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Vivir en el no decir

Por JesRICART - 29 de Mayo, 2010, 11:28, Categoría: SINTOMATOGRAMA

La lucha y la defensa de los valores humanos aumenta la complejidad del laberinto existencial. Lo más esencial de la vida es aquello que está en lo que no se dice. La vida no es la que es. Nadie es su apariencia. Nadie es lo que dice ser. Nadie actúa, ni puede actuar, de acuerdo con sus creencias de sí mismo. Ni siquiera un espejo lo dice todo de la imagen que se refleja en su superficie, ni una foto ni un movie. Tampoco un microscopio lo averigua todo de los microorganismos que observa con sus lentes de aumento y que no son observables a vista natural. La vida en su sentido más global es un proceso de conocimiento; una adquisición gradual de aquello que no es revelado a los sentidos. Continuamente el lenguaje traiciona la coherencia de la lógica. Los hablantes se acostumbran/nos acostumbramos a emplear unas fórmulas expresivas que damos por válidas y que nos sirven suficientemente en el diálogo, o que así lo juzgamos, pero en las prácticas verbales –y gramaticales- mantenemos los textos en su grado de comunicabilidad permitida. No todo lo pensable es comunicable. No todo lo que se siente puede ser dicho. No todo lo que se cree puede ser defendido. En esa trilogía del sentir, del creer y del pensar se mueven los diálogos universales naufragando cuando no consiguen realizar sus intenciones de verdad o teniendo éxito cuando consiguen aproximaciones a ella minimizando su coste de sufrimiento. Se ha tratado de contraponer el sentir al pensar, como si aquél autorizara a expresar lo que fuera y éste a callarlo por ser la consecuencia de un método implacable que se acatara. En realidad, tanto el uno como el otro son parámetros de la mente, o si se prefiere del cuerpo, es decir, de la materia. Lo que se siente tiene demasiado que ver con los sentidos y éstos demasiado poco con lo que existe realmente. La realidad no es solamente aquello capturado por el aparato perceptivo sino sobre todo por los resultados de su analiticidad. Ahí donde hay una gota de agua el químico halla estructuras moleculares y el biólogo vida diminuta. Ahí donde hay una sintomatología patológica el enfermo expresará su malestar, el médico lo clasificará dentro de una casuística medicable con unas determinadas fórmulas, el patólogo estudiará la incidencia de su mal según zonas o tal vez pandemias, el psicoanalista encontrará resonancias de psicosomatizaciones. Cuando trato de defender esta idea doy la impresión de ser exclusivamente racionalista y de que niego otras fuentes de conocimiento, intuitivas, mistéricas. El ser humano es un receptáculo de muchas influencias y un reservorio de distintas memorias. Cada persona contiene varias vidas. Y al tratar de biografiar a alguien o de autobiografiarse el relato empuja a hablar en pluralidad de las distintas vidas vividas, a no confundir con las distintas épocas pasadas o geografías habitadas. Al hablar de alguien o cuando alguien habla de si mismo no puede hacerlo desde la ignorancia de todo lo que está en el desván,d e lo que no pertenece a la visibilidad, de lo que no se da fácilmente a la observación. Es todo eso: lo que está entre lo oculto y en lo desconocido, entre lo inconsciente y lo olvidado lo que arroja las claves del verdadero sentido de una vida. Cada cual sabe, o sospecha su verdad. O en el más extremo de lo casos, supone que hay algo más dentro de su existencia que no acierta a entender y que está fuera de su control. Eso no significa que el misterio sea inescrutable y que el repertorio de yoes contenidos en un cuadro de personalidad no se sepa, o se pueda saber, en qué andan. El trayecto existencial de una persona es la de irse encontrando sucesivamente con sus guiones de vida y sus criterios de conducta, sus drivers internos, sus demonios y sus ángeles, cuya performance pasa por desencadenantes externos, unas veces ocasionales; otras, estructuralmente predecibles. La condición de sapiens de la humanidad todavía no ha proporcionado suficiente saber ni suficiente inteligencia para saber el sentido existencial y llegar a una teoría consensuada sobre la enfermedad mental y física asociada a la facultad de razonamiento y al dominio como especie. La gran paradoja humana es que su mayor capacidad la ha llevado tanto a malbaratar los recursos naturales de sus hábitats como a no controlar su propio equilibrio,. No hay animal que esté más desequilibrado que el humano. Desequilibrio en un triple sentido: 1.Relación de expolio insensato con la biosfera, 2. Relación caótica con los otros compañeros de especie y 3. Desquicio del sujeto consigo mismo. Sin duda las tres clases de desequilibrio están mutuamente conectadas. Pero el relativo control de las dos primeras consiguiendo una vida suficientemente armónica tanto con la naturaleza como con sus habitantes humanos y no humanos no son premisas garantes de que el desquicio no se produzca. El ser humano es el animal que más locura externa y evaluable produce. Por tanto, que más locos proporcionalmente tiene. Razón y Locura son interdependientes. De aquí