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Las formas del humo.

Por Jesús RICART - 17 de Agosto, 2008, 4:26, Categoría: SINTOMATOGRAMA

Alegato antitabaquístico.

El estado gaseoso es una de las expresiones de la materia que evoca un cierto estado de irrealidad. Admitiremos que determinadas brumas y humaredas pincelan cromos de romanticismo y de misterio.  El humo pone forma visual a un proceso de combustión que transforma una materia sólida, evidente y tangible en una inasible, inestable y volátil.  El humo no  pasa por la condición exclusiva del fuego explicito. Hay llamas limpias que no lo producen. La célebre expresión de si hay humo es que hay fuego forma parte de las muchas mentiras que se prodigan en la cultura ordinaria. El humo puede existir sin que haya fuego. De hecho puede haber tanto mas humo cuanto menos fuego se produzca en situaciones de combustiones difíciles de materiales muy densos y tóxicos.

Hay un tipo de humo que me interesa particularmente por lo que a salud publica se refiere, el humo del tabaco. El tabaco es un material solido que una vez prendido experimenta una brasa sin llama que se activa con cada inspiración, es decir cada vez que tiene una entrada de oxígeno desde el aire exterior. Las formas de fumar han sido y sigue siendo múltiples y el tabaco ha `pasado por distintas consideraciones a lo largo de la historia. En algunos momentos su prohibición había sido severamente castigada por las autoridades. Si bien no es una droga alucinatoria produce estragos en el organismo. Los estudios que vinculan el tabaquismo a la bronquitis, enfermedades coronarias y cáncer de pulmón son suficientemente fiables. No cabe sospechar que intereses comerciales opuestos a la industria tabaquera quieran acabar con ésta para reconducir consumos de masas a otra clase de adicciones. El tabaco comparte el común denominador de otras drogas por su fuerza adictiva. Otras drogas consideradas más adictivas son, paradójicamente, menos perjudiciales para la salud. La avalancha  propagandístico-institucional de los últimos años en contra del tabaquismo ha llenado a la población fumadora de estigmas. Sin duda, su cuantidad se ha reducido tanto por la sensibilización con respecto a sus peligros como  por las inconveniencias prácticas de seguir fumando en no importa donde. El adictofumador tiene argumentos de los que echar mano para continuar  sin variar su condición. Hay una serie de placeres añadidos al acto de chupar un cigarrillo, una pipa o un puro difíciles de derogar. Incluso futuros papás o futuras mamás siguen en esa condición, incapaces de librarse de ello. Junto al tabaco hay una gestualística difícil de substituir. Dejar de fumar significa reaprender lo que hacer con las manos libres, también con los labios desocupados y buscar una alternativa a la ingesta de humo por otras cosas menos peligrosas. Es difícil que un solo fumador no reconozca los inconvenientes fisiológicos de su hábito. Alegar que de algo hay que morir es poco elegante. En todo caso el no fumador no tiene porque morir de lo mismo que el fumador a causa de su tabaco.

El principio de autodestrucción queda demostrado con la sistemática al humo. El tabaquista no es un adicto a cualquier humo, el incienso en la habitación, o la vela encendida en un espacio romántico no le substituye la necesidad del pitillo en la boca. Hay tipos a los que no se recuerda sin su cigarrillo. ¿Acaso se puede imaginar a Churchill sin su puro, a Grouxo sin el suyo, a Holmes sin su pipa, Bogart con el pitillo entre sus labios? Mi primer profesor de inglés tenia un despacho enhumado, con una buena colección de pipas, a cual su boquilla más roída. El habitáculo estaba en penumbras, la única luz funcional era la lámpara de despacho, la del centro de techo o no existía o si estaba conectada apenas daba luz. Mientras conjugaba el to be o el to have o leía los primeros fragmentos de relato. Las partículas de tabaco que le asomaban a la lengua del hombre las escupía en su mano o donde fuera, no recuerdo de ninguna que me salpicara a la carao aterrizara en mi libro,  por aquel entonces yo ya era un fumador corrompido con 15 años y su fragancia de hombre viejo con olor a tabaco no me molestaba en lo más mínimo.

Érase un hombre a un cigarrillo pegado podría ser perfectamente el inicio de una primera frase para referirse a Cortázar. El cigarrillo (o cualquier otro objeto fumable) no es el responsable, no es el cigarrillo el que va a la boca sino la boca la que va al cigarrillo. Podría no haber llegado nunca a ser cigarrillo y mantenerse como mata de campo sin siquiera formar parte de una plantación. El ser humano ha necesitado históricamente de productos con los que estimular sus días terráqueos, el tabaco ha sido descubierto y explotado hasta la saciedad. Fumar busca un placer que al principio es confundido con las bocanadas de los primeros años pero luego termina por no encontrarse nunca. No discutiré una serie de ventajas de socialización con el humo del tabaco, su envoltura, es imposible escribir una novela de literatura negra sin `personajes que no fumen. Pero no tiene nada que ver con los fumaderos de opio donde se daban otras aventuras alucinatorias y ni siquiera con los porros de mariguana. Los fumateros de hachís de larga duración saben que a la supuesta expansión mental del primer maño les queda un embotamientos para los siguientes. Las conversaciones se mantienen dentro de unos niveles no profundos de los temas. El fumador tabaquístico, puede empezar siendo fumador social porque todos los hacen y terminar siendo un sujeto empedernido que entra en inequívocos calcos de ansiedad cuando su torrente sanguíneo ve decrecer la cuota nicotínica. El mejor placer del tabaco, aun lo recuerdo como ex fumador, era el primero tras un desayuno o tras una buena comida. Se trata de un placer efímero ya que el segundo quita el placer del anterior y así sucesivamente con el tercero con el cuarto o con el cuadragésimo poniendo toda la fantasía a perder. Ni las volutas de humo producen figuras interesantes ni el que está enfrente tiene porque ser fumador pasivo.

El tabaquismo se va reduciendo a determinados espacios donde la densa humareda es tal que debería proporcionarse caretas antigás y botellas de oxigeno a los parroquianos. Inexplicablemente sin estos elementos de equipo la gente aguanta veladas en pubs y discotecas hasta altas horas, luego sigue en after hours aguantando mas de lo mismo y vuelve a casa tan fresca. El cáncer que se le prepara en estos momentos, cuando se le declare en firme tendrá la cara de dura de decirse ¿por qué a mi, qué mal he hecho para merecer esto? Evidentemente, el fumador ha elegido una forma lenta de morir, pero no menos horrible. Está en su derecho. Cualquiera que está vivo tiene derecho a morir como le apetezca. Contraer una enfermedad de largo tratamiento y de coste sanitario considerable con un pronostico de cura no claro, es una carga para el sistema (vale ya ha pagado sus impuestos para esto) y una derrota para los planes educativos. Consiguió su merecido. He conocido gente que ha muerto prematuramente por la cuestión del tabaco, por un enfisema pulmonar, por una crisis cardiaca. Vale, fue su opción. Mucho años despues de eso todavía podria estar disfrutando de su prosa y en su lugar quedo la de alguien que nunca venció a su adicción.

La gente se mata de muchas maneras, la tabaquística es una de ellas, tampoco es un acto criminal. El fumador no es que salga con su coche a la red viaria con el firme propósito de atropellar peatones cruzando el paso cebra, No, hay diferencias entre uno y otro. El fumador fuma para si mismo. El tabaco le ha hecho mucha compañía. Ha puesto el calor necesario en una mañana de invierno viendo como amanece junto al muelle esperando a la persona que se fue y no vuelve. Es el gesto que la ha acompañado hasta altas horas de la noche, viendo como parte de la ceniza le ha caído sobre las páginas de un libro o sobre un papel en el que escribía. También es el objeto de consumo que rellena hasta la saciedad los ceniceros siendo focos pestilentes o dejando la pestilencia incrustada en sofases, camas, ropa puesta, ropa de armario, alfombras y todo lo demás. Entrar en la casa de un fumador es entrar en la antesala del infierno. Recibir un visitante fumador antes de que diga esta boca es mía queda delatado por su hábito.

