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Libertad sentimental y compromiso relacional

Por A.Santana - 3 de Julio, 2009, 11:02, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

[1].Libertad sentimental y compromiso relacional. Adrian Santana

El descrédito de la apología libertaria empieza en el justo momento en que no  permite la libertad sentimental en los escenarios de su participación. La restricción a los sentimientos no se expresa de una manera rotunda ya que contra su libertad  nadie arremete de una forma clara sino que enmascara el ataque con otras formas sibilinas. La cultura societal que viene a trasmitir las pautas de la civilización indicando como organizarlo todo también lo hace con el universo sentimental. Es así que siempre hay un gendarme de las ideas y un vigía para que se cumplan las tradiciones que dice lo que es lícito hacer y lo que no lo es, lo que está bien y lo que está mal. La historia de la cultura sigue sin resolver esa binariedad y de paso amordaza todo lo que pretenda hacer una síntesis. La libertad sentimental es la que permite que los sentimientos cursen su evolución proyectados a distintas personas desde el protagonismo propio. En cuanto hay un tándem constituido (el de dos que se quieren e intiman) la persona número tres, desde mucho antes de que se constituya en otra posible amante ya está interpretada como peligro que venga a crear problemas en la pareja constituida. Esa triangulación suele estar discutida por la persona menos liberal de la pareja pero la más liberal no puede evitar pensar en las consecuencias que una extensión de la intimidad va a ocasionar.

Desde una aritmética limitada si ya se dispone de una relación binomial, la persona compañera que hace de complemento y acompañamiento ¿por qué razón extender el deseo y el campo sentimental a terceros? Esa pregunta resuena en los tímpanos de los adúlteros y de los infieles como si fuera una persecución obsesiva. Para enfrentarla sin herir a quien la pregunta hay que acudir a los eufemismos. No todo relación binomial es equivalente, tampoco todo contacto de intimidad proporciona los mismos placeres, lo que es más la intimidad va desde la máxima pasión a las dificultades anatómicas para la cópula. Lo que no se experimenta con una persona o situación tiende a buscarse con otra u otras. Algo de la intimidad presenta una búsqueda continua del otro en situaciones no proporcionadas en anteriores experiencias. La intimidad colegiada  debería ser más naturalizada de lo que es y no pretender juzgárselo todo con una sola persona.

La libertad sentimental es la que permite un arco plural de sentimetalizaciones que lleva a distintas formas de intimidad. Sin embargo una dinámica ordinaria de pareja crea un compromiso relacional tácito que con el tiempo va poniendo las palabras. Aunque a priori no haya nada decidido las inercias de la posesión territorial se van instalando. El otro, la pareja, está concebida como extensión del territorio personal al que se prohíbe accesos a terceros. Para conseguir este propósito el sujeto de psicología posesiva se vale de todas las artimañas para impedirle su libertad de goce más allá del marco del dueto  no evitando el uso de exageraciones, mentiras y hasta ultimátums.

“No  uses esta palabra” –le decía el otro día una chica a su chico que le acababa de decir “ya te he advertido” cuyo campo acústico me envolvió compartiendo el mismo asiento del metro- . Efectivamente las relaciones de intimidad pasan por los verbos de la negociación que no pueden ser aceptados por espíritus libres. El otro amoroso puede continuar cumpliendo, se le deja que la cumpla- esa función de otro binomial en tanto no te impida que seas tú. Muchas relaciones llevan a tener que cantar a la pareja “déjame ser”[2]para no sentirse asfixiadas. Y otras muchas se sostienen con alfileres por ocultar informaciones que puedan herir. Santiago Roncagliolo declara honestamente que mentimos “feroz y descomunalmente” y que el atractivo de los perdedores en la literatura reside en que son almas gemelas que no se quieren mostrar.

Una de las paradojas biográficas más impresionantes es que se termina por no poderlo confidenciar todo a la persona con la que se tiene mayor vinculación  que pivota en torno a un proyecto compartido de vida y que se concentra  sentimental y convivencialmente. Lo cierto es que un día tras otro compartiendo unos ritmos hace presuponer que el resto de la vida juntos va a ser así no admitiendo modificaciones o variables. Hay una resistencia a la innovación cuando esta es sospechosa de venir a alterar un equilibrio. Equilibrio es la forma de denominar una correlación de posiciones –o de fuerzas- entre un grupo de personas que empieza por el número dos.

La forma de entender la armonía con el otro especial está muy vinculado a los orígenes de clase, a la moral que instrumentó la educación que influyó, al origen étnico, al cultural y por último a la capacidad autocrítica personal  en elegir u proceso depurativo de engaños y consignas. Cuanta más dogmática sea una manera de creer y concebir la vida más dificultades tienen el viviente para sacarle todo su jugo. En la exigencia del otro especial para que se comprometa entendiendo por compromiso apostar por una sola persona para un solo futuro concurre con vehemencia una militancia femenina que busca el segurizante de la pareja. Olvida fácilmente que la no-capacidad de compromiso que una mujer detecta en un hombre puede no ser más que una resistencia personalizada a tenerlo con ella. Todavía las inferencias gratuitas (verdaderos saltos antimetodológicos) de pontificar una ley de comportamiento a partir de un solo dato demuestran la superficialidad interpretativa de las circunstancias. En todo caso no hay una sola manera de entender el compromiso relacional. Antes de plantearse uniones en todo y para siempre (propuesta contractual en si misma exagerada e insostenible) conviene revalorar la interseccionalidad parcial, por no hablar de la tangencialidad masiva, de todos con todos. El hecho de la regularidad de contacto hace pensar en su continuidad posterior: cada día vivenciado engendra el siguiente pero con esa tendencia llega un momento en que de cada año vivido se desprende que habrá otro mas y de muchos convividos se acepta tácitamente que el resto de la vida continuarás con la persona que te sientes  bien y con cuyo cariño se van solventando las diferencias.

El compromiso de dueto no impide otras proyecciones y compromisos, tanto en lo realizativo en campos de creación, como en lo sentimental en otros quereres. Lamentablemente, el imperio del individualismo permite lo primero pero no lo segundo. Tal como está planteados los términos de las relaciones sentimentales y de intimidad, el compromiso traduce la forma de su gestión, es decir de su privatización. La persona que está con otras muchas personas se supone que hace trasiegos de una intimidad a otra y que transgrede el código implícito generado en cada una. No tiene porque ser así y en todo caso depende de la ética individual, pero el temor hace pensar que haya esa transgresión. Suponer que una relación de intimidad es igual a otra relación de intimidad es suponer demasiado. No hay dos personas iguales, tampoco dos historias iguales. Aún se puede suponer menos que se hace exactamente lo mismo en los espacios de intimidad con todas las personas que se esté en esas coordenadas. Mientras en unos puede concurrir la pasión en otros la conexión es de ternura.

Dese la posición de compartir una relación de intimidad sin compromiso convivencial una demanda cíclica es la de tener al otro como todo. Ante la persistencia de ese predicado el terapeuta de una amante le dijo algo muy plástico: más vale tener a medio hombre si merece la pena que a uno entero y que no la merezca.

El mayor valor del compromiso relacional no se concreta en la convivencialidad de dueto, estanca, cerrada y obligada, sino en el compromiso sentimental, en la deferencia a la privacidad, y en la palabra dada. El compromiso sentimental es el de la lealtad, mientras que el compromiso relacional en forma de pareja cerrada es la imposición de una fidelidad que termina por ser castrante.

 

 



[1] http://www.parejas.com/foro/viewtopic.php?f=4&t=476#p1613

[2] Compuse una cación titulada así en la que trensmitía este mensaje  a la mía.

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Lecciones de la muerte (la de los demás)

Por Noé Candor - 27 de Junio, 2009, 13:16, Categoría: SINTOMATOGRAMA

Lecciones de la muerte (la de los demás).

