Un problema genera una inquietud. Un problema descoloca una situación y deja para la hipótesis su recolocamiento o solución. Ante un problema concreto caben dos grandes tipos de posibilidades: solucionarlo y reconvertirlo en una experiencia más o dejarlo in situ a sine die sin que se le presente una respuesta. Ambos grupos de problemas pueden ser de naturaleza similar pero recibir actitudes de intervención completamente distintas. Esto hace pensar que al problema original cabe añadirle una segunda clase de problema que se incorpora al que se ha planteado al no resolverlo o no querer resolverlo en su justo momento.
Lo más urgente ante cada problema presentado es evaluarlo en su justa medida y no añadirle ni quitarle más problematicidad de la que tiene. Diagnosticado el problema se puede enfrentar una solución. Para cada situación creada no hay una sola manera de enfrentarse sino varias. Todo empieza por echarle una mirada a la cosa en sí y no dejarse llevar por los temores preinscritos. Un problema es una forma de nombrar un déficit que impide una rentabilidad de un objeto o un recurso dado. Tener el coche averiado es un problema en tanto impide hacer con él lo que tenías previsto hacer ese día y tener un dolor incapacitante para andar es otro problema porque –en otro orden distinto- te limita el movimiento. Problemas hay de muchas clases y unos van substituyendo a otros durante un proceso biográfico. Es difícil encontrar a alguien que diga que nunca ha tenido ninguna clase de problemas. Tener problemas es humano porque está directamente conectado con las equivocaciones, tan humanas, de actuar y las mismas limitaciones inherentes a las cosas y a los recursos. Reconocer un problema forma parte de la veracidad de los hechos y de la implementación de más conciencia, negarlo, en cambio, es meterse en interpretaciones idealistas de los hechos. La falta de reconocimiento de un problema puede llegar a ser un problema mayor que el problema inicial. Muchas disputas vecinales y convivenciales se deben a una falta de reconocimiento de los hechos. La falta de comunicación que va añadida a eso es un problema de tal magnitud que se puede hablar de una pandemia incomunicacional. Epicteto ya dijo que no podemos evitar cometer errores pero sí se puede garantizar poner constantemente la atención para evitarlos. Su tesis es vigente aunque falta detallar qué tipo de problemas son inevitables y que otros son imperdonables si no se evitan. Irse al desierto sin suficiente provisión de agua o lanzarse a la mar por varias semanas sin ella y sin un cubresol son problemas evitables con una mayor previsión. Hay una cierta cantidad de problemas de los grandes hoy en el mundo que es predecible y por tanto evitable. Ubicar la construcción de una casa junto a una gran roca que amenaza deslizarse no es una cuestión menor de falta de negligencia es un gran estupidez que puede ocasionar un gran problema con un saldo penoso de mortandad. Eso es una viñeta pero la falta de planificación urbanística en muchas partes ocasiona problemas potenciales desde el momento de su mala concepción que pueden explotar 20 o 40 años después.
Los problemas no son siempre los mismos ni todo el mundo pasa por la misma clase de ellos. La experiencia los evita entendiendo la experiencia como formas de estrategia ante las cosas. José maría de Pereda dijo que la experiencia no consiste en el número de cosas que se han visto sino en el número de temas que se han reflexionado. Eso explicaría que haya gente especialmente predispuesta a repetirse en un tipo de problemas que a otra no les afectan jamás, no me refiero tanto a problemas de orden material por falta de poder adquisitivo como a problemas relacionales o conceptuales con el medio y con las teorías.
Muchos problemas vienen dados por las colisiones entre códigos personales diferentes. En cambio en determinados medios de ideologías absolutamente opuestas se puede articular una entente relacional a conveniencia de las partes sin abrir la caja de los truenos repasando las ideologías respectivas. Tengo el recuerdo, en principio grato, de haberme comunicado con gente ideológica y psicológicamente muy distinta a mi, gozando de la comunicación y excitándola mutuamente como una obra de arte a la vez que nunca perdí de perspectiva la imposibilidad de una fusión, una identificación o ni siquiera un acuerdo funcional para proyectos concretos. Eso es una forma de tratar problemas potenciales sin darles el protagonismo que se expresen.
El otro como fuente de problemas suele ser la visión neurótica estandarizada o dicho mas exactamente la psicología neurótica común pone el foco de los problemas en cualquier otro, incluido el que va de paso por su vida.
El carácter de un problema también puede comportar el contacto con una nueva experiencia y por tanto con un nuevo saber. Lo mejor de un problema, su fase de estrellato, es cuando se puede contar una vez resuelto. Quien lo ha tenido que protagonizar a pesar de su contratiempo tiene una medalla más colgada en su pecho. Hay que decir que una misma situación que para quien la padece directamente puede ser un problema (pinchar dos ruedas a la vez, lo cual probabilísticamente se da raras veces) porque le impide seguir o llegar a tiempo a su compromiso, para otro –en su condición de observador- no es más que otra escena dentro de la multitud de ellas que hacen de la vida un espectáculo. Tal vez la conductora que no sabe que hacer con sus ruedas pinchadas reciba la ayuda puntual de ese observador para cambiar una por de pronto y llevar la otras hasta el taller mas próxima para que las arreglen. En el ida y vuelta de esa gestión el tema de conversación bien pudiera ser reflexionar sobre el sentido de la prisa, el del mismo desplazamiento o el sentido del compromiso que espera convirtiendo lo que en un principio es un contratiempo en una lección existencial. Cuando Antonio Machado comparó el vivir con el soñar con el despertar diciendo que lo uno era bueno, lo otro mejor y lo tercero la repera no dejó aclarado a que se corresponde exactamente estos tres estados. Despertar significa también acceder al insight estando con los ojos abiertos de las cosas y comprenderlas en otras claves, hasta este momento, oscurecidas o no advertidas. Despertar no es abrir los ojos tras el reposo como una de sus definiciones sino también acceder a la consciencia.
Cada problema en su magnitud concreta deja un saber mayor si se le atiende debidamente. El análisis del yo y del propio comportamiento así como la metodología psicoanalítica es una mirada de los problemas desde la atalaya objetiva y no desde el complejo de culpabilidad.
Como pauta operativa de agenda abrirla cada año con la lista de problemas dejados por el anterior y la conciencia que se tenga de los nuevos no está mal del todo. Hay problemas de muchas clases: de orden físico por lo que hace a la salud corporal; de orden material por lo que hace a lso déficits domésticos y de hábitat; de orden económico, por lo que hace a posibilidades adquisitivas de cosas necesarias; de orden ético, por lo que hace a falta de correspondencia con predicados de justicia en los que se cree; de orden relacional, por lo que hace al deseo de otros que no te corresponden o por los que no luchas suficientemente y de orden libertario, por lo que hace a no estar a la altura de las propias verdades sentimentales.
Comparando los problemas de orden más tangible con los más psicológicos esos suelen ser los que revisten mayor complejidad de solución. Para los unos y para los otros, para todos, su solución pasa por la mirada concreta de lo que son en substancia.