Del  universo de fumadores hay que distinguir  la pertenencia especifica de cada cual. Si bien cada personalidad elige cada tipo de tabaco acaba siendo el tipo de tabaco y la forma de fumar la que hace al fumador. El hombre del puro es un tipo diametralmente distinto al del cigarrillo. Aquel impone. Su aroma llega desde el otro lado de la esquina. Abutacado en el club del que sea socio, es primero su nube y después él. El fumador de pipa es otro asunto, es la aristocracia, el gesto del investigador, el profesor de academia o incluso el enseñante musical. Hay fumadores de pipa que se encuentran para competir cual mantiene durante mas tiempo encendida su cazoleta sin consumirla. Las hebras del tabaco puestas en el cuenco de la pipa labrada a mano ponen en relación al hombre con la naturaleza de otro modo. Nada a ver con el fumador de cigarrillo que se encuentra todo hecho y que apenas tiene tiempo de oler la fragancia de su pitillo desde que lo saca de la cajetilla hasta que lo enciende en sus labios. Hay `posturas para todas clases. Hay quien juguetea con el cigarrillo entre sus dedos antes de finalmente encenderlo. Sabe que el tabaco le hace daño, un dia de estos lo dejaré. Si sus amigos ex fumadores o no fumadores le dan toques al respecto se puede sentir amenazado. (Déjame en paz, el dia que quiera lo dejaré). La voluntad es poder, el problema del tabacoadicto es que sabe que plantearse dejar de fumar y no conseguirlo pone en evidencia que su voluntad no es tan fuerte como creía. En el colmo de la casuística hay quien ha suspendido el tabaco en deferencia al hijo que espera pero tras el parto vuelve a las andadas, Vale, tiene la deferencia de irse a la habitación de al lado o a la terraza para sus fumateros pero olvida que las partículas de humo son libres, no son materiales que llaman a la puerta si no que se cuelan por las rendijas. Las plantas de las macetas junto a las que fuma estás mas al corriente de eso de lo que yo pueda señalar. El fumador respetuoso es el que pregunta si molesta al fumar ante los des uñado, en realidad lo pregunta cuando ya tiene el pitillo prendido prácticamente y le no fumador ha hecho algún gesto instintual de autodefensa. El fumador actual  es más marginado que nunca. Antiguamente era signo de prestigio, de relación social, de transgresión, actualmente lo es de ser un apestoso, en el sentido literal de la palabra. El problema no seria tan grande si el tabacoadicto no fuera tal, es decir si fumara para representar un rol y pudiera realmente dejar de hacerlo  en cuanto quisiera o supiera estar cómodo en las situaciones incompatibles sin el tabaco sin que esto le produjera un malestar psíquico. El fumador que lo es, a la primera oportunidad fuma, moleste a quien moleste y si no lo hace es porque un código represivo o limitativo se lo impide. En una ocasión agradecí a un fumador por haber dejado de fumar durante el rato que compartimos su coche. Eso lo hice mientras estaba fumando en el comedor donde otros estábamos comiendo y que para mi sorpresa nadie le dijo que no lo hiciera. Contesto que sus hijas le habían prohibido fumar dentro del vehículo para no ponerlo a perder con su humo. No pude felicitarlo por una deferencia que no tenía sino por una imposición a la que le obligaban. El fumador es un enfermo y cuanto antes reconozca esa condición y se autoaplique esa palabra mejor para superar su síntoma. ¿Soy un enfermo? Tan solo fumo tabaco, ni siquiera hachís, ni soy un alcohólico ni me meto heroína en la vena. Sí, eres un enfermo. Chico, cópialo cien veces en la pizarra para acordarte. El humo no te necesita para nada a ti, tú necesitas el humo y una voluminosa cantidad de partículas que intoxican tus células. Tampoco seas tan duro con él, mucha gente fuma y bueno se les puede tolerar, tiene que superarlo por si misma lo mismo que lo superaste tu. No, quien no aprende las reglas del juego que no juegue, que se dedique a otra cosa. El fumado público además de ir de enfermo pretende que los demás enfermemos.  Mientras la cocina se llena de sus vapores y los alimentos se impregnan de las partículas que han pasado por sus negros, quiero decir asquerosos, pulmones, los demás tienen que decir, sí, bonito, ya lo superarás cuando sepas que los mejores placeres de al boca pasan por otros elixires y que el tabaco no tiene ni uno solo.

Fumar no es un crimen, dirán los de la asociación de humos.  Sí, hay humos criminales, las dioxinas envían cada año a hospitalización a mucha gente. El humo del tabaco es una molestia, siempre lo ha sido pero antes se desconocía sus impactos lesivos ahora se sabe lo que pasa ej. la forma de estresar las células.

Antes tras dos orgasmos  simultáneos, los amantes encendían un pitillo y hablaban de la jugada, ahora emplean el tiempo para otro orgasmo o al menos para no pringar su cama lechosa de otras partículas indeseables.

La objeción principal al tabaco es que no sirve  absolutamente para nada. No abre puertas, ni sirve para relajar situaciones, antes se podía justificar como acto social o algo parecido, ahora ya ni siquiera esto. Fuma quien no sabe pasar de ser un fumador repitiéndose en un rol obsoleto. Ver a gente fumar a destajo es una actividad insultante para la lógica humana y para el equilibrio de la naturaleza. Un fumador ecologista se auto desacredita automáticamente por su hábito. Uno, revolucionario también, incluso un creativo en su taller o escritorio, escribiendo o diseñando lo hace porque cada calada le quita préstamos naturales y trazos concretos en su  trabajo. Raramente encontraremos un fumador que defienda el tabaco como una gran cosa. Nos dirá que es su vicio y que no ha podido o no ha sabido o no se ha planteado librarse del mismo. En la publicidad para dejar de fumar que uso el estado español en su campaña a favor de la ley de restringirlo en los locales públicos filmaba el rol de personajes humo adictos que se quejaban de las nuevas imposiciones alegando a la libertad personal para hacer lo que le viniera en gana. El slogan decía algo parecido a  no te engañes sabes que en el fondo no es cierto. La inteligencia proporciona multitud de argumentos a favor de la adicción. La psique atrapada en sus costumbres no está dispuesta a hacer renuncias de hábitos si eso le va a provocar desazón.  Su lista de negativos es extensiva y su lista de positivos es escasa o nula. Mirado lo mas esquemáticamente posible un fumador es un productor de humo, un producto que no sirve para nada salvo para fastidiar. Si al menos el humo sirviera para hacer espectrogramas y el fumador hacerse pasar por médium podria ganarse la vida como espirita. El humo, este humo, tiene una simbología particular. Reviste una de las formas más efímeras, cada voluta es distinta a la anterior, cada filigrana permite el entretenimiento de miradas ausentes que no tengan otras observaciones más interesantes que hacer. El ex fumador es un victorioso sobre si mismo, ha vencido su debilidad, sus insomnios por no encontrar un último pitillo en el cajón de la mesita. No tendrá piedad para tratar al fumador que quiere dejar de serlo sin conseguirlo sin miramientos: O dejas de fumar o te dejo de besar. Si quieres hablar conmigo no fumes. Fuma pero lejos. Despues de tantas exclusiones, el fumador sabe que se queda sin argumentos para continuar siéndolo, gasta una cantidad de dinero considerable, siempre se produce algún accidente y quema algo por equivocación, la ceniza está por todas partes, antes que hable le preguntan si fuma por el olor que desprende y una gama de micro posturas indica sus poses de fumador. ¿Cómo es posible que un objeto tan pequeño pueda sostener una figura tan grande? El pitillo, algo que apenas pesa unos gramos sostiene una persona de 50 o más kilos. Increíble pero cierto.

El fumador que quiere dejar de serlo lo que menos soporta es la presión exterior: siempre fumando, apestas, lávate los dientes, apártate, deja de gastar dinero en tabaco,…aunque si ama a alguien que no fuma es posible que se tome en serio dejar de serlo por deferencia a esta otra persona a parte de la deferencia a su propio cuerpo.

Para dejar el tabaco primero hay que organizar la voluntad en esa dirección. Quererlo. Antes de eso conviene una declaración de estado, de lo que es realmente, un adicto y como tal pasará por un síndrome de abstinencia. Si no está completamente convencido de dejar el tabaco por las consecuencias negativas que contiene tarde o temprano volverá a la adicción aunque haya tenido pausas de no fumar de meses o incluso de años.

Veamos lo que es un fumador: un tipo absurdo echando humo y aprovechando cualquier oportunidad para hacerlo, mientras habla, mientras conduce, a veces, entre plato y plato, mientras baila, mientras camina, a veces haciendo deporte. En fin, un tipo absurdo, ya ha quedado dicho. La simbología del humo por el lado etéreo que le toca. -el humo es por definición algo que se ve y que no se atrapa- puede ser sustituida con cualquier otro elemento humeante. En último término se puede ir a los oficios religiosos con incensarios o botafumeiros. En serio, el humo no necesita al fumador, hay otras fuentes que lo producen sin infestar pulmones ni crear problemas de voz. El fumador que lo necesita es porque necesita llenarse con algo, ampliar sus pulmones y su estomago tras una falsa perspectiva mientras no amplia sus horizontes de vida ni su discurso de salud preventiva.

El problema del fumador actual es que está en minoría y cada vez se encuentra con mas espacios con el adhesivo de prohibido fumar. Los locales públicos que no lo pone, por lógica elemental tampoco son para fumar, porque hay niños o porque hay otros adultos que les molesta. A fuerza de chocar con sus limites tiene que salir fuera de la oficina como lo que es un apestado, un apestoso, cuya actividad no tiene porque ser tolerada por los demás que no producen esa clase de suciedad. Su patología adictiva no queda en su cuerpo sino que es un problema social desde el momento en que molesta a los otros. Molestar a otro significa atentar a su libertad personal.