Las lecciones del morir siempre son las que pasan por la muerte de los demás. Obvio. De la muerte propia el muriente no puede hacer uso de su aprendizaje. Un esoterismo ha querido encontrar en la reencarnación la continuidad del alma transmigrante y un caudal de identidad y saber trasegados a través de los siglos de cuerpo en cuerpo. Eso hubiera estado muy bien porque al nacer el individuo humano nacería sabio con una sabiduría acumulada a lo largo de sus vidas anteriores. No es así, el individuo humano nace con un máximo de indefensión y un máximo de interés en la exploración. Lo primero está en la base de la inseguridad y la ansiedad y lo segundo en la base de la inquietud y el descubrimiento. Luego al morir, deje o no un alma, en el supuesto de que esta vuelva a cometer la torpeza de seguir aferrada a la materialidad y a la tierra renacerá con la misma indefensión y falta de saber. Por su parte,  un humanismo filo-teosófico ha terminado hablando de un dios en singular, en mayúscula y en masculino; principio y fin de todo lo sabido y por tanto de la fusión de todas las almas en nómina. Si la lección es para alguien es para el que se queda no para el que se va ¿pero cómo el muriente puede decir lo que siente al viviente? Las experiencias más íntimas y personales son intransferibles y difícilmente comunicables. Cada cual tiene que tener su propia experiencia para saber de lo que se habla. Se puede hablar todo lo que se quiera de las experiencias pero cada hablante tiene que haber experimentado las suyas, de otro modo no sabrá de lo que habla. De muchas cosas preguntadas solo cabe decir: experiméntalo, hazlo por ti mismo. Eso desplaza todo eslogan que pide la credulidad o la fe en lo declarado. Parece que Calígula le preguntó  momentos antes de morir tras haberse cortado las venas a uno de la corte que se sentía. Ni siquiera en ese momento sagrado su voluntad de separarse de los vivos fue respetada y el tirano ni tuvo el menor respeto lo cual ya formaba parte de su conducta. Pero ni el muriente puede decir lo que significa realmente morir ni el observador puede atestiguar nada que no sea un relatorio de síntomas concretos.

Quien conoce su cuerpo sabe o debería saber cuándo va a morir. Quien es consciente de los riesgos sabe o debería saber cuando está en situaciones de peligro real en que la muerte deja de ser la hipótesis de un acto indeterminado para convertirse en uno que ve aumentadas sus probabilidades de suceso. Hay acontecimientos luctuosos a diario y en el mundo entero que son crónicas de muertes anunciadas. Las conductas de riesgo, que viven sin tomar medidas de seguridad, son más proclives al accidente, a la muerte prematura, a la muerte violenta. Por el contrario las conductas previsoras y organizadas que toman sus medidas de seguridad lo son menos. No es cierto eso que se decía que la muerte está al acecho y que os puede pillar en cualquier momento porque se desarma una pieza de una cornisa en el centro de la ciudad o porque se nos cae el edificio encima.  La práctica totalidad de los accidentes mortales son previsibles y los estudios de comportamiento demuestran que pueden ser reducidos desde las educaciones posturales, las de desplazamiento, las de conducción y las de contactos de riesgos. Se puede hablar de unos umbrales de relativa seguridad existencial y de márgenes de peligrosidad en un gradiente creciente. Según se viva una vida, la muerte es algo que puede ser más o menos buscado semiconscientemente.  Se haga lo que se haga siempre hay que contar con reveses inesperados que surjan por parte de factores peligro ligados al otro desconocido. Así como en la carretera no se puede descartar que alguien salte de su carril y venga en dirección opuesta por el del sentido de marcha de uno o se abalance encima, en el resto de las escenas existenciales siempre puede darse el caso de que algo o alguien choque frontalmente contra ti negándote el paso y a continuar en vida.

La vida contante es un margen de probabilidad entre la energía que se tiene y las limitaciones naturales mientras no haya interrupciones que la impidan. Sigue siendo demasiada gente la que sigue muriendo por razones artificiales y factores lesivos con muertes totalmente evitables. No se suele volver del otro lado de la muerte para explicar el significado del morir, aunque los estudios que se han hecho de muertes clínicas y retornos a la vida después de minutos de desconexión material refieren la placidez y un más allá. Lo que no está demostrado es que este más allá tenga algo que ver con la eternidad. Puede ser un dossier de imágenes latentes capturadas por el sistema nervioso.

Según uno va pasando su itinerario personal en la vida lo va llenando de referencias con las que nunca tendrá un contacto directo. La farándula es una proveeduría de esos referentes a los que se conoce por sus trabajos  artísticos o filantrópicos de los que ha habido un beneficio indirecto. Haberles dado entrada en el propio campo informativo es en parte como si formaran parte de la familia contemporánea. En la medida en que va pasando el tiempo, las noticias de sus muertes se reciben con un sentimiento de pérdida. Se comunica  públicamente su edad de fallecimiento  y suele hacerse también por lo que hace a la causa a la vez que se proporciona una reseña de su obra y biografía.

Según se va viviendo son más y más los nombres conocidos, sea de relaciones particulares directas o de referencias de personalidades célebres de los que se  van dando noticias de sus muertes. Si se vive lo suficiente son muchas las personas que mueren antes que uno. Sus muertes son una invitación implícita a reflexionar sobre la finitud.

El extraordinario potencial de  la mediática y del consumo de noticias ha llevado incluso a vender exclusivas de procesos agónicos pero para chasco de todos la muerte no es algo comunicable. Lo es el proceso previo que conduce a ella, la decrepitud, la pérdida de sentidos, el dolor, el trato con el cuerpo decadente, la convicción de desaparecer, el temor ante el después,…pero lo que no es transmitible en primera persona es ese acto del fallecer, la parada cardio respiratoria, la línea plana en el medidor de las constantes.

Hemos especulado mucho sobre la muerte. Llega a ser un tema recurrente sin tener porque ser obsesivo. Morir o no morir es el dilema complementario al de ser o no ser. No ser ya es una forma de morir en vida aunque se siga respirando, comiendo o andando. A diferencia del análisis clínico la concepción filosófica de la muerte es distinta. Hay muertos en vida y vivos que para lo que hacen o van a hacer más les valdría estar muertos o que no hubieran nacido. Dejémonos de remilgos no todo el mundo es un candidato idóneo para la vida, muchos vivientes vienen a estropear las vidas ajenas. Lamentablemente no hay modo de hacer predicciones a priori sobre esto.

La experiencia del morir es tan incomunicable como la del nacer. Para cuando el muerto es muerto ya no puede comunicarlo, ya no es, no puede ni tiene nada que decir. Su alma, si la tiene, estará en otros negocios. Por su lado, mientras los de los reality Shaw no exploten esa cantera, nadie va a preguntarle al neonato lo que siente al nacer y no se le recibe con un aro floreado hawaiano. Son experiencias demasiado intensas como para andar perdiendo minutos para satisfacer la curiosidad concurrente. El común denominador entre el que nace y el que muere en edad avanzada es el cambio de estado sin saber lo que le espera. Eso promueve una cierta ansiedad en el adulto, dependiendo de cómo haya sido sus tratos intelectuales con la metafísica y su evolución espirirtualística. El salto de un estado a otro, el del viviente al del muerto también es el que va de un estado de conciencia a la –sabemos mientras no esté demostrado lo contrario- a un estado de no conciencia. El cambio de estados no es explicado aunque tenga infinitud de especulaciones. Hay otros saltos de estado que no son tan fáciles de explicar. Los observadores de la clínica del sueño pueden establecer exactamente en qué momento un sujeto observado pasa de la vigilia al sueño y de este al sueño profundo, pero el propio sujeto sigue sin poder informar sobre eso. Uno sabe que se acuesta y conoce si le cuesta poco o mucho dormirse, así como si se despierta durante la noche, pero no se sabe exactamente en qué momento y que pasa en el salto de la vigilia a la inconsciencia total. Puede informar de cómo se acurruca, de la postura que más le gusta, de la hora en que se acuesta, de si se duerme inmediatamente después de hacer el amor o no. Pero el cambio concreto de estado en tanto que concurre una pérdida de conocimiento no puede ser informado. En cuanto al observador podrá informar de ese cambio de estado por la presentación de unos ritmos distintos en la respiración y en la frecuencia cardiaca.