a conjeturar que el desequilibrio mental tiene y se nutre de la lógica argumentística detrás hay un paso. El loco no nace, se hace. Se hace socialmente, se va configurando psicológicamente, se expresa física, conductual biológicamente y, por último, se va autodestruyendo siguiendo el protocolo de un principio de muerte que tiene más peso que el principio de vida. Eso no es de un día para otro, la locura tiene su espacio de admisibilidad en la vida cotidiana. Los locos pueden pasar, pasar, por parte de la normalidad. Hay quien tiene delirios instalados, perfectamente consolidados, inamovibles y sin ningún deseo de superarlos, dentro de una personalidad de esquizofrenia paranoide grave y no por eso, dependiendo del grado de su enfermedad, deja de llevar una vida relativamente compensada, manteniendo un trabajo, uno o más círculos de relaciones, teniendo capacidad de concentración de intelectual e incluso teniendo habilidades culturales superiores a la media estadística. Hay una gama extensísima de manifestaciones de la psique perturbada, con seguimiento psiquiátrico, psicológico o psicoanalítico; que forman parte de la vida ordinaria. Cualquier porcentaje estimativo de la población mentalmente problemática por una causa u otra va a quedar muy atrás frente a las perspectivas de su incremento. La locura es un modo de sobrevivir a la realidad insufrible. Es una forma sui géneris de adaptabilidad a lo inadaptable; una manera de soportar lo que no tiene solución. Es por eso que la locura se puede corresponder con la hipersensibilidad y también con cotas altas de inteligencia. Quien más capacidad mental tiene de comprensión también tiene más condiciones para el sufrir. La enajenación mental es un modo de auto retirada uno de sí mismo o de lo que sabe para sublimarlo a otras imágenes o inventos que lo desplacen. El loco clásico que habla solo, o que es monoverbal en su intento de hablar con otro escoge una versión de la irracionalidad para existir. Tomemos esos dos casos para poner en la picota la cultura dominante que los interpreta. Mientras en un caso, el del verborrágico que no para de hablar solo por los metros o por los parques se le diagnostica pública y rápidamente como un alienado mental, el monologuista que no deja expresar las opiniones ajenas se le interpreta como alguien con exceso de ego para tener el primer papel en el reparto de roles de un espacio de conversación, sea el proporcionado por un encuentro esporádico en la calle a la entrada de tu casa o sea el proporcionado por un encuentro preparado, sea una reunión en torno a un tema serio político o de empresa o sea en torno a un tema festivo o lúdico. El estudio de la timidez ha sido tradicionalmente una de las maneras para estudiar cuadros de inhibición personal y el de la depresión para medir la inhibición psicológica. Las propuestas culturales incitan a un tipo de personalidad estandarizada que prima la extroversión, la sonrisa congelada, el entrenamiento a caer bien. A pesar de todas estas consignas, el ser humano lucha contra sus límites expresivos y es víctima de sus bloqueos comunicativos. Sacar partido al propio careto, a la gestualidad, a los chistes u ocurrencias aprendidas no evita vivir en situación de tensión los conflictos con la palabra. El hablante se enfrenta a dos tipos de experiencias a lo largo de su vida como adulto, una es la de desamordazarse para actuar libremente asignando calificaciones a las cosas con las que se va encontrando; otra, privarse de decir aquellas que puedan enfrentarle a situaciones difíciles de manejar. Los conflictos intrapsíquicos lo mismo que los conflictos de relación se resuelven pasándolo todo por la palabra pero eso no se resuelve con un simple paseo por las redefiniciones de los asuntos, es una autentica aventura en la que se arriesga todo. La diplomacia relacional es el arte de caer bien a todo el mundo haciendo pensar que uno no tiene enemigos ni puede ser enemigo de nadie. Tiene bastante parecido con la diplomacia política de las embajadas. Se trata de no mencionar nada que pueda ser malinterpretado o pueda ser motivo de crisis. La actitud diplomática es una de las formas denominativas de la hipocresía clásica. Y los criterios más radicales de la transparencia y del decir terminan por aceptar sus excepciones que con el tiempo van aumentando. Vivir en el no decir es tanto como vivir en el deser. Decir que es la expresión autoafirmativa de sujeto desde el yo público cuando se ve censurado y apartado termina por encerrar al sujeto en su ostracismo sin un yo resoluto desde el que instalarse. ¿quiere decir eso que callar es igual a dejar de vivir de acuerdo con lo deseado? En parte así pero no es un absoluto. El sujeto hablante que elige deshablarse y paralelamente pasa a ser deshablado (no referirse y no ser referido) tiene una menor cuota de existencialidad en el entorno (ante el mundo) que el sujeto destacado. Sin embargo, el indice de popularidad de los individuos afamados y sectores mas referidos no significa que se corresponda con biografías mas extraordinarias, felices o más vividas. Los personajes inventariados por la novelística se han nutrido