Una vez planteé esta cuestión en una reunión colectiva en un local cerrado de conspiradores, esto era en la Casa de la Caritat de Barcelona, sede de distintos movimientos o grupos Afavor de movimientos organizados de tipo reivindicativo y solidario. La reunión iba sobre cambiar el mundo en alguna parte, en Chiapas en concreto. Los fumadores empezaron a seguir la reunión bastante bien sin fumar, cuando no podían mas, se iban al pasillo, es decir a la puerta de la sala a encender sus pitillos, una vez  desde la cual entraba el humo igualmente. Por una lado tenían el gesto de la deferencia de no obligar con su humo a que lo fumaran los de su lado, por otro, los muy inocentes (¿o eran tontos?) creían que ya quedaban perdonados con su gesto. Al cuestionarles esa actitud no soportaron una tercera frase añadida al asunto. Un fumador es psicológicamente intolerante sin darse cuenta. Le puede más la ansiedad que el respeto, el síndrome que el razonamiento. Cambiar el mundo era más importante que cambiarse a ellos mismos.

¡De acuerdo! los pequeños vicios se auto justifican por las grandes virtudes que se abrazan hasta que llega el dia en que estas quedan cuestionadas cuando la asignatura pendiente de resolver aquellos no se termina de aprobar nunca

 

Vale, basta,  me has convencido ¿qué tengo que hacer? quiero dejar el hábito.

Muy sencillo, olvídate de revulsivos químicos e incluso de la acupuntura cuyas facturas no te dejarán indiferente. Dejar el tabaco pasa fundamentalmente por la voluntad. Fija un dia en tu agenda a medio plazo, para dentro de un año o de medio. Puedes hacer coincidir la fecha con un dia significativo para ti, una efemérides, una celebración determinada o incluso, si crees en la cabalística,  un numero que tenga un peso para ti. Puede ser para el primero de año o para tu cumpleaños. Desde ese momento sabes que te quedan equis meses para fumar todo lo que quieras y probarlo todo con materiales fumateros, aunque es raro que te pases a otras marcas o a liar pitillos de petaca si no tienes la costumbre de hacerlo. A propósito de modificar el hábito concreto, para fumadores fieles de marca, cambiar de marca puede ser tan revulsivo como productos de farmacia reactivos que se venden. Pasar del todo a la nada, de fumar mucho a fumar cero, es contra lo que pueda parecer más fácil que pasar por un proceso de reducción. De 40 a 20 pitillos o de 20 a 5. Seguir manteniendo el hábito, aunque sea de un pitillo al dia para el momento crucial tras una comida o tras una siesta, es seguir retroactivando toda la información celular para esperar esa cita diaria. Estamos ante un caso de adicción en laque la voluntad tiene que vencer al cuerpo.

Otra consideración. Desde el dia de la decisión al dia de la ejecución del final de tu historia como fumador/a es muy interesante documentarte al máximo sobre el impacto negativo del organismo del tabaco (hay muchísima literatura publicada sobre esto). Entretanto tienes que comunicar tu decisión a todo tu campo de relaciones, especialmente a los otros fumadores de tu ámbito. Evidentemente, los fumadores –como grupo- tenderán a impedir que tu decisión se cumpla porque los pondrás en un aprieto. Si tu consigues dejar el tabaco y ellos no demostrarán tener éxito donde ellos fracasaron en otras tentativas. Es posible que no sea la primera vez que intentes dejarlo, ni desde luego no es la primera vez que piensas en hacerlo. Pero ahora te lo tienes que plantear de una forma definitiva. Ya llevas 10 años metiéndole tabaco a tu cuerpo, o 15 o 20, son demasiados. Tu calculadora te ha dicho con una simple multiplicación de unidad pitillo por 5 minutos de vida los años que te has privado de vivir en el futuro. Por alguna parte has leído que si dejas a tiempo el tabaco por cada pitillo que fumes de menos puedes recuperar aquellos 5 minutos de fututo que se consumieron humeantes. Esta idea te da un poco de esperanza, en todo caso vivas lo que vivas en el futuro es mejor haciéndolo con un cuerpo sano que no achacado por las toses o por los tumores. El hecho de comunicar a tus conocidos, amigos, familiares, amantes y vecinos que vas a dejar de fumar para tal fecha te auto obliga a asegurarte de tu información claro que te  expone a hacer el mas gran ridículo si no lo cumples. La noche antes de ese día fumarás todo lo que quieras y al último pitillo le dirás con una especie de asombro de ti mismo: eres mi último pitillo, adiós para siempre.  A partir de la hora señalada (yo inicie mi desadicción a mediodía y no al levantarme, me pareció muy duro empezar un dia sin tabaco con lo cual deje de fumar a una hora exacta) tu agenda diaria no puede ser ignorada por la necesidad del tabaco. Advertirás que tus gestos inconscientes buscaran en el bolsillo la cajetilla que ya no tienes o que tus pasos te llevarán a un estanco o que el humo de otros en un bar llegará a tus narices y te excitará las neuronas del deseo. Habrá empezado la batalla de verdad contigo mismo, la batalla de tu voluntad contra tu bios, de ti mismo contra tu  dejadez o tu inercia. Lo mejor es que te pongas a salvo de los ambientes fumateros y guardes una cierta distancia de otros fumadores que fumen en tu presencia, pero la batalla no es contra los otros sino contra ti. Los demás pueden ir con la soga al cuello buscando desesperadamente un balcón o una rama de árbol de la que colgarse, tú no tienes porque imitarles. Posiblemente te costará conciliar el sueño las primeras noches y el vacio experimentado por no tener nada en la boca te puede llevar a substituirlo con otras ingestas, caramelos, o más comida. Es el momento de prestar atención a la dieta. Los ex fumadores tienden a engordar. Basta llevarse a la boca agua  para beber en vez de bebidas calóricas. Hay quien utilizaba pitillos de plástico de mentira con una especie de boquilla para sustituir el síndrome de falta de chupete, pero quedaba fatal. Oníricamente te asaltaran sueños en los que etas fumando. La lucha de tu voluntad es también contra tu inconsciente.

Paulatinamente al dejar de fumar experimentarás la recuperación de los sentidos: las cosas que comas te sabrán más, tu capacidad olfatoria aumentará, tu aliento, pero también tus poros, desprenderán mejor olor. El síndrome de abstinencia cuando más se notará es en aquellos momentos en que más se fumaba, fuera por razones sociales al hablar con otros, al leer, o al mirar la tele o despues de las comidas. Van a ser los momentos especialmente en los que mas tener en cuenta acciones alternativas y el repaso del razonamiento por elcual elegiste esta opción.

Según vayan pasando las semanas podrás convertirte en un ex fumador consolidado y asi critico de otros fumadores que siguen enganchados. En el fondo experimentarás íntimamente una cierta superioridad en relación a ellos. Alguno te dirá, yo despues de dos años de dejarlo volví a fumar. Si mantienes el primer mes sin hacerlo podrás hacerlo los siguiente once. Tras el primer año aunque con algunas llamadas a los que tu organismo expresara algún deseo de probarlo de nuevo podrás plantearte seguir siéndolo los siguientes 50 o más años de tu vida. Lo más interesante es que dejando de fumar no se pierde nada y en cambio se gana una multitud de ventajas sanitarias, higiénicas y económicas. El humo te mantenía a una simbología de espectros, el no humo te devuelve a la claridad de las cosas y a la recuperación de otros placeres perdidos, el sabor de platos exquisitos, el sabor de la conversación o el sabor de la piel de tu partner. Has vencido. La industria tabaquera ha perdido otro adicto y la cultura en general se va a felicitar por ello porque no hay nada mas inculto que ver a alguien fumando para activarse cuando en realidad el tabaco embota las neuronas a pesar de lo cual grandes fumadores fueron grandes literatos en un tiempo en que tampoco se tenían calculados todos los errores contenidos en el fumar.

Crisis de Ansiedad y Miedo

Por JesRICART - 12 de Agosto, 2008, 22:45, Categoría: SINTOMATOGRAMA

El miedo procede del término latino metus (=temor).En castellano tanto ansiedad como angustia proceden de la raíz indoeuropea angh (=estrecho, angosto,..)

La ansiedad es un miedo difuso que se diferencia del miedo concreto en que carece de objeto de temor.O en palabras de Karl Jaspers: El miedo es una emoción frecuente y dolorosa, dirigida a algo concreto, la angustia, en cambio, carece de objeto. si bien las crisis de ansiedad están presentes dentro de la psicopatología y han sido ampliamente descritas por la casuística del dolor, el miedo  remite a una dimensión universal y continua. ¿quien no ha experimenta miedo alguna vez? ¿quien no tiene una lista de temores latentes, aunque pretenda tenerlos controlados? La crisis de ansiedad es el temor difuso a una tragedia indeterminada.La presunción de un fin inminente. El miedo es una indisposición a algo concreto:una fobia a conducir, a encerrarse, a salir, a verse con alguien,...La  psicoterapia ante la ansiedad  pide el análisis de los miedos  remotos y actuales de tipo concreto.Y Así establecer la conexión entre  una crisis instalada y una colección de miedos que nunca dejaron de estar  ahí. el hecho del aparente equilibrio del ser humano no le exime de sus distintos miedos al vivir.De hecho el miedo tiene una función positiva para la supervivencia.si no tuviéramos miedo de nada nos lanzaríamos a todos los peligros del camino y sucumbiríamos.Pero pasan a tener una función negativa cuando van  recargando al sujeto de unos lastre que finalmente le asfixian y le impiden vivir. El trabajo analítico empieza por un auto-reconocimiento sincero de  cuáles son los miedos atributivos en cada época de la evolución de uno, la hipótesis de su origen y  las condiciones para su liberación.