Si entre el vivir y el morir hay un cambio de estado –para la consciencia- parecido al que va de la vigilia al sueño no hay porque preocuparse, irse a dormir cuando se está muy cansado es una de actividades, precisamente no actuando, más placenteras. Se ha informado que uno se pasa la tercera parte de su vida de durmiente.  Durmiente es también una palabra de despecho empleada para las personalidades inconscientes que se pasan la vida sin enterarse de gran cosa.

La gran lección de la muerte que cabe inferir es que libra al muerto de continuar viviendo, mezclándose con experiencias que ya le sobran, con gente a la que ya no aguanta, con la dependencia de los energetizantes materiales y ligado a la rueda supervivencial como si darle vueltas a una rueda de molino se tratara.

Los muertos nos llevan una gran ventaja con respecto a los que seguimos vivos. Tienen una acción adelantada y, lo que es más importante, no tienen ningún compromiso para continuar citándose con la materia y con los humanos. Admiro a los murientes que asumen su desenlace sin el patetismo de muchos hospitalarios de ucis/uvis que tienen ataques de miedo y regresiones infantiles no parando de llamar a las enfermeras dando espectáculos deplorables además de incordiar con esa papeleta. Me gustaría morir junto a alguien que amara o amara o con quienes experimentara, como recurso de última hora, un flujo de cariño y simpatía, cogiéndole la mano y notando la presión de la suya sobre la mía. Para nada me gustaría morir despanzurrado en la carretera porque un asesino al volante me tomara por su diana de aquel día o de un balazo o una esquirla de metralla. Me gustaría morir sereno y tranquilo y con la posibilidad de despedirme y no atiborrado de morfina para que no me enterara de la situación.

Si hay una elección a aprender ante el desenlace de la muerte es  la de la dignidad. La de aceptar el retorno a la tierra como el desagregado inminente en el que un cadáver en descomposición o incinerado se convierte. La vida es muy divertida, una invitación a la lujuria de los placeres y un proceso intelectual envidiable hacia metas comprensivas. Tan pronto los dividendos en lo uno y en lo otro ya no son los que eran y la fuerza corporal se va agotando el paso siguiente a dar toca razonablemente que sea el último. Daniel Penac dice que el humor permite ejercitar una forma superior de dignidad humana. Es una idea operativa que también se puede aplicar a la situación que nos ocupa. Todo el bombo y platillo que se aplica a los muertos ya en sus féretros tanatorialmete dejados a punto no está exento de curiosidades que rayan el ridículo. Las medallas al mérito por morir están llenas de falseamientos de los detalles. El responso para el muerto que no tiene nada que ver con el real de lo que hiciera en vida es para pasarlo por consulta (censura) previa. Un muriente con días de agonía suficientes debería contratar un bufón para que le acompañara en sus exequias y prohibir terminantemente que se aprovecharan los vivos –a menudo demasiado vivos- para reclutarlo para una causa u otra. Como el muerto sabe que tiene poco que decir en tal estado, si además se supo obediente de tradiciones y reglamentos cuando estaba vivo, no tiene tantas opciones.

Las efemérides para las despedidas de los muertos deberían ser invitaciones con listas cerradas y no convocatorias a la iglesia con esquelas en las que se puede colar cualquiera. Pongámonos en el lugar del alma flotante junto al cadáver viendo como acudían al evento enemigos, traidores incluso sus `propios asesinos `para disimular arrepentimientos que no sentían.

Lo interesante del muerto, lo mismo que del neonato, es que tiene garantizado su nombre para alguna clase de registro. En un canal pasan en el horario nocturno los nombres de los muertos de cada día de los servicios funerarios. No son pocos. Nombres y dos apellidos para que no haya confusión. Nada más, y nada menos.  Es la lista de los impresentes. Un par de segundos de gloria de su nombre publicado por televisión. Es la lista de los que aquella noche no tienen necesidad de saltar de la vigilia al sueño porque han saltado de la temporalidad al sueño perpetuo.

 

 

 

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El acto Testimonial

Por YASHUAbcn - 12 de Junio, 2009, 15:13, Categoría: General

El acto testimonial. Jes RICART

Quizás no todos los individuos seamos fuentes de enunciado pero sí al menos lo podemos ser de observación. No hay nadie que no sea receptor de todo cuanto acontece incluso con el sistema perceptivo disminuido. Con esta premisa se puede constituir en observador condición necesaria para elegir entre espectador o actor. El grado de actividad de la observación depende de cada cual. Hay personas entrenadas en la observación y otras que no se enteran de lo que sucede a su alrededor. Eso también pasa en el rol decidido de espectador, hay quien después de ir a una función, una conferencia o a una proyección no se entera de todo lo que ha visto y otros que recuerdan muchos más detalles. La psicología diferencial demuestra que no hay un individuo idéntico a otro por lo que hace tanto a sus capacidades intelectuales como sensoriales. La metodología observacional exige que concurran dos o más observadores entrenados independientes que observen un mismo fenómeno para correlacionar sus observaciones y establecer el grado de confirmación mutua que se da. Espontáneamente esta forma de averiguar las cosas ya se da cuando para una misma información se recaba a dos o más informadores para dar con lo que busca (el viajero pregunta varias veces para ser reorientado en aquellas situaciones en las que intuye inseguridad por parte de su informador).

El salto de la observación a la tesis es crucial en la historia de las ideas y del pensamiento humano, por supuesto de la ciencia y de la historia de la aproximación a la verdad del ser humano ante su mundo y el cosmos. Si la observación de los sucesos quedara limitada a cuestiones supervivencia les (tal como hacen otras especies animales) la formación de las ideas todavía estaría por darse.

Ante el hecho observado caben actitudes diferentes: las que van de la mera recogida de datos a las que van a su elaboración para plataformar propuestas e incluso acciones para actuar en consecuencia. Muchos de los acontecimientos que suceden forman parte del gran espectáculo de la vida y de la sociedad y se toman como un devenir continuo ante el que no se puede hacer nada. Esto científicamente no es cierto, todos los actores pueden hacer algo ante su medio e intervenir desde su cuota personal de poder, pero psicológicamente es la actitud mayoritaria: la de la conformidad o aquiescencia. A la vista de las formas de relación y trato con los acontecimientos el yo circunstanciado orteguiano es más preciso cambiando el orden de los substantivos: cada individuo so sus circunstancias y él, o al menos así  es interpretado para una inmensa mayoría de situaciones. Es completamente distinto que cada sujeto haga con su yo una sucesión de roles participativos a que se vea y se viva a sí mismo como un súbdito obligado a sufrir todo lo que le venga sin tratar de remediarlo.

Todas las reflexiones sobre el protagonismo de sujeto lleva a dos clases de posiciones: la de quienes creen que el ser humano puede intervenir en su destino y por tanto actuar de acuerdo a sus posibilidades y la de quienes creen que se haga lo que se haga la fuerte corriente histórica y la furia de los dominantes impedirán un acontecer distinto. En la dubitación de cual tesitura tomar las gentes se van pasando la biografía mientras se intercambian los cromos de la vida.  Es así que el problema no es tanto el mal en si mismo allí donde irrumpe sino la no intervención para remediarlo, algo que se ha convertido en síndrome de sucesivas épocas. Como que muchas veces ese mal queda lejos de la inmediatez social se presupone que nunca llega a alcanzarte, cuando lo hacen aquellos por los que no interviniste solidariamente a su favor tampoco lo van a hacer por ti, entre otras cosas porque es posible que estén desaparecidos o muertos.

 En la intervención critica de lo social, de las injusticias de cada época y para remediar los imposibilitantes de la felicidad y de la paz es posible que no se pueda hacer mucho más que la manifestación del acto testimonial. No es poco, la interacción con muchos actos testimoniales  es un poderoso torbellino para cambiar las circunstancias. Es el momento sublime en el que el yo circunstancial o circunstante pasa a ser sujeto de la historia y autor de su destino. Este tipo de tesis suena a arenga para las posiciones reconfortadas en el no hacer reivindicativo que toman la biografía propia como un guión escrito por planificadores ajenos o que se la planifican sin meterse en lo que suena a líos.

