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Soledad y Aislamiento

Por JesRICART - 4 de Septiembre, 2010, 23:35, Categoría: General

. La soledad es una de las propiedades del poeta. Sin ella no habría poesía, pero tambien lo es del investigador, sin el sosiego que proporciona no trabajaría en los asuntos que le preocupan. La soledad no se limita al estado físico aparente de no estar con nadie en un momento dado ensimismado en los propios pensamientos o ensoñaciones sino que, sobre todo, remite al estado invisible interno de distancia del otro. La soledad está emparentada con la nostalgia y con la introversión. Parece que es el resultado de conductas inadaptadas que prefieren el silencio de su mismidad a la vida ruidosa y ajetreada con los demás. También está relacionada con la rareza. Al tipo solitario se le llama raro. Ambas palabras suelen compartir las mismas clases de oraciones simples. El tipo raro, en contrapartida, tiende a la soledad. La soledad queda configurada con las coordenadas ideales del aislamiento social. Soledad y aislamiento no son exactamente lo mismo. Alguien puede vivir en soledad y pasar una buena parte de su tiempo en ella y sin embargo estar suficientemente conectado con los demás. La soledad es más bien un estado del alma, una disposición de la estructura psico-anímica mientras que el aislamiento es un resultado de inferiorización en el panorama de los vínculos sociales. Parece que quien es más extrovertido y tiene necesidad de contacto humano y verbal tiende a producir más contactos sociales en su vida y quien es más introvertido y se defiende del contacto humano reduciendo sus comunicaciones verbales tiende a perder sus contactos sociales o vive con los mínimos. La soledad es un material de reflexión sumamente complejo. Para el punto de vista sociológico le bastará anotar la cantidad de gente que vive sin pareja tras sus separaciones, divorcios o viudedades. Para la numerología urbanística y arquitectónica le bastará saber la demanda existente de apartamentos de poca superficie para personas que viven solas y no necesitan más. (Los tokiotas pueden dar cuenta de microespacios en los que organizan su vida sin preferir mas ampliaciones). Pero para el punto de vista psicoanalítico esos datos no son tan relevantes. Lo que sí lo es, ciertamente, es la elección de la soledad con toda la conciencia de eso. En especial, en un tiempo en que lo más valorado en el mundo de los negocios y los filones empresariales en los departamentos de comercio son personas con contactos. Quien tiene contactos tiene posibilidades de entrada en sectores o ampliación de mercados, quien no los tiene vive sumido en su aislamiento no solo personal sino también profesional. La soledad es objetable por lo general. “¡Sal y relacionate y diviértete!” dice la gente a la gente, las madres a los hijos taciturnos, las amigas a sus amigas que han perdido a un amante o a un compañero, los psicólogos a sus clientes. Lo que no es aceptado bajo ningún prisma es la soledad. El ser solitario es sospechoso, puede pensar, puede conspirar, puede atacar o al menos reaccionar de formas impredecibles. La soledad objetada tiene sus excepciones. Si la compañía elegida va en contra de las previsiones, de la normalidad o de lo autorizable inmediatamente, una figura de poder se ocupará en demonizarla y desalentar esta elección. Es así que los padres tratarán de vigilar “las malas compañías” de sus hijos o los agentes de la moral pública se inmiscuirán en las vidas privadas pautando como deben vivirlas tal como ha hecho la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) que prohibió expresamente a los ministros de culto celebrar matrimonios entre parejas del mismo sexo1. Los profesionales que viven de esos ritos acatarán en su mayoría o totalidad tal orden ya que como es sabido, los ejecutantes en su condición de membrecía de un organismo tienden a ser obedientes con la estructura jerárquica a la que pertenecen sin cuestionar las implicaciones de coerción de libertad de los mandatos que reciben. Tenemos pues una soledad cuestionada pero que va en paralelo a las compañías que también pueden serlo. Pero la soledad puede ser cuestionada por la misma persona solitaria que se ve abocada a ella a falta de otros remedios o compañías satisfactorias. Los procesos de desamor pasan por la soledad y la no presencia del ser querido al que se ha perdido sea cual fuere el protocolo de esa pérdida. Es una soledad específica que no queda resuelta por compañías substitutorias puntuales. La pérdida de alguien deja un vacío que no queda llenado por el hecho de que venga otra persona a ocupar el puesto. Juan de la Cruz ya lo tuvo muy claro “La doléncia/de amor que no se cura/sino con la presencia y la figura”, pero la pérdida de amor puede ser más universal y dramática aún que la pérdida concreta de otro compañero que nos ha fallado por su inconsecuencia o porque ha elegido otra clase de experiencia y asociación en la que no entramos. Se pueden teorizar pérdidas y con ello reconstruir el ego maltratado pro las circunstancias. Al registro poético le complace hablar de renacimiento anímico desde las propias cenizas, pero lo cierto es que el sufrimiento no gusta a nadie y que no hay coartada ideológica, por búdica que sea, que lo ampare al establecer el precidado de que el saber pasa por el déficit, el desastre o el dolor. Preferiría mil veces saber lo que sé y multiplicar este saber por mil sin haber pasado por las adversidades que me han tocado padecer ni prever que tenga todavía que pasar por las que me quedan pendientes. Si alguien me propusiera la injertación de un chip -sin efectos colaterales malevolos-en mi sistema neuronal para alcanzar lo que me falta en mis dimensiones conceptuales y para borrar el dolor acumulativo que me ha tocado tener en mi biografía aceptaría inmediatamente. ¿Y qué estoy diciendo con esto? ¿Cómo poder admitir la propuesta artificial y fácil a la natural y tortuosa? Pues sí. El conocimiento no es una inferencia intelectual, es una deducción destilada de interacciones con la vida real con unos principios terribles de dureza y con un desbaratamiento de las alianzas con las que contabas. La existencia es una complejidad laberíntica en el que los mojones de referencia son móviles. Hay variables que los descolocan y que confunden. Vivir en la realidad es vivir en una permanente variabilidad del otro y por consiguiente del uno-mismo emplazado a plagiar conductas para sobrevivir a ellas. En la película de Michael Moore2 - por la que recibió el oscar por la mejor película documental el 23 de marzo del 2003 en el kodak Theater, en Hollywood- dejó muy claro , en su agradecimiento, que todo funciona sobre la manipulación ficciosa de la realidad. El había trabajado con un material de 200 horas, parte de las cuales eran entrevistas, en las que planteaba las preguntas que otros suelen eludir. La historia de las verdades humanas sigue pasando por la indagación y ésta por hacer preguntas cuya falta de respuesta mantiene a la humanidad en el ostracismo y cuyas respuestas, por terribles que sean, ayudan al progreso hacia una liberación. La elección de la vida solitaria tiene que ver con la autodefensa ante la agresividad creciente del mundo de afuera, insistiendo en que este afuera empieza en cualquier otro por inmediato que sea. Inconscientemente, quien opta por la soledad está instalándose en una zona segura. Luego resulta que no es así, el sujeto solitario posiblemente es más vulnerable que otros. Parece ser que su perspectiva matemática de vida decrece y que sus parámetros estimulares se reducen considerablemente con lo que sus intereses dejan de ser estimulativos para continuar con las tareas indispensables para mantenerse en vida. El sistema nervioso parasimpático es vicario y depende de alguna manera del sistema nervioso central que implica el poder de las elecciones y de la voluntad. A los datos sociológicos de los dramas en países en los que la gente atestigua año tras año su incapacidad para convivir consigo misma (como en los USA3 donde mueren cada año mas de 11.000 personas victimas de armas de fuego siendo la estadística de esta clase de mortandad en otros países del mundo comparablemente menor en la que se cuenta por cientos o por decenas) hay que co-reflexionar con los datos psicológicos y entre ellos el de la vida solitaria. Es cierto que la gente urbana vive inmersa en grandes aglomeraciones y ajetreos públicos y que es difícl pasar un día sin ver a alguien. Hay una visibilización continua del otro lo que no hay la oportunidad de compartirlo como experiencia de comunicación y fuente de experiencias distintas. Dentro de las teorías de la comunicación se ha hecho un estándar de la idea de la soledad compartida en las grandes situaciones masivas. Posiblemente mucha gente está quejándose de lo mismo separada por ténues tabiques o distanciada por escasos metros. ¡Toda una paradoja de la sociedad tecno-masiva! Del mismo modo que podemos advertir en las concurrencias de grupos en partys o en la calle o en los colectivos de transporte que la gente se comunica via satelite con otra gente haciendo caso omiso a quien tiene sentado al lado. Creo que las únicas instancias que sacan provecho de la comunicación son las grandes compañías que ofrecen alta tecnología para conseguirla con el camelo que al tener más aparatos se consiguen mejores contactos, mayor intimidad o más amistad. En la práctica, los bloqueos a la comunicación no tienen nada que ver con las dificultades técnicas o distancias quilométricas para conseguirla sino en los bloqueos mentales y en las indisposiciones de personalidad a tenerla.

