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Las formas del humo.

Por Jesús RICART - 17 de Agosto, 2008, 4:26, Categoría: SINTOMATOGRAMA

Alegato antitabaquístico.

El estado gaseoso es una de las expresiones de la materia que evoca un cierto estado de irrealidad. Admitiremos que determinadas brumas y humaredas pincelan cromos de romanticismo y de misterio.  El humo pone forma visual a un proceso de combustión que transforma una materia sólida, evidente y tangible en una inasible, inestable y volátil.  El humo no  pasa por la condición exclusiva del fuego explicito. Hay llamas limpias que no lo producen. La célebre expresión de si hay humo es que hay fuego forma parte de las muchas mentiras que se prodigan en la cultura ordinaria. El humo puede existir sin que haya fuego. De hecho puede haber tanto mas humo cuanto menos fuego se produzca en situaciones de combustiones difíciles de materiales muy densos y tóxicos.

Hay un tipo de humo que me interesa particularmente por lo que a salud publica se refiere, el humo del tabaco. El tabaco es un material solido que una vez prendido experimenta una brasa sin llama que se activa con cada inspiración, es decir cada vez que tiene una entrada de oxígeno desde el aire exterior. Las formas de fumar han sido y sigue siendo múltiples y el tabaco ha `pasado por distintas consideraciones a lo largo de la historia. En algunos momentos su prohibición había sido severamente castigada por las autoridades. Si bien no es una droga alucinatoria produce estragos en el organismo. Los estudios que vinculan el tabaquismo a la bronquitis, enfermedades coronarias y cáncer de pulmón son suficientemente fiables. No cabe sospechar que intereses comerciales opuestos a la industria tabaquera quieran acabar con ésta para reconducir consumos de masas a otra clase de adicciones. El tabaco comparte el común denominador de otras drogas por su fuerza adictiva. Otras drogas consideradas más adictivas son, paradójicamente, menos perjudiciales para la salud. La avalancha  propagandístico-institucional de los últimos años en contra del tabaquismo ha llenado a la población fumadora de estigmas. Sin duda, su cuantidad se ha reducido tanto por la sensibilización con respecto a sus peligros como  por las inconveniencias prácticas de seguir fumando en no importa donde. El adictofumador tiene argumentos de los que echar mano para continuar  sin variar su condición. Hay una serie de placeres añadidos al acto de chupar un cigarrillo, una pipa o un puro difíciles de derogar. Incluso futuros papás o futuras mamás siguen en esa condición, incapaces de librarse de ello. Junto al tabaco hay una gestualística difícil de substituir. Dejar de fumar significa reaprender lo que hacer con las manos libres, también con los labios desocupados y buscar una alternativa a la ingesta de humo por otras cosas menos peligrosas. Es difícil que un solo fumador no reconozca los inconvenientes fisiológicos de su hábito. Alegar que de algo hay que morir es poco elegante. En todo caso el no fumador no tiene porque morir de lo mismo que el fumador a causa de su tabaco.

El principio de autodestrucción queda demostrado con la sistemática al humo. El tabaquista no es un adicto a cualquier humo, el incienso en la habitación, o la vela encendida en un espacio romántico no le substituye la necesidad del pitillo en la boca. Hay tipos a los que no se recuerda sin su cigarrillo. ¿Acaso se puede imaginar a Churchill sin su puro, a Grouxo sin el suyo, a Holmes sin su pipa, Bogart con el pitillo entre sus labios? Mi primer profesor de inglés tenia un despacho enhumado, con una buena colección de pipas, a cual su boquilla más roída. El habitáculo estaba en penumbras, la única luz funcional era la lámpara de despacho, la del centro de techo o no existía o si estaba conectada apenas daba luz. Mientras conjugaba el to be o el to have o leía los primeros fragmentos de relato. Las partículas de tabaco que le asomaban a la lengua del hombre las escupía en su mano o donde fuera, no recuerdo de ninguna que me salpicara a la carao aterrizara en mi libro,  por aquel entonces yo ya era un fumador corrompido con 15 años y su fragancia de hombre viejo con olor a tabaco no me molestaba en lo más mínimo.

