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Soledad y Aislamiento

Por JesRICART - 4 de Septiembre, 2010, 23:35, Categoría: General

. La soledad es una de las propiedades del poeta. Sin ella no habría poesía, pero tambien lo es del investigador, sin el sosiego que proporciona no trabajaría en los asuntos que le preocupan. La soledad no se limita al estado físico aparente de no estar con nadie en un momento dado ensimismado en los propios pensamientos o ensoñaciones sino que, sobre todo, remite al estado invisible interno de distancia del otro. La soledad está emparentada con la nostalgia y con la introversión. Parece que es el resultado de conductas inadaptadas que prefieren el silencio de su mismidad a la vida ruidosa y ajetreada con los demás. También está relacionada con la rareza. Al tipo solitario se le llama raro. Ambas palabras suelen compartir las mismas clases de oraciones simples. El tipo raro, en contrapartida, tiende a la soledad. La soledad queda configurada con las coordenadas ideales del aislamiento social. Soledad y aislamiento no son exactamente lo mismo. Alguien puede vivir en soledad y pasar una buena parte de su tiempo en ella y sin embargo estar suficientemente conectado con los demás. La soledad es más bien un estado del alma, una disposición de la estructura psico-anímica mientras que el aislamiento es un resultado de inferiorización en el panorama de los vínculos sociales. Parece que quien es más extrovertido y tiene necesidad de contacto humano y verbal tiende a producir más contactos sociales en su vida y quien es más introvertido y se defiende del contacto humano reduciendo sus comunicaciones verbales tiende a perder sus contactos sociales o vive con los mínimos. La soledad es un material de reflexión sumamente complejo. Para el punto de vista sociológico le bastará anotar la cantidad de gente que vive sin pareja tras sus separaciones, divorcios o viudedades. Para la numerología urbanística y arquitectónica le bastará saber la demanda existente de apartamentos de poca superficie para personas que viven solas y no necesitan más. (Los tokiotas pueden dar cuenta de microespacios en los que organizan su vida sin preferir mas ampliaciones). Pero para el punto de vista psicoanalítico esos datos no son tan relevantes. Lo que sí lo es, ciertamente, es la elección de la soledad con toda la conciencia de eso. En especial, en un tiempo en que lo más valorado en el mundo de los negocios y los filones empresariales en los departamentos de comercio son personas con contactos. Quien tiene contactos tiene posibilidades de entrada en sectores o ampliación de mercados, quien no los tiene vive sumido en su aislamiento no solo personal sino también profesional. La soledad es objetable por lo general. “¡Sal y relacionate y diviértete!” dice la gente a la gente, las madres a los hijos taciturnos, las amigas a sus amigas que han perdido a un amante o a un compañero, los psicólogos a sus clientes. Lo que no es aceptado bajo ningún prisma es la soledad. El ser solitario es sospechoso, puede pensar, puede conspirar, puede atacar o al menos reaccionar de formas impredecibles. La soledad objetada tiene sus excepciones. Si la compañía elegida va en contra de las previsiones, de la normalidad o de lo autorizable inmediatamente, una figura de poder se ocupará en demonizarla y desalentar esta elección. Es así que los padres tratarán de vigilar “las malas compañías” de sus hijos o los agentes de la moral pública se inmiscuirán en las vidas privadas pautando como deben vivirlas tal como ha hecho la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) que prohibió expresamente a los ministros de culto celebrar matrimonios entre parejas del mismo sexo1. Los profesionales que viven de esos ritos acatarán en su mayoría o totalidad tal orden ya que como es sabido, los ejecutantes en su condición de membrecía de un organismo tienden a ser obedientes con la estructura jerárquica a la que pertenecen sin cuestionar las implicaciones de coerción de libertad de los mandatos que reciben. Tenemos pues una soledad cuestionada pero que va en paralelo a las compañías que también pueden serlo. Pero la soledad puede ser cuestionada por la misma persona solitaria que se ve abocada a ella a falta de otros remedios o compañías satisfactorias. Los procesos de desamor pasan por la soledad y la no presencia del ser querido al que se ha perdido sea cual fuere el protocolo de esa pérdida. Es una soledad específica que no queda resuelta por compañías substitutorias puntuales. La pérdida de alguien deja un vacío que no queda llenado por el hecho de que venga otra persona a ocupar el puesto. Juan de la Cruz ya lo tuvo muy claro “La doléncia/de amor que no se cura/sino con la presencia y la figura”, pero la pérdida de amor puede ser más universal y dramática aún que