Vivir en el no decir

Por JesRICART - 29 de Mayo, 2010, 11:28, Categoría: SINTOMATOGRAMA

La lucha y la defensa de los valores humanos aumenta la complejidad del laberinto existencial. Lo más esencial de la vida es aquello que está en lo que no se dice. La vida no es la que es. Nadie es su apariencia. Nadie es lo que dice ser. Nadie actúa, ni puede actuar, de acuerdo con sus creencias de sí mismo. Ni siquiera un espejo lo dice todo de la imagen que se refleja en su superficie, ni una foto ni un movie. Tampoco un microscopio lo averigua todo de los microorganismos que observa con sus lentes de aumento y que no son observables a vista natural. La vida en su sentido más global es un proceso de conocimiento; una adquisición gradual de aquello que no es revelado a los sentidos. Continuamente el lenguaje traiciona la coherencia de la lógica. Los hablantes se acostumbran/nos acostumbramos a emplear unas fórmulas expresivas que damos por válidas y que nos sirven suficientemente en el diálogo, o que así lo juzgamos, pero en las prácticas verbales –y gramaticales- mantenemos los textos en su grado de comunicabilidad permitida. No todo lo pensable es comunicable. No todo lo que se siente puede ser dicho. No todo lo que se cree puede ser defendido. En esa trilogía del sentir, del creer y del pensar se mueven los diálogos universales naufragando cuando no consiguen realizar sus intenciones de verdad o teniendo éxito cuando consiguen aproximaciones a ella minimizando su coste de sufrimiento. Se ha tratado de contraponer el sentir al pensar, como si aquél autorizara a expresar lo que fuera y éste a callarlo por ser la consecuencia de un método implacable que se acatara. En realidad, tanto el uno como el otro son parámetros de la mente, o si se prefiere del cuerpo, es decir, de la materia. Lo que se siente tiene demasiado que ver con los sentidos y éstos demasiado poco con lo que existe realmente. La realidad no es solamente aquello capturado por el aparato perceptivo sino sobre todo por los resultados de su analiticidad. Ahí donde hay una gota de agua el químico halla estructuras moleculares y el biólogo vida diminuta. Ahí donde hay una sintomatología patológica el enfermo expresará su malestar, el médico lo clasificará dentro de una casuística medicable con unas determinadas fórmulas, el patólogo estudiará la incidencia de su mal según zonas o tal vez pandemias, el psicoanalista encontrará resonancias de psicosomatizaciones. Cuando trato de defender esta idea doy la impresión de ser exclusivamente racionalista y de que niego otras fuentes de conocimiento, intuitivas, mistéricas. El ser humano es un receptáculo de muchas influencias y un reservorio de distintas memorias. Cada persona contiene varias vidas. Y al tratar de biografiar a alguien o de autobiografiarse el relato empuja a hablar en pluralidad de las distintas vidas vividas, a no confundir con las distintas épocas pasadas o geografías habitadas. Al hablar de alguien o cuando alguien habla de si mismo no puede hacerlo desde la ignorancia de todo lo que está en el desván,d e lo que no pertenece a la visibilidad, de lo que no se da fácilmente a la observación. Es todo eso: lo que está entre lo oculto y en lo desconocido, entre lo inconsciente y lo olvidado lo que arroja las claves del verdadero sentido de una vida. Cada cual sabe, o sospecha su verdad. O en el más extremo de lo casos, supone que hay algo más dentro de su existencia que no acierta a entender y que está fuera de su control. Eso no significa que el misterio sea inescrutable y que el repertorio de yoes contenidos en un cuadro de personalidad no se sepa, o se pueda saber, en qué andan. El trayecto existencial de una persona es la de irse encontrando sucesivamente con sus guiones de vida y sus criterios de conducta, sus drivers internos, sus demonios y sus ángeles, cuya performance pasa por desencadenantes externos, unas veces ocasionales; otras, estructuralmente predecibles. La condición de sapiens de la humanidad todavía no ha proporcionado suficiente saber ni suficiente inteligencia para saber el sentido existencial y llegar a una teoría consensuada sobre la enfermedad mental y física asociada a la facultad de razonamiento y al dominio como especie. La gran paradoja humana es que su mayor capacidad la ha llevado tanto a malbaratar los recursos naturales de sus hábitats como a no controlar su propio equilibrio,. No hay animal que esté más desequilibrado que el humano. Desequilibrio en un triple sentido: 1.Relación de expolio insensato con la biosfera, 2. Relación caótica con los otros compañeros de especie y 3. Desquicio del sujeto consigo mismo. Sin duda las tres clases de desequilibrio están mutuamente conectadas. Pero el relativo control de las dos primeras consiguiendo una vida suficientemente armónica tanto con la naturaleza como con sus habitantes humanos y no humanos no son premisas garantes de que el desquicio no se produzca. El ser humano es el animal que más locura externa y evaluable produce. Por tanto, que más locos proporcionalmente tiene. Razón y Locura son interdependientes. De aquí a conjeturar que el desequilibrio mental tiene y se nutre de la lógica argumentística detrás hay un paso. El loco no nace, se hace. Se hace socialmente, se va configurando psicológicamente, se expresa física, conductual biológicamente y, por último, se va autodestruyendo siguiendo el protocolo de un principio de muerte que tiene más peso que el principio de vida. Eso no es de un día para otro, la locura tiene su espacio de admisibilidad en la vida cotidiana. Los locos pueden pasar, pasar, por parte de la normalidad. Hay quien tiene delirios instalados, perfectamente consolidados, inamovibles y sin ningún deseo de superarlos, dentro de una personalidad de esquizofrenia paranoide grave y no por eso, dependiendo del grado de su enfermedad, deja de llevar una vida relativamente compensada, manteniendo un trabajo, uno o más círculos de relaciones, teniendo capacidad de concentración de intelectual e incluso teniendo habilidades culturales superiores a la media estadística. Hay una gama extensísima de manifestaciones de la psique perturbada, con seguimiento psiquiátrico, psicológico o psicoanalítico; que forman parte de la vida ordinaria. Cualquier porcentaje estimativo de la población mentalmente problemática por una causa u otra va a quedar muy atrás frente a las perspectivas de su incremento. La locura es un modo de sobrevivir a la realidad insufrible. Es una forma sui géneris de adaptabilidad a lo inadaptable; una manera de soportar lo que no tiene solución. Es por eso que la locura se puede corresponder con la hipersensibilidad y también con cotas altas de inteligencia. Quien más capacidad mental tiene de comprensión también tiene más condiciones para el sufrir. La enajenación mental es un modo de auto retirada uno de sí mismo o de lo que sabe para sublimarlo a otras imágenes o inventos que lo desplacen. El loco clásico que habla solo, o que es monoverbal en su intento de hablar con otro escoge una versión de la irracionalidad para existir. Tomemos esos dos casos para poner en la picota la cultura dominante que los interpreta. Mientras en un caso, el del verborrágico que no para de hablar solo por los metros o por los parques se le diagnostica pública y rápidamente como un alienado mental, el monologuista que no deja expresar las opiniones ajenas se le interpreta como alguien con exceso de ego para tener el primer papel en el reparto de roles de un espacio de conversación, sea el proporcionado por un encuentro esporádico en la calle a la entrada de tu casa o sea el proporcionado por un encuentro preparado, sea una reunión en torno a un tema serio político o de empresa o sea en torno a un tema festivo o lúdico. El estudio de la timidez ha sido tradicionalmente una de las maneras para estudiar cuadros de inhibición personal y el de la depresión para medir la inhibición psicológica. Las propuestas culturales incitan a un tipo de personalidad estandarizada que prima la extroversión, la sonrisa congelada, el entrenamiento a caer bien. A pesar de todas estas consignas, el ser humano lucha contra sus límites expresivos y es víctima de sus bloqueos comunicativos. Sacar partido al propio careto, a la gestualidad, a los chistes u ocurrencias aprendidas no evita vivir en situación de tensión los conflictos con la palabra. El hablante se enfrenta a dos tipos de experiencias a lo largo de su vida como adulto, una es la de desamordazarse para actuar libremente asignando calificaciones a las cosas con las que se va encontrando; otra, privarse de decir aquellas que puedan enfrentarle a situaciones difíciles de manejar. Los conflictos intrapsíquicos lo mismo que los conflictos de relación se resuelven pasándolo todo por la palabra pero eso no se resuelve con un simple paseo por las redefiniciones de los asuntos, es una autentica aventura en la que se arriesga todo. La diplomacia relacional es el arte de caer bien a todo el mundo haciendo pensar que uno no tiene enemigos ni puede ser enemigo de nadie. Tiene bastante parecido con la diplomacia política de las embajadas. Se trata de no mencionar nada que pueda ser malinterpretado o pueda ser motivo de crisis. La actitud diplomática es una de las formas denominativas de la hipocresía clásica. Y los criterios más radicales de la transparencia y del decir terminan por aceptar sus excepciones que con el tiempo van aumentando. Vivir en el no decir es tanto como vivir en el deser. Decir que es la expresión autoafirmativa de sujeto desde el yo público cuando se ve censurado y apartado termina por encerrar al sujeto en su ostracismo sin un yo resoluto desde el que instalarse. ¿quiere decir eso que callar es igual a dejar de vivir de acuerdo con lo deseado? En parte así pero no es un absoluto. El sujeto hablante que elige deshablarse y paralelamente pasa a ser deshablado (no referirse y no ser referido) tiene una menor cuota de existencialidad en el entorno (ante el mundo) que el sujeto destacado. Sin embargo, el indice de popularidad de los individuos afamados y sectores mas referidos no significa que se corresponda con biografías mas extraordinarias, felices o más vividas. Los personajes inventariados por la novelística se han nutrido de personajes anónimo de la vida real con mas contenido de espectacularidad y admiración y que sin embargo no fueron conocidos más allá de unos pocos. Esto desmonta la teoria que quien mas cámara chupa sea más, en realidad puede dar lugar a lo contrario: a generar un desprecio generalizado por la imposición continua de su imagen y de su prosa. Puntualmente las resonancias mediáticas dan la voz y la posibilidad de la imagen a personas popularmente desconocidas o que no pertenecen al continuum del galerismo publicitado y que demuestran un saber y una sensibilidad superiores a los habitualmente ostentados en las pantallas. Dicho de otra manera: el hecho de no ser conocido alguien no significa que no existencia y que en su existencia sea más (y sepa más) que quien lo es. El yo público no es el único indicador del ser, en realidad es solo un indicador de popularidad o de deseo participacionista. Lo que cuenta para la psique no es tanto el ámbito de resonancia como el hecho de poderse permitirse su discurso ante los demás. La sumisión al silencio por descartar toda opción de contacto o tentativa comunicativa es lo que realmente cuenta. No poderlo hablar todo con quien mas cerca se está, ésta es la verdadera tragedia. Al mismo tiempo la coexistencia y convivencia pacíficas exigen una gestión cuidadosa de las informaciones de tal modo que no generen conflictos superfluos entre las partes implicadas al conocer factores que las relacionen. Del silencio se hace elogio como una respuesta de la sabiduría cuando ya no quedan mas recursos argumentales a los que acudir, pero no todas las posiciones clavadas en el no-decir son evaluables de sabias. Si el lenguaje oral directo falla se acude al escrito, si no se domina la prosa se acuden a otras formas de expresión plástica o sonora. Sospecho que las distintas opciones artísticas: danza, música, escultura, pintura le deben mucho al no decir, o mas exactamente al no poder decir, al no encontrar palabras con las que decir lo que se siente. Cuando se utiliza el lenguaje escrito se termina por decir, o querer decirlo todo. Rosa Regás dice con sabiduría que el escritor acaba contando siempre su propia historia. Pero el decir también es auto censurado a partir de tener que enfrentar las consecuencias con innumerables problemas de relacionabilidad que ocasiona. En el no decir del no sabio hay algo de trampa. Se reserva para el ultimo momento tomar partido por una opción u otra. La mayoría silenciosa es equivalente a la eterna ambigüedad. Jordi Garcés, sostiene-aplicándolo en el campo de la arquitectura-. que la neutralidad es lo mejor con el paso del tiempo y que lo mejor en al arquitectura como en todo es moverse entre dos fronteras. La apología de la neutralidad, del no tomar partido, revela personalidades equívocas e inseguras, faltas de referencialidad y de peso, tanto para los demás como para si mismas. De tanto callar olvidan su propia voz y dejar de recordar sus ideas. La vida es una novela que cursa generalmente con literatura oral, privársela es privarse de unos componentes esenciales del vivir. Aunque no falta quien cuestiona la necesidad de la forma y hasta del estilo literario supeditándolo todo al relato, entiendo que en el relatar -y autorrelatarse- hay toda una forma de constituirse como ser humano instalado en el mundo. Para Alberto Vázquez-Figueroa en literatura el lenguaje es lo de menos. Dice esto porque considera que todo lo que busca el lector es que le cuenten una historia y que le entretengan ignorando que una buena parte de los escritores empezaron a escribir por y para si mismos desconectados de la perspectiva de ser leídos. En el acto verbal además de la autoafirmación del hablante está la de construcción de un vinculo sensorial e informativo. El habla es de las actividades que mas dicen de la personalidad del hablante, callar es privarse como fuente de información de si mismo ante los demás y caer en la lasitud de un relativismos del que no se pueden sospechar grandes metas. Desde otra posición no falta quien le da un máximo valor al contenido dicente. Aunque discrepo en la primera con José Manuel Caballero Bonald en este punto vale la pena recordar que considera la poesía como un genero de ficción y que supedite el texto bello al contenido que contiene. El arte trata de expresar por distintas formas lo que es callado en otras partes y de otras maneras. El no decir oral ha empujado al escribir y a la creación de genialidades que de otro modo las escenas directas habrían frustrado (y se habrían perdido) para siempre. Hay otra consideración más: la opción por el no decir como supervivencia, el no decir absoluto por miedo a decirlo mal, a buscarse problemas o a caer en dubitaciones en la expresión será un precedente para que otros hablantes posteriores desde firmezas arregladas se replanteen acabar con el silencio y retomar la palabra abandonada. Vivir en el no decir es una forma autodefensiva propia de la cobardía. Esa una curiosidad extrema que el silencio reúna en la misma performance a sabios y a cobardes. Descubrir en que parte esta cada cual e interpretar los propios silencios lleva toda una vida.