En el mundo nuestro dar la cara por los demás ha pasado a estar de moda. No es tan difícil dividir todas las posiciones a dos: las éticas y las no éticas con su consiguiente correspondencia, aunque no tan directa ni mecánica, de las combativas y no combativas, pero sí cabe apelar al sentido de justicia universal al que la conciencia humana elemental nos vincula a todos. Es por esta que cada individuo convenientemente interrogado no tiene otro remedio que aceptar su falta de ética cuando su posición en el mudo es el de dejarlo tal cual está sin hacer nada para su remedio.  Sin embargo hay luchas continuas que enmascara la falta de filosofía critica tanto de la sociedad en su enteridad como de la filosofía revolucionaria. Hay formas de participar en política y en haceres reivindicativos que en el fondo no desean ser vindicativos y les basta formar parte de la galería farandulera y vivir de una profesión, la del política que no deja de ser de éxito y bien remunerada. Hay formas de participar en el mundo descartando a priori que se pueda hacer mucho por él dada la mentalidad paralizada dominante del género humano. Todo lo que sabemos,  y así nos toca reconocerlo honestamente, es que el mundo que dejamos  o vamos a dejar 80 o 90 años después de haber nacido en él no va  a ser mejor de como lo encontramos sino mucho peor. Testificar esto es una forma de neutralizar el engaño del triunfalismo de éxitos quiméricos y del evolucionismo social asegurado.

No hay una metodología única ni siquiera es única una teoría consensuada que explique lo que es la conciencia humana ante su devenir existencial. No hay reglas unánimes con las que luchar por una sociedad libre y justa, la panacea para los placeres y bienestares de toda la especie, cada sujeto consciente desde su puesto de francotirador o de su atalaya, debe intervenir con sus propias reglas para testimoniar al menos el mundo qué ve y el que podría ser posible sin tanta basura política, sin tanto despilfarro económico y sin tanto drama humano. Quien no se recree a sí mismo para ser mejor y hacerlo mejor mientras viva difícilmente podrá recrear su entorno. Lo que Gao Xingjian dice para la creatividad artística vale un tanto para la contribución a la recreación social:”un creador solo ha de ser fiel a las reglas que se impone”. Seguramente esta fidelidad debe ser completada con otras pero la idea de ser consecuente con la propia dinámica y la forma de vida que se quiere conseguir inventándola y adaptándola a un mismo es definitivo para cuando menos vivir un futuro personal ético.

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Optar por callar

Por JesRICART - 17 de Mayo, 2009, 19:39, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 

Optar por callar. JesRICART

Opta por callar quien parte de una posición hablante que no le lleva a estados de comunicación y/o de comprensión que le satisfagan. Lo peor que puede pasar entre dos hablantes es que se instalen los mensajes que aseguren la imposibilidad del habla entre ellos. Su frecuencia no es escasa. La opción no es siempre declarada. Uno guarda para sus secretos la conclusión de no poder hablar de según qué temas con otros. Si se comprueban zonas o temas tabú la paz doméstica o relacional, que no el respeto, empujarán a no meterse en ellas. Descubrí prematuramente eso por la cuestión nacional. Pertenecer a una geografía y nacionalidad minoritaria que siempre quiso ser engullida por la noción de patria nacional única de la geografía española me llevó  a  decidir no aceptar la discusión sobre la catalanidad con españolistas que no la reconocían. Antes de iniciarla presuponía los escasos resultados a los que iba a llevar. Optar por no aceptar aquella discusión significa ganar tiempo para otras de interés mutuo y de antagonización menor. Aparentemente esa opción es una elusión y una reserva diplomática, en la práctica concreta es un modo de ejercitar la supervivencia en la relacionabilidad social. Hablar significa decir algo, decir es decir  lo que se siente y se piensa, y eso significa discutir, confrontar. A fuerza de hacerlo te granjeas la fama de que te metes con todo y que no puedes resistir las opiniones ajenas. La generalización es injusta pero ya has llegado tarde, te la han colgado. Hay hablantes que no están acostumbrados a que les cuestiones nada porque su ideología se corresponde con la única moral que entienden, si lo haces la discusión pasa de ser un debate sobre un tema objetivo a un tema personal. Eso ha ocurrido tantas veces que lo mejor es clichar lo ates posible la metodología implícita que sigue el otro en la comunicación antes que pretender  conocer sus opiniones o tratar de  convencerlo de las propias. Cuando tienes localizado un interlocutor que lo es por su fanatización y un tema que es complicado por la visceralidad que genera lo mejor es hablar de personajes imaginarios o de cualquier vulgaridad  sacada de la prensa o neutra que no lleve a las posiciones confrontadas.

Después de ese tema crispado sobre el  derecho  a la autodeterminación de las naciones sin estado vinieron otros que también generaban conflicto. Las zonas tabú o de no intervención crecieron más que las de cancha verbal. A escala de toda la sociedad hay temas que se prestan a ser hablados mientras que otros son condenados sistemáticamente al silencio. Los temas de consumo proporcionados por las noticias  pertenecen al primer grupo, los del orden personal y privado son callados por los mismos protagonistas cuando sospechan que hablarlos hace daño. Eso lleva a un silencio tácito de temas escabrosos.

Dejar de verbalizarlos o no poder hacerlo ha venido  llevando a que la sensibilidad de otras personas las lleve a expresarse desde posiciones artísticas con la presunción –a menudo vana- de conseguir decir al espacio público lo que no pudieron decir en un espacio privado. En estos momentos muchos bloggers adolescentes le cuentan al mundo con sus bitácoras digitales lo que no le pueden decir a sus personas más cercanas en el  ámbito familiar. Hubo una ilusión que animaba esa proyección al exterior, la de enviar puntos de vista distintos sobre verdades que habían sido encerradas.

No creo –no lo creo ya- en que haya una función de mensajero del escritor o de concienciador del artista. Creerlo ha sido uno de los motores que ha alimentado la literatura de no pocos, la mía también por años. Los actos creativos pasan a formar parte de los productos de consumo que convenientemente son presentados por las industrias del entretenimiento. En la proyección grotesca de esto, un torturador de esos países involutos que pasaron por el golpismo, las torturas y los desaparecidos puede extasiarse con Schuman mientras aplica las picanas eléctricas a su víctima. La cultura tiene un doble significante que metaforiza los demonios e imposibilidades sociales. De un lado es la sede del potencial para hacer el mundo mejor, de otro es un campo que sobre extiende los productos de consumo.  Desde la literatura crítica, en cualquiera de sus géneros de ficción o de realismo, se pretendía -supuestamente se sigue pretendiendo-influir en la opinión pública, incidir en los hábitos colectivos, cambiar  -en la medida en que se pueda- el comportamiento para garantizar la felicidad compartida. Todo ese pack de buenas intenciones demuestra en sí mismo la paradoja en la que incurre el mensaje. No es solo una pero veamos la más evidente: acude a decirle a un texto, a un foro digital, a una pantalla, a un cuadro lo que no puede defender en toda su naturaleza de verdad en su cotidianeidad, en su espacio laboral, en su marco de relaciones personales.

 De todos los seres inteligentes el artista debe ser el más desgraciado de todos porque su pérdida de confianza en el lenguaje directo, el oral, le lleva a los distintos leguajes indirectos y crípticos: desde el escrito, metafórico o narrativo, al icónico, conceptual o figurativo. El perfil artístico es el de alguien que en realidad ha optado por callar llenando su silencio de otra clase de lenguajes. En cuanto acude a la sinceridad total, al imperio de su yo sintiente, se arriesga a quedarse mas solo aún de lo que estuviera antes. Las contradicciones de Lev Tolstói en sus deseos de libertad nunca del todo conseguidos y la autocritica cuando no desprecio a pasajes de  la principal de sus obras es solo una pizca de las natas que embadurnan la tesitura del creador de textos. Puesto que el arte no solo es  la propuesta artística  o queda encerrado en ella sino en lo que se saca de ella con las interpretaciones y estados que genera, a fin de cuentas el proponente espera ser completado por el receptor de la cosa propuesta ahí donde estuviere y se lo notifique o no.