Amor a cara o cruz

Por JesRICART - 12 de Agosto, 2008, 22:42, Categoría: SINTOMATOGRAMA

La elección amorosa a cara o cruz 

 

Más del 90 por ciento de las personas  contraen un vínculo matrimonial que les  configurará una parte muy importante de sus vidas. La elección de pareja como elección amorosa constituye uno de loas acontecimientos psicológicos más significativos. Es el momento estelar en que la evaluación sentimental (y material) del otro pone a prueba  la propia auto consideración y lo que uno es. A veces la elección resulta sencilla porqué mesura quién es el mejor partido, otras es compleja por qué de todas las posibilidades o lista de pretendientes o pretendidos no existe un argumento válido a favor de qué persona ha de ser la singularizada. Es en estas últimas situaciones que la elección no es tal dejando que sea el azar o una imaginaria moneda al aire a cara o cruz la que decida el resto. Los cánones de la sociedad empujan  a la elección en singular pero la propia vida social y el torrente de experiencias a los que invita a la pluralidad.es por eso, que más de la mitad de las parejas están rondadas por terceras figuras  que concretan  escenarios adúlteros o  los sugieren. Si bien la estabilidad emocional se suele correlacionar con  una elección única, estable y duradera, la investigación psicológica, la madurez y el autoconocimiento  piden más de una elección y la puesta a prueba  de dos (o más) dimensiones de intimidad simultáneas. Sin embargo la coexistencia de dos (o más) historias de amor es conflictiva y compleja y la economía mental  sumida a una cultura monogámica tiende a la elección singular pero no tanto por razones éticas como por  descargar un sentimiento de culpa que la sociedad se encarga  de prodigar y el objeto amoroso  triunfante explota convenientemente. Es así como el amante elector se convierte en  uno de los otros sin atreverse a ser a si mismo y admite ser víctima de un azar en lugar de ser el amor de su destino.

Alcohol y Actividad

Por JesRICART - 12 de Agosto, 2008, 22:38, Categoría: SINTOMATOGRAMA

El alcohol está dentro de los consumos que más alteran el comportamiento humano. Y ha estado presente en los hábitos de ingesta junto a otros estimulantes. Se ha asociado a fiesta y desinhibición y se ha tratado como un coadyuvante para “perder un poco la cabeza”  o liberarse de la pesada carga censora de ella. Su progresivo consumo acaba por  victimizar a quien se habitúa elevando sus cuotas de alcohol en sangre y, lo que es más importante, alterando procesos conductuales y de pensamiento. Su ingesta abusiva alcanza problemas a nivel de socio patología en países vitícolas y de masificación de su consumo y a segmentos de la población que buscan precozmente su aparente auxilio. (Unos 300mil jóvenes entre 13 y 18 años son alcohólicos). Su conversión en un artículo pensado para la relación lúdica  se acaba convirtiendo en una determinante para todo lo contrario: la amargura y el displacer, tanto en el sujeto adicto como en su contexto emocional próximo. La pulsión de anegar el  sistema nervioso en alcohol responde a un resorte clásico: la incapacidad de ser uno por si mismo necesitando la justificación etílica. Tal objetivo de relajación de las tensiones, de desinhibición y de marcha festiva (La actividad coyuntural y artificiosa  se convertirá en modorra e irresponsabilidad) no significa un aprendizaje de conductas que luego puedan ser transportadas a unas condiciones tranquilas y de serenidad mental. .Al contrario  el alter ego  despertado también  aporta monstruosidad de la que se avergonzará la persona que necesita alcoholizarse con dosis abusivas y que a la larga le aterrorizará. Para esto tendrá que entender que sus  conductas festivas (diarias o finisemanales) asociadas al alcohol abusivo sí son un indicador de patología. Desafortunadamente la mayoría de adictos al alcohol que lo son no  lo reconocen y sólo a partir de desestructurar sus relaciones laborales, personales o familiares o  estallar en violencias pueden empezar a reconocer la necesidad de un tratamiento profesional y estricto basado en la reorganización de los hábitos y en el análisis de las causas que llevaron a la botella.

 

Adolescencia y crisis de Adaptación

Por JesRICART - 12 de Agosto, 2008, 22:35, Categoría: TEORIA ANALITICA

El adolescente está en la vigilia de llegar a la sociedad adulta y la información que reúne sobre tal como están montadas las cosas, no le gustan. La tentación de culpabilizar a las generaciones que le preceden -y a sus padres en particular como sus representantes directos- por un mundo equivocado, es demasiado fuerte como para no hacerlo. Durante unos años se siente tan inocente como ignorante acerca de los sucesos y de las estructuras del sistema. Levanta su impugnación al todo, y en casos extremos desvalora todo lo recibido por sus progenitores y vive su inserción familiar como un estado represor de control. Las condiciones para el conflicto con los suyos están dadas y puede estallar en toda su violencia, cuando  ni siquiera están expresadas las diferencias con suficiente claridad. Le bastará chocar con negaciones paternas con visos de autoridad, para que su precariedad se desbarate y sus ansias por romper con todo puedan más que cualquier razonamiento sensato. Toda propuesta paterno-materna será desconsiderada por el/la hijo/a adolescente que verá como erróneo o peligroso todo lo que venga de la sociedad adulta, a la que cree cómplice de todo lo establecido.

La alternativa clínica no puede quedar limitada a un psico-diagnóstico que salve de toda responsabilidad a los padres, y a una medicación contenedora; sino que  pasa  ineludiblemente por la psicoterapia, es decir por el espacio de comunicación y de sinceridad integral. Este tiene dos versiones: a/ la  personalizada entre la figura del psicólogo como figura amiga y aliada para el  adolescente en crisis y b/la compartida, entre grupos de adolescentes (con diversos grados de conflictos severos de relación con sus familias) donde cabe toda transparencia y confesiones con absoluta confidencialidad.

 

L accidentabilidad no es casual

Por JesRICART - 12 de Agosto, 2008, 22:33, Categoría: SINTOMATOGRAMA

A veces caerse de un andamio o chocar contra otro automóvil se colocan como hechos desafortunados resultantes de la mala suerte. El estudio de los índices de accidentabilidad, tanto en el mundo laboral como en las carreteras como por ciudades, demuestra que siguen un patrón predeterminado .Ya Horney estableció que el número de accidentes crece antes de las pausas y del fin de las jornadas laborales. Sabemos que un tipo de sectores industriales  (construcción, minería,...) son más propensos que otros y que un tipo de medios de transporte (coches y autobuses)  presentan más siniestralidad que otros (aviones, barcos...). Y otros, que dependen directamente de catástrofes naturales,  muestran como las zonas residenciales peor construidas o más mal ubicadas  sufren más pérdidas humanas y gestan condiciones de epidemia que las que suelen pertenecer a las clases altas, mejor ubicadas y mejor levantadas.  El accidente no es fortuito. No pocas veces  enmascara un deseo latente de encontrarse con él. Las desatenciones en el conducir y, en particular,  la conducción en condiciones de ebriedad  muestran con rotunda evidencia como el principio de autodestrucción está más fuerte en el sujeto que se accidenta que el de auto preservación.  El accidente no es una fatalidad que obedece completamente a factores externos. Para de las causas son condiciones de sujeto propiciatorias para que suceda. Metafóricamente un accidente libra a quien lo padece de continuar representando el rol de vida o la función profesional que hacía y con la que internamente no estaba nada conforme.

Cuando sucede un  accidente  es tan nefasta la hipercrítica de responsabilizar de ellos en su totalidad a quien lo ha padecido como irresponsable la alegoría a un fatalismo inconcreto al que se pretende que lo haya provocado. Un accidente retrata una situación: la falta de condiciones de seguridad en la ejecución de una conducta y la falta de previsiones de quien la ejecuta.

 

 

La psicología del reo

Por JesRICART - 12 de Agosto, 2008, 22:20, Categoría: SINTOMATOGRAMA

Vengo trabajando en la proyección psicológica a la conducta y el valor de lectura de sus lapsus, equívocos y actos profesos examinando el conflicto de sujeto que le supone vivir en la disociación y las catapultas con las que se encuentra que le empujan a la disfunción mental. Se suele hablar de la psicología de una determinada personalidad; de hecho, existe un campo disciplinar que es la psicología de la personalidad. Más resumidamente se le da carta de equivalencia a <psicología> y a <personalidad>.Algo más difícil es hablar de psicología de rol. Sería aquella que se manifiesta a partir de una representación que, al menos circunstancialmente, no se puede eludir. El sujeto en-rol-ado no siempre es el que se sube al barco porque quiere hacer el gran viaje de su vida sino también puede serlo quien es subido a ese proceso menos metafórico porque es emplazado a que lo haga, le guste o no.