Ideología y Profesión. (la Praxis psicológica errónea)

Por JesRICART - 4 de Mayo, 2010, 13:44, Categoría: ENFOQUE

Independientemente del posicionamiento ideológico de un sujeto, la relación que lo contrata a propósito de su función profesional (servicial o cooperativa) es parte de una contractualidad concreta para la cual las diferencias de ideas no pueden intervenir para sabotearla, De cada profesional lo que se espera es que ejerza su profesión: la función o rol por el cual es contratado o avisado. En los oficios técnicos es evidente que las diferencias de opinión sobre machs futbolísticos o incluso sobre política no van a alterar a aquello por lo que se cumple con un trabajo. En los oficios más intelectuales la claridad no es tan evidente. Para el caso particular de un profesional de la psicología -en su intervención psicoterapéutica para la cura de un solicitante- no se puede esperar que priorice su ideología o su propia sentimentalidad a la técnica interpretacional, tampoco de un profesor que interprete la historia de acuerdo con su ideología política. La separación entre lo científico y lo personal valida un saber. Superar lo subvjetivista nunca ha sido fácil. Los baremos para asegurar una objetividad impecable no son tan evidentes. La ciencia (y/o sus resultados y hallazgos) se ha puesto al servicio de los intereses del poder, una veces por el sojuzgamiento de los científicos o descubridores y otras por su propia y espontánea adhesión. Explicar la historia de los hechos (también el relato de los hechos psíquicos y de la conducta sentimental) con una objetividad impecable requiere dominio de la técnica y de una honestidad a prueba de las indagaciones mas seriases necesaria la observación critica y la auto observación honesta para no caer en proyecciones personales, es decir en subjetivismos de bajuras. Un tipo de psicología profesional trata los conflictos humanos. Desde una posición más sociológica que psicológica, aunque tampoco ninguna de las dos llegan tan lejos sin una visión filosófica. Hay unos fetiches en los que un tipo de psicólogos/as en activo caen reiteradamente proyectando su propia experiencia personal (que no profesional) al caso del que se ocupan o que les consultan. 1. Afirman que la pluralidad relacional (que en su código y en el mayoritario) denominada de infidelidad es propio de la inmadurez y más propio de los hombres. 2. Afirman que la generación vinculada al 1968 como símbolo o icono (participara o no directamente en los acontecimientos) era utópica y nunca aceptó la realidad lo que los ha mantenido en una desrrealidad permanente. 3. Afirman que la instantaneidad de goce sin vínculo posterior ni compromiso con el desenlace es propio de la irresponsabilidad. Interesantes posicionamientos éstos para combinar el caos. Del compromiso que reclama el punto uno se deshace totalmente en el punto 3. Desde la posición del analizante, el consultante que expone con más o menos transparencia sus verdades personales para ser examinadas (analizadas) por un analista, le toca prevenirse y elegir cuidadosamente en quien confiar. No todo el plantel de la profesión que exhibe una etiqueta o un titulo o una licencia para el tratamiento clínico mental está capacitado para ejercer su rol. Lo mismo se puede decir de toda clase de profesionales en toda clase de gremios. No todos están preparados para ejecutar correctamente aquello de lo que se encargan aunque sí estén dispuestos o no tengan el menor reparo en presentar sus facturas por el tiempo invertido aunque haya sido inútil. La esfera de la psicología aplicada es una de las que se lleva más cuestionamientos. Son ya un tópico las caricaturas que se burlan del profesional que cobra por escuchar y a veces por pasar horas semisomnolentes (según una clásica viñeta desacreditando el psicoanálisis). Esta crítica no me preocupa tanto como la que se debe hacer al profesional intervencionista que trata de adoctrinar a su paciente con valores ideológicos de la adhesión de aquél. En otros campos del tratamiento de la salud se hace sospechoso el ginecólogo que chantajea emocionalmente a una solicitante para la interrupción de la vida de su cigoto o en el agente de viajes que se esfuerza en influir para hacer cambiar de planes a su cliente para cubrir el cupo de otro proyecto. Si bien en cada oficio hay una cancha de juego del oficiante su función debe ser meridianamente clara desde antes de acudir a sus prestaciones. El campo de la psicología es de los más controvertidos por la transfronterización con otros campos no es tan nítida y no pocos profesionales epifenoménicos y colaterales se creen capaces de ayudar con su labia y sus sonrisas a las curas de quienes se lo soliciten. Si bien es cierto que todo espacio de acogida genera un sosiego siendo en si mismo ansiolítico, no todas las pautas dadas son curativas y algunas intervenciones cronifican síntomas. El profesional que habla de lo suyo o trata de implementar sus ideas y no unos criterios objetivos que ayuden a la soberanización del yo no solo no hace de profesional de la cura mental sino que viene a contribuir a una menos higienización. Un protocolo psicológico ha hipervalorado la estabilidad curricular confundiéndolo con el prototipo del individuo sumiso y productivo que el sistema espera de él. Ciertamente la patología está conectada con los valores (conceptos e ideas) del consultante pero su análisis tiene que ser objetivo e impecable sin dejarse condicionar por la ideología del analista. Para éste sea quien sea el consultante (desde el más bello individuo al más nefasto y criminal) tiene que aplicar un protocolo riguroso de exploración, de hipotetización de causas y de línea de resoluciones de acuerdo a una estructura presentada, no de acuerdo a su propia estructura. El psicólogo no es ni se puede plantear ser el modelo comportamental para nadie. No es ni el representante de la normalidad ni tiene que plantear los términos de intervención desde la defensa de una normativa de acciones. Cuando una psicóloga cuestiona la pluralidad (en el campo de la intimidad y la sentimentalidad) de su cliente está dando muestras de su propia inmadurez personal (determinada por una moral clásica) y de su impericia técnica. Razón suficiente para entrecomillarla y no poder confiar en su intervención. Cuando pone el énfasis en las vivencias sociológicas o políticas de un periodo determinado como causa central en la disfunción del comportamiento es que prioriza lo exógeno a lo endógeno dejando en un plano ultimo la voluntad personal como motor de cambio. Cuando impugna el placer en su independencia activa y lo convierten en peaje para un compromiso estable olvida que el deseo de realización humana empuja a multitud de alianzas provisionales o pasajeras. Como la figura de espejo del profesional de la psicología es algo suficientemente conseguible se le puede aceptar parcialmente en sus recursos de seguimiento de lo presentado sin aceptarle en su diagnóstico y mucho menos en su ideología. La ideología se diferencia de la filosofía de valores en que aquella tiene unas ideas fijas mientras que esta propone una dialéctica de flexibilidad aplicada al proceso biográfico e histórico. Las ideologías se dividen entre las que concretan actitudes de favor o en contra de un sistema social dado, Las filosofías son multitud de escuelas que desean aportar una visión interpretativa de la vida y del mundo. Ha sido sospechosa la concomitancia entre el evaluador de perfiles de candidatos a puestos de trabajo (generalmente a manos de una psicología industrial) que ponían el énfasis en empleados predecibles en su estabilidad (es decir en su obediencia laboral) correlacionada con sus familias montadas y el evaluador de la psicología de la personalidad para enfrentar los trastornos presentados aplicando esa misma plantilla esquemática. Como se sabe los cuadros privados mas organizados no están exentos de patologías graves y a veces con escenas criminales incluidas. La figura psicoterapéutica que no distingue entre individuo (como dinámica particular con su proceso único e induplicado) y sociedad (como conjunto de estructuras de funcionamiento y de pensamiento jerarquizado y sometida a unos dominios minoritarios) tiene bastantes probabilidades curriculares de convertirse en un aliado del sistema al reproducir indirecta o implícitamente la moral pública sin atender a la idiosincrasia particular del caso que se ocupa. Ni el analizante tiene que contar con los elogios del terapeuta ni el rol de éste pasa por activarlo elogiándolo con reforzantes. Hiperbólicos no ajustados a la realidad. El análisis es, de hecho, un co-análisis entre consultante y observador para averiguar la trama de los conflictos por los que aquel consulta y este le hace de espejo para que no pierda el hilo de la investigación sobre sí mismo. Esto requiere una técnica meticulosa que repasa hábitos y criterios (explícitos o no) que los acompañan, también repasa conceptos, enfoque biográfico, correlograma y valores. La praxis clínica lleva en el campo de la higiene mental –también lo hace en el campo de la salud física con la neuropatía- a la necesidad de repasar valores. En ese punto puede producirse un conflicto cuando la ideología conservadora del terapeuta se opone a la liberal del analizante o al revés. Cabe el riesgo de hacerle pensar que es víctima psíquica por su amor a la libertad y a la liberalidad. Lo cierto es que no todos los profesionales están preparados para todos los casos y es un requisito deontológico no tratar de asumir aquellos para los que no se está preparado. Teóricamente el terapeuta debe prescindir de las diferencias en las formas de vivir y de pensar y centrarse en la mecánica de los factores y en la causa multifactorial que generan los problemas independientemente de las identificaciones de cada uno. De otro modo su contratransferencia impide el proceso de esclarecimiento. El objetivo terapéutico es el alcance de la indagación a verdades manejables que permitan cambiar situaciones de vida minimizando el desequilibrio de la personalidad y el padecimiento. Ese objetivo: la verdad terapéutica ha de estar por encima de todos los prejuicios tanto del lado del analizante pero sobre todo del analista cuya irresponsabilidad es total si confunde sus adhesiones ideológicas con las pautas profesionales. A. Huxley ya señaló que no es lo mismo la verdad sabida sobre uno mismo reconociéndola en privado que oyéndosela a decir a otro. El analizante está en su potestad de devolver su propio análisis del analista si este no está a la altura de su ejercicio profesional por empañarlo con sus prejuicios. En la primera y última instancia el espacio analítico es una cancha de verdades: juegos y tentativas para asumirlas y ser consecuentes con ellas. Lo que Manu Leguineche definió del viajar como buscar un poco de conversación en el fin del mundo se puede adaptar en cierta manera a la definición de psico-análisis buscar a alguien para crear la posibilidad de una conversación integral que no deje nada de la interpretación escondido.