Érase un hombre a un cigarrillo pegado podría ser perfectamente el inicio de una primera frase para referirse a Cortázar. El cigarrillo (o cualquier otro objeto fumable) no es el responsable, no es el cigarrillo el que va a la boca sino la boca la que va al cigarrillo. Podría no haber llegado nunca a ser cigarrillo y mantenerse como mata de campo sin siquiera formar parte de una plantación. El ser humano ha necesitado históricamente de productos con los que estimular sus días terráqueos, el tabaco ha sido descubierto y explotado hasta la saciedad. Fumar busca un placer que al principio es confundido con las bocanadas de los primeros años pero luego termina por no encontrarse nunca. No discutiré una serie de ventajas de socialización con el humo del tabaco, su envoltura, es imposible escribir una novela de literatura negra sin `personajes que no fumen. Pero no tiene nada que ver con los fumaderos de opio donde se daban otras aventuras alucinatorias y ni siquiera con los porros de mariguana. Los fumateros de hachís de larga duración saben que a la supuesta expansión mental del primer maño les queda un embotamientos para los siguientes. Las conversaciones se mantienen dentro de unos niveles no profundos de los temas. El fumador tabaquístico, puede empezar siendo fumador social porque todos los hacen y terminar siendo un sujeto empedernido que entra en inequívocos calcos de ansiedad cuando su torrente sanguíneo ve decrecer la cuota nicotínica. El mejor placer del tabaco, aun lo recuerdo como ex fumador, era el primero tras un desayuno o tras una buena comida. Se trata de un placer efímero ya que el segundo quita el placer del anterior y así sucesivamente con el tercero con el cuarto o con el cuadragésimo poniendo toda la fantasía a perder. Ni las volutas de humo producen figuras interesantes ni el que está enfrente tiene porque ser fumador pasivo.

El tabaquismo se va reduciendo a determinados espacios donde la densa humareda es tal que debería proporcionarse caretas antigás y botellas de oxigeno a los parroquianos. Inexplicablemente sin estos elementos de equipo la gente aguanta veladas en pubs y discotecas hasta altas horas, luego sigue en after hours aguantando mas de lo mismo y vuelve a casa tan fresca. El cáncer que se le prepara en estos momentos, cuando se le declare en firme tendrá la cara de dura de decirse ¿por qué a mi, qué mal he hecho para merecer esto? Evidentemente, el fumador ha elegido una forma lenta de morir, pero no menos horrible. Está en su derecho. Cualquiera que está vivo tiene derecho a morir como le apetezca. Contraer una enfermedad de largo tratamiento y de coste sanitario considerable con un pronostico de cura no claro, es una carga para el sistema (vale ya ha pagado sus impuestos para esto) y una derrota para los planes educativos. Consiguió su merecido. He conocido gente que ha muerto prematuramente por la cuestión del tabaco, por un enfisema pulmonar, por una crisis cardiaca. Vale, fue su opción. Mucho años despues de eso todavía podria estar disfrutando de su prosa y en su lugar quedo la de alguien que nunca venció a su adicción.

La gente se mata de muchas maneras, la tabaquística es una de ellas, tampoco es un acto criminal. El fumador no es que salga con su coche a la red viaria con el firme propósito de atropellar peatones cruzando el paso cebra, No, hay diferencias entre uno y otro. El fumador fuma para si mismo. El tabaco le ha hecho mucha compañía. Ha puesto el calor necesario en una mañana de invierno viendo como amanece junto al muelle esperando a la persona que se fue y no vuelve. Es el gesto que la ha acompañado hasta altas horas de la noche, viendo como parte de la ceniza le ha caído sobre las páginas de un libro o sobre un papel en el que escribía. También es el objeto de consumo que rellena hasta la saciedad los ceniceros siendo focos pestilentes o dejando la pestilencia incrustada en sofases, camas, ropa puesta, ropa de armario, alfombras y todo lo demás. Entrar en la casa de un fumador es entrar en la antesala del infierno. Recibir un visitante fumador antes de que diga esta boca es mía queda delatado por su hábito.