Hay un tipo de rol abundantemente dado en la sociedad jurídica que es la del acusado. Acerquémonos un poco a su tragedia para tratar de entender lo que le pasa a la psique de quienes pasan por esa condición. A diferencia del sentenciado en firme, que inaugura otra fase de dato estable en su mente y sabe a lo que atenerse, el acusado entra en un proceso de punición desde el mismo momento en que lo es y es tratado como un tipo a castigar. Los cuidados policiales en su arresto, el rato de espera en la comisaría, la manicura a la hora del fichaje, el trato rutinario de los agentes del orden, el ¿exquisito? menú carcelario, su reclusión de modo preventivo a la espera de pasar por juicio y los mismos detenidos que coinciden pasando por ese trato, le va dando la performance de lo que es, detalle a detalle: un acusado más contra  el que va caer todo el peso de la, habitualmente llamada, justicia.

Antes de que se de cuenta, el acusado desarrollará prodigiosamente una psicología de circunstancias, la del reo que le ha sido substraída su libertad, que no puede hacer lo que normalmente está acostumbrado a hacer y no le tocará otro remedio que dejar pasar las horas a merced de un estado que tiene industrializado este procedimiento y le parece lo más lógico del mundo poner fuera de circulación al individuo que pone en peligro la sociedad. La lógica de la autoprotección del sistema es aplastante justo hasta el momento en que el sistema en sus procedimientos preventivos se equivoca y acepta la acusación falsa contra alguien para tratarlo de la misma forma que la acusación verdadera. Puesto que el mecanismo de protocolo (el policial represivo) no es el que tiene que dictaminar la verdad actúa siempre, por defecto y por oficio, como si el criminal lo fuera desde mucho antes que se demuestre que lo es.

La tesis implícitamente regente, pero nunca confesa, mucho peor que la ley de Talión, es la de todo el mundo es un criminal mientras no se demuestre lo contrario. La tesis más evolucionada en la que solemos creer, para sentirnos psicológicamente a salvo, de  que todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario sirve para la literatura del deseo, para las rubricas formales, para la pancarta en los edificios de las cortes o para sus monumentos de calle.  La balanza[1] sigue siendo una repetición escultórica que nada tiene que ver con lo que sucede dentro de las salas de los tribunales. Para cuando el reo ha llegado a una de ellas -y no solo el que estaba en prisión preventiva por años sino también el que lo ha estado por unos días- ha tenido tiempo no solo de reflexionar sobre el padecimiento que ha sufrido y ha hecho sufrir n ese intervalo sino sobre algo más sutil: la transformación de su sensibilidad a partir del nuevo rol que se le ha asignado. En tanto que imputado de un delito será metido por la vía rápida en un nuevo vocabulario y, lo que aún es más importante, en una nueva subrealidad de la que no tenía sospecha alguna si es la primera vez que va a residir a ese ámbito.

A diferencia del delincuente en funciones, que pertenece al gremio de transgresores en el que un coleguismo lo ha puesto sobre aviso, el no-delincuente tratado de tal aterrizará en el medio represivo en las peores condiciones psicológicas de autodefensa. No dará crédito a la información que le proporcionan sus sentidos. Aún más, no dará crédito a que se pueda pensar con esa clase de pensamiento perverso en que piensan los profesionales de las instituciones de defensa de la sociedad, es decir de su estado.

Inadvertidamente el reo se irá haciendo a su condición aunque no haya ninguna base autentica para serlo. Habrá bastado que alguien le señale con un dedo como su agresor o quien lo ha robado. Luego, la escenografía se ira ordenando con la aplastante voracidad de una jauría de perros que estaba esperando destrozar a su presa. Al acusador, se le añadirá algún otro ciudadano bienintencionado que dará por válida su versión o sus acompañantes, luego vendrá agentes de seguridad que con ojo de buen cubero sopesarán si la presa tiene trazas de ser del oficio, finalmente vendrá la policía de verdad (los otros remiten a  distintos grados de mentalidad policiaca), lo esposará o no y lo enjaulará. Hasta este instante el acusado ha vivido confiando en la tesis del malentendido y que todo se aclarará en breves instantes. El santo varón todavía no ha sospechado que él sea solo un pretexto circunstancial que tuvo la mala suerte de pasar por ahí,  para hacerle jugar un papel en el que no había contado hacer nunca en su vida. Los demás cumplirán sus roles de oficio y el inaugurará el de reo debiendo cambiar improvisadamente su agenda. Si además se da el caso que la buena fe del acusado no le permite defenderse en defensa propia y acusar a su acusador recurriendo a toda la oratoria que pueda en ese momento, por falta de iniciativa o por ser victima de su pasmo momentáneo, lo más seguro que su silencio de derrotado de improntas interpretativas equivocados a esos expertos policías que tratan con malhechores y los huelen a distancia. Ese mismo recurso a la impronta lo hace más elaboradamente el magistrado con más estudios que el ignorante uniformado pero básicamente ambos  siguiendo el mismo esquema. Claudio, el césar romano, al contar  como juzgaba los casos que se le presentaban, preguntaba al reo si aquello de lo que se le acusaba era en substancia cierto; si aquel contestaba desde la dubitación tenia suficiente para “saber” que era culpable. La cosa no ha cambiado tanto desde entonces. El sistema espera que el pobre diablo que se le juzga, haga su papel de don nadie, se contradiga y se auto inculpe. Por supuesta se le negará todo intento para que se explique, es decir para que sea él mismo. Desde su tarima, los tipos al mando incluso se pondrán a hablar cosas entre ellos desatendiendo la explicación en un acto de insolencia y sin la menor educación, peor que eso, sin escucha alguna. El reo no saldrá de su perplejidad, tanto mayor si es debutante en su papel. En un intensivo de pocos días tendrá que haber cambiado su chip de la vida social a un nuevo guión para vivir en ella en esa parte del submundo que le toca. Hasta este momento creerá que lo peor que haya podido imaginar ha estado en el campo de la ficción ahora sabe de primera mano que la realidad la supera. Esa frase la conocía, ahora le cuadra en todo su sentido.

El reo, en tanto que falso culpable, será aconsejado en los pormenores de la performance judicial. El abogado de la defensa con que le trate lo resituará ante lo que se enfrente: su condición de inocente real no tiene nada que ver con el tema. Se enfrenta a una acusación y tendrá que ser mas listo que su acusador. Claro que si uno es inocente lo seguirá siendo digan lo que digan los demás. Eso no quita que las estadísticas de la delincuencia contemplan un porcentaje no insignificante de falsos culpables. Puesto que todo admite un porcentaje de falsedad (hay un porcentaje de moneda circulante falsa, una cierta cantidad de pacientes quirúrgicos que se los opera de otro órgano distinto, o un porcentaje de piezas de mercado defectuosas puestas a la venta) la expertocracia en este campo dirá que no puede ser perfecta. Esto se sabe y al menos viene siendo documentado desde hace medio siglo. En the wrong man   de A. Hitctkock un falso culpable es marcado social y judicialmente destrozándole la vida sin que nadie le pida disculpas ni nadie haga una critica rigurosa de los  profundos errores del sistema. La casuística de casos reales al respecto es cuantiosa.  Antes ellos no solo hay una falta de disculpa, tampoco hay una falta de reconocimiento del problema. De hacerlo el sistema tendría que pagar en indemnizaciones por errores de la administración enormes sumas de dinero, tantas que acabarían endeudando al estado más rico. Esa razón  económica es suficientemente  sólida para necesitar acudir a otras de menor rango.

Tras el error judicial que convoca a testigos o imputados o acusados por denuncias, que incluso pueden ser legalmente anónimas, que les hace perder un tiempo precioso ante la estimación de sobreseimiento del caso por falta de pruebas sólidas, el reo (un testigo obligado a acudir a una cita bajo amenaza coactiva también es otra versión de reo) puede peguntar a magistrado y secretario ¿a mi quien me paga este tiempo perdido? Los preguntados se mirarán con cara de extrañeza y le dirán al desgraciado que se le acaba de ocurrir tal importancia: nosotros seguro que no. El reo por equivocación, para cuando le finalice su pesadilla –si finaliza- siempre tendrá la oportunidad de impugnar el proceso en su conjunto, personalizándolo en cada fase: desde el denunciante que se ha aprovechado de él, por acusarle bajo los efectos de su alucinación (eso, en el supuesto, de que no forme parte de una banda dedicada a la extorsión por este procedimiento, que si aún no está en boga, tarde o temprano lo estará -mejor no dar ideas-), a los falsos testigos de los que se acompañe, a los comentarios policiacos prepotentes durante el protocolo de detención, al abogado que incluso puede inducirle a que se auto-reconozca culpable para rebajar la pena, al fiscal por tenderle trampas léxicas, al magistrado por venir al juicio tarde y somnolente; al secretario, por levantar un acta judicial con errores y por la que da prisas para ser firmada, al  mismo edificio de juzgado por tener barreras arquitectónicas y al oficial de juzgado por  emplear un estilo de convocatoria  con una cédula de citación coactiva a ese evento. Claro que para hacer eso el reo inculpado pro equivocación deberá dedicar cientos por no decir miles de horas en los siguientes años a partir de ello y tendrá que ser un verdadero cruzado de la justicia, que aquí sí se podria denominar como justa. No es extraño que las tentativas de contradenuncia sean abortadas desde el principio y en particular las denuncias al sistema no prosperen. La jurisprudencia siguen manteniendo a la sociedad en el derecho romano y la integridad de un reo queda atacada por el solo hecho de ser tildado en esta condición. Lo de menos es la experiencia carcelaria de unos días, a veces de pocas horas. Puede servir para hacer amistades y escuchar historias, verídicas o no, escalofriantes que podrán ser catapultadas como las mejores hojas literarias. Para los de afuera, los que siguen gozando de la calle con absoluta ignorancia de las verdades que hay entre rejas, quien está dentro es porque debe ser culpable de algo.