La mujer maternaria

Por JesRICART - 20 de Abril, 2010, 12:38, Categoría: SINTOMATOGRAMA

El perfil de la mujer separada con los hijos todavía en edad escolar suele coincidir con el de un proceso truncado. Ese proceso se inició contando con un factor (el de la pareja y luego padre) que pasó a la ausencia. La madre que dividió sus intereses entre la procreación y el que iba a convertirse en su ex puede llegar a pasarse década y media de su vida por no decir mas siguiendo sola con un programa de dos. Las separaciones tal como se llevan mayoritariamente inevitablemente son traumáticas y consolidan unos déficits para todas las partes. No es cierto que los hijos en sus primeras infancias no echen a faltar el cuartel de una familia organizada porque nunca la conocieron como tal. La falta de la figura masculina cuadra y explica otros déficits. La madre como única dirigente del proceso educativo doméstico ademas de no poder compartir esa funcion puede ser tomada por las criaturas en crecimiento como la única limitadora de sus existencias confundiendo los limites (necesariamente objetivos) con la persona que los impone. Su ideación de la figura paterna alejada y ausente tampoco se ajusta a la verdad, especialmente cuando después de varios años la tensión emocional de la mujer hacia su ex se traduce en conductas marcadas por las heridas en el seno doméstico. Hay mujeres que no se privan de soltar toda su ferralla critica al ex ausente ante el hijo o hijos de ambos obligándolos a tragar con todo un discurso de indisposición. Además de ser injusto no ayuda a la evolución mental de los más pequeños a la vez que es un indicar del apego de la madre a unos problemas no resueltos (además de los de orden organizativo y material), en relación a su estado de rivalidad permanente. Cada persona es distinta y no hay una biografía idéntica a otra. Siendo cierto esto no quita reconocer unas características comunes al psicoperfil de la mujer maternaria que prioriza su prole a cualquier otra consideración. La tesis elogiada de “los hijos primero” se traduce por una dosis de autodesprecio. Todo criterio con trazas de dogmático en tanto que obsesivo e inalterable acaba por ser un dogma. Los hijos, ya en su misma pluralidad denominacional, no son exactamente un grupo compacto. Según van creciendo y según vaya siendo la relación se les dedica atenciones diferentes. Los hijos que son la bandera de las polémicas en las separaciones cuando son pequeños (menos de 8 años) o muy pequeños (menos de 3) van creciendo y en la medida que lo hacen muestran sus interdiferencias. Estas acompañan posicionamientos sentimentales diferentes. Declarar que se ama a los hijos por un igual es una falacia, querer quererlos con la misma intensidad es una decisión contrapsíquica. En una sociedad falocrática, machista y con exceso de proteccionismo la maternidad sigue siendo incomparablemente mas ensalzada que la maternidad. En la mayoría de casos las mujeres-madre son las que se ocupan de los vástagos. El corpus jurídico las avala junto a las discusiones internas de la pareja en trámites de disolución suelen aceptar a que sean las madres las que se ocupen de los hijos en primer plano protagonista de siendo los padres los que quedan separados de ese proceso relegados al rol de apoyo logístico a distancia. Las reclamaciones protestas de quedarse con los niños son pocas y no suelen prosperar. La discriminación es obvia y la perpetuación del conflicto va mas allá de las razones convivenciales para la separación o el fin de la sentimentalidad. Va tanto mas allá que no solo dura el tiempo en que todos los hijos alcanzan la mayoría de edad sino que deja una herida biográfica durante toda la existencialidad. El epifenómeno de los padres separados relegados a ese rol de paganos es de tal magnitud y con unas características tan comunes que se ha convertido en un nuevo sector de exclusos marcados por no decir de nuevos explotados obligados a trabajar para el disfrute de otros. Se trata de sus hijos, ciertamente, pero a los que el acceso les es privado o sumamente condicionado. La judicatura dictamina sobre parte del tema sin resolverlo viniendo a complicarlo algo mas. La madre maternaria que se pelea por sus hijos considerándolos de su propiedad exclusiva o no estando dispuesta a compartir su educación con el padre facilitando la coexistencia pacifica tras el fin de la convivencia prepara sus propias autolimitaciones no dejándose vivir a ella misma. Se encuentra como continuista de un proceso con el que no contó o que de preverlo jugó con el destino de terceras personas (la de los hijos que fueron naciendo en un panorama no apto para ellos). Las relaciones que se rompen lo hacen por desencadenantes insostenibles pero por contradicciones que estaban presentes desde mucho tiempo atrás (a veces desde la primera fase de la relación). Hay relaciones de pareja que se prologan mas allá del primer año, al que siguen una, dos, tres o cinco décadas para las que había motivos de disolución desde el principio. La necesidad de alianza y compañía se prioriza a su evaluación objetiva. Cuesta reconocer a priori lo que va a dar de si un encuentro mal dado. Son tantas las familias (es decir sus proyectos de tales) que son lanzadera conflictógenas con crisis graves que no se entiende aun que la cultura no cuestione esa elección humana de organización de la intimidad y de la descendencia. Si un proyecto de empresa industrial va a incluir impactos ecológicos irreparables o no va a consentir los derechos laborales básicos el sistema legal en modelos civilizados, las pautas legales van a impedir su fundación. Algo parecido debería hacerse con proyectos de familias mal planteados que priorizan uniones y partos irresponsables. Como que la maternidad es uno de los valores intocables de las sociedades productivas la actuaslidad sigue sin cuestionarla. Por definición toda madre es aceptada aunque n o este en condiciones físicas, organizativas, ni psíquicas para tener hijos. La devoción a antiguas deidades tenían por símbolos a mujeres fecundas y mamíferos. La sociedad industrial que sigue debiendo mucho al proletariado hipervalora la prole de las parejas que se constituyen en sus productoras. Eso explica la intocabilidad de la familia como modelo de intimidad y concretamente la discriminación mas generalizada a favor de las madres y en contra de los padres que se separan. Para la mujer maternaria el problema es que el vinculo que le queda con su ex es de rencor que por extensión lo puede llevar a todo el género masculino. Tras una tentativa familiar fracasada o desfuncionalizada demasiadas mujeres no quieren volver a intentarlo de nuevo con una pareja alternativa. Los años han ido pasando, el deseo se ha transformado, la prioridad de los hijos se ha llevado una buena tajada de la vida creativa útil. Mujeres de mediana edad con 40 y hasta 45 años cumplidos siguen arrastrando un proyecto amputado por la falta de las parejas conque las concibieron. A la priorización de ser madres sucumben sus oportunidades de ser mujeres dotadas para otras realizaciones en la vida. Las convierte en portadoras de discursos supervivenciales poermanentemente enfrentadas a sus ex que por supuesto son los culpables de la historia dando un triste ejemplo de la clase de mundo en el que han hecho nacer a sus hijos. La mujer maternaria pone antes su funcion de procreadora que la de la persona. Está más marcada por su condición de ex que por su protodisposición a hacer una nueva vida, Las anclas de un pasado la hipotecaran la etapa mas energética de su vida. El respeto al derecho ajeno es la paz sostuvo Benito Juárez. Si una unidad doméstica no sabe mantener la suya ¿como exigirla a escala planetaria?. El espacio familiar puede ser un feudo de irritabilidad permanente desde el momento en que de los hijos se hace propiedad privada y factores de presión para reclamar propiedades o beneficios. Un proyecto disuelto perjudica a todas las partes que lo tomaron como eje vinculante de sus vidas. La libertad pasa por el derecho a la separación de aquello o aquellos que hacen de limitantes y saboteadores. La gestión de la libertad convoca a la inteligencia y la madurez para no meterse en procesos para los que no hay suficiente garantía o no están reunidas las condiciones de seguridad básicas. La mujer maternaria no deja de ser mujer. El solapamiento de funciones contradictorias: como madre que prioriza la energía y el amor a sus vástagos o como ex en conflicto y batalla por reclamar pensiones, como personal socialmente derrotada por no llevar a termino su proyecto ante una sociedad que todavía censura la libertad de separación, demora sus prerrogativas de mujer-persona para desarrollar otras inquietudes, otros amores, otras elecciones.

Las Trampas Sentimentales

Por JesRICART - 26 de Enero, 2010, 12:56, Categoría: PSICO-CURA

 Ha costado mucho conceptuar la conducta del chantaje sentimental analizándolo en su salsa práctica. Las relaciones del querer pasan pronto a peor gloria tras su fase inicial de pureza para ser relaciones enmarañadas de intereses y componendas. Las unidades familiares construidas desde unidades de parejas estables o semiestables evolucionan hacia organizaciones de funcionamiento económico y las necesidades amorosas individuales no son resueltas en el estrecho marco de los duetos intravigilantes cuando no carcelarios.

Los cuadros de intimidad derivados de la elección amorosa no siempre sostienen la amorosidad hasta el final. La inercia, la comodidad material y la pereza para empezar de nuevo con otra persona sostienen cuantiosas parejas que subjetivamente3 hace tiempo que debían estar disueltas y objetivamente dan el triste espectáculo de una libertad a medias. El compañero o la compañera de cama no es una figura estática. Puede saltar de ser el objeto del deseo al objeto acompañante con el curso de los años. En ocasiones, la cama se divide convirtiéndose en dos camas, y en otras ya ni siquiera se comparte la habitación nocturna para pasar a tener dormitorios separados. La aventura convivencial pasa por acuerdos en principio tácitos y que se van explicitando en la forma de vivir y de funcionar en común. En la pareja hetero, el hombre y la mujer tienen formas diferentes de ocupar y relacionarse con el territorio en común.

Las relaciones convivenciales siguen un curso u otro según los conceptos en los que se basa. Los convivientes pueden ir descubriendo con el paso de los años las zonas personales de no contacto basadas en grandes diferencias irreconciliables. Un partner no se une o casa con otro en estado puro, viene con todas sus experiencias, sus otras relaciones, su inserción a otros marcos constelacionarios (el familiar fundamentalmente). En culturas tan dispares como las europeas y las africanas no se entiende aun que las personas son individuos que buscan individuos y que no tiene porque apetecerles cargar con toda la familia o relaciones derivadas de las personas con las que se unen o a las que se vinculan sentimentalmente.

La sentimentalidad todavía no tiene una conceptualización clara. Es un abigarrado umbral de emociones y conductas de adhesión específicas entre seres que además de atraerse por sus cualidades físicas lo son por sus sensibilidades.¿Pero qué son y como se expresan los sentimientos de cariño y ternura hacia los otros? ¿por qué surgen en unas situaciones y no concurren en otras?

El enamoramiento es una proyección particular de la sentimentalidad. El amor universal es una pamplina intelectual, psicológicamente no soportable y organizativamente no conseguible. El amor en concreto y los sentimientos en general funcionan de maneras distintas según sean proyectados y personalizados. Lo que se siente por una persona -como todo el mundo sabe y experimenta- no tiene porque sentirse por su amiga o por su hermana. El sentimiento de fraternidad como defensa conceptual de un mundo de gente entregada forma parte mas del deseo que del balance de logros. Aún asi, hay personas que lo han defendido en la teoría y en la práctica y lo han demostrado con sus vidas entregándose a cientos o miles de personas sin discriminarlas negativamente. Personalidades como la de Vicente Ferrer hacen pensar en que ese amor universal es excepcionalmente posible o al menos se puede concretar a una gran escala numérica, lo que no quita que haya discriminaciones sutiles tácitas en la dedicacion según la reciban aquellos a los que es dedicada. El concepto de no discriminación es tan inconcebible como el de una realidad sin diferencias. Para la mayoría que vive (vivimos) en pequeñas constelaciones sentimentales con cuatro amigos, dos familiares y la dinámica de parejas, los esfuerzos pasan por sostenerse en la estabilidad emocional suficiente que permita vivir las relaciones desde la claridad y el bienestar mental. A una personalidad estable se la define como equilibrada. Equilibrio es también la capacidad de mantener una verticalidad entre fuerzas concurrentes que se oponen. La conducta equilibrada es la que trasiega con posicionamientos contradictorios de otros presentes en la constelación y la que solventa -gestiona- las propias contradicciones que implica concebir la vida de una manera y tenerla que vivir socialmente de otra.

La sentimentalidad, sostengo, no tiene una definición consensuada, tampoco científicamente consensuada. Aproximadamente, se sabe que es el conjunto de emociones reactivas en relación a parámetros estimulares del otro: desde los físicos a los intelectuales, desde los eróticos a los más confidenciales. La sentimentalidad no es una sola cosa. Cada historia sentimental la redefine a su manera. Las categorías de esas historias y de sus coprotagonistas tampoco están tan claras. En el trato con los demás un serial de palabras viene a titular conceptos no claros: nos movemos entre amigos, colegas, camaradas, compañeros, amantes,.. A cada una de las definiciones de diccionario de estas palabras el hablante añade su propia definición particular que tampoco la controla tanto, para saber si la controla debería redefinirla a cada momento. Lo que si predomina es la necesidad de consensuar al menos entre dos (los dos hablantes en ese momento temático o en toda su historia relacional) el valor de cada palabra para ver lo que entiende cada parte. Es difícil ser amigo de quien te trata como compañero o colaborador de quien te tiene como cliente o tener una relación amorosa consistente con quien solo quiere pasar un rato de sexo. La necesidad de precisar el arco de intimidad con cada persona con la que se contacta viene dada por la misma demanda de intimidad. Se sigue temiendo al mayor de los riesgos: el de amar sin recibir la correspondencia, el de entregarse sin tener una contrapartida. Si es así, el amor no es una verdadera sentimentalidad sino una inversión, un proyecto transaccional. ¿Es posible que el amor unilateral sin devolución sea tan consistente que en si mismo reenergetice a quien ame aunque no sea tenido en cuenta? Ese sería el altruismo más puro. Amar sin ni siquiera dejar pistas para que el/lo amado averigüe de donde le proviene ese amor tiene trazas de ser el más puro. (En Candilejas la florista invidente que confunde al que será su mecenas por un rico, que en realidad no es, -el personaje de Chaplin- llega a ir a la cárcel por conseguir el dinero con el que pagar su operación que le devuelve la vista sin que ella se entere). El amor es/sería aquel fuera de toda especulación comercial, por tanto no concebido como inversión o como desenlace una politica decidida para el trato personal.