Del  universo de fumadores hay que distinguir  la pertenencia especifica de cada cual. Si bien cada personalidad elige cada tipo de tabaco acaba siendo el tipo de tabaco y la forma de fumar la que hace al fumador. El hombre del puro es un tipo diametralmente distinto al del cigarrillo. Aquel impone. Su aroma llega desde el otro lado de la esquina. Abutacado en el club del que sea socio, es primero su nube y después él. El fumador de pipa es otro asunto, es la aristocracia, el gesto del investigador, el profesor de academia o incluso el enseñante musical. Hay fumadores de pipa que se encuentran para competir cual mantiene durante mas tiempo encendida su cazoleta sin consumirla. Las hebras del tabaco puestas en el cuenco de la pipa labrada a mano ponen en relación al hombre con la naturaleza de otro modo. Nada a ver con el fumador de cigarrillo que se encuentra todo hecho y que apenas tiene tiempo de oler la fragancia de su pitillo desde que lo saca de la cajetilla hasta que lo enciende en sus labios. Hay `posturas para todas clases. Hay quien juguetea con el cigarrillo entre sus dedos antes de finalmente encenderlo. Sabe que el tabaco le hace daño, un dia de estos lo dejaré. Si sus amigos ex fumadores o no fumadores le dan toques al respecto se puede sentir amenazado. (Déjame en paz, el dia que quiera lo dejaré). La voluntad es poder, el problema del tabacoadicto es que sabe que plantearse dejar de fumar y no conseguirlo pone en evidencia que su voluntad no es tan fuerte como creía. En el colmo de la casuística hay quien ha suspendido el tabaco en deferencia al hijo que espera pero tras el parto vuelve a las andadas, Vale, tiene la deferencia de irse a la habitación de al lado o a la terraza para sus fumateros pero olvida que las partículas de humo son libres, no son materiales que llaman a la puerta si no que se cuelan por las rendijas. Las plantas de las macetas junto a las que fuma estás mas al corriente de eso de lo que yo pueda señalar. El fumador respetuoso es el que pregunta si molesta al fumar ante los des uñado, en realidad lo pregunta cuando ya tiene el pitillo prendido prácticamente y le no fumador ha hecho algún gesto instintual de autodefensa. El fumador actual  es más marginado que nunca. Antiguamente era signo de prestigio, de relación social, de transgresión, actualmente lo es de ser un apestoso, en el sentido literal de la palabra. El problema no seria tan grande si el tabacoadicto no fuera tal, es decir si fumara para representar un rol y pudiera realmente dejar de hacerlo  en cuanto quisiera o supiera estar cómodo en las situaciones incompatibles sin el tabaco sin que esto le produjera un malestar psíquico. El fumador que lo es, a la primera oportunidad fuma, moleste a quien moleste y si no lo hace es porque un código represivo o limitativo se lo impide. En una ocasión agradecí a un fumador por haber dejado de fumar durante el rato que compartimos su coche. Eso lo hice mientras estaba fumando en el comedor donde otros estábamos comiendo y que para mi sorpresa nadie le dijo que no lo hiciera. Contesto que sus hijas le habían prohibido fumar dentro del vehículo para no ponerlo a perder con su humo. No pude felicitarlo por una deferencia que no tenía sino por una imposición a la que le obligaban. El fumador es un enfermo y cuanto antes reconozca esa condición y se autoaplique esa palabra mejor para superar su síntoma. ¿Soy un enfermo? Tan solo fumo tabaco, ni siquiera hachís, ni soy un alcohólico ni me meto heroína en la vena. Sí, eres un enfermo. Chico, cópialo cien veces en la pizarra para acordarte. El humo no te necesita para nada a ti, tú necesitas el humo y una voluminosa cantidad de partículas que intoxican tus células. Tampoco seas tan duro con él, mucha gente fuma y bueno se les puede tolerar, tiene que superarlo por si misma lo mismo que lo superaste tu. No, quien no aprende las reglas del juego que no juegue, que se dedique a otra cosa. El fumado público además de ir de enfermo pretende que los demás enfermemos.  Mientras la cocina se llena de sus vapores y los alimentos se impregnan de las partículas que han pasado por sus negros, quiero decir asquerosos, pulmones, los demás tienen que decir, sí, bonito, ya lo superarás cuando sepas que los mejores placeres de al boca pasan por otros elixires y que el tabaco no tiene ni uno solo.

Fumar no es un crimen, dirán los de la asociación de humos.  Sí, hay humos criminales, las dioxinas envían cada año a hospitalización a mucha gente. El humo del tabaco es una molestia, siempre lo ha sido pero antes se desconocía sus impactos lesivos ahora se sabe lo que pasa ej. la forma de estresar las células.

Antes tras dos orgasmos  simultáneos, los amantes encendían un pitillo y hablaban de la jugada, ahora emplean el tiempo para otro orgasmo o al menos para no pringar su cama lechosa de otras partículas indeseables.