 

El marido callado que no escucha a lo que le dice la consorte posicionado en una tranquila e incomprometida respuesta automatizada para lo que no sabe que se dice es un síntoma que ha hecho época. Las esposas se quejan de que sus maridos no las escuchen. Me había acercado a este síntoma como curiosidad antropológica, al cabo de los años, mucho después de mi rol de investigador, a mi turno, yo también era uno de esos maridos que podía advertir que era hablado pero que no paraba atención. No era la primera vez que me estrenaba e eso, como hijo púber de una madre nerviosa y gritona también tomé mis defensas para no escuchar. La no escucha está íntimamente ligada con la opción de callar. Puedes callar insensibilizándote sobre aquello que siendo opinable y combatible dejas de tratarlo porque prefieres no enterarte.

Encuentro una conexión entre la elección literaria que ha ido siguiendo un largo proceso de distanciamiento de la arenga, la agitación o los planteamientos que pretenden persuadir y la actitud personal de ir reduciendo los tiempos de habla y  de interacciones verbales con los demás por verificar que no consiguen la empatía o la comunicación pretendida.

La observación sensible ante las conversaciones contextuales en las que se ve envuelta recoge la desagradable sensación de perder el tiempo no pocas veces y de no encontrar acuse de recibo en los temas más serios o signifciativos que trate de introducir. Una sensación parecida se puede sentir desde la posición escritora o ponencial si lo que genera no son notas de enriquecimiento. Afortunadamente algunas que si enriquece siguen haciendo pensar en la intercambiabilidad de mensajes desde la inteligencia. En ese proceso de pretensión los cansancios y bloqueos, las injusticias interpretativas y la sojuzgación a un discurso ajeno que se impone como dominante llevan a la opción de callar como una opción supervivencial. El cuento Un hombre mudo plantea la situación de alguien que dedica su vida a callar en la que demuestra o se demuestra a si mismo que no por callar mas ha dicho menos observado que la mayoría de zonas verbales conducen a los repeticionismos, aburrimientos y las fuerzas de unos egos contra otros por encima de una alianza por temas de comprensiones interesantes y comunes.

Los problemas de quien opta por callar no terminan al hacerlo. Los demás lo ningunerán aún más al no defender sus puntos de vista, lo tomarán por tonto, pensarán que es un lelo sin capacidad de respuesta, lo supeditarán. Hay relaciones convivenciales que solo prosperan callando las propias opiniones dándole la voz del amo al otro para que no se enfade aunque se equivoque y se siga equivocando. Sin duda decir el silencio porque la comunicación falla es uno de los fracasos más evidentes del ser humano, pero el mundo vive en silencio en sus cuestiones esenciales a pesar del peso del ruido verbal de las infos insulsas y de los titulares simples.

El sujeto y sus personajes

Por JesRICART - 9 de Mayo, 2009, 17:18, Categoría: TEORIA ANALITICA

 

El sujeto y sus personajes. JesRICART

Quizás la mayor de las condenas biográficas es la de pretender que una persona sea un solo personaje. La demostración de la estabilidad pasa por la personalidad asegura como un referente continuo. La psicología de la personalidad detecta el trastorno de la personalidad como una severa patología. Trastorno, eh aquí una palabra inquietante. Un trastorno es una variación en el comportamiento de un sujeto o de un órgano en un organismo. Es una alteración que puede ser el resultado de un ataque o una descolocación. Una persona trastornada es una persona enferma. No hay mucho más de lo que hablar. Un trastorno de personalidad convierte al diagnosticado en un tipo no fiable. No lo conviertas en tu confidente porque puede sabotear tus planes, no le confíes tareas porque no las llevará a cabo, no compartas tus planes porque te arriesgas a que los impugne. El sujeto trastornado puede salirse de madre y contestar de una forma airada, imprevista, militante.

La definición deja los grifos abiertos y es basculante. Una personalidad trastornada puede significar cualquier cosa. El diagnosticador evita precisar el tipo de trastorno, su recurrencia, sus causas. Tampoco aclara la diferencia entre variación y trastorno. Desde el momento en que el sujeto humano está  forzado a la corporeidad material de cuya  plena consciencia no se entera hasta mucho después de tenerla y a vivir obligatoriamente en una sociedad convulsa y repleta de penas lo menos que le pueda pasar es que le toque vivir en crisis. Un sujeto en crisis suena a alarma, en realidad la crisis es el estado ordinario de la existencia o al menos de su existencialidad filosófica. No hay nada en la tesitura humana tan cierto ni claro ni seguro como para que las conclusiones tomadas, incluso en el formato de enunciados como leyes científicas,  sirvan para el resto de la historia general tampoco para el resto de la biografía particular como para no volver a su repaso. Lo más que nos sirven las conclusiones es para acabar con un asalto, descansar y esperar el siguiente. La vida te la pasas revisando siempre los mismos presupuestos y tesis no desde la paranoia reiterativa (que no deja de ser una de las inercias) sino desde la necesidad de reasegurar los segurizantes o buscar otros cuando dejan de serlo. Dentro de todo ello la pregunta de por qué vivimos y seguimos con vida si sabemos que no nos va a complacer un mundo ideal que teorizamos pero que no alcanzamos nos recuerda que somos seres en tránsito no solo por lo que al aglomerado molecular que nos distingue se refiere sino también por lo que al aglomerado de ideas que nos hacen creer únicos, casi divinos.

La persona que investiga las cosas del mundo y se investiga a sí misma como parte de estas cosas no está tan claro que sea una persona. La semántica arroja un impresionante caudal de palabras pero siguen produciéndose equívocos a la hora de tratar de identificar identidades. Una persona es una denominación inexacta si se refiere a un individuo delimitado en tanto acaba de nacer o está en una fase de desarrollo en el que no ha pasado de la infraevolución. La inexactitud aumenta al suponer que una persona es su personalidad. La personalidad trastornada es la pérdida de un sujeto como referente ante los demás tras experimentar la pérdida de referentes para sí mismo. El sujeto es una respuesta al ámbito y a los ímputs que le llegan o bombardean. En principio no hay ninguna personalidad tan estable  que sometida a coactivos y factores de presión no se altere.

El sujeto humano e su tesitura de ser persona íntegra entendida como lo más digna y completa posible está emplazado a dar entrada a nuevas variables biográficas, nuevas experiencias existenciales, nuevas interacciones, nuevas ideas. Todo esto afectará a su sensibilidad y alterará su personalidad. Técnica una personalidad trastornada no significa nada, es un diagnostico irrelevante. En cambio la ausencia de él o lo contrario una personalidad muy estable o no trastornada puede ser sinónimo de una rigidez invariable, de un dogmatismo insufrible, de una rectitud sospechosa. Es curioso que la terminología usada por el conservadurismo y por la gente “de bien” sea la de utilizar la figura geométrica de la recta como el modelo a seguir. Una persona recta es la referencia de la moral pública. El absurdo de esta alusión es tanto mayor cuando sabemos que la recta en la vida cotidiana por lo que hace a relaciones y desplazamientos o telemática no existe. E la practica la distancia más corta entre dos puntos es a través de un tercero que no está en el trazo de la línea recta de los dos primeros. Habría una excepción: el disparo de una bala sigue un trazo recto. Si A es el disparador y B es su diana no enviará la bala a través del punto C que este fuera de la trayectoria, pero incluso este ejemplo no nos sirve. La balística demuestra que  la prolongación de una bala disparada dejada hasta donde le lleve su impulso inicial sin que nada se interponga se convierte en una curva. En resumen, la curva es lo predominante frente a la recta y la irregularidad de las formas frente a las formas perfectas. La guapura es asintótica y la que no pertenece a su ámbito es lo habitual. El perfeccionismo y no lo contrario es una deformación. La persona supersegura, madura, creativa, digna es lo excepcional. Se sabe que no se esconde debajo de las piedras y sigue siendo  difícil localizarla.  Este tema entra el habitáculo de la confusión cuando se cuestiona que la persona de una sola personalidad en lugar de ser indicativo de estabilidad lo es de temor por no indagar nuevos campos por tanto otros roles.  La tendencia dominante es la de buscar segurizantes y hábitos fijos que se mantienen a lo largo de toda la vida La personalidad se llena de ellos. Esos hábitos nos recuerdan también quienes somos. Es así que usamos un lugar del sofá, preparamos un mismo tipo de comidas, aprendimos a jugar ajedrez de niños y seguimos haciéndolo de adultos, descubrimos un día el té y seguimos consumiéndolo décadas después. Nos acostumbramos a pasear ante olas marinas y lo seguimos haciendo y así un largo etcétera de rituales. Raramente un sujeto se da golpes de estados a si mismo cada mes y estrena personalidades distintas. Adoptar una nueva personalidad es tanto como rehacer la persona entera. La diferencia es que una personalidad es biunívoca con una persona y una persona puede jugar con varias personalidades. Una personalidad se ve reforzada por su rol.