La psicología del reo se impregna de esta presunción y poco a poco si no es suficientemente crítico consigo mismo y crítico con el sistema puede desarrollar un sentimiento de culpabilidad por el hecho de ser imputado. A fin de cuentas la sociedad católica se ha ocupado de instruir a todo el mundo con que se nace manchado y el primer acto oficial público que va es el del bautismo para limpiarse de esta mancha. El resto de la vida de un católico se la pasa pidiendo perdón a un dios que no está al corriente de sus chorradas.  Afortunadamente, hay cada vez menos gente en Europa, exceptuando Polonia, con esa necesidad de pedir perdón y en el fondo, inconscientemente, de ser castigado. Haciendo un salto de trapecista, podemos insinuar una conexión entre la psicología del reo y el sentimiento de culpa reinante en la sociedad que habita, tan infundada por la imagen del martirio.

La psicología del reo tiene que ponerse las pilas para poder superar su condición circunstancial incorporando fichas en su sistema mental que hasta este momento eran pura ficción o que bien las había leído en forma de relatos increíbles pero de otros. Todo el mundo sabe que se cometen injusticias, es un hecho cotidiano, quienes más, los responsables de la administración, y eso sigue así por décadas. Es muy distinto que eso que le viene ocurriendo a otros de pronto un dia te pase a ti porque alguien te confunde con su agresor. Desde ese momento, todo se precipita dentro de la caja craneana, la facilidad para pensar se embota (¿yo soy éste que dicen que soy? empieza a dudar el  acusado) y sus alternativas no son tan claras cuando el sistema funciona con probabilísticas y datos aleatorios como el número de sala que toque o la comisaria a la que se ha sido enviado. El mismo vocabulario que le toca aprender a la carrera le indica que no es más que un sujeto más cuyo destino depende la aleatoriedad. Es una bola dentro de un bombo de la lotería.

Según la duración de la condición de reo y si es bajo la condición carcelaria o en libertad condicional y el tiempo que dure, su psicología en ese rol se irá consolidando más o menos. En principio no pasa de ser una aventura que le quita del tedio cotidiano, pero al dia siguiente, tras dormir en un catre sucio que sabe que encima de él  no es el primer inocente que se acuesta, se da cuenta que está tan solo al principio de una pesadilla en toda regla, cuyo laberinto no ha hecho más que sondear. La vivirá mejor o peor dependiendo de su capacidad para enfrentar adversidades. La literatura sobre falsos acusados y lo que es peor, la de  condenados por equivocación, es abundante. A veces ha sido toda una sociedad en grupo la que ha condenado a sus disidentes utilizando el potencial de pretexto de un momento : sigue habiendo un continuum entre las fonas que llevaron a uno de los peores episodios de la historia moderna norteamericana, el  de las brujas de Salem, con cualquier condenado que cada dia tiene que rendir cuentas a un tribunal por haber falsificado un documento, por no tenerlo, por haberle birlado la cartera a alguien por  imperativos supervivenciales, por haberse quedado sin trabajo y sin medios y haber robado en una situación desesperada. Lo interesante de aquel episodio fue la recapitalización del ansia de linchamiento con una cobertura legal totalmente desmontada y sin pruebas, lo interesante de cualquier pequeño episodio de un acusado es que a menudo se ventila sin pruebas y es por la condición de este: su aspecto, si tiene o no trabajo, si tiene o no dinero, pero si es hispano o negro, lo que le va a condenar y no la prueba en sí.   Algún policía que intervenga en la detención, dándoselas de experimentado, dirá que a este ya lo tenía visto y una serie de pequeños detalles situacionales  lo cercarán como a una presa. Un estudio riguroso de vistas judiciales demostrará que su porcentaje más alto funciona con  la peor de las ilegalidades: la falta de una metodología conceptual lógica habiendo en su lugar una tecnología de procedimiento, por otro lado, nada impecable. Es así que la población penitenciaria en todos los países no para de crecer. El reo condenado injustamente a prisión tendrá aun más tiempo de desarrollar su psicología de rol. Afortunadamente, muchos países contemplan la exención de pena si es inferior a una cierta cantidad de tiempo y si es la primera vez en delinquir. En ese supuesto, el reo inocente se llevará su marca a casa y tendrá que vivir con ella sabiendo que no le puede volver a ocurrir algo parecido, porque entonces ya sería un reincidente y sí cumpliría una condena viendo como su vida se queda fuera de su recinto, por una seria de infortunios burocráticos. En el peor de los casos que esto suceda, el reo sentenciado podrá dedicar el tiempo de su condena y el resto de su vida (es una causa que merece la pena, sin lugar a dudas) a denunciar el sistema. Puede hacer la carrera universitaria de abogacía si no la hizo antes y colegiarse para entrar en ese submundo grotesco tribunalesco y tenebroso para denunciar a unos y a otros: no dejando para último lugar a los profesionales de la magistratura, caciques de los códigos e impostores de la verdad.

Para el psicoanálisis de la psicología del reo todo puede acabar en un susto burocrático tras el cual puede buscar por internet posibles tentativas de asociacionismo de damnificados por la administración del estado y poder ejecutivo del estado. Se dará cuenta que no es el único que ha tenido mala suerte ni será el último. Encontrarse con otros que han padecido tragedias parecidas o peores le reconfortará momentáneamente. Antes, en su periodo de detención preventiva, ya habrá tenido tiempo para comprobar que sus compañeros de celda, de tenerlos, no son tan diferentes en la tragedia a él, aunque es probable que ellos si cometieran el acto punible del  que se les acusa. Desde el punto de vista de la maquinaria voraz de incrementar sus estadísticas de población a controlar es lo de menos que sean o no inocentes. La policía ostentará cifras cuantiosas de la cantidad de detenciones que hace, declarando así ante el público lo mucho que trabaja. La discusión no es fácil y la falta de seguridad ciudadana es un parámetro de presión continuo. En última instancia el reo por equivocación está pagando un desajuste aritmético entre  una inversión cada vez mayor en el sistema punitivo y una sociedad con mayor número de manguis en todos los sectores. (¿Y éste por que está detenido? Pasaba por ahí. Vale, el siguiente.). Cualquiera que trabaje para la administración le resuena las informaciones sobre errores sistemáticos y no por azar del mismo sistema. Puede que quiera hacer algo para mejorarlo, lo más fácil es que no pueda ni quiera arriesgarse en caso de poder hacer algo (¿querer es poder? Sí, filosóficamente sí, políticamente no; como concepto trasladado al poema queda bien, como plan de vida es meterse en un lago pantanoso en el que implicar la vida, la del revolucionario).

La psicología del reo se va nutriendo con toda  esta segunda visión. Le toca hacer un intensivo de desideologización de los valores en los que creía. El sistema no es algo que funciona con unos pequeños desperfectos en proceso de rectificación, es la organización de un gran caos en el que no funciona jamás por principio estructurado la verdad. Ya no es el chico protegido por la clase social en la que nació ni está a salvo de las salvajadas sociales como en su época de instituto,  tiene ya la edad legal para ser juzgado como un adulto y con la que pagar por sus crímenes. ¿qué importa si ha cometido alguno? En el fondo todo le apuntará para aceptar su rol lo más impecablemente posible, desde la resignación. Claro que puede ser un fuera de serie y no dejarse amilanar desde el primer momento: no entrar en el juego del sistema, no comer su comida envasada de peor calidad en la cárcel, no tratar con los subalternos que juegan a dobles papeles (para justificar su propia tragedia psicológico-ideológica de colaborar en un sistema llena de errores), exigir de sus jueces compostura y que cumplan las leyes. Este héroe tendrá que añadir a la primera acusación, la del desacato a la autoridad y memeces semejantes. Los hay o al menos los ha habido: Mandela, Puig Antic, Vanzetti entre muchos otros.