La objeción principal al tabaco es que no sirve  absolutamente para nada. No abre puertas, ni sirve para relajar situaciones, antes se podía justificar como acto social o algo parecido, ahora ya ni siquiera esto. Fuma quien no sabe pasar de ser un fumador repitiéndose en un rol obsoleto. Ver a gente fumar a destajo es una actividad insultante para la lógica humana y para el equilibrio de la naturaleza. Un fumador ecologista se auto desacredita automáticamente por su hábito. Uno, revolucionario también, incluso un creativo en su taller o escritorio, escribiendo o diseñando lo hace porque cada calada le quita préstamos naturales y trazos concretos en su  trabajo. Raramente encontraremos un fumador que defienda el tabaco como una gran cosa. Nos dirá que es su vicio y que no ha podido o no ha sabido o no se ha planteado librarse del mismo. En la publicidad para dejar de fumar que uso el estado español en su campaña a favor de la ley de restringirlo en los locales públicos filmaba el rol de personajes humo adictos que se quejaban de las nuevas imposiciones alegando a la libertad personal para hacer lo que le viniera en gana. El slogan decía algo parecido a  no te engañes sabes que en el fondo no es cierto. La inteligencia proporciona multitud de argumentos a favor de la adicción. La psique atrapada en sus costumbres no está dispuesta a hacer renuncias de hábitos si eso le va a provocar desazón.  Su lista de negativos es extensiva y su lista de positivos es escasa o nula. Mirado lo mas esquemáticamente posible un fumador es un productor de humo, un producto que no sirve para nada salvo para fastidiar. Si al menos el humo sirviera para hacer espectrogramas y el fumador hacerse pasar por médium podria ganarse la vida como espirita. El humo, este humo, tiene una simbología particular. Reviste una de las formas más efímeras, cada voluta es distinta a la anterior, cada filigrana permite el entretenimiento de miradas ausentes que no tengan otras observaciones más interesantes que hacer. El ex fumador es un victorioso sobre si mismo, ha vencido su debilidad, sus insomnios por no encontrar un último pitillo en el cajón de la mesita. No tendrá piedad para tratar al fumador que quiere dejar de serlo sin conseguirlo sin miramientos: O dejas de fumar o te dejo de besar. Si quieres hablar conmigo no fumes. Fuma pero lejos. Despues de tantas exclusiones, el fumador sabe que se queda sin argumentos para continuar siéndolo, gasta una cantidad de dinero considerable, siempre se produce algún accidente y quema algo por equivocación, la ceniza está por todas partes, antes que hable le preguntan si fuma por el olor que desprende y una gama de micro posturas indica sus poses de fumador. ¿Cómo es posible que un objeto tan pequeño pueda sostener una figura tan grande? El pitillo, algo que apenas pesa unos gramos sostiene una persona de 50 o más kilos. Increíble pero cierto.

El fumador que quiere dejar de serlo lo que menos soporta es la presión exterior: siempre fumando, apestas, lávate los dientes, apártate, deja de gastar dinero en tabaco,…aunque si ama a alguien que no fuma es posible que se tome en serio dejar de serlo por deferencia a esta otra persona a parte de la deferencia a su propio cuerpo.

Para dejar el tabaco primero hay que organizar la voluntad en esa dirección. Quererlo. Antes de eso conviene una declaración de estado, de lo que es realmente, un adicto y como tal pasará por un síndrome de abstinencia. Si no está completamente convencido de dejar el tabaco por las consecuencias negativas que contiene tarde o temprano volverá a la adicción aunque haya tenido pausas de no fumar de meses o incluso de años.

Veamos lo que es un fumador: un tipo absurdo echando humo y aprovechando cualquier oportunidad para hacerlo, mientras habla, mientras conduce, a veces, entre plato y plato, mientras baila, mientras camina, a veces haciendo deporte. En fin, un tipo absurdo, ya ha quedado dicho. La simbología del humo por el lado etéreo que le toca. -el humo es por definición algo que se ve y que no se atrapa- puede ser sustituida con cualquier otro elemento humeante. En último término se puede ir a los oficios religiosos con incensarios o botafumeiros. En serio, el humo no necesita al fumador, hay otras fuentes que lo producen sin infestar pulmones ni crear problemas de voz. El fumador que lo necesita es porque necesita llenarse con algo, ampliar sus pulmones y su estomago tras una falsa perspectiva mientras no amplia sus horizontes de vida ni su discurso de salud preventiva.