Salvo los actores y actrices profesionales o amateurs que ensayan distintos personajes por tanto personalidades la mayoría de humanos cree que se mantienen ubicados en una sola, la suya. Olvidan que su personalidad puede ser un producto de fabricación con que se les ha preparado para cumplir con sus roles ajustados a la sociedad que les espera. Si alguien se aparta del rol,  del guión previsto entonces es amoral, antisocial, impúblico, pervertido o reo de castigo. Puede meterse en tal laberinto contradictorio que lamentará haber sido autocrítico y crítico. Blasco Ibáñez decía que disponemos de dos fuerzas que nos ayudan a vivir; el olvido y la esperanza. No lo dudo, la esperanza es uno de los nombres de la irracionalidad y el olvido el temor al reconocimiento de los sucesos. Si la supervivencia depende de esos dos inhibidores de la verdad el recorrido por las tinieblas está asegurado. Una persona dispuesta a experimentar distintos personajes fuera de la escena teatral así pactada no existe y si existe es bajo el etiquetaje de una patología. A las figuras histriónicas los asistentes nunca están del todo seguras si son locas de remate o flirtean con las poses locas para desconcertar la audiencia. ¿Acaso alguien puede diagnosticar de loco a Dalí y a otros surrealistas? pero sin duda nadie los tasaría de normales. El prototipo de socio humano normativo es desde otro punto de vista que reclama con rigor la autenticidad un enfermo ambulante que ha vendido su libertad de ser a pasar difuso dentro de la norma. Polisínton es una construcción literaria protagonizado por alguien que todo lo que desea en la vida es experimentar tantos personajes como le apetezcan ya que no puede ni podrá ser nunca la persona que desea ser dado que esta tesis es completamente prohibida por la sociedad en la que vive. Puesto que vivir en sociedad es vivir en la mentira decide maximizar la impostura imitando todo lo que le plazca a cambio de la diversión y de reírse del sin sentido de todo. Renuncia a la seriedad y a la integración en un mudo tan ilógico y hace de marioneta de sí mismo. Se trata de una chica que decide de hacer el papanatas viviendo una vida que no le gusta para ponerse a vivir tal como le apetece. A partir de esa decisión su entorno varía. No necesita cambiar de país o irse a una isla desierta para empezar a autentificarse, le basta decidirlo para ver como todo lo artificial se le va desmoronando a su paso: fábrica, vecindario, relaciones personales, incluso su antigua ideología. Decidida a vivir sin referentes descubre que no hay referentes mas estables que los personajes literarios y los arquetipos haciéndose émula de una buena lista de ellos. Es posible que a fuerza de representar la invención pierda el oremus y no sepa quién es, pero como que está segura que todo el mudo vive vidas impostoras y llega al final de sus vidas sin haberse vivido realmente e todos sus deseos, tampoco va a ser mucho lo que vaya a perder. Con Polisínton se investiga el juego de roles y de personajes deslegitimado que la personalidad en crisis lejos de ser un trastorno es el estado legitimo del ser que tiene inteligencia para hacerse preguntas y sensibilidad para sufrir sus no respuestas.

 

Trabajo alienado y patología.

Por JesRICART - 7 de Abril, 2009, 11:42, Categoría: SINTOMATOGRAMA

 

 

El trabajo es una de las deidades mas ritualizadas y celebradas. Todo el mundo pregunta por si se tiene un buen trabajo no por su función objetiva en la sociedad. Tampoco por el patrón de identidad con el mismo. Basta que esté bien remunerado para hacerlo. Eso se sustenta sobre un implícito severo: todo el mundo tiene un precio, o dicho más suavemente: el precio justifica la acción. Pero el coste de un empleo no queda limitado al tiempo que se dedica a él. También hay un coste de energía mental que sólo es definitivamente medido con la aparición del síntoma. Participar en un trabajo desde el no-poder, sin participar en u gestión ni en las instancias decisorias y haciéndolo a desgana genera una frustración creciente que a la larga cobra sus dividendos desequilibrando la salud. Esa disociación entre lo que se hace y lo que se cree, aquello en que se trabaja y lo poco que gusta, lo que se ejecuta con arreglo a obediencia y no a convicción, son factores poderosos de estrés. Este no se limita a sumar horas de desgaste corporal y mental o a hacer más actividades de las que el organismo permite, sino que también´ es consecuencia de hacer las cosas con disgusto y asumir comportamientos condicionados. El trabajo alienado  es aquel en el que el trabajador o empleado está enajenado en relación al producto en el que participa, es el trabajo que vincula a su detentador no la vocación o la identificación sino el dinero y la seguridad. Paradójicamente ambos parámetros, tanto el económico como el  estabilizante se convierten en sus contrarios cuando son cocausales de las inestabilidades psíquicas y de la pérdida del sentido existencial.

 

La violencia familiar

Por JesRICART - 7 de Abril, 2009, 11:39, Categoría: SINTOMATOGRAMA

El seguimiento estadístico de los episodios de malos tratos, que en  la crudeza de sus cifras arrojan al menos el asesinato de una mujer por semana en el territorio español, convierte  la violencia familiar en uno de los efectos más complejos,  y por el momento, aparentemente inextinguibles. Se trata de un epifenómeno que tiene sus raíces estructurales en una concepción cultural de los dominios sentimentales y de la colonización sexual. La mujer, como sujeto  físicamente   más débil, se enfrenta  al peligro de su integridad corporal y de su vida, cuando la espiral del conflicto entre ella y su cónyuge mezcla un encadenamiento de tensiones y provocaciones recíprocas  que no encuentran una salida serena, razonada e intelectualizada. La violencia del homicida a su objeto de deseo y adhesión y control  es el lenguaje de la impotencia. Tanto más contundente cuánto menos capaz es de vivir  con una sentimentalidad que no puede  tolerar. La enajenación psicótica transitoria que empuja a un marido paranoico de celos  a dar muerte a su esposa y -ocasionalmente- a sus hijos y a sí mismo  si le queda una última bala para ello, no ocurre  esporádicamente. Encuentra sus raíces profundas en una concepción de la vida y de las interrelaciones en su familia. En última instancia la violencia es ejercida como la única salida que encuentra al infierno de los antagonismos personales en los que vive. La prevención de ese desenlace pasa por la revisión muy precisa y crítica de los eslabones concretos de cada conducta en juego y en particular de la figura más propensa a los maltratos, sin olvidar que estos tienen mayor incidencia en las personalidades introvertidas (que coinciden más con las masculinas que las femeninas)que no manejan habitualmente el lenguaje para expresar sus emociones, y sin olvidar tampoco que la violencia física es fundamentalmente un acto escénico correlativo a otros de otras sutilidades de violencia en los que no hayan intervenido la fiereza de los golpes.

Trauma post-revolucionario

Por YASHUAbcn - 7 de Abril, 2009, 11:37, Categoría: SINTOMATOGRAMA

El Trauma del post-revolucionario. 

