hablando? El amor ciego significa no ver aquellos elementos que proporciona la Razón, la objetividad, el sentido de la conveniencia, los buenos consejos, el análisis correcto. Por lo tanto en el lugar de todo eso, pesa más la embriaguez de los sentidos, el desiderátum del deseo, el anhelo de poseer y estar poseído y la reconstrucción de la realidad concreta desde el imaginario personal. El otro con un cuerpo desestandarizado no es en ningún momento el otro deficitario sino el otro complementario y en su campus de intimidad, las zonas corporales disfuncionadas, arrancadas, inútiles, disminuidas pueden ser integradas como zonas de placer y eróticas.La interacción fundamental entre ambos que se autoconvocan con un cuerpo estándard y un cuerpo no estándar, es la misma que para otras situaciones corporales:la de la conquista del cuerpo, la exploración de sus partes, la concelebración de los sentidos compartidos. ¿Pero no es ésto un circunloquio que escapa a la pregunta principal? ¿La pasión es o no es la variable dependiente de la excitación determinada por la belleza que hace de variable activadora? en todo caso la pasión si es medible por un repertorio de conductas concretas que tienen su traducción en la intimidad más secreta, entre otros planos íntimos. Aquella, la secreta, habla de besos profundos, atornillados, ensalivados, pastosos, anidantes.Son besos habitados donde dos lenguas entrelazadas se pasan millones de bits a los respectivos cerebros acerca del otro. La lengua como órgano bucal tiene esa otra maravillosa función además de permitir el habla, la de dar paso al flujo de de sensaciones de quien es el otro. Antes, los protocolos de saludos, los abrazos, las manos estrechadas, los paseos juntos y en particular, las miradas, ya habrán dado muchos detalles sobre cada convocado al juego de la seducción, pero es y será el beso, desde el primero de tanteo al primero de verdad, lo que realmente fusionará toda la película que se puede vivir. Sobre el primer beso completo se podría escribir un tratado (o una buena porción de biblioteca)ya que sinoptiza todos las demás interacciones de intimidad. Es el que abrirá la barrera del halt para hacer las otras exploraciones anatómicas de una manera integral o de una manera recatada, desde el elogio del pecado, es decir de la perversión, o desde el miedo al castigo,es decir,con la prevención permanente a todos los males citados en los vademécums.
El beso longo, directo, cadencioso, excretor y multisensacional que mercadea intercambios de salivas y envía en cada molécula de material los mensajes del deseo voluptuoso,es ya un acto pasional y guerrillero que sugiere la emboscada del arrebato. Claro que, el frontal puede hacer el golpe de estado en el sistema nervioso y ordenar a cualquier mucosa del organismo que se mantenga seca y tibada, para no permitir que ninguna lengua[2] pecadora vaya más allá de los protocolos ordenados por el decoro estrecho[3] .La hipótesis de la pasión puede ser establecida desde esa entrega salivar y la hipótesis contraria desde su no invite :su no entrega[4] .Finalmente el beso que se abre paso entre las hileras guardianas de los dientes y somete la fragilidad de un órgano[5] a los embistes de toda exploración aventurera, es el que decretará el resto de transacciones amorosas entre dos seres que se buscan, se agasajan y se quieren. Ya en ese primer beso, la retirada o no de los ojos, su apertura o su cierre, y el propio imaginario de cada amante[6] estará dando las pautas de por donde tirará la relación. El beso es el proscenio de todo lo demás: lo que está apuntado en la lista virtual de cada uno. Si no hay besos verdaderos no hay pasión posible en el sentido de realizable. Y la pasión se hace realidad a partir de la interiorización sensorial y perceptiva del otro. Es la ingesta de ese otro, la dimensión principal que hace de premisa catapulta para el desiderátum pasional..Al besarlo, al tragarlo, se está permitiendo una operación de trueque entre todo el imaginario subjetivo del deseante