En el discurso sentimental las partes van definiendo, aunque sea a gotas y de muy en tarde en tarde, el valor de cada uno en la vida emocional del otro y de sus esperanzas. La declaración unilateral amorosa espera de la otra parte una correspondencia, un sí, una incondicionalidad. Eso no es así,o los psiquismos en juego no facilitan tanto las cosas. Dos personas que se aman posiblemente van a necesitar todo el resto de sus vidas para entender exactamente el significado que tiene el amor para cada una. El amor al otro tampoco implica amarlo en todo, en lo que hace y tiene, en lo que piensa y es. Esto, que a veces se dice puntualmente, queda contradicho con la evidencia de diferencias significativas. Dos que se quieren, por mucho que se quieran y se adoren, siguen siendo dos, con sus diferencias e individualidades.

La sentimentalidad no queda circunscrita a las personas. También se extiende a conceptos y dominios. ¿cómo poner en duda que la personalidad de Scarlette O' Hara en Lo que el Viento se llevó estuvo sólidamente consolidada en contra de todos para seguir en el dominio de su tierra. Ese sentimiento que antepuso a todo le llevó a destruir historias sentimentales ajenas, como la de su propia hermana y empujar a la muerte al primer marido, -que le había birlado a aquella- con el que se caso por razones económicas y al que no quería en absoluto. No hay una sola definición de sentimentalidad ni puede haberla porque el universo de lo sentimental incluye registros contrarios. El odio, la rabia son tambien emociones sentimentales negativas que se mezclan con la adhesión y la pasión.

Las trampas sentimentales existen desde el mismo momento en que somos sujetos sentimentales no limitamos nuestras conductas a su materialidad estricta ni el ser humano es definible solo por sus actos aparentes ya que mental e internamente coexiste con muchos actos emocionales, en principio no visibles. Decidir no amar por temer a caer en trampas sentimentales es tanto como decidir no comer por temor a la indigestión o no dormir por la indefensión que te hace vulnerable, es tanto como juzgar que lo mejor es no vivir porque se puede sufrir y se ha de morir. Hay una trampa mayor que la sentimental y es la de caer en el desvivir por temor a vivir.


La psicología marujiana

Por JesRICART - 23 de Enero, 2010, 0:16, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 

La cruzada marujiana ha podido acabar con toda clase de resistencia. Al hombre se le ha tratado como machista más allá incluso de sus machismos cuando ha vivido posiciones extradomésticas. El macho ibérico era el tipo que fardaba en los bares de su condición de dominio ante las mujeres y que utilizaba formas verbales que excluían la condición femenina o trataban a la mujer como un ser secundario. El machismo ya no se lleva. El más macho ha aprendido que para vivir en sociedad, y en una sociedad heterogénea tiene que disimular y mucho: disimular sus formas de ogro y de desconsiderado. No he conocido ningún machista que merezca defensa alguna pero voy a considerar ahora por un momento al machista como una víctima de su propia ideología,en particular cuando la psicología marujiana lo ha excluido de los reinos soberanos de la mujer dentro de una casa.

No es tan seguro que la mujer por subordinada que haya sido en muchas economías y políticas tradicionales no haya tenido sus roles de poder, sus bazas en las que intervenir en la economía doméstica. Al fin y al cabo es la que se ocupa de la intendencia de algo fundamental para la supervivencia: la comida. En El príncipe de las mareas, la protagonista femenina maltratada hasta indecibles y desconsiderada totalmente por el marido, ante una cena que le rechaza le prepara otra con una lata de carne para consumo de gato, la cual se come. Desde la cocina se ganan corazones por la vía de los paladares. La mujer luchadora ha tenido que centrar sus luchas en casa además de sus proclamas en la calle, en el mercado o en su puesto de asalariada, y ha debido saltar de la cocina al salón superando su función de chacha quitándose sus horas de goce para dejar la vajilla terminada y todo a punto para el día siguiente. De la viñeta del hombre ensillonado con una cerveza en la mano y de baboso mirando el partido por la tele se hizo la justicia del cómic y de la mujer-doméstica multifuncional y pluriexplotada se hizo otra viñeta no menos denunciativa.

El análisis se desencaja cuando comprobamos que en parejas de cultura progresista, críticos los dos a ese modelo de división del trabajo dentro de casa o mas bien del trabajo de una y del descanso descarado del otro, tienden a reproducir otro modelo de división de funciones según las cuales el hombre se ocupa de tareas relacionadas con el mantenimiento y la mujer de las relacionadas con la cocina. ¿Por qué? Si ambos están preparados para hacerlo todo: desde guisar a barrer y planchar (¡horror, planchar!) porque los unos tienden a hacer mas unas cosas y las otras tienden a dominar las mas culinarias. ¿Debemos pensar en predisposiciones naturales de aptitudes distintas por sexos para lo uno o para lo otro? ?O son actitudes de personalidad las que llevan a la especialización?

Un lugar doméstico es como un submarino dentro de la ciudad, tiene pequeñas pero múltiples tareas de las que ocuparse si se desea que sea funcional y confortable. Es, sea a la escala que sea, en su miniaturismo, el universo en el que se va a pasar la mayor cantidad de tiempo una persona a lo largo de su vida, mucho más si allí tiene su cuarto de trabajo, es su lugar de citas y reuniones, donde come y desde luego donde duerme. Cada una de las cosas que haga va a dejar un rastro, un relativo desorden que deberá ser compensada. La estadística de las discusiones de parejas convivenciales por las formas de manejar los platos o relacionarse con el polvo (la tesis de que nos vamos a convertir en polvo no sirve de coartada para justificar el polvo en los muebles y entre los estantes) es abrumadora. Es un tema por el que no merecería perder la sonrisa ni la ternura ni un solo instante pero sigue cargándose muy buenos momentos y días. Por lo general en las escenas de una pareja enfrentada por temas domésticos ella suele llevar la voz cantante

Marujiana (no todas las mujeres que se llaman Maruja no lo son, afortunadamente) es la fémina que emplea la mayor parte de su energía en asuntos domésticos y estilísicos. Habla de trapos (telas y vestidos), habla de comidas, las hechas y las que están por hacer., habla de gastos domésticos, en otro orden de cosas y según su edad habla de estrellas cinematográficas y de la teleserie en curso. A Maruja le encantan los souvenirs y las chorradas, cada año necesita renovar su ajuar de ropa. Pasa la mayor parte de su tiempo en el ámbito doméstico siendo su pareja masculina la que sale afuera a trabajar y a bregar con el mundo. El circulo de relaciones de esta psicoMaruja está limitado al barrio. A media mañana puede tomarse un café con leche y un croisant en la granja vecina y hablar con otras marujas sobre lo cara que está la vida. Por supuesto, sale cada día de compras porque en la cocina no tiene espacio para un caudal de intendencia o una reserva de alimentos en conserva. Se ha especializado en llevar los críos al colegio y en recogerlos. Su trabajo es fundamentalmente logístico, el marido es su caballero andante que “lo envía” cada día a la fábrica o a la oficina, a los atascos y a las peleas.

Es la ama de casa por definición y por vocación. Tres palabras estándar que resumen un compendio de multioficios. Cuando el burócrata le pregunta a una de acuerdo con la famosa viñeta de Forges, ¿profesión? Y ella dice: asistenta, fregona, masajista, trabajadora sexual, cocinera, chacha, canguro, paridora, limpiacristales, planchadora, administradora,limpiadora,...1 el otro le contesta: todo eso no me cabe en la casilla. Pues ponga Ama de Casa, para abreviar, le dice..

Un ama de casa es uno de los oficios más polifacéticos. Es ama y no amo, lo que tiene su enjundia semántica. El cabeza de familia, aquel al que las mujeres no hace mucho le tenían que pedir autorización legal para abrir su propia cuenta bancaria o su negocio, no tenia tanta potestad a efectos prácticos en la vida cotidiana. Los hombres protestaban por las formas de hacer de las mujeres, por el tipo de comida o imponían hábitos, pero quienes organizaban la comida eran ellas.

La lucha por la supervivencia en la vida doméstica lleva a situaciones de impasse terribles. La configuración de roles: el hombre que trae el dinero a casa con su salario y la mujer que se ocupa de la administración de una parte de ese dinero, ya es un mal planteamiento en si mismo. Una parte considerable del poder en el sistema relacional de la familia viene dado por el hecho de quien trae el dinero a casa. Aunque las facultades para la manipulación pasan por combinaciones y sutilidades. La marujiana tiene la última palabra en muchos asuntos de política doméstica. Lo que es una confrontación en el ring verbal se negocia sensorialmente en la cama. Ante una mujer cerrada al placer el hombre más principista ve decaer su fortaleza.

El hombre va a jugar al dominó o a tomar una copa con amigachos de bar, la mujer se queda preparando la cena. Es la que primero se levanta para prepararle las cosas a los críos si van a trabajar o a la escuela. Es la abnegada, la madre de todos, de los niños y del marido. El que pasa revista antes de que salgan a la calle, la que termina de arreglarle el nudo de la corbata o le quita la mota de polvo de la chaqueta.

Por supuesto, de todas las definiciones generalistas no hay una sola que no tenga sus excepciones.

Pero la psicología majuriana no existe solamente como campo reactivo a la relación marital o convivencial con un hombre. Hay personalidades predispuestas a ella. Hay mujeres que viven solas que son mas marujas que sus vecinas casadas. Se levantan por las mañanas pensando en la comida que van a preparar ese día o en lo que les falta en la nevera. No comen para vivir sino que viven para comer, no en el sentido de expansionarse en el mundo proyectándose en sus obesidades -que también- sino simplemente centrándose en el comer como lo crucial. Los días giran en torno a los horarios de comida. Se diría que viven con el precepto interiorizado de que no comer es la peor desgracia que puede pasarles en ese día. Son individuos que viven para sus casas y las cosas que contienen y no al revés. No tienen las cosas para disfrutarlas o el espacio para ponerlo a su servicio sino que ellas se ponen al servicio de ese espacio, viven por y para él y sin darse cuenta se cosifican, se inmobilizan, pasan a formar parte del mobiliario del que tanto ahinco enceran y le sacan brillo para que todo sea perfectísimo, aunque a sus hogares apenas vaya nadie porque lo suyo no es hacer vida social sino una vida esclava de la imagen que tienen de si mismas.