La primera necesidad de un estado es continuar con lo cual no reconocerá aquellos errores que lo impugnan en lo esencial de su estructura. Cada uno de los estados modernos que más se precien de la democracia y de su desarrollo tiene caudalosos informes en la tumba de los archivos que no ven la luz pública ni deseos de investigar y juzgar a los criminales de sus filas. Si no se han repasado grandes atrocidades contra la libertad individual con juicios amañados y en el mejor de los casos ha quedado en una disculpa formal un cuarto de siglo después (Toni Blair por el encarcelamiento injustificado de la familia  Guiford, como miembros del IRA, sin serlo) ¿cómo se van a repasar casos de poca monta  por hurtos o pequeños robos? De todas las instituciones el sistema judicial no es el que mas le interese la verdad. La justicia sigue teniendo los ojos vendados de la estatua pero no para no discriminar entre sus juzgados si no para no llevar el caudal de todas las verdades implicados al proceso sumarial.  O’brien el funcionario del ministerio del amor en 1984, le dice a Winston, el disidente: “No nos interesan esos estúpidos delitos que has cometido. Al Partido no le interesan los actos realizados; nos importa sólo el pensamiento. No sólo destruimos a nuestros enemigos, sino que los cambiamos”. El reo que hasta un minuto antes de su acusación hacia su vida tranquila a partir de un rato después entra en un proceso que tal vez termine en sus actos estelares pronto pero que en su cabeza ya no terminará nunca no pudiendo olvidar en que clase de sociedad vive. El sistema no protege a un ciudadano contra otro, se aprovecha de los conflictos que existen entre todos para justificar su perpetuación como supuesto intermediario,  Para Juan Agustín Figueroa[2], el ciudadano renuncia a su autodefensa porque le entrega esta función al estado pero cuando el estado no la cumple indirectamente esta invitando a que aquel se tome la justicia por su propia mano. El análisis último de los errores de sistema explica que la ciudadanía crea cada vez menos en su estructura. En las distintas piscologías de rol también el crecimiento de toda la saga de individualismos va por ahí.

La psicología del reo podrá ser superada cuando el episodio lo pueda contar en pasado: ya terminó todo, me han dejado en paz, dirá. Al fin se dieron cuenta que la acusación de la que fui objeto no tenia base. Sus amigos los acogerán y le animarán a recuperar el tiempo perdido y a no dejar de ser el que fue. Antes de su experiencia creía en la humanidad, creía a groso modo en la dialéctica de recursos de la sociedad, despues de ella  entrará en el discurso de la sospecha permanente. Su mala suerte de ese episodio no la olvidará jamás. Si alguien se le acerca demasiado sospechará, si alguien le mira, también; si alguien lo coge por el brazo se desembarazará inmediatamente, si alguien grita en contra de él, él se volverá con un grito mayor. En caso de urgencia correrá antes de ser atrapado, como cualquier gato,  lagarto o pájaro. Por encima de todo, sabrá que lo que le ha ocurrido a él está ocurriendo continuamente en el mundo, en las ciudades más modernas y avanzadas. Ya no podrá  vivir ignorando que la realidad tiene esa otra subrealidad que vive de la injusticia y a la que se presta un considerable tinglado profesional.



[1] La de una mano de la que se suspende una en la rotonda junto a la Cour de Dakar  en la via rápida de la perfieria costera casi dan deseos de pasar dentro del edificio como autoacusado voluntario de lo que sea para ser convenientemente sopesado.

[2] [2],un ex ministro de Estado, miembro del Tribunal Constitucional, Presidente de la Fundación Pablo Neruda

Nuevos _Contactos Virtuales

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 0:32, Categoría: General

Todos los nuevos contactos indirectos y telemáticos son virtuales: los telefónicos, postales y por xat entran dentro de este grupo. No todos pueden pasar  a constituirse en  presenciales.Una parte de aquellos ya son desestimados como pasantes a los otros  en el mismo contacto de voz o por el dialogo  telemático.La distancia es una limitación que también encierra una ventaja. Alguien en la distancia puede ser idealizado o mantenido en reserva, puede ser amado en la hipótesis o prevenido en sus estilos, puede ser observado sin implicarse o provocado para alcanzar el paroxismo de las letras que la presencialidad impide por razones de etiqueta.La cuestión es que la vida relacional aporta en cada época un cierto numero de contactos humanos que no dejan de ser voces en la audición o texto escrito en una ventana de chat sin que tengan que pasar a algo más tangible. La posmodernidad comporta un cierto numero de contactos de este tipo. Mi experiencia digital es que la inmensa mayoría de ellos nunca dejan la caja del ordenador o la relación alámbrica. Tienen por ventaja la oportunidad del adentramiento en la psique humana sin tener que acarrear la continuidad de una presencia más allá de lo apropiado. Dicho así parece la expresión gélida de un criterio calculado. En realidad el criterio puede serlo pero no como un principio establecido de antemano sino como la conclusión lógica de algunos años de relaciones personales que he mantenido en el plano virtual, antiguamente por la vía epistolar y más recientemente por la vía internáutica. Hay un común denominador entre una vía y otra en cuanto a la función simbólica que cumple cada comunicante.sus diferencias de técnica y maneras inciden en la velocidad de los mensajes pero no han abortado este papel crucial del otro misterioso. En este campo de la relación se mueven toda clase de sentimientos: desde los amorosos a los odiosos.Y como todo ,las relaciones virtuales tienen unas coordenadas tempo-espaciales, una ubicación, un principio y un fin, aunque dejan un resto: una memoria o un recuerdo más o menos nítido sobre ese otro que conociste en el campo de las palabras que nunca pasó al campo del tacto y de las sensaciones interactivas de ambos cuerpos. Y lo preciso así, porque el universo sensorial se activa con ese otro contactado aunque sea por una vía comunicativa que no incluya el contacto físico de las manos y la piel. La voz proporciona un contacto físico a través de las ondas sonoras de  las palabras pero sigue dejando al interlocutor en otra ubicación espacial que no compartes.

Las proyecciones comunicativas actuales permiten más que nunca la potenciación de los contactos virtuales. Basta con meterse en salones de chat de no importa que país y que web para hacer nuevos contactos. La inmensa mayoría de ellos están condenados de antemano al olvido, lo que no quita  que cumplan un valor experimental y a veces hasta educativo (siempre se puede aprender algo de los demás, en particular cuando tienes la suerte de mantener una conversación inteligente con alguien que demuestra serlo). pero indistintamente de su perspectiva, cada encuentro virtual que se consolida puede generar una conversación interesante. Desafortunadamente  una buena parte de contactos y pinchazos son de sondeo y no llevan a ninguna parte salvo a la confirmación de la estadística terrible que hay que aguantar algún rato antes de poder seleccionar un contacto positivo  o  afirmante para una conversación. La mayoría de conversaciones en los chats de relación se repiten y sólo con una poca gente consigo despertar el ingenio y sentirme excitado para una charla creativa. A pesar del lastre de una mayoría de contactos superficiales la oportunidad de dar con algunos seres exquisitos hace que admita aquellos como un peaje obligado en la navegación internáutica.

Los NCV forman parte del panorama de nuevos contactos humanos. Tienen el común denominador con los presenciales que son fuentes primarias y directas del mundo de los demás y la diferencia que las probabilidades de continuación, coincidencia o asociación en proyectos son francamente bajas.

Mi experiencia con este parámetro es que despertó una perspectiva en el primer año de medirlo y una tendencia a la baja en los siguientes.

 

 

Nuevos Contactos

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 0:28, Categoría: ENFOQUE

Uno de los índices de medición de las conductas extroversivas es la capacidad para establecer nuevos contactos humanos. Un nuevo contacto humano queda establecido desde el momento en que dos personas al menos se reconocen mutuamente como novedades en su campo sensorial. A partir de una audición ordinaria o una presentación elemental  se puede hablar de que un nuevo contacto está establecido aunque la verdad de éste puede no llegar a completarse nunca del todo. Una mirada de interés o un hola  o unas manos entrelazadas o un roce de brazos da paso a un proceso en el que cabe toda una riqueza de detalles. Después de un “¡hola!” se puede viajar por el universo sentimental de la otra persona o quedarnos al menos con esa presunción. En ambos extremos el nuevo contacto está establecido y va a depender del feeling  mutuo así como de la capacidad de la agenda de cada cual si el contacto va  dar  lugar a una relación o va a quedar en un reconocimiento de que se tiene a la otra persona en la memoria. La inmensa mayoría de nuevos contactos, un porcentaje superior al 90% se quedan en la antesala de lo que pudieran ser. Cada comportamiento personal está condicionado por su perfil existencial y no puede admitir todo lo nuevo que se le plantee. En cierta manera el sujeto estabilizado es aquel que ha alcanzado su máximo grado de incompetencia para admitir nuevos juegos  existenciales parodiando el principio de Peter [1]  y adaptándolo a este tema. El proceso vital en una interpretación simplificada pasaría por una larga etapa de búsquedas, formación y crecimiento y otra consolidada de autodefensa de lo que se tiene, sea lo que sea. La primera, podría ocupar los primeros 30 o 40 años de vida y la segunda el resto.Raramente hay gente que en su segunda etapa emule comportamientos de la primera ya que choca en primer lugar con su contorno afectivo e institucional inmediato que le va a recordar que está fuera de onda o de fase y le va a recordar sus deberes de imagen, de nombre y de estatus. En la primera fase se desea conocer gente y más. Podría decirse que eso:conocer gente es una de los deseos indispensables para ubicarse con seguridad y pisada fuerte en el mundo.Ese conjunto de los demás conocido lo va a facilitar.  De una inmensa cantera de nuevos conocimientos surgen las amistades, los socios, los cómplices y las historias de amor. En la segunda etapa con los conocimientos hechos y,por lo general, una inserción sólida y acreditada en una red de relaciones ya no se desea tanto conocer a más gente como administrar con cortesía la nueva que se conozca. Aun así, la vida social y las conurbarciones de la civilización  no pueden evitar que en la sociedad del espectáculo se confunda el vivir y consumir con el explorar nuevos lugares y conocer nuevas personas que también es una manera de explorar al otro. Dependerá,claro está de cada caso particular y su modo de estar en el mundo si va a conocer mayor o menor cantidad de gente y en que medida va a querer profundizar en ella. Por lo general predomina un preesquema instintual de acuerdo con el cual los demás van siendo,casi automáticamente predecididos para un lugar u otro.No es tanto un plan de agenda como una emergencia psicológica ya que no se tiene capacidad para asumir todas las experiencias que vienen dadas.tampoco hay siempre el deseo. Y cada nuevo otro conocido puede constituir una fuente de experiencia rica, incluso única y  fresca, completamente distinta a las anteriores, pero varias razones y blindajes por lo general la gente se pone a la defensiva de lo nuevo.