y el pretexto corporal del amado ,sea cual sea su anatomía, para escenificar una histórica de amor íntegro, únicamente posible para los dos en juego y fácilmente incomprensible para terceras miradas[7] .Ese no correlato determinativo entre pasión y belleza, hace aguas al constatar que las epopeyas más concelebradas para la prensa son las de los seres exquisitos, impolutos, con las medidas estándard, quedando fuera de la galería para preservación de las cámaras fotográficas, lo máculo, lo irregular, lo deforme.Será en otros campos donde fisiologías torcidas por caprichos de la naturaleza o por descontroles víricos, serán más aceptadas, tal vez entre las probetas de un laboratorio o en los rincones semioscuros de los ámbitos académicos, pero nunca jamás en la galería de los guapos de primera línea de los famosos que dan la razón de ser y el sueldo a los cámaras que los persiguen. La deformidad nunca es aceptada en sociedad con plena igualdad de derechos. Ni siquiera la convicción de la polimorfía existencial, ha concienciado suficientemente al grueso poblacional, y a las culturas light, que la fisiforma es secundaria frente a los contenidos que transmite. Algún tipo de deformidades[8] ni siquiera serán contempladas como todavía existentes en la nómina de las diferencias. Y mientras la toma de posiciones ante los eventos de la vida sigan rindiendo servidumbre a las formas por encima de los fondos, el ser humano está condenado a perderse lo mejor de los demás: lo que ofrecen más allá de sus cuerpos. El acceso a este potencial de experiencia, placer, poesía y amor es cambiar el chip interrogativo de la forma (elegida o impuesta por restricciones de la naturaleza o por traumatologías)por el chip explorativo de lo que ofrece el cuerpo ajeno, que nunca hay que olvidarlo como territorio de delito, convocatoria para la transgresión y territorio para la osadía y la odisea
.El argumento del diseño, puede determinar el argumento de la Ignorancia y de la Autoridad e impedir el disfrute subjetivo de lo que solo subjetivamente importa., Estos son ingredientes para una teoría de la felicidad en cualquier circunstancia y lugar y bajo cualquier com binación posible de formas corporales, independientemente de los parámetros de la belleza, que son dictados desde los palcos de las antropometrías.Afortunadamente el duende que anida en cada entusiasta de la pasión superará la arritmia de cualquier dislocación vulcaniana y no requerirá de ninguna angeloterapia para gozar de otros ritmos al acecho, con la ayuda, claro está, del propio cuerpo de Vulcano, que no dejará de mover las llamas de la pasión.
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[1] uno de nuestros celebrados literatos de la literatura catalana de actualidad no esconde su tic en público (lo cual tampoco sería posible)ni lo excusa ni lo disminuye, convirtiendo tal circunstancia, por el simple hecho de colocarla en sociedad,como una enseña callada que cuestiona cualquier discurso referente clásico de los patrones de la belleza. No hace falta decir, que la verbalidad y elocuencia de Quim Monzó colocan ese evento gestual en un muy segundo plano, integrándolo como parte de su personalidad y maneras expresivas, no dándole a sus espasmos más importancia de la que tienen, y naturalizándolos a la categoría de un real normalizado que para él representan. [2] La lengua tiene infinitas ramificaciones nerviosas que ocupan una buena zona de la topografía cerebral.su musculosidad movible en la cavidad bucal de los vertebrados superiores, da la oportunidad de algunas de las funciones más ligados a los actos existenciales: la facultad de gustar, deglutir y la de articular los sonidos de la voz.La facultad del gusto, filtra literalmente al otro, a través de su lengua,reconociendo al instante un teatro de la gustosidad, o por el contrario un desierto de sensaciones.Las lenguas que danzan,se reconocen desde sus puntas para recorrerse por sus surcos mediales hasta llegar a las papilas caliciformes, y dejarán apuntadas las