La psicología marujiana puede ser mas o menos exagerada según el sujeto femenino en cuestión. No es reducible el tema a su condición de marginada del sistema porque la bota y el mando de un marido les impone ese rol. Es curioso que en parejas jóvenes esa psicología tambien emerja y reproduzca tras la maternidad mujeres que durante unos 10 años de su vida han intentando tentativas profesionales sin cuajar se sumen a partir del feliz acontecimiento de dar a luz a ese rol en el que se prolongan por otra decena de años dejando que su marido se meta en el laberinto de la industria o de los viajes. Eso sí, controlándolo para que vuelva siempre al redil casero impoluto y no tocado por mujer alguna para que sea territorio anatómico en exclusiva de la esposa. Ese perfil de mujer que prefiere jugar a cocinitas en lugar de dedicarse a otros asuntos mas creativos (cocinar lo es pero dedicarse solo a intendencia y a la cocina deja de serlo) no es tan esclava de su medio como a primera vista parece o no lo es en absoluto si ésta es su elección. Su territorio es sagrado y el marido es expulsado de él sin miramientos salvo para cuando tiene que ir a hacer una reparación o a hacer tareas secundarias como poner la vajilla en el lavaplatos. Con el tiempo cada cónyuge sabe cuales son sus roles y el marido aprende qué puede hacer y qué no (también al revés). Ese reparto de funciones es una aplicación a una escala de productividad de la división de trabajo mas básica que tambien usa la organización de cualquier otra empresa. No es nada extraño.¿es que la vida de pareja no es acaso una empresa?

1La lista no se ajusta a las que dice exactamente el humorista

El dilema del padre-esposo

Por JesRICART - 22 de Enero, 2010, 19:14, Categoría: SINTOMATOGRAMA

 

El dilema del padre y esposo a la vez .

El discurso feminista de la liberación de la mujer que surgió en contra de la cultura falócrata no ha dejado de coexistir con un discurso resignado de los hombres frente al dominio doméstico femenino. El clamor de la libertad de las mujeres reclamando su posición de igualdad y a la vez de diferencia frente a los hombres que fue una reacción lógica a la supremacía del varón en las relaciones económicas y de producción, también en las sexuales y las de sojuzgación política y psicológica, y que fue legítimo históricamente como un proceso sensato no se convirtió, no se ha convertido, en una alternativa para una sociedad igualitaria. El feminismo como otros movimientos sectorialistas ha concurrido en panorámicas sociales altamente contradictorias sirviendo para recordar derechos naturales pero no ha potenciado un nuevo modelo de sociedad ,aun con todas las modificaciones conseguidas en el corpus jurídico. En la detallística cotidiana tanto en épocas tiránicas con la libertad de opinion reprimida como en otras épocas democráticas o speudodemocrásticas con a libertad de opinión no tan censurada, la casuística de cuadros familiares en las que las mujeres ocupaban en lugar del ordeno-y-mando, se han prodigado. La mujer había consolidado su poder político tácito en el seno familiar creando lineas de matrilinaje según las cuales sus hijos eran reconocidos por sus compañeros o maridos.

A la fuerza impositiva masculina por hacer trabajar sus mujeres en la logística de ambos hay que añadir los atributos naturales femeninos en la reproducción de los hijos, lo que en si mismo ha dado una perspectiva de poder natural. Las mujeres han sido siempre las que han dado los hijos a los hombres para perpetuar su linaje o sus posesiones. Sin mujeres consintiendo esta reproducción la especie se habría extinguido o seguido un crecimiento menor.

El padre que se estrena en tal condición de padre asiste un tanto como subalterno al nacimiento de su hijo. Quien hizo la mayor parte del trabajo fue la madre. Incluso microscópicamente la comparación de su espermatozoo con cola empujando vivaracho por entrar en el óvulo cuyo tamaño lo supera en cientos de veces lo deja en un segundo lugar. El espermatozoo va hasta donde está el óvulo y no al revés. Esa dialéctica biológica luego se repite socialmente a lo largo de la vida de los hombres buscando mujeres y estas decidiendo quienes les convienen y quienes no, a quines dejan entrar en su vida y a quienes excluyen.

Las mujeres parteras se sienten inmensamente completas al cumplir con su función reproductora primero y la de la crianza después. Las mujeres rebeldes que quisieron superar el rol de sumisión a sus maridos hubieron que pasar por el control de sus cuerpos y particularmente por la gestión planificadora de sus aparatos reproductores. El amor libre fue propiciado técnicamente por la posibilidad de hacer coitos sin riesgo de embarazos. Una mujer partera ,sucediéndose en su ciclo de fecundación con partos continuos además de reducir por la suma de sus intervalos con sus bombos a pocos años de juventud , estaba vinculada al espacio domestico o logístico. Este cuadro de sometimiento no impedía su parcela de poder. Todavía ahora, con parejas que han nacido después de 1968, y de la década prodigiosa de los sueños y proclamas de amor libre, se sigue perpetuando un esquema clásico por lo que hace a las relaciones de poder en ese particular constelograma personal. Los compañeros siguen enfrentándose al mundo del afuera de casa, participando de empresas como asalariados o en negocios como socios y trayendo el dinero -o la mayor parte del dinero- a casa, y ellas siguen especializándose en la logística doméstica o en mayor grado que ellos. También son estas las que mas tiempo se pasan con los chavales y aquellos lo hacen menos. Evidentemente, esto ha cambiado mucho desde la integración de la mujer al trabajo asalariado pero no lo suficiente como para poder afirmar que ambas figuras están equiparadas legal y realmente a las mismas cuotas de participación en la crianza de los hijos.

Al compañero masculino que deviene con su colaboración cromosómica a la condición de padre va a ocupar una relación secundaria en el trato, cuidado y educación de sus hijos. Todavía ahora se pueden observar en las frases de las parejas femeninas progres que al referirse a la dedicación de los padres a sus criaturas lo hacen desde posiciones de poder. Se colocan en la posición de evaluadoras. Desde que el padre es padre se ve relegado a una posición secundaria en relación al trato con los hijos por muy queridos que sean por ellos. Desde su voz más grave a sus rasgos y gestualidad menos dulce, al hecho social que pasa mas tiempo fuera de casa, al hecho de que no tiene mamas nutricias, lo coloca en un segundo plano por lo que hace a la interiorización de mensajes de la criatura.

El dilema del padre-esposo es que para actuar en relación a sus hijos pasan por la autorización tacita de la madre de los pequeños. Si la madre no es convencida, o neutralizada, otras relaciones externas a la pareja o núcleo familiar van a ser saboteadas, tales como las de otros familiares y amigos. Al padre que es esposo a la vez le resulta difícil integrar esas dos historias sentimentales y dedicacionales distintas: la de la compañera y la del hijo. Desde el momento en que da a lugar a un primogénito, tercera persona pues en el orden en la relación de sus procreators, viene a crear una imparidad. Donde hubo dos ahora hay tres, donde hubo una relación ahora hay tres clases distintas de relaciones entre el padre, la madre y el hijo: la de P-M, P-H y M-H. La unidad de criterios educativos, la estabilidad material, organizacional y emocional no impiden tal pluralidad, la definen y organizan pero no la liquidan. Donde hay tres personas hay tres tipos distintos de relaciones que en sus diferencialidades específicas generan contradicciones asi mismo especificas. El planteamiento de una familia igual a un solo grupo y a una sola historia de intereses falsea las realidades. Una familia, como todo grupo, está compuesto de individuos con sus psicologías y políticas interdiferenciales. A la triangularidad inicial del núcleo familiar se le añaden más relaciones cuantos mas hijos se reproduzcan. El padre que sigue ostentando un rol muy diferente al de la madre, no tiene porque coincidir con las relaciones que ésta desea favorecer o excluir de la vida de su hijo. En tanto pierda de perspectiva el derecho a la libertad de éste y la supedite al cuadro de dominio de la madre para seguir teniendo los favores de ésta como su compañera, eso sienta las bases para dos relaciones en paralelo en la que sacrificará una para proteger la estabilidad de la otra. Lo dramático de este cuadro es que desde mucho antes que el hijo esté en edad de relacionarse por su cuenta a partir de la pubertad y la adolescencia y que los padres se pongan en el rol de filtro para evitarles malas influencias (denominación oscura y con poca gracia que siempre que hay revisar para casos concretos) ya antes de nacer pueden estar posicionándose al respecto.

La responsabilidad paterna en cuanto a la criatura es una y sus débitos, si así se puede llamar, en cuanto a su pareja, son otros. En toda trinagularidad que la relación de una de las parejas de dos pasa por la supervisión, control y consentimiento de la tercera persona se instaura una inocultabilidad del conflicto o una demora de la evidencia de las contradicciones: alguien manda y alguien obedece a su pesar.

Si el padre quiere dotar de una educación y una libertad para su hijo contra la que está la madre tendrá que decidir optar por una o por otra. Por lo general, el padre-esposo prioriza los deseos de la madre a los del pequeño de cuya responsabilidad se coloca en un segundo plano. Hay padres que no llegan a imponer su autoridad incluso a pesar de que con ello reducen las ventajas y posibilidades recursivas de sus hijos para no enfadar a sus esposas.

El dilema de la madre no anda lejos del anterior pero no es el mismo. La madre es quien ha engendrado la criatura, es quien ha puesto la mayor parte de contribución en la formación del feto. Es quien ha decidido más, biológicamente, la contribución a esa nueva vida. El mayor peso físico, alimentario, ha sido el suyo. Tiene un poder natural conferido por su propia condición para imponer pautas a las que el padre se presta como apoyo auxiliar.

En la etapa de la crianza en la que la nueva criatura no tiene voz ni voto, tanto al padre como la madre, en sus valoraciones de la situación y del qué hacer, le toca representar los intereses de su hijo. El dilema del padre que los sacrifica para complacer los caprichos narcisistas de la madre reúne todas las premisas para gestar una culpa como resultante de no seguir una inclinación ética. El deseo de complacer a la madre (también al revés: el de que ésta complazca al padre) por encima de las necesidades objetivas de su hijo, va en contra no solo de la relación que se desarrollará con este, sino la que cursará dentro de la misma pareja y por si fuera poco, como tercer bloque, crea problemas con las relaciones de aquellos que dan la bienvenida al mundo a ese nuevo ser y no pueden cuidarlo y darle cariño por la barrera paterno-materna levantada.

En el siglo en curso bastantes parejas primíparas, también las pluríparas, crean un mundo aparte fuera de otra noción de la familia intergeneracional. Para otras educaciones que experimentaron las canchas de la familia numérica compleja les es difícil entender eso. Claro que, de acuerdo con Ramón y Cajal, el anciano propende a enjuiciar el hoy con el criterio de ayer. Fuera de postulados genéricos un neonato, sea de la época y cultura que sea, necesita de recursos para vivir facilitados por su entorno y su proceso de inserción, los dados por tanto por padres y otros elementos contextuales. El padre que recorta las ventajas de su hijo por las indisposiciones de la madre expresadas en forma de presiones y chantajes, terminará por somatizar sus contradicciones consigo mismo que se niega para sostenerse como núcleo cerrado.

La desentimentalización creciente.

Por JesRICART - 21 de Enero, 2010, 18:49, Categoría: SINTOMATOGRAMA

 

La sensibilidad se comprueba y define por la reactividad inminente de un sujeto perceptivo a parámetros estimulativos que le inquietan sus códigos de interpretación de los fenómenos. Dicho más sencillamente es el estado de respuesta declarada de un cuerpo ante una situación. Sin sensibilidad no hay una percepción rica de los acontecimientos, de sus características y detalles. El sujeto que observa puede serlo en tanto su sensibilidad hila fino y no pasa por alto los detalles. La sensibilidad es tomada como una propiedad indispensable para la creatividad y es comprobada como una prerrogativa concurrente en la mirada artística. También lo es para la conciencia social. En resumen, sin sensibilidad no se participa del interés por las cosas y por los demás.

La sensibilidad es uno de los factores que nos humaniza en tanto que nos hace estar los unos al tanto de lo que nos sucede a otros. De hecho, es una característica neurofisiológica que ya se comprueba en la reacción reflejo-anatómica y se correlaciona con la reacción sentimental-reflexiva. Los cuadros sentimentales se construyen a partir de unidades de sensibilidad elementales. Ser sensible al otro y a lo que ocurre es darse cuenta de lo que hay. Advertir lo que está sucediendo pero también intuirlo. Ese darse cuenta no es una reacción automatizada. Una señala acústica o visual puede crear el acto reflejo de fijarse en la posible fuente que lo ha producido pero saber exactamente de qué se trata requiere un plus de atención.