de personajes anónimo de la vida real con mas contenido de espectacularidad y admiración y que sin embargo no fueron conocidos más allá de unos pocos. Esto desmonta la teoria que quien mas cámara chupa sea más, en realidad puede dar lugar a lo contrario: a generar un desprecio generalizado por la imposición continua de su imagen y de su prosa. Puntualmente las resonancias mediáticas dan la voz y la posibilidad de la imagen a personas popularmente desconocidas o que no pertenecen al continuum del galerismo publicitado y que demuestran un saber y una sensibilidad superiores a los habitualmente ostentados en las pantallas. Dicho de otra manera: el hecho de no ser conocido alguien no significa que no existencia y que en su existencia sea más (y sepa más) que quien lo es. El yo público no es el único indicador del ser, en realidad es solo un indicador de popularidad o de deseo participacionista. Lo que cuenta para la psique no es tanto el ámbito de resonancia como el hecho de poderse permitirse su discurso ante los demás. La sumisión al silencio por descartar toda opción de contacto o tentativa comunicativa es lo que realmente cuenta. No poderlo hablar todo con quien mas cerca se está, ésta es la verdadera tragedia. Al mismo tiempo la coexistencia y convivencia pacíficas exigen una gestión cuidadosa de las informaciones de tal modo que no generen conflictos superfluos entre las partes implicadas al conocer factores que las relacionen. Del silencio se hace elogio como una respuesta de la sabiduría cuando ya no quedan mas recursos argumentales a los que acudir, pero no todas las posiciones clavadas en el no-decir son evaluables de sabias. Si el lenguaje oral directo falla se acude al escrito, si no se domina la prosa se acuden a otras formas de expresión plástica o sonora. Sospecho que las distintas opciones artísticas: danza, música, escultura, pintura le deben mucho al no decir, o mas exactamente al no poder decir, al no encontrar palabras con las que decir lo que se siente. Cuando se utiliza el lenguaje escrito se termina por decir, o querer decirlo todo. Rosa Regás dice con sabiduría que el escritor acaba contando siempre su propia historia. Pero el decir también es auto censurado a partir de tener que enfrentar las consecuencias con innumerables problemas de relacionabilidad que ocasiona. En el no decir del no sabio hay algo de trampa. Se reserva para el ultimo momento tomar partido por una opción u otra. La mayoría silenciosa es equivalente a la eterna ambigüedad. Jordi Garcés, sostiene-aplicándolo en el campo de la arquitectura-. que la neutralidad es lo mejor con el paso del tiempo y que lo mejor en al arquitectura como en todo es moverse entre dos fronteras. La apología de la neutralidad, del no tomar partido, revela personalidades equívocas e inseguras, faltas de referencialidad y de peso, tanto para los demás como para si mismas. De tanto callar olvidan su propia voz y dejar de recordar sus ideas. La vida es una novela que cursa generalmente con literatura oral, privársela es privarse de unos componentes esenciales del vivir. Aunque no falta quien cuestiona la necesidad de la forma y hasta del estilo literario supeditándolo todo al relato, entiendo que en el relatar -y autorrelatarse- hay toda una forma de constituirse como ser humano instalado en el mundo. Para Alberto Vázquez-Figueroa en literatura el lenguaje es lo de menos. Dice esto porque considera que todo lo que busca el lector es que le cuenten una historia y que le entretengan ignorando que una buena parte de los escritores empezaron a escribir por y para si mismos desconectados de la perspectiva de ser leídos. En el acto verbal además de la autoafirmación del hablante está la de construcción de un vinculo sensorial e informativo. El habla es de las actividades que mas dicen de la personalidad del hablante, callar es privarse como fuente de información de si mismo ante los demás y caer en la lasitud de un relativismos del que no se pueden sospechar grandes metas. Desde otra posición no falta quien le da un máximo valor al contenido dicente. Aunque discrepo en la primera con José Manuel Caballero Bonald en este punto vale la pena recordar que considera la poesía como un genero de ficción y que supedite el texto bello al contenido que contiene. El arte trata de expresar por distintas formas lo que es callado en otras partes y de otras maneras. El no decir oral ha empujado al escribir y a la creación de genialidades que de otro modo las escenas directas habrían frustrado (y se habrían perdido) para siempre. Hay otra consideración más: la opción por el no decir como supervivencia, el no decir absoluto por miedo a decirlo mal, a buscarse problemas o a caer en dubitaciones en la expresión será un precedente para que otros hablantes posteriores desde firmezas arregladas se replanteen acabar con el silencio y retomar la palabra abandonada. Vivir en el no decir es una forma autodefensiva propia de la cobardía. Esa una curiosidad extrema que el silencio reúna en la misma performance a sabios y a cobardes. Descubrir en que parte esta cada cual e interpretar los propios silencios lleva toda una vida.