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El Dolor

Por Jesús Ricart Morera - 14 de Julio, 2008, 23:29, Categoría: SINTOMATOGRAMA

La reflexión sobre el dolor no me viene de nuevo. Una parte considerable del autoanálisis y del psicoanálisis trata de ello. También una parte cuantiosa de la filosofía lo toma como asunto principal. Indirectamente es un tema que se balancea entre bastidores de todos los demás. No es tratado de una manera visible, ni siquiera en los asilos ni en los hospitales se trata de una manera frontal. Se pregunta por el dolor pero no por su origen, se cuantifica de algún modo para ajustar la dosis del analgésico que lo elimine, se divaga sobre su dimensionalidad.  Se prefiere hacerlo indirectamente tratando de la felicidad y de sus dificultades. Se vive con él pero no se publica de una manera sincera. Nadie reconoce estar mal. La respuesta estandarizada y automatizada es el oui, a  la entrada: ça va bien?

En realidad el dolor está emparentado con la condición humana, mucho más que eso, con la condición del vivir, pero es la condición humana la que se hace resonancia de si misma; las moléculas de los minerales o de la tierra, o de los vegetales o de los organismos animales no se quejan, desaparecen o mueren fuera de sus ritmos naturales, pero no se quejan. O tal vez sus ondas de protesta no entran en las nuestras y no nos enteramos. Se ha dicho que una simple hoja de vegetal experimenta un cambio brusco en su campo eléctrico cuando se acerca la tijera de podar para cortarla. Frente a la agresión externa del tipo que sea, voluntaria o no, la entidad agredida experimenta una clase derechazo por la experiencia de dolor que recuerda de otras agresiones parecidas o que se supone.

Como siempre, a la hora de tratar un tema parece obligado por método buscar sus divisiones y subdivisiones internas para tratar de entenderlo más. Analizar algo es ver de qué partes está contenido y el tipo de relaciones que guardan entre ellas y las que no están presentes en su interior pero que incidieron en su configuración.

Hay dos grandes grupos de dolor, el sufrimiento autógeno y el sufrimiento exógeno. El uno es el auto producido por el mismo sujeto que lo padece, el otro el que viene dado por elementos externos. Ser atropellado al cruzar un paso cebra por un vehículo a manos de un conductor con formas criminales de conducir es recibir un mal exógeno. Los amigos y familiares vinculados al atropellado que lo sientan van a sufrir por ello y también estarán dentro de la clasificación de un mal venido de afuera. Para el que ha cometido el atropello por negligencia o por hábitos incorrectos en el conducir, va a sufrir un mal endógeno si tiene un mínimo de conciencia acerca de su irresponsabilidad.  Lo exógeno es todo factor externo con poder lesivo que por probabilística o azar se cruza en el camino de un sujeto que incluso teniéndolo previsto no puede eludirlo. El endógeno es todo factor interno adormecido o latente que tras  un desencadenante, una información, un dato, una nueva circunstancia, despierta los fantasmas del zombie enterrado engendrando una crisis de actualidad.

No se puede hablar de superaciones estrictas de lo uno ni de lo otro. Es más fácil consensuar que nadie está salvo de los males externos puesto  que la sociedad patológica impide todo predicamento de seguridad a perpetuidad.

El exógeno admite una división entre el de tipo material, físico-corporal o personal.

La doble capacidad humana pasa por 1. resistir al dolor propio u 2. Producirlo en otro o ser canal para que le impacte. Nadie es tan inocente, por mucho que se lo crea, para no ser culpable, entiéndase responsable, de algunos  impactos adversos en los demás. A veces bastan formas gesticulantes para actuar lesivamente y otras formas verbales que usan discurso lesivo pero sobre todo es en el rol económico implícito que juega cada uno en su condición de consumidor que puede hacer más o menso daño en los otros. Basta entrar en una tienda y comprar algo cuya ética en la producción es mas que discutible para legitimar el proceso de explotación que ha está detrás. Se objetará que  la urgencia de aquel producto disculpa el acto de consumo. Si bien no disculpa nada explica un proceso concatenado de errores colectivos. El sujeto interioriza la justificación de los errores propios a cambio de sufrir los errores ajenos. El dolor finalmente es una cuestión logística que remite a una falta de cálculo personal dentro de un mundo tan concurrencial que prima la mercancía a la persona, el dinero al valor, y el fantasma del poder al del goce.

El dolor es una de las verdades búdicas más impecables. A su experiencia se le deben no pocos progresos de la humanidad. Luchar contra el frio o el hambre o las enfermedades son formas reactivas organizadas para no tener que repetir las experiencias dolorosas.

Peor el dolor mayor no es el de tipo físico sino el sentimental. Se puede recuperar todo lo que se pierde por destrucciones ambientales, físicas o catastróficas pero no se puede recuperar los valores perdidos tales como la confianza o el afecto o la disposición o el amor tras pasar por lamentables coyunturas de traición.

Las restauraciones a estas situaciones dolorosas no vienen de afuera. En el mejor de los casos de recibir disculpas por una afrenta si la sinceridad de quien las pide quedan en la duda no sirve para restablecer nada sino desde el mundo personal que termina pro reconciliarse con lso déficits ajenos: desde su falta de interés a su exceso de egoísmo. Lo que quiere el sabio lo busca en si mismo, el vulgo en los demás dijo Confucio. Antes imaginaba un tipo de ser humano evolutivo capaz de darse cuenta de sus errores y de pedir disculpas por ellos en particular a los más afectados. El ser humano se esconde bajo sus alas que no le sirven para otra cosa puesto que raramente hay quien vuele con ellas.

Hay distintas razones por las que sufrir: amar y no ser amado es una de ellas. Estrictamente la falta de correspondencia no es más que un fenómeno de desajuste matemática  que pasa a tener un impacto sentimental por falta de lógica. Ser objeto de envidia puede ser otro motivo de problemas cuando con esta lso envidiosos pasan a la injuria u a otros tipos de ataques, Francis Bacon dijo que la envidia es el gusano roedor (los gusanos no son roedores pero como imagen plástica ya vale para la cita) del mérito y la gloria. En realidad no hace falta ser nadie destacado para pasar por las experiencias del dolor sentimental. Es superexcepcional poder encontrar a alguien que no haya pasado por ellas. De hecho el dolor tiene un peso tal que posiblemente es lo que mas nos socializa a los seres, humanos al pertenecerá una especie viva con consciencia de pasar por ello. Quien no sufre o no ha sufrido puede ser, comparativamente, más estúpido que quien reconoce sus padeceres. Cada  biografía reparte su vida entre pensares y pesares: mientras estos hunden aquellos rescatan, racionalizan y salvan, aunque estos enternecen y humanizan.