En principio la sensibilidad viene dada y forma parte de la sensorialidad. Los sentidos dan cuenta de los sucesos externos que afectan al propio aparato corporal. La sensibilidad ante el suceso, ante lo otro y el otro sustenta un proceso de sentimentalización. Hay unos umbrales de normalidad de lo uno y de lo otro. De su defecto se habla de la instalación de una propiedad específica de la personalidad psicopática y de la sociopática y de su exceso se habla como de una propiedad especifica de anomalías de personalidad por esperar lo que no existe. La hipersensibilidad como base de una ultrasentimentalización propicia que las personalidades excesivamente dadivosas se estrellen ante la cruda realidad. Y la nula sentimentalidad hace de la persona desafecta una especie de autómata rutinaria insensible ante las calamidades ajenas. Entre un extremo y otro se supone que anda la mayoría de comportamientos humanos relativamente sentimentales y afectos a lo que les pase a sus congéneres. Veamos si eso es cierto o puede ser cierto:

Las interacciones humanas con sus producciones verbales, tratos y convivencias heterogéneas no fluyen siempre según lo acordado sino que dan resultados distintos, cuando no adversos, a los presupuestados. En casi todos los ámbitos y esferas tras los encuentros o sus tentativas sobrevienen los desencuentros y las superficialidades residuales. El otro -sea quien sea- es una figura que pasa de ser el depósito de las máximas esperanzas y receptáculo al que dedicar las propias energías, a ser otro más en un proceso de pluralidades que no da de si todo lo que inicialmente iba a poder dar sino su parte menor. Tras una cierta suma de desavenencias y fracasos en los que el reconocimiento de la traición como víctima no está lejos de la interpretación del victimizado se concluye que de todo lo que diga o piense el otro habrá que tomarlo a cuenta gotas. Es el momento en que se desentierra una tesis conocida desde antiguo: la desconfianza de lo ajeno. Para vivir con los demás sin confiar en ellos solo es posible hacerlo desde la desentimentalización. Como esa elección se hace sin dogmas absolutos, la falta de confianza navega entre un estado ontológico y un juego de roles de excepcionalidades. Es así que en los mayores actos de declaración emocional se puede estar afirmando la tesis de la desconfianza relativa o, lo que es lo mismo, de la inconveniencia de la confianza total en alguien. Eso incluye a los amigos, los amantes y los consanguíneos.

La vida civilizada se ha convertido en el arte de compartir los espacios comunitarios (societarios) sin tener el menor sentimiento de pertenencia al mismo grupo de vivientes por mucho que el saber nos paute para reconocer que formamos parte de una misma especie animal, de unos mismos códigos culturales, e incluso de un mismo pueblo, barrio, calle o edificio.

Para vivir en sociedad con todos sus riesgos y peligros, dada la falta de identificación con muchos de los sucesos que se dan (la mayoría de sucesos) es posible con la desentimentalización creciente. El arte en todas sus versiones tiene por constante común ser el arte de la fuga de esa sociedad rival y rabiosa contra la individuación. El problema de la desentimentalización no es nuevo. Desde el día en que alguien en su ejercicio del poder tomo a sus semejantes o parte de ellos como sus esclavos tuvo que enajenarse de la sentimentalidad de éstos, de sus ansias de libertad, de sus opiniones sinceras. La desentimentalización actual cursa de otras sutiles maneras. No se puede tomar por ciertas las frases protocolarias que se dicen por decir sin ser sentidas. Cada vez que uno comprueba la falta de sentimentalidad y de sentido que otro pone en su decir y hacer tiene motivos sobrados para corresponderle de la misma manera, reduciendo la verbalidad a un juego de sonidos. La gran cuestión para encontrar el candidato del año al premio de sujeto sentimental, es si es posible que alguien mantenga sus cuotas de sentimentalidad independientemente de si es correspondido. Su alegato existe. El amor sigue siendo definido como aquello que se siente a favor de alguien querido

independientemente de su correspondencia.¿Es psicológicamente posible lo que ideológicamente es defendido? Una filosofía para de correlación con los congéneres opta por el amor universal del que se puede hacer apología mientras se viva ,lo que no quita que colisione su concreción en el amor concreto persona a persona. Cada persona en concreto, según sus actos, da a lugar a un trato u otro, a una deferencia u otra, a una inserción en un primer o en un ultimo plano. Sea cual sea el código teórico de los grandes principios de cada uno de nosotros, en la práctica, la última decisión se toma en cada caso concreto adaptando todos aquellos específicamente a este. La misma teoría de vida que se toma como unitaria para todas las situaciones se convierte en un florecimiento de actitudes distintas e incluso contradictorias entre sí. Lo que se puede aceptar a un individuo no se acepta en otro, lo que se quiere a uno no se extiende en querer cualitativo y cuantitativo a otro..

El aparato psíquico para prevalecer -como parte del organismo humano vivo- toma distancia gradual de todo aquello que le hace daño en el plano de la herida sentimental. La desentimentalización es la consecuencia lógica de una desensinsibilización con respecto a los avatares externos. Eso pasa tanto en las personalidades más egoístas como en las mas altruistas. Tomar distancia del objeto de afecto solo es posible con esa desentimentalización. La metodología contratransferencial al otro, marca las pautas de desentimentalización. Es el bucle que permite reinterpretar el objeto de deseo como el factor de transición entre el yo que viaja y el espacio panorámico que lo consiente. Si bien la tendencia natural del humano es el de la búsqueda en el otro lo que no tiene en sí (en términos de Blaise Pascal, el instinto es lo que hace que sintamos que debemos buscar la felicidad fuera de nosotros) después de multitudes de interactos con el gran mundo de los demás en todos los pequeños orbes que se conozcan lleva a un repliegue ante este afuera buscando el bienestar y el paraíso en el propio equilibrio psicológico. Este pasa por dejar de sentimentalizalo todo como al principio de las búsquedas y de los contactos. Lo esencial es invisible a los ojos decía Antoine de Saint-Exupéry. Buscar a los demás por sus formas o sufrir por ellas obstruye esa esencialidad. El sujeto esencialista se enfrenta a una paradoja reducir su mundo sentimental tras reconocer que fue la plataforma sentimental sobre la que se levantó para interesarse y preocuparse por sus semejantes.

La inconsistencia de la pareja

Por JesRICART - 15 de Enero, 2010, 14:32, Categoría: PSICOLOGÍAdeLasRELACIONES

 

La inconsistencia estructural de la pareja convivencial.

No es tan necesario acudir a los seguimientos estadísticos del país o de un eurobarómetro para saber cómo andan los comportamientos poblacionales y en particular el de la permanencia de las parejas. Propondría una denominación : cuota de resistencia, para referir la capacidad subjetiva de sostenimiento de un otro en convivencialidad directa e intensa. La palabra se las trae. Durante la ocupación francesa (la de los alemanes) los resistentes eran los que se oponían a la invasión extranjera. Raramente en guerras posteriores se utiliza tal vocablo, a los que disparan y ponen bombas contra los invasores ahora les llaman terroristas. Eso nos deja el campo semántico libre para tomar la palabra e incorporarla a esa idea de resistencia (aguante) ante el que tienes al lado. A juzgar por la cantidad de rupturas que se producen en las intentonas convivenciales la cuota de resistencia es obviamente baja. Si tengo en cuanta el domicilio de rellano contigo al mio por el que han pasado 3 parejas de unos 30a o menos, y que las 3 han venido a bronquearse a separarse aquí (en un periodo de unos 3años y medio) esta estadística de la fatalidad es sumamente curiosa. Si la observación la extiendo más allá de ese rellano y recuerdo el del contiguo, una pareja nada más casarse con festín y confetis y bragas de estreno colgadas en la puerta exterior para que que todos los vecinos supiéramos que ahí se había dado un gran acontecimiento, ya se había separado antes de pasar el año. Si la observación la extiendo al resto de la escalera, veamos...se han separado una, dos, tres parejas que yo recuerde. Son bastantes mas (debería consultar a mi compañera para que me diera la cuenta exacta). En cualquier caso en una comunidad de menos de 30 vecinos las experiencias de separación son bastantes. Alguna de ellas, esta ultima, nada mas instalarse tras asistir de convidados de piedra a una bronca considerable, de las del tipo, si no estas de acuerdo, ya sabes donde está la puerta, apostamos por lo que duraría la relación. Y es que en este mundo de penas si no te lo tomas con chutes de ironía estás perdido.

Como espectador del mundo, de sus comedias y tragedias, desde mi pequeño observatorio de hedónico irreductible, voy recogiendo las observaciones de la sociedad degradada. Los fracasos matrimoniales son dramáticos en tanto que rompen biografías y juegan con el porvenir de los neonatos por la negligencia paterna. Detrás de estos fracasas está la misma concepción de la familia-empresa y su principio de perpetuidad (hasta que la muerte nos separa). Vivimos tiempos oscuros en que la capacidad para el compromiso es escasa, (tanto en ellas como en ellos, por mucho que haya una versión feminista circulante que sostiene que el derecho a la libertad masculina sea una fachada de no-compromiso). La aventura convivencial es una convocatoria al compromiso de una continuidad sin que impida la libertad. Cada pareja trata sus asuntos en privado para la combinación de las dos cosas. El criterio más libertario y postmoderno sigue siendo el de aceptar el encuentro sin pensar en una continuidad para siempre. El compromiso para el mañana de lo que ni siquiera se está tan seguro de hacer hoy es una de las grandes falacias que han enredado a pajaritos y pajaritas ante altares. El hecho de que el matrimonio siga siendo un significante tan poderoso indica por si mismo la poca valentía para la vida en libertad que tiene la gente. Todo sería completamente distinto si la perspectiva de vida en pareja se tomara como una intimidad transicional (transitante entre parejas anteriores y parejas posteriores). Esto de vivir toda la vida con una y solo una persona es uno de los grandes atrasos de la psique humana. Ya sé que la cultura dominante se basa en esto, también la economía. No en vano todos los estados totalitarios han favorecido tanto a la unidad familiar como eje celular de todo el tinglado del sistema. Si por el contrario, la cultura educara en la perspectiva de la transitoriedad (todo, en el fondo, es efímero y transitorio) y que las relaciones de pareja no tuvieran que ser buscadas como definitivas, se facilitaría cambiar un mundo de relaciones competenciales por otro de relaciones mas cooperativas. En paralelo si la idea de familia como feudo patrimonial fuera superado en una perspectiva más societaria que superar ala noción de linaje (de apellido) los hijos de cada hombre y de cada mujer podrían ser de sucesivos padres y madres, interrelacionando la consanguinidad y en definitiva la socialización de la intimidad. Actualmente los individuos que tienen hijos de distintas parejas mas bien son indicativos de caos biográfico y de irresponsabilidad paterna pero también lo son del fracaso de la pareja, de una sola pareja, en un estado de permanencia. No es que se trate de tener hijo con todo partner con quien se tenga una etapa de intimidad (lo mejor es no tener ninguno con ninguno de esos partners hasta que la humanidad vuelva a andar escasa de gente) sino de concebir la misma intimidad como un bien comunitario. Con cuanta mas personalidades te trates fuera de protocolo y en las relaciones sentimentales y de intimidad mas pertenecerás al mundo y mas placeres conseguirás. Puesto que, a fin de cuentas, vivir con otro es para pasarlo mejor que vivir en soledad tan pronto las exigencias de pareja superan las expectativas de placer la mejor, y mas terapéutica, de las opciones es la separación. Cada separación, sin embargo, tiene una doble lectura. Es un acto de madurez al terminar con aquello (y aquella persona) que te estaba hundiendo. Al final, el mejor de los barcos que se hunde se abandona aunque te quede un mar por delante para nadar en solitario. Y por otra parte es un acto de retirada por no querer reparar heridas y entender lo sucedido con las antagonismos y peleas dados. La sociedad proporciona tanto de todo que perder algo o a alguien puede ser sustituido por una próxima cosa o relación. ¿Es realmente así?o¿es que la ficción del hiperconsumismo ha llevado a creer en el espejismo de la suplantación de todo? Una pareja para toda la vida como cualquier otra cosa para toda la vida es un poco absurdo. Son los miedos a la soledad o más exactamente al estar en permanente estado despierto de encuentro (el de búsqueda o el de hallazgo) lo que -nos- asusta. Por eso preferimos continuar con relaciones mas allá de sus coordenadas primeras de sintonía, consonancia , pasión y amor a tope. Eso da lugar a panoramas de continuidades sin contenidos en los que predomina la conveniencia y el utilitarismo mutuo de la compañía.