la pérdida concreta de otro compañero que nos ha fallado por su inconsecuencia o porque ha elegido otra clase de experiencia y asociación en la que no entramos. Se pueden teorizar pérdidas y con ello reconstruir el ego maltratado pro las circunstancias. Al registro poético le complace hablar de renacimiento anímico desde las propias cenizas, pero lo cierto es que el sufrimiento no gusta a nadie y que no hay coartada ideológica, por búdica que sea, que lo ampare al establecer el precidado de que el saber pasa por el déficit, el desastre o el dolor. Preferiría mil veces saber lo que sé y multiplicar este saber por mil sin haber pasado por las adversidades que me han tocado padecer ni prever que tenga todavía que pasar por las que me quedan pendientes. Si alguien me propusiera la injertación de un chip -sin efectos colaterales malevolos-en mi sistema neuronal para alcanzar lo que me falta en mis dimensiones conceptuales y para borrar el dolor acumulativo que me ha tocado tener en mi biografía aceptaría inmediatamente. ¿Y qué estoy diciendo con esto? ¿Cómo poder admitir la propuesta artificial y fácil a la natural y tortuosa? Pues sí. El conocimiento no es una inferencia intelectual, es una deducción destilada de interacciones con la vida real con unos principios terribles de dureza y con un desbaratamiento de las alianzas con las que contabas. La existencia es una complejidad laberíntica en el que los mojones de referencia son móviles. Hay variables que los descolocan y que confunden. Vivir en la realidad es vivir en una permanente variabilidad del otro y por consiguiente del uno-mismo emplazado a plagiar conductas para sobrevivir a ellas. En la película de Michael Moore2 - por la que recibió el oscar por la mejor película documental el 23 de marzo del 2003 en el kodak Theater, en Hollywood- dejó muy claro , en su agradecimiento, que todo funciona sobre la manipulación ficciosa de la realidad. El había trabajado con un material de 200 horas, parte de las cuales eran entrevistas, en las que planteaba las preguntas que otros suelen eludir. La historia de las verdades humanas sigue pasando por la indagación y ésta por hacer preguntas cuya falta de respuesta mantiene a la humanidad en el ostracismo y cuyas respuestas, por terribles que sean, ayudan al progreso hacia una liberación. La elección de la vida solitaria tiene que ver con la autodefensa ante la agresividad creciente del mundo de afuera, insistiendo en que este afuera empieza en cualquier otro por inmediato que sea. Inconscientemente, quien opta por la soledad está instalándose en una zona segura. Luego resulta que no es así, el sujeto solitario posiblemente es más vulnerable que otros. Parece ser que su perspectiva matemática de vida decrece y que sus parámetros estimulares se reducen considerablemente con lo que sus intereses dejan de ser estimulativos para continuar con las tareas indispensables para mantenerse en vida. El sistema nervioso parasimpático es vicario y depende de alguna manera del sistema nervioso central que implica el poder de las elecciones y de la voluntad. A los datos sociológicos de los dramas en países en los que la gente atestigua año tras año su incapacidad para convivir consigo misma (como en los USA3 donde mueren cada año mas de 11.000 personas victimas de armas de fuego siendo la estadística de esta clase de mortandad en otros países del mundo comparablemente menor en la que se cuenta por cientos o por decenas) hay que co-reflexionar con los datos psicológicos y entre ellos el de la vida solitaria. Es cierto que la gente urbana vive inmersa en grandes aglomeraciones y ajetreos públicos y que es difícl pasar un día sin ver a alguien. Hay una visibilización continua del otro lo que no hay la oportunidad de compartirlo como experiencia de comunicación y fuente de experiencias distintas. Dentro de las teorías de la comunicación se ha hecho un estándar de la idea de la soledad compartida en las grandes situaciones masivas. Posiblemente mucha gente está quejándose de lo mismo separada por ténues tabiques o distanciada por escasos metros. ¡Toda una paradoja de la sociedad tecno-masiva! Del mismo modo que podemos advertir en las concurrencias de grupos en partys o en la calle o en los colectivos de transporte que la gente se comunica via satelite con otra gente haciendo caso omiso a quien tiene sentado al lado. Creo que las únicas instancias que sacan provecho de la comunicación son las grandes compañías que ofrecen alta tecnología para conseguirla con el camelo que al tener más aparatos se consiguen mejores contactos, mayor intimidad o más amistad. En la práctica, los bloqueos a la comunicación no tienen nada que ver con las dificultades técnicas o distancias quilométricas para conseguirla sino en los bloqueos mentales y en las indisposiciones de personalidad a tenerla.