El problema del fumador actual es que está en minoría y cada vez se encuentra con mas espacios con el adhesivo de prohibido fumar. Los locales públicos que no lo pone, por lógica elemental tampoco son para fumar, porque hay niños o porque hay otros adultos que les molesta. A fuerza de chocar con sus limites tiene que salir fuera de la oficina como lo que es un apestado, un apestoso, cuya actividad no tiene porque ser tolerada por los demás que no producen esa clase de suciedad. Su patología adictiva no queda en su cuerpo sino que es un problema social desde el momento en que molesta a los otros. Molestar a otro significa atentar a su libertad personal.

Una vez planteé esta cuestión en una reunión colectiva en un local cerrado de conspiradores, esto era en la Casa de la Caritat de Barcelona, sede de distintos movimientos o grupos Afavor de movimientos organizados de tipo reivindicativo y solidario. La reunión iba sobre cambiar el mundo en alguna parte, en Chiapas en concreto. Los fumadores empezaron a seguir la reunión bastante bien sin fumar, cuando no podían mas, se iban al pasillo, es decir a la puerta de la sala a encender sus pitillos, una vez  desde la cual entraba el humo igualmente. Por una lado tenían el gesto de la deferencia de no obligar con su humo a que lo fumaran los de su lado, por otro, los muy inocentes (¿o eran tontos?) creían que ya quedaban perdonados con su gesto. Al cuestionarles esa actitud no soportaron una tercera frase añadida al asunto. Un fumador es psicológicamente intolerante sin darse cuenta. Le puede más la ansiedad que el respeto, el síndrome que el razonamiento. Cambiar el mundo era más importante que cambiarse a ellos mismos.

¡De acuerdo! los pequeños vicios se auto justifican por las grandes virtudes que se abrazan hasta que llega el dia en que estas quedan cuestionadas cuando la asignatura pendiente de resolver aquellos no se termina de aprobar nunca

 

Vale, basta,  me has convencido ¿qué tengo que hacer? quiero dejar el hábito.

Muy sencillo, olvídate de revulsivos químicos e incluso de la acupuntura cuyas facturas no te dejarán indiferente. Dejar el tabaco pasa fundamentalmente por la voluntad. Fija un dia en tu agenda a medio plazo, para dentro de un año o de medio. Puedes hacer coincidir la fecha con un dia significativo para ti, una efemérides, una celebración determinada o incluso, si crees en la cabalística,  un numero que tenga un peso para ti. Puede ser para el primero de año o para tu cumpleaños. Desde ese momento sabes que te quedan equis meses para fumar todo lo que quieras y probarlo todo con materiales fumateros, aunque es raro que te pases a otras marcas o a liar pitillos de petaca si no tienes la costumbre de hacerlo. A propósito de modificar el hábito concreto, para fumadores fieles de marca, cambiar de marca puede ser tan revulsivo como productos de farmacia reactivos que se venden. Pasar del todo a la nada, de fumar mucho a fumar cero, es contra lo que pueda parecer más fácil que pasar por un proceso de reducción. De 40 a 20 pitillos o de 20 a 5. Seguir manteniendo el hábito, aunque sea de un pitillo al dia para el momento crucial tras una comida o tras una siesta, es seguir retroactivando toda la información celular para esperar esa cita diaria. Estamos ante un caso de adicción en laque la voluntad tiene que vencer al cuerpo.