Estamos lejos de un mundo humano en el que la pluralidad reconocida y proyectada en todo, (tambien en el amor y en el sexo, claro) sea aceptado y sea potenciado y acabe de una vez para siempre con una patología severa llamado celosía que sigue cobrándose víctimas mortales. Mientras tanto ha habido y hay fórmulas para sobrevivir: desde el adulterio y los burdeles que permiten escapadas hacia otros territorios corporales al intercambio de parejas. Todo hombre y mujer emparejados deberían pasar, como parte de su formación de carácter y madurez, por asistir a la relación de intimidad de su partner con otros. Eso de ponerse a rabiar porque ves que una chica baila muy apretada con tu chico o porque tu chico se gira para ver la sinoide aguitarrada de un culo despampanante al pasar, o porque tu chica queda con tu mejor amigo para hacer un quiqui, todo eso es completamente demodé, propio de mentalidades de penuria fraguadas en años de vacas flacas. La sonrisa de la fortuna te la tienes que ganar a pulso, dijo Emily Dickison, mensaje que podemos adaptar a este tema. La felicidad hedónica la proporciona el esfuerzo mental y la disposición en actitudes a aceptar la pluralidad en ti y en los mas cercanos. Sobre esta óptica la pareja solo puede existir y crecer como autentica pareja abierta. Es lamentable que haya tantas personas que tras casarse se encierren en casa (en su casa ideológica e inamovible) y tiren la llave. Es probable que en la época de los cinturones de castidad hubiera mas liberalidad que en estas nuevas cerraduras de personas no dispuestas a seguir descubriendo mundo, gente y cuerpos, por el via crucis de una fidelidad mal entendida e impuesta de malas maneras.

Esta es la contradicción: la necesidad de compañía sentimental e intimidad sexual y a la vez una relación carcelaria con ese otro especial que no nos deja ir con la mirada, con el tacto y con el pensamiento en campos de intimidad ajena. Es una contradicción porque la ideologia de ese compromiso cerrado es en si misma estanca e impide continuar con la investigación de la vida.

El desiderátum liberal (que sigue siendo tratado como libertino) lleva a que los/las liberales seamos juzgados/as como saltimbanquis que saltamos de vagina en vagina olvidandolas a la mañana siguiente. La vida en el mundo, una vida tampoco tan larga pero suficiente, no habita todo el mundo, sino que lo interpreta a través de las mas bien pocas relaciones en profundidad. ¿cuantas personas te influyen y son cruciales a lo largo de toda tu vida? ¿0, veinte como mucho? Te puedes tratar con miles y ahora ya hay instrumentos para tener los datos de decenas de miles, pero las cruciales son muy pocas. Por eso, lo de menos es con cuantos partners uno reparte su biografía en forma de placeres sino en el valor de cada persona en lo que es. La rivalidad en realidad no existe. Quien tiene claro que es único e induplicable no puede temer a alguien distinto por mas guapo y atractivo o rico que sea. Del otro distinto siempre se saca algo, se aprende, del otro que se toma como rival solo se saca dolor.

La estructura de pareja con sus hábitos y proyección de posesividad por su principio de exclusivismos lleva al control y este a al bloqueo del crecimiento de las partes, a no ser que los territorios privados de cada uno sea escrupulosamente respetados en el sentido de aceptados en sus proyecciones fuera de la binomialidad.

La estructura de pareja con sus hábitos y proyección de posesividad por su principio de exclusivismos lleva al control y este a al bloqueo del crecimiento de las partes, a no ser que los territorios privados de cada uno sea escrupulosamente respetados en el sentido de aceptados en sus proyecciones fuera de la binomialidad.

El paseo peripatético.

Por JesRICART - 12 de Enero, 2010, 16:14, Categoría: PSICO-CURA

 

El Paseo. Moverse sin ir a ninguna parte.

Pasear es otra constante gratis que proporciona multitud de placeres y ventajas sin prácticamente ningún esfuerzo. Es la actividad que empiezan a recomendar los médicos a partir de una cierta edad de sus pacientes para contrarrestar su sedentarismo. La quietud va en contra de las funciones organísmicas. El cuerpo tiene mejores perspectivas si se mueve un mínimo. El paseo -el solo hecho de pasear -te saca del lugar donde estés para ver el mundo inmediato con otra perspectiva a pesar de lo mucho que lo conozcas. Pasear es moverse sin objetivo alguno salvo el de ese mismo movimiento. Sea el que sea el lugar urbano en el que se esté, pasear lleva a distintos tipos de itinerarios: desde los básicos decididos al tomar direcciones opuestas saliendo de casa a un multitud de variaciones del recorrido. Pasear es un recurso potencial que se hace se vaya donde se vaya. Se puede tomar el coche o el bus e ir a determinados lugares para pasear.

El paseo es una actividad individual que puede ser compartida. Además de andar (o de ir en silla de ruedas o en triciclo eléctrico) se puede observar el lugar, admirar las modificaciones urbanísticas o el cambio estacionario de las plantas y árboles en el parque, se puede coincidir con conocidos, se puede ir con otros para platicar, se puede pensar. Los paseos son maneras cómodas para reflexionar. El panorama del exterior está repleto de detalles de observaciones y estímulos que hacen reflexionar. Pasear es mucho mas que moverse, lleva consigo un montón de actividades. Por si fuera poco el paseo ralentizado permite la observación de una manera aguda, algo imposible de hacer cuando se tienen prisas y uno se desplaza. El desplazamiento es una actividad que pretende ser proeductiva, el paseo no, o no buscando una productividad en lo material, aunque de hecho el paseo siempre es beneficioso intelectual y patológicamente, física y sanitariamente. Pero también lo es informativa y materialmente. Al pasear hay hallazgos insólitos (un paseante encontró la cartera que habíamos perdido a 500 kms de nuestra casa e hizo que nos la enviaran sin tocar ni un céntimo de su contenido) y encuentros inesperados. Da lugar a las coincidencias con otras personas. Una mayoría en todo caso a la que no se visitará nunca en sus casas ni te van a visitar en la tuya. El espacio público del paseo es una de las grandes hazañas urbanísticas. Las avenidas y los parques permiten el sosiego ademas de la abundancia de sonidos de la naturaleza que aceptan coexistir con la barbarie humana.

Como militante de teclados vengo autoadvirtiendo toda la vida que cuando me falta una palabra o una frase para expresar una idea me levanto espontáneamente como empujado por un resorte para dar una vuelta por la habitación o salir al patio o al balcón o donde sea, la cuestión es que me pongo de pie y al cambiar mi perspectiva física encuentro la parte del texto que me faltaba. Es casi un rito inercial. Al pasear ,te pones en contacto de una manera diferente con el mundo. Durante una dilatada época de la vida, pletórica de energía el paseo como tal no existe, es cosa de mayores. Las criaturas hiperactivas se mueven en sus juegos y cuando no se tiene vehículo propio se camina hasta la parada de tren o bus para ir a donde sea que tengas que ir. El movimiento corporal diario viene determinado por los desplazamientos obligados para ir a las citas o cumplir con unos horarios de compromiso. El desplazamiento y el paseo se mezclan, aunque en realidad lo que define un paseo es el no objetivo y las no prisas: dejarse llevar por los pasos sin mayor preocupación que el placer de darlos y de ver ese fragmento del mundo llamado cotidianidad fuera de casa.

Es -o debería ser- una constante diaria: los pulmones se oxigenan, los glúteos se fortalecen, la conciencia con el entorno se hace más viva y el cuerpo se convierte en una estación de observación en movimiento. Pasear no tiene hora, se puede hacer en cualquier momento del día o de la noche aunque bien es cierto es que la forma de andar especifica del paseante puede levantar sospechas a determinadas horas. En algunas zonas residenciales sueltan los perros de madrugada, los cuales teniendo hiperdesarrrollado su sentido de la propiedad ladran a cualquiera que pase por la acera. A partir de determinadas horas tardías cuando la ciudad duerme, patrulleros de la ley y el orden pueden sospechar de un paseante tranquilo que combate su insomnio dando una vuelta por la calle de forma pausada. También hay zonas donde los paseantes tienen poco que hacer ya que sus ritmos sosegados chocan con el estrés violento de los prisistas camino de sus negocios. Obviamente las horas puntas no son las mas aconsejables para dar vueltas por los puntos neurálgicos de concentración de multitudes como las estaciones o los halls de los aeropuertos. El paseante que improvisa su itinerario por primera vez , en una ciudad en la que se detiene durante un viaje para estirar las piernas, puede meterse en zonas de riesgo antes de que se de cuenta: pistas transitadas por coches ,sin arcenes o aceras para los viandantes o riesgos de atropellos por bicicleteros que consideran sus prioridades innegociables. El pasante urbanita aprende pronto que hay calles que no se prestan a ser paseadas. Para pasear, en ocasiones hay que tomar un transporte publico para ir a una zona especifica de paseo, generalmente parques o zonas peatonales especificas substraídos a las inclemencias del tráfico. Los espacios de peatonalidad son retos de las ciudades modernas frente al crecimiento en vertical de barrios reunidos en un solo edificio (se acaba de inaugurar la torre mas alta del mundo de algo mas de 800 metros de altura, el burj Khalifa en Dubai, que concentrará otra maximización del poder). A la pulsión falocrática del sistema apuntando a la verticalidad-récord la vida diáfana de la paz pasa por la extensionalidad horizontal. El sosiego es horizontal la belicosidad es vertical. Aunque vertical tambien es una condición del movimiento y del traslado corporal.. Ir de un lugar hacia otro es ponerse por encima de la horizontal para adquirir una cierta perspectiva de la situacion aunque no se acceda al horizonte pero tampoco hay que encararmarse a la torre mencionada visible a 90kms de distancia.

Durante el paseo en solitario se puede meditar. Puede constituir una meditación flotante, tambien es una observación situacional. Desde que se tienen perros domésticos en pisos sacarlos a pasear se ha convertido en un gran pretexto para mover el propio esqueleto. Son los ratos del día en que se puede dejar el domicilio con la mejor de las coartadas o sin sospecha alguna. Ya se ha señalado repetidamente que la jocosidad y espontaneidad de los perros husmeándose había llevado a que sus dueños platicaran o a que se trabaran contactos entre vecinos. Últimamente los sensacionalismos mediáticos se han hecho eco del dogging: practicas sexuales puntuales entre paseantes de perros que toman contacto fisico sin ningún protocolo de seducción. Es la sexualidad en su estado mas animal, propio de los seres humanos no tan lingüísticos para ese tipo de situaciones.

Como se ve, pasear da para muchos opciones. Por si deja de practicarse el dolor de coxis por intensivos de sentadas ante la mesa de trabajo no permite olvidar la necesidad de tal práctica.