 

Un tipo de efecto no demasiado conocido es el trauma que envuelve a aquellas personalidades que tras años de lucha política, social o solidaria se ven envueltos en el desespero y sumidos en  el escepticismo total por los resultados fracasados -o así entendidos- de sus abnegadas participaciones. Especialmente grave cuando el saldo de sus militancias ha recogido años de cárcel o sesiones de torturas en comisarias  donde toda esperanza quedó fuera. El ex militante traumado puede quedarse como la moviola de su viejo discurso que no cesa de repetir mecánicamente, fuera de contexto y sin el menor sentido de la adaptación. Se trata de un cuadro tanto más notorio en quiénes se destacaron en el pasado y se han quedado sin razones existenciales para seguir. Completamente fuera de lugar y de sí mismos sólo les queda o la duda más feroz o la obsesión teórica por unos predicados que no remiten a ninguna lógica. Puesto que el revolucionario de convicción y profesión encontraba sus elementos de confirmación en correligionarios que la historia se encargó de hacer desaparecer le queda el público vacío como  espacio para sus resonancias. Su crisis de espejo es ante un auditorio vacio o refractario a los meetings de otros tiempos y ante sí mismo cuya imagen trasnochada  encuentra serios problemas de adaptación a las nuevas circunstancias sociales.

Bricolajemanía

Por JesRICART - 7 de Abril, 2009, 11:35, Categoría: SINTOMATOGRAMA

La adhesión a la forma: bricolage-manía y amor por el hábitat. 

 

El autentico marco de soberanía de cada ciudadanoa está en su casa. Es el hogar para vivir y planificar la vida, para reposar y proteger la intimidad, para tener hijos y cuidarlos, para ver la tele y pasar los días, para organizar cenas de vez en cuando y recibir a los amigos, para hacer el amor y pensar en privado.

 

Dependiendo del origen social y de la pertenencia de estatus, la casa en una inmensa mayoría de casos es en realidad una ilusión nominal con la que se designa a pisos y apartamentos, de 50, 60, 90,130 m2 o más, según las posibilidades  y los compromisos hipotecarios. ¿Pero qué importa vivir con unas docenas de vecinos por encima o por abajo del  domicilio propio, si éste es elegido con cariño y convertido en el nido de los proyectos? Para llegar a ello, jóvenes parejas han visitado varios lugares hasta dar con el que les apetecía y que lo identifican como suyo. Como pájaros planeadores finalmente se posan en el escogido para seguir un curioso periplo: la elección de los muebles, la organización doméstica, la acomodación del ritmo convivencial en el nuevo lugar, y luego, tras un corto tiempo !zas! el reconocimiento de algunas equivocaciones en la elección, la traición de las formas elegidas al resultar tener un comportamiento distinto al que aparentaban y el recorrido por cubrir insuficiencias en el hábitat.

 

En realidad ningún alojamiento está definitivamente pensado para nadie en particular, sino estandarizado para que sirva a muchas tipologías de personas en general. Una vez dadas las llaves y abiertas las puertas, cada usuario arreglará las cosas a su gusto. ¿Es lógico  no? Pero con eso empieza una inmersión en el bricolaje que puede convertirse en una actividad productiva y trabajadora paralela y constante a  la actividad profesional  que sigue realizándose en la mayoría de las situaciones, fuera de casa. La práctica del bricolaje está emparentada con una actividad manual creciente  y que se arriesga a no tener fin. Dependiendo del perfeccionismo de cada cual siempre quedará pendiente un asunto u otro que mejorar, un detalle que ultimar o un aparato que sustituir.  Todo lo positivo que tiene  el principio de auto organización[1]  o autor recursividad, siguiendo el dictado del “do it your self” u otro parecido; lo tiene de separacionista, cuando la actividad manual para casa, se convierte en una barrera para relacionarse con lo de fuera. La casa, cualquier casa, grande o pequeña, rica o pobre, familiar o individual, además de sus condiciones materiales cumple con una función simbólica, en cuanto es el lugar de protección, de reposo, de intimidad, de posesión y de privacía, el lugar que se puede barrar a la entrada y también a la mirada y control de los otros. A ella llega solo la gente que  pasa un esmerado proceso selectivo. Y dependiendo de las culturas, las más civilizadas y modernas se distinguen por ser las que presentan más restricciones del acceso ajeno, que a lo más, es puntual y para asuntos festivo-lúdicos. Obviamente otras culturas, en las que ni siquiera los materiales rígidos y duros se usan en la construcción y los sostenimientos columnares de los techos permiten amplia comunicación con el exterior, el concepto dual de fuera-dentro no es tan rígido y la vida en la calle es más rica que la vida recluida.

 

A partir de un cierto número de experiencias la vida para dentro parece dominar, e incluso se precipitan términos de vacaciones para volver a casa o para seguir perfeccionando con prurito detallista el bienestar doméstico. Hay quien se pasa docenas de años mejorando la casa(o las casas)que va habitando, porque obviamente ninguna tras su compra cumple con todas las meticulosidades  imprescindibles para los más exigentes. Eso determina una sustitución del ocio por  un trabajo real, que por muy voluntario o placentero que sean, no deja de ser una actividad que impide  el hedonismo. ¿Acaso no hay una cierta escapada de la dimensión del placer verdadero, cargándose con trabajos para ir completando  el hábitat que tal vez  nunca satisfará totalmente a su morador?  La consecuencia exagerada de ésta  escapada puede convertir el refugio personal en un subterfugio para no encarar otros asuntos de la vida.

 



[1] Teóricamente cualquiera con habilidades y taller puede asumirlo todo sin necesidad de acudir a profesionales o expertos que  cobran altas tarifas.el bricolage es ahorrativo de dinero pero no así de tiempo y para acometerlo exige al principio gastos considerables para tener un taller completo,cuyo coste encarece al menos al principio el precio final de una restauración.Obviamente a mayores restauraciones, la curva de gastos tiende a reducirse por cada unidad de producción o de resultado.