Otra consideración. Desde el dia de la decisión al dia de la ejecución del final de tu historia como fumador/a es muy interesante documentarte al máximo sobre el impacto negativo del organismo del tabaco (hay muchísima literatura publicada sobre esto). Entretanto tienes que comunicar tu decisión a todo tu campo de relaciones, especialmente a los otros fumadores de tu ámbito. Evidentemente, los fumadores –como grupo- tenderán a impedir que tu decisión se cumpla porque los pondrás en un aprieto. Si tu consigues dejar el tabaco y ellos no demostrarán tener éxito donde ellos fracasaron en otras tentativas. Es posible que no sea la primera vez que intentes dejarlo, ni desde luego no es la primera vez que piensas en hacerlo. Pero ahora te lo tienes que plantear de una forma definitiva. Ya llevas 10 años metiéndole tabaco a tu cuerpo, o 15 o 20, son demasiados. Tu calculadora te ha dicho con una simple multiplicación de unidad pitillo por 5 minutos de vida los años que te has privado de vivir en el futuro. Por alguna parte has leído que si dejas a tiempo el tabaco por cada pitillo que fumes de menos puedes recuperar aquellos 5 minutos de fututo que se consumieron humeantes. Esta idea te da un poco de esperanza, en todo caso vivas lo que vivas en el futuro es mejor haciéndolo con un cuerpo sano que no achacado por las toses o por los tumores. El hecho de comunicar a tus conocidos, amigos, familiares, amantes y vecinos que vas a dejar de fumar para tal fecha te auto obliga a asegurarte de tu información claro que te  expone a hacer el mas gran ridículo si no lo cumples. La noche antes de ese día fumarás todo lo que quieras y al último pitillo le dirás con una especie de asombro de ti mismo: eres mi último pitillo, adiós para siempre.  A partir de la hora señalada (yo inicie mi desadicción a mediodía y no al levantarme, me pareció muy duro empezar un dia sin tabaco con lo cual deje de fumar a una hora exacta) tu agenda diaria no puede ser ignorada por la necesidad del tabaco. Advertirás que tus gestos inconscientes buscaran en el bolsillo la cajetilla que ya no tienes o que tus pasos te llevarán a un estanco o que el humo de otros en un bar llegará a tus narices y te excitará las neuronas del deseo. Habrá empezado la batalla de verdad contigo mismo, la batalla de tu voluntad contra tu bios, de ti mismo contra tu  dejadez o tu inercia. Lo mejor es que te pongas a salvo de los ambientes fumateros y guardes una cierta distancia de otros fumadores que fumen en tu presencia, pero la batalla no es contra los otros sino contra ti. Los demás pueden ir con la soga al cuello buscando desesperadamente un balcón o una rama de árbol de la que colgarse, tú no tienes porque imitarles. Posiblemente te costará conciliar el sueño las primeras noches y el vacio experimentado por no tener nada en la boca te puede llevar a substituirlo con otras ingestas, caramelos, o más comida. Es el momento de prestar atención a la dieta. Los ex fumadores tienden a engordar. Basta llevarse a la boca agua  para beber en vez de bebidas calóricas. Hay quien utilizaba pitillos de plástico de mentira con una especie de boquilla para sustituir el síndrome de falta de chupete, pero quedaba fatal. Oníricamente te asaltaran sueños en los que etas fumando. La lucha de tu voluntad es también contra tu inconsciente.

Paulatinamente al dejar de fumar experimentarás la recuperación de los sentidos: las cosas que comas te sabrán más, tu capacidad olfatoria aumentará, tu aliento, pero también tus poros, desprenderán mejor olor. El síndrome de abstinencia cuando más se notará es en aquellos momentos en que más se fumaba, fuera por razones sociales al hablar con otros, al leer, o al mirar la tele o despues de las comidas. Van a ser los momentos especialmente en los que mas tener en cuenta acciones alternativas y el repaso del razonamiento por elcual elegiste esta opción.

Según vayan pasando las semanas podrás convertirte en un ex fumador consolidado y asi critico de otros fumadores que siguen enganchados. En el fondo experimentarás íntimamente una cierta superioridad en relación a ellos. Alguno te dirá, yo despues de dos años de dejarlo volví a fumar. Si mantienes el primer mes sin hacerlo podrás hacerlo los siguiente once. Tras el primer año aunque con algunas llamadas a los que tu organismo expresara algún deseo de probarlo de nuevo podrás plantearte seguir siéndolo los siguientes 50 o más años de tu vida. Lo más interesante es que dejando de fumar no se pierde nada y en cambio se gana una multitud de ventajas sanitarias, higiénicas y económicas. El humo te mantenía a una simbología de espectros, el no humo te devuelve a la claridad de las cosas y a la recuperación de otros placeres perdidos, el sabor de platos exquisitos, el sabor de la conversación o el sabor de la piel de tu partner. Has vencido. La industria tabaquera ha perdido otro adicto y la cultura en general se va a felicitar por ello porque no hay nada mas inculto que ver a alguien fumando para activarse cuando en realidad el tabaco embota las neuronas a pesar de lo cual grandes fumadores fueron grandes literatos en un tiempo en que tampoco se tenían calculados todos los errores contenidos en el fumar.