Según cada rol profesional  y modo de movernos  por el espacio de los demás vamos a permitir que nuevas e hipotéticas influencias nos atraviesen o por el contrario los nuevos contactos humanos sólo se queden en el registro de una cifra numérica, más o menos crecida según en el numero de partys, fiestas populares, recepciones, conferencias o viajes que hagamos durante un año. A menudo los espacios para nuevas relaciones no tienen porque suponer lugares de desarrollo de la amistad o ni siquiera de la comunicación teórica o sentimental. A veces las nuevas personas conocidas o presentadas pueden movernos a espanto o retirada, y otras, su mirada y sonrisa limpias nos mueven a apasionarnos como si se tratara del en cuento con una hipótesis de amor ya perdida u olvidada.

Durante un año los NCH pueden ser de algunos cientos a más de mil si el umbral de novedad admite desde el simple saludo o reconocimiento perceptivo del otro a conversaciones más o menos prácticas. De hecho los contactos humanos más significativos son los que dan a lugar a una relación que multiplique sus encuentros y sus sinceridades pero estos parten de la casualidad de una gran cantera en la que hay otros en abundancia en toda clase de espacios: desde las áreas de servicio de las autopistas o caminando por la calle a la coincidencia en una aula o en un coloquio.

El registro de esta dimensión es importante para quien se autovictimiza con su timidez y su inhibición y se flagela en su monodiscurso de soledades. También para quien tiene muchos contactos desde la extroversión pero pocos desde la profundidad afectiva.



[1] Peter.Laurence J. creador del principio de Peter: En toda jerarqíia todo empleado tiende a ascender a su nivel de incompetencia.

 

La psicología del paseo

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 0:25, Categoría: TEORIA ANALITICA

Durante muchos años de mi vida había sido fundamentalmente un  pedestre: un peón de las aceras. Iba a todas partes a pie más los transportes públicos y el hecho de desplazarme con mis piernas sustituía la necesidad de plantearme el paseo como una actividad extra. Si hubiera  afinado mi observación´ habría visto que el paseo es un fenómeno propio de las culturas tranquilas y las gentes de edad e inusual de las gentes más jóvenes y de las ciudades estresantes. Nunca sospeché que llegaría un día de mi vida en que  vería como una necesidad y un placer los paseos. No podía sospechar que mi vida alcanzaría etapas de semanas completamente sedentarias de trabajo de despacho y ordenador que me enfrentarían a la dimensión del paseo como un acto que tener en cuenta, incluso programar y tratar de incorporarlo a mis quehaceres semanales y en todo caso de proponerlo como alternativa de cita personal frente a la consabida propuesta del “¿donde quedamos para tomar algo?”

 Desde que la vida acomodada me había hecho tener más de un coche aquella forma de desplazarme ha quedado prácticamente extinguida. He debido convertir el paseo en una dimensión autoobservable, algo que por cierto viene siendo recomendado por la gerontología y otras medicinas prácticas de mantenimiento, para advertir que  es una de las maravillas de la vida y la que está más cerca de las oportunidades de uno y que sin embargo para hacerla -como digo- me lleva a programarla. 

Posiblemente no hay actividad humana  que proporcione tantos goces derivados y paralelos con la cita regular con una avenida o un camino  o una geografía para caminar.Deja la múltiple opción de elegir cualquier momento horario, y la de hacerlo en soledad o con compañía. el paseo puede ser unido a conversaciones ricas en caso deser compartido con alguien o a meditaciones en movimiento en caso de hacerlo en solitario.  También a observaciones muy extensas sobre los sonidos y los olores de lo espacios si el paseo es lo suficientemente largo que va más allá de las calles que rodean el edificio donde ser vive para ir por parques y campos. El paseo tiene por atributo un autoencuentro con el propio cuerpo y mente a la vez que un heteroencuentro con el espacio abierto y con lo otro. Es el parámetro que por añadidura trae otros como puede ser la exploración a pie de lugares desconocidos, la conversación en profundidad  con nuevas personas  o antiguas amistades que se queda para este cometido y  la reflexión sobre temas que necesitan espacios fuera del despacho o del centro de trabajo u organizativo para atenderlos en calma.

Pasear se ha convertido en algo tan insólito que ver a alguien haciéndolo sin un perro de compañía que justifique porqué ha salido de casa solo se convierte en algo sospecho. Pasear no interesa a ninguno de los grandes argumentos de un sistema económico salvo al mismo paseante.Pasear no hace girar la economía.No produce dividendos a nadie. No requiere comprar un pasaje para entrar a un local y ver un espectáculo. El paseo es algo  que no se puede ofrecer como contenido de un taller de experimentación sensorial. Es algo tan básico y natural que nadie se ha atrevido a etiquetarlo y a ponerle una denominación de origen con que poderlo vender a un precio dado dentro de un gimnasio. (para nuestra desgracia todo llegará). De momento los  centros   deportivos y gimnásticos ya tienen  cintas andadoras y corredoras a las que se puede regular la velocidad  de tal manera que unos cuantos andadores en marcha hacen producir movimientos más o menos contratados de una colección de personajes sudorosos y no hablantes entre si frente a una cristalera de una planta de fitness que da a un paisaje fijo o con el movimiento único y reiterativo de sus coches en la calle. Ideal para gente que no tiene tiempo y a la vez terrible para quien se ha montado la vida para no tenerlo.

Antiguamente, y no solo en la biografía personal durante las etapas de la pubertad,adolescencia y primera juventud; pasear venía dado por las circunstancias culturales y sociales. Nadie se tenía que plantear hacerlo porque cada dia dedicaba parte de tiempo a traslaciones que no se quedaban solo en desplazamientos sino que eran verdaderos  paseos con los atributos que le son propios. Actualmente tenerlo en la lista de la actividad y lo medible forma parte de una reprogramación del self junto a otras cosas que  antes venían dadas  por la sociografía de las relaciones y que ahora sol ose obtiene tras penosas buscas a través de anuncios y ofertas de encuentros.

Pasear es un zen del silencio. Un encuentro con el uno mismo en el sosiego de espacios que procuran oasis provisionales a los ajetreos impuestos por la vida profesional y urbana.

Observo que cuando más puedo pasear o paseo convirtiéndolo en una constante casi diaria es cuando estoy en proceso de viaje que me deja tiempo libre en las nuevas ubicaciones o emplazamientos para hacerlo. Y dejo de practicarlo o lo practico menos cuando estoy ubicado en  mi casa, despacho y estudio donde soy el único que regule mi horario y de he de plantearme salir expresamente para pasear o quedar con alguien para hacerlo.

Una cuantía ideal seria la de hacer un paseo diario tratando también de variar su itinerario. Eso proporciona además de las derivaciones implícitas mencionadas  tales como meditación, exploración, sensorizalización, desestresamiento y conversación (si es compartido) el de encuentros espontáneos con gente que hace tiempo que no ves (si es que el itinerario es urbano o periurbano de la zona en que resides).Es así que hay paseos que pueden tener una hora de comienzo pero no de termino si van admitiendo todas esas variables posibles de hallazgos espontáneos. en tanto que itinerario de exploración  también interconecta con las otras dimensiones que el contacto con nuevos espacios -o espacios  en los que hacía tiempo no se caminaba- puedan proporcionar.

Posiblemente el rescate y praxis habitual del paseo reduciría tanta demanda-a la vez que oferta- de talleres de todo tipo que dicen clasicismos basados en conceptos elementales en formato new age cobrando sumas considerables por ellos. Además la pauta y práctica del paseo posiblemente reduciría las listas de espera de los consultorios médicos.