La Personalidad Débil

Por JesRICART - 5 de Abril, 2009, 11:56, Categoría: SINTOMATOGRAMA

El comportamiento frágil. Consideraciones sobre la personalidad débil

Dentro de las primeras denominaciones dKel comportamiento y de la persona está la evaluación de su carácter. Se habla de carácter fuerte o de carácter débil, atribuyendo al primer adjetivo el de una personalidad  que sabe lo que quiere y el segundo el de la fragilidad a una personalidad oscilante resultante de factores de presión. No se trata de una denominación que sirva de mucho para entender la psicología de cada personalidad pero se sigue empleando dentro de un vocabulario simplificacionista que aplica la dicotomía bideterminista a absolutamente todo, en una binariedad que reduce las relaciones al tándem sí o no. A pesar de su inconveniencia metodológica la falta de un léxico mas enriquecido y el bloqueo para los análisis de sutilidad de los mecanismos que se mueven por debajo de las apariencias, no queda otro remedio que seguirlo citando como referente con el que entendernos. Admitamos pues que todas las personalidades son susceptibles de ser divididas entre las fuertes y las débiles, entre las que se saben lo que quieren y las que hacen una cosa u otra según la última respuesta reactiva en función del último ítem que les ha entrado en su campo de sensibilidad. Diremos de la primera que es la de quien sabe lo que quiere en la vida, qué hacer y cómo comportarse de acuerdo con su propio código ético, indistintamente de las variaciones de coyuntura y diremos de la segunda que es la de quien  no sabe lo que quiere e la vida, y que organiza sus quehaceres en función de improvisaciones sin acertar a elaborar su propio código existencial. Cabe insistir que esa definición es muy generalista y corre el riesgo de ser aplicada injustamente a casos particulares para los que no se tenga en cuenta otras variables. Lo que sí es un criterio sólido es ver la temporalidad de cada carácter. El fuerte es extempóreo y remite a una estructura psíquica sólida independientemente de la edad cronológica que se atraviese o el país en el que se esté, el débil está muy ligado a una coyunturalidad  o temporalidad y su estructura psíquica es inestable independientemente de su edad física o de las circunstancias objetivas que habite. Sabemos que el carácter se refiere a aquellos elementos más estructurales mientras que la personalidad a los más modificables. Los caracteres o atributos de lo humano van de los más otológicos de la especie a los más específicos de las razas o subgrupos  y, finalmente, de los individuos. Sabemos que la personalidad es la potestad de la identidad personal en construir un tipo de ser. Es así que los limitantes del carácter pueden ser contrarrestados por una personalidad fuerte y sus ventajas pueden no ser aprovechadas por una personalidad débil. Decirlo no nos saca de la generalidad pero establece, al menos, la prerrogativa de que la personalidad,  por lo que de representación social del yo tiene, en superarse y reconstruirse. Una personalidad tiene bastante de personaje. Una persona que se trabaja auto conociéndose puede optar por actitudes de relación distintas y el estreno en formas comunicacionales aunque eso pase por praxis de ejercicios, auto programaciones neurolingüísticas, adopción de criterios tácticos y disposición a la conexión con la vida. Tanto un tipo de personalidad como otra deben sus resultados a sus habilidades autoinducidas. Psicológicamente pasa lo que ya sucede físicamente. En determinaciones situaciones de catástrofe y de desencadenamiento brutal de los elementos unos individuos aguantan menos que otros la adversidad. La casuística de los desastres, en toda época y lugar, viene confirmando que ahí donde perecen unos sobreviven otros, ahí donde unos sujetos se adaptan a las circunstancias y los reveses los hacen crecer, otros sucumben y aceptan que esos reveses les saquen del rol de mando. La existencialidad es un negocio entre el viviente y el medio. Este medio incluye los otros vivientes, lo que emplaza a cada individuo a esfuerzos adaptativos. La adaptabilidad pasa por la compresión y ésta por las habilidades intelectuales. Cuanto menos comprenda un individuo las circunstancias que habite más las sufrirá.

Al universo de lo humano que se le atribuyen los grandes logros por su inteligencia y sus preciosismos técnicos también se le inventaría los peores déficits de comprensión. Lo que distingue a los sujetos humanos más allá de sus semblantes, sus colores epidérmicos, sus idiomas o niveles culturales es su inteligencia creativa. Ésta guarda una estrecha relación con la personalidad. La personalidad débil vive de espaldas a sus propios recursos, incluidos los intelectuales. En lugar de estar al tanto de los detalles de un análisis que no se atreve a hacer antepone su yo como primera, por no decir única, instancia. La personalidad débil es fundamentalmente pronto-reactiva, la fuerte es reflexiva y tardo-interviniente, o mejor dicho su forma de intervenir es desde los hechos más que desde las alusiones. Una personalidad débil puede buscar la esquina más oscura para llorar por su tragedia, la que sea, a la vez que se desconecta de las cusas principales de eso, es decir de las causas psíquicas que tiene encerradas dentro de sí. Una personalidad fuerte olvidará los aspavientos y los grititos escénicos para interrogarse por lo que está pasando y así buscar soluciones. Eso no significa que la personalidad débil no sea terrible en sus conclusiones o la fuerte no tenga la sensibilidad suficiente para darse cuenta de los impactos que ocasiona a su entorno.

En la observación de  parejas relacionadas, (parejas de amigos, parejas sexuales, parejas matrimoniales, parejas de hermanos, parejas de socios,…) es posible que la fuerte no pare de hablar y la débil no pare de callar, pero esa es una observación sesgada. Es posible que la una no pare de imponer criterios y la otra continuamente esté asintiendo, pero esa es otra observación simplista. Lo que hay que ver de la una y de la otra no es tanto su producción escénica en la cantidad de habla sino lo esencial del discurso mismo. Tampoco hay que confundir la fuerte con la dominante. Una posición dominante es la que exige de la posición dominada que cumpla con determinadas expectativas o retos biográficos. Una posición dominada es la que se rebela (sino lo hace verbal y explícitamente lo hará somática e indirectamente) contra un programa preparado por el otro con el que no está de acuerdo. Valentín Fuster (en un libro de casos [2]compartido con Luis Rojas Marcos) presenta el de un niño de 7 años ya con fatiga y palpitaciones a esa edad temprana consecuencia de una presión estresante por parte de  los padres que atribuyen su malestar a factores exclusivamente fisiológicos. La lucha del profesional es doble: la de diagnosticar con precisión el origen de un problema y el de concienciar al consultante y a su entorno familiar de la responsabilidad en su causalidad.  Sabemos que una proporción alta de disfunciones psicológicas y orgánicas pasan por ocultar su idiosincrasia o verdad. La cronificación de un síntoma depende de una proporción aun más alta de esa ignorancia deliberada.

Aunque la debilidad y la dominancia hay que tratarlas por separado una personalidad débil es más proclive a dejarse dominar que una fuerte que induciría a pensar equivocadamente que es la que dota las situaciones de individuos dominantes. De hecho la personalidad fuerte es la que se resiste a situaciones de dominio no aceptando jugar el papel del dominado y la personalidad débil puede aspirar a ejercer roles de dominio con subterfugios tales como el chantaje o la presión emocionales. Una personalidad débil es la que a falta de  criterios autógenos elaborados por su propia experiencia y capacidad se ve muy afectada por cualquier elemento que suceda, por secundario y circunstancial que sea, que ponga en entredicho su lugar en el mundo. Por lo general la personalidad débil es la más propicia para esconder la cabeza y no hacer la mirada directa, para no aceptar las verdades por elementales y evidentes que sea. La personalidad débil eludirá por sistema la catarsis y la indagación. Querrá vivir instalada en su burbuja intocable y para eso eludirá toda situación no ya de peligro sino de crítica potencial a su manera de ser.

La psicosociología puede estudiar la estrecha conexión entre comportamientos de alienación social a escala masiva y el reclutamiento en sus filas de individuos con personalidades débiles que se alistan a la interpretación dominante de la realidad. Una personalidad débil reproduce los esquemas de la normatividad con más facilidad, se presta al sojuzgamiento y a la mentira. Puede incluso abrazar la ideología más subversiva y si embargo ser el producto de este mecanismo psicológico sobre la que sustenta su biografía indispuesta a la indagación y a la analiticidad.

La personalidad débil puede salir de su submundo si tiene voluntad de poder para ello. Necesita para eso que concurra un premiso el reconocimiento de su propia victimidad de este mecanismo de inhibición, de no enfrentamiento, de evitación. Eso es tanto como rasgar y salir de su burbuja aceptando el mudo como lo que es: una des uniformidad plural donde predominan los noes a la imago que se ha hecho de sí misma que a los síes que la complazcan. La personalidad débil se acostumbra a hacer de su existencia una vida algodonada, sin un ruido más fuerte que otro, sin un punto de discrepancia, en un entorno donde se sienta segura y protegida, negando la probabilidad de otros entornos y experiencias por la vía de eludirlos o desconectándose de ellos. Resumiéndolo, la personalidad débil  para contrarrestar su melifluidad no puede aguantar su puesto relativo, por no decir insignificante (no hay ningún ser humano que no lo sea en comparación a la macro realidad numérica de su pertenencia) y huye a la primera constatación de lo qué es, no porque no lo sepa o no lo sospeche sino porque no está dispuesta a enfrentarse al espejo de su verdad y se siente perdida al saberse descubierta.

La personalidad débil se acostumbra a una vida sin contradicciones. En cuanto se siente discutida se encuentra con el alcance de su debilidad y lejos de enfrentarse huye sin querer saber nada más con el foco de contradicción con el que se ha encontrado.

Pero este fenómeno no es exclusivo de ella. Nadie tiene la personalidad tan fuerte como para aceptar la dureza de situaciones complejas y de verdades duras. La diferencia entre launa y la otra es su relación con la contradicción misma. Mientras la una, la débil, la toma como una afrenta con una herida narcisista resultante, la otra la toma como una adversidad que puede ser tematizada.


1Corazón y Mente Planeta Espsa Barcelona Madrid 2008