ricuras de sus zonas mas alejadas:la antesala del velo paladar, el istmo de las fauces, la úvula, la epiglotis,..para que indirectamente puedan ser interpretadas desde la entrada del órgano fálico., personando así la grandeza y la limitación de la lengua para el encuentro amoroso. [3] En este sentido, las prostituciones que ofrecen toda clase de servicios sexuales pero que no aceptan besos bucales de sus clientes, serían los personajes eróticos más decorosos del planeta. [4] Una de las citas de intimidad tenidas con una amiga a la que estimo mucho,anunció lo que podría dar de si la noche q nos encontramos para salir, con una autodefinición del tipo “yo soy muy rara”. El proceso de avance de conquista de su cuerpo resultaba tan lento que dejó un saldo de hilaridad. Sus labios apenas se despegaron para mi lengua. Frente a una boca apenas entreabierta para regalarse como puerta de entrada, me retiré a mis posiciones meditativas desplegando el catalejo para la observación de otras bocas en la distancia. claro que sus labios me brindaron su sonrisa para la despedida, y tal vez el mensaje críptico de “me abriré´ para ti cuando estaré´ preparada”. [5] La carnosidad de la lengua no aguantaría la dentelleada certera de una boca malvada manejada por un organismo psicótico.Someterla a la interioridad de unas fauces ajenas,proporcionará la información necesaria para someter después otros órganos comparativamente más vulnerables y cuya dentellada podría incluso acabar con la vida del otro (el escroto y el pene). [6] la acepción amante aquí indica la función estricta del sujeto que ama a otro, no la del que lo hace fuera del compromiso convivencial o institucional, o de la relación adúltera de complemento fuera distinta a la de la pareja. [7] Por eso multitud de comentarios de quienes se apresuran a juzgar la viabilidad o no de relaciones de pareja, entre dos “q. no se parecen en nada”, están condenadas a fracasar, ya que aplican baremos superficiales y dictámenes cargados de prejuicios (de un superyo nutrido de un supuesto objetivismo, en realidad insano). Lo que hacen tales opinantes (en sus versiones de la murmuración,es no entender básicamente la dinamo que está en el substrato de los atractivos humanos, y están condenando tácitamente toda posibilidad supervivencial y desarrollativa de la bestia:es decir, de lo distinto, lo deforme, lo no bello.condena que a su vez es usada para cerrar filas bajo un supuesto palio que cubre la cabeza de los divinos, los bellos, los perfectos, los charmant. [8] La ong q trabaja por los leprosos y que hace esa maravillosa campaña de (texto no citado literalmente)”30 años luchando contra la lepra, pidiéndote que nos ayudes y seguimos sin obtener respuesta. ¿Es q alguien como ella(refiriéndose a Lady di) debe pedírtelo para q reacciones?” proporciona una material de reflexión espeluznante: la discriminación dentro de las respuestas de solidaridad ante los necesitados en función de sus formas físicas. El movimiento solidario premia a los hambrientos, a los huérfanos, a los enfermos recuperables, pero no a los deformes, a los tullidos, o a los feos. |
Amor y Querer
Aunque el amor invoque una dimensión sentimental y el querer una facultad volitiva, en la práctica lingüística y en los cortejos sensual-afectivos, se da un valor de equivalencia a ambas palabras. En todo caso, ambas producen efectos favorables en el objeto de cariño por un sujeto deseante que las expresa. No obstante yo te quiero está expresando un grado de posesión que no contiene o no evoca en la mima medida la declaración del yo te amo. La una, está mas emparentada con una noción de exclusividad de la relación y de dominio sobre las posibilidades o energías afectivas del otro; y la otra, queda articulada con la dimensión de una entrega del propio amor. De hecho no solo son frases no equivalentes sino incluso sutilmente contrarias. De eso no puede inferirse que a mayor número de usos de la primera expresión se va a corresponder un vínculo de amo-esclavo o el hablante de la expresión vaya a ser más duro o machista, mientras que se pueda sugerir para la segunda expresión una actitud más dulce o tierna. No puede ser establecida una biunivocidad estática entre una frase y una actitud, aunque toda frase es un indicador lingüístico de una posición práctica y una filosofía relacional, en tanto que las relaciones humanas están vertebradas sobre palabras y el cuerpo mismo está hecho de significantes. El amor como el paradigma existencial más ensalzado, viene replicado por sucedáneos que lo revelan como tentativas inconclusas. Todo amor tiene un grado de manipulación y tergiversación y todo acto amoroso pretende una función: desde el placer sexual a la esculturización del aliado con quien enfrentarse a penas y soledades. Eso describe un panorama con ambivalencias afectivas, en tanto el amor puede ser vivido como una captura, en tanto es una ley de vida y de relación se ha presupuesto -y sigue presuponiendo- que el mejor estado humano es el del acompañamiento, el del compartir, el del querer y ser querido y a juzgar por las apariencias a quien dispone de ello, al otro que se le ve acompañado y querido, se sobreentiende que le va de fábula a diferencia de como le va a uno cuando vive la tragedia de su nimiedad, o peor aún cuando se toma como reducido a su minimalidad. El horror vacui hace acto de presencia y en resoluciones desesperadas pretende ser llenado con materiales humanos próximos. En los entreactos el yo maltrecho tratará de hacer la función de síntesis y prescindir de expectancias y de ajenidades, pero sus pretensiones no le llevarán lejos, devolviéndose a un trampolín para proyectos sobre un lago de identificaciones. Si con suerte no ha fallado la identificación primordial el sujeto despsicotizado, se reafirmará como ser humano por encima de su condición sexual: masculina o femenina. Y verá las potenciales relaciones con los otros, como nexos con prójimos y con seres humanos similares. Las preguntas de identidad (¿quien soy yo?) no tienen una respuesta inmediata, fácil ni unívoca. Y cuando esas preguntas se extienden a cual es el propio papel frente al otro y cual opera del otro en uno, todavía resulta más difícil de responder. Pero la necesidad de una vida plenipotenciada y madura pasa por la adopción de respuestas incluidas las respuestas erróneas que sirvan de modelo defectuoso para ser corregidas un tiempo después. El amor como dimensión proyectada e identificativa viene a cumplir una función completadora pero que nunca alcanza la totalidad. Infinidad de variables vienen a entorpecer ese cometido y en una época actual de cortes paliativas todavía se hace más difícil cuando uno de los partners aporta a la relación su organismo empastillado o supuestamente compensado por una química no autónoma. El pacto de amor quiere ser pasado por una consciencia identitaria en un grado supremo cuando en realidad esta no es sino otro sentido más que discierne dos posiciones claras: la del tener (poseer) o no tener al otro, la de ser querido (ser querido como posesión)o no por el otro. En cada juego de relación, de tanteo y por lo tanto de juego de manos, las preguntas clave pasan por interrogarse acerca de las posiciones que se ocupan. Esas interrogaciones informan y acuerdan los pactos simbólicos que sostienen la relación y elaboran lo virtual desde lo imaginario, siendo lo uno una neorrealidad que solo tiene sentido para los pactantes y siendo lo otro el caudal fantástico que permite reinterpretar la realidad saltándose sus límites restrictivos. El amor es más contributivo de virtualidad potencial que el querer que pida los derechos físicos recontinuados y el goce replanteado y repetido. El uno tiene más de poética y el otro más de prosa material.El amor tiene de romántico lo que el querer tiene de exploración y buceo.el amor es el soneto y el querer es la escena porno.Se hace inimaginable lo uno sin lo otro, como lo es el deseo sin su resolución en el goce.
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¿Campeones?¿de qué?
Champions ¿Campeones? ¿En serio? ¿De qué? La pelota es un receptáculo esférico que contiene aire a presión que lo hincha y le da unas propiedades de botar más o menos sobre superficies según la rigidez que tengan. En principio es un objeto inerme, inofensivo, vulgar. No tiene nada de particular salvo que se mueve en las pendientes cumpliendo con la función de una rueda y nunca se puede tumbar a un lado u otro ya que no tiene lados. La pelota es la figura geométrica en un buen número de deportes. Si el ser humano se hubiera quedado en el cubo o en otras formas volumétricas con vértices y aristas quizás no habría podido dar cabezazos, chutar y realizar otros gestos deportivos ampliamente conocidos por los hinchas. La faz del planeta sería completamente distinta. Gracias a la pelota y a millones de personas que la tienen idolatrada a niveles sumos (el becerro de oro de los paisanos de Moisés era una cosa de niños en comparación) hay un espectáculo de masas que no tiene límite. Para quiénes, como yo, no nos enteramos de ligas, competiciones y super-partidos, cuando oímos los petardazos y los gritos de goooooooool, única consigna unitaria de los trabajadores metidos en el pozo del entretenimiento, sabemos que nos va a tocar a asistir a las salpicaduras de otra velada febril. Un grueso social va a exhibir su tontería con toda la furia de la que sea capaz. A la mañana siguiente habrá más restos de vómitos en las calles y más mobiliario urbano destrozado y durante la velada se habrá podido ver gente frenética que necesitará proclamar a los cuatro vientos que son campeones. La ciudad se habrá paralizado. Las clases terminarán antes, el encargado de taller pondrá la radio para que los que no puedan dejar el trabajo puedan seguirlo, los programas de comentarios de televisión hablarán de ello, los directores de corales cambiarán la fecha de ensayo y por doquier gente culta, sesuda, seria, con niveles universitarios y con un raciocinio supuesto hablarán de ello como tema central. Un reguero sentimental recorrerá todas las espinas dorsales para compartir una especie de simbiosis atmosférica con la pertenencia a una misma pasión. Todas las frustraciones urbanas y sociales para cambiar las cosas y organizar la vida mejor quedarán compensadas por la victoria del equipo o de los colores identitarios que llevará allende de las fronteras o a la cancha de otro equipo contrario la pasión de millones de personas. Bastará un gol de más -poner el esferoide en la portería del contrario- para que el personal se sienta pletórico, representado, triunfador. En sus vidas particulares no habrá cambiado nada. Al día siguiente de la victoria continuarán cargando con una realidad desprovista de políticas alternativas, continuarán acudiendo a un trabajo para sufrir como asalariados, continuarán tragando un mundo organizado por el poder de otros que los manipularán miserablemente. Por el ojo de la cerradura espiaremos todo eso quienes el triunfo lo buscamos en otra parte y no con la tontería pelotera del último partido. Nos pondremos a salvo tanto de las pestilencias estomacales de los que no han sabido aguantar la bebida para celebrarlo como de su entusiasmo y de sus frases si se atreven a dirigírnoslas. Campeones ¡sí! de la alienación y la ignorancia. Pero admitiremos que el fútbol es un buen indicador del progreso, es decir del no progreso, de la conciencia cívica y social. Recuerdo una imagen, de hace unos 35 o 38 años de los baretos obreros de la calle Bonasort, en Cerdanyola, una calle cualquiera de un barrio obrero que se repite hasta la saciedad en otros muchos, en la que los parroquianos no se perdían detalle de los movimientos de pies y pelota de no se que partido. Siguen los baretos y sigue la misma postura de la gente siguiendo otro partido parecido. No todos, otro bareto de árabes no hay tal fruición (¿y encima se les dice a ellos que son los fanáticos?). Nada ha cambiado, bueno una sola cosa: el tipo de coches estacionados en la calle son mejores máquinas, más caros, con más cuerpo e imagen. Por lo demás los mismos bares, la misma fachada, los mismos colores grises y tristes de la subconciencia proletaria. Esta es la clase obrera en su santuario: su momento estelar de fusión mística apasionada siguiendo las figuritas blaugrana tras la pelota que representa simbólicamente el huevo de sus engendros (no entraremos en el detalle de la pelota ovoide del rugby en cuanto a cumplir más fielemente esta metáfora). La diferencia es que la primera imagen era bajo la dictadura, la segunda lo es bajo la democracia. ¿Qué ha cambiado? Nada, absoluta e inequívocamente, nada. Estamos perdidos. Estamos en manos de una cultura chorras.
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Los ruídos inconscientes
Las anécdotas sobre ruidos ajenos que son totalmente irrespetuosos se cuentan por miles. Una fuente de ruido suele colisionar contra otras fuentes de sonido (música, conversación, cine,...) o contra la tranquilidad, que se prefieren. En un hotel[1], una de las salas dedicadas al televisor es lugar de paso entre el comedor y otro salón. A la hora determinada en que los comensales salen en tropel tras sus tragancias, sistemáticamente dejan las puertas abiertas que dan a los otros espacios y cruzan con sus estruendos sin respetar la atención en silencio que hacen los espectadores de una pantalla y tratan de seguir las noticias. La cosa se repite cada día durante dos o tres veces, sin que los avisos ni los sssssss hagan impacto positivo en modificar los hábitos de los ruidosos. Sencillamente no se dan cuenta. Por su parte, la dirección hotelera no entiende todavía que el salón de la televisión no es compatible con un lugar de paso que es tanto como un pasillo, cuando el edificio tiene la oportunidad de otros espacios donde alojarla y poner los televidentes a salvo de otras perturbaciones.
[1] El del balneario de Caldas de Besaya |
Propuestas/Ofertas Terapéuticas
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LA CREENCIA EN LA TERAPIA
Por Jesús Ricart - 25 de Junio, 2006, 17:46, Categoría: General
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Salut Mental
Por Jesús Ricart Morera - 25 de Junio, 2006, 13:08, Categoría: General
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TALLER DE DESCARGA EMOCIONAL BRAINSTORMING.
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Criterios de trabajo
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Teoría de vida.
Por omniagabinet@hotmail.com - 15 de Mayo, 2006, 20:46, Categoría: General
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La subvocalidad: el lenguaje para uno mismo Jesus Ricart
La confidencialidad tiene sus límites. No todo es decible. No ya por un factor de ocultamiento y alevosía sino por una imposibilidad práctica de transmitir toda experiencia. Incluso en las situaciones en que puedan ser transmitidas sigue habiendo una parte que no es decible por inconveniencia o también por no cargar al confidente con cosas que puedan afectarle o molestarle. De hecho los actos de habla pasan antes, poco o mucho, por la configuración del pensamiento o por una meditación en solitario. Los paseos y los momentos de soledad, por breves que sean proporcionan unas condiciones para el repaso de las cosas que uno hace, en qué se mueve, qué lugar ocupa en las relaciones personales con los demás y para pensar sobre todo aquello que desea hacer o no hacer. Hay ese diálogo interior que brota casi espontáneamente. No tiene nada que ver con la mística o la espiritualidad, que desde otro ángulo, se instrumentará o se tratará de perfeccionar. Simplemente existe como la cosa más natural. Remei Margarit sostiene que el alma interior es lo que nos habita al configurarse tiene su propio lenguaje- o tal vez sea sobre todo un lenguaje- al margen de tendencias, modas, expresiones y lenguas. Es un lenguaje hecho de silencios inteligentes, espacios vacíos, sentimientos poderosos y sensibilidades. Ese mundo interior se concreta en una subvocalidad que a veces se manifiesta en conatos de movimiento labial sin llegar a expresar palabras sonoras y otras en su sonoridad escapada o descontrolada pero siempre en flujo sanguíneo en la parte del córtex cerebral que se ocupa de la dicción y el habla. Esa sub-vocalidad o lenguaje para uno mismo es como un escenario en el que uno habla con su propio alter ego, lo que la literatura ha llamado la propia conciencia. En ese lenguaje para uno mismo hay ya una destilación o criba de los sentimientos y de las informaciones que el entorno ha proporcionado. Luego al hablar con un confidente, el partner de cama, el socio o el compañero de aventuras dirá no todo de lo que ha subvocalizado. Ese registro reconocido pasará a ser una gestión lógica de la confidencialidad superando la pulsión de decirlo todo y la obligación moral de tenerlo que decir todo. Eso no disminuye ni aumenta la relación de amor con el otro cuando el confidente es un ser querido. Tan solo parcela los campos de comunicación objetivamente válidos sin caer en la trampa de convertir la confidencialidad en un control que se le da al otro para que lo